fantacia urbana y drama psicológico
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Capítulo 4: Sin Testigos
La puerta se terminó de abrir.
Dos tipos. Uno grande como un ropero, con cara de haber masticado vidrio. El otro flaco, nervioso, con una navaja que abría y cerraba como si fuera un rosario. Olían a calle y a cigarro barato.
Vieron a Newt primero. Después a Felix con el bate. El grande sonrió. Le faltaban dos dientes.
"Jordan", dijo el grande. "Varela manda saludos. Dice que te metés donde no te llaman."
Las sombras en la cabeza de Newt se volvieron locas. _Danos un segundo. Solo uno. Los hacemos pedazos. Sin ruido. Sin sangre. Sin testigos._ La mano izquierda le picaba. Helada. Empezaba a perder color en los bordes.
Felix no esperó. No habló. Dio un paso al frente y puso el cuerpo entre Newt y ellos. No era heroico. Era físico. Era un obstáculo.
"Mensaje recibido", dijo Felix. Parejo. "Ahora se van."
El flaco se rió. "¿Vos quién sos? ¿El novio?"
Felix no contestó. Giró apenas la cabeza. Lo justo para que Newt lo viera por el rabillo del ojo. No era una orden. Era una pregunta. _¿Qué hacemos? Tu decisión._
Las opciones le quemaban a Newt en la garganta. Opción uno: chasquear los dedos. Las sombras salían, los tipos se iban gritando, y él pasaba tres días viendo cómo sus pies se volvían transparentes. Opción dos: dejar que Felix se comiera los golpes. Opción tres...
Newt escupió al suelo. "Soy el tipo que sabe que Varela le debe plata a tres casinos y que su mujer lo engaña con el contador", dijo. Su voz sonó a Jordan. Fría. Cara. "¿Quieren que siga hablando? ¿O le mandamos el mensaje nosotros?"
El grande dejó de sonreír. La información era un arma y Newt acababa de cargarla.
El flaco miró al grande. Duda. Newt la olió. Ahí estaba. El cabo suelto que no tenía atado: ellos no sabían cuánto sabía él.
"Farol", dijo el grande. Pero ya no sonaba seguro. "Hablás mucho para estar en un vestuario a las seis de la mañana."
"Trabajo de noche", dijo Newt. Dio un paso al costado, saliendo de atrás de Felix. No lo adelantó. Se puso a la par. Dos contra dos. "Y de noche se escuchan cosas. Como que Varela los mandó a ustedes dos porque son los únicos tan idiotas como para no cobrar por adelantado. Si vuelven sin el trabajo hecho, no les paga. Si vuelven lastimados, tampoco. Varela odia pagar hospital."
Las sombras le gritaban. _Mentiroso. No sabes eso. Invéntalo y te creemos. Usa nos para confirmarlo. Solo un vistazo._
Newt apretó la mandíbula. No. Estaba inventando. Mezclando datos reales con lógica. Si pegaba, pegaba. Si no...
El flaco guardó la navaja. "Yo no me meto en quilombos de ricos", murmuró.
El grande lo miró con asco. "Varela dijo-"
"Varela no está acá", cortó Newt. "Yo sí. Y tengo tu nombre, tu dirección y el nombre de tu hermana. Martina, ¿no? Trabaja en la panadería de la esquina de Jujuy."
No lo tenía. No sabía si tenía una hermana. Pero el tipo palideció medio tono. Suficiente.
Las sombras aullaron, frustradas. _Era más fácil con nosotras. Sin hablar. Sin pensar._
El dolor en el pecho de Newt era físico. Aguantarse era como tener un ladrillo en los pulmones. La mano izquierda ya era humo hasta la muñeca. La escondió en el bolsillo de la campera de Felix.
Felix no se había movido. Seguía con el bate abajo, pero los nudillos blancos. Listo. Esperando. No iba a golpear primero. Pero si el grande se movía, iba a golpear último.
Silencio. Un segundo. Dos. Diez.
El grande escupió al suelo, cerca de los pies de Newt. No le dio. No se animó.
"Decile a Varela que se cuide la espalda", dijo. Y se dio media vuelta. "Vámonos."
El flaco no esperó. Salió primero. El grande lo siguió, tirando la puerta del vestuario tan fuerte que rebotó.
Se fueron.
El silencio que dejaron fue peor que los gritos. Pesado. Irreal.
Newt se dobló en dos. El aire le volvió a los pulmones de golpe y con él, el frío. La mano izquierda no estaba. El antebrazo tampoco. Se estaba deshaciendo y las sombras cantaban victoria. _Ves. Igual nos necesitás. Ven. Termínalo._
"Newt."
Felix tiró el bate al suelo. El ruido metálico rebotó en los azulejos. Se agachó frente a él. No lo tocó.
"Respira", dijo. "Acá. Conmigo. No ahí."
Newt levantó la cabeza. Los ojos le ardían. "No... no los usé", jadeó. Le costaba hablar. Sentía la boca llena de humo. "No los usé y mirame. Igual me estoy yendo."
"Lo sé", dijo Felix. Se sacó la campera. La suya, la vieja. Y se la puso a Newt sobre los hombros. Otra vez. "Por eso nos vamos ya."
Lo ayudó a pararse. No lo cargó. Le pasó un brazo por la cintura, firme, dejándole el peso que pudiera sostener. Newt se apoyó. Odiaba apoyarse. Odiaba que fuera la única forma de no caerse del todo.
Salieron del gimnasio. La calle estaba vacía. El sol apenas asomaba. No había testigos.
Solo ellos dos. Uno medio fantasma, el otro sosteniéndolo a pulso.
Las sombras los siguieron una cuadra. Después, con el sol pegándoles en la cara, se quedaron atrás. Esperando. Siempre esperando.
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