NovelToon NovelToon
Operación: Corazón Blindado

Operación: Corazón Blindado

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Leidy Ocampo

Meghan Whitmore, hija del recién electo presidente de Estados Unidos y brillante abogada, siempre ha vivido entre poder y estrategia. Desde la muerte de su madre y su hermano, ella se convirtió en el mayor apoyo de su padre... y en su punto más vulnerable.

Cuando una amenaza logra infiltrarse en la Casa Blanca, su seguridad se refuerza con un nuevo jefe de protección: el capitán Ethan Cole, un militar frío y disciplinado que solo cree en el deber. Lo que comienza como una misión profesional pronto se convierte en una tensión imposible de ignorar.

Pero mientras las amenazas se vuelven más personales y secretos del pasado salen a la luz, Meghan y Ethan descubrirán que el mayor riesgo no está en los enemigos externos... sino en cuando los sentimientos comienzan a ganar terreno y todo el país los está observando.

NovelToon tiene autorización de Leidy Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 8

TERRENO PERSONAL -

Meghan Whitmore

La ciudad pasa borrosa detrás del vidrio blindado.

Respiro profundo.

Una vez.

Dos veces.

No voy a llorar por una discusión absurda en la entrada de una fundación.

No voy a dejar que un militar con complejo de comando me haga perder la compostura.

Miro por la ventana mientras los edificios se deslizan como si nada hubiera ocurrido. La gente sigue caminando. Los semáforos cambian. El mundo continúa.

Claro.

Mi padre no podía dejar a Harris como jefe de mi seguridad.

No.

Tenía que traer a él.

Un militar rígido, estructurado, mandón. Todo lo que más detesto concentrado en un solo hombre.

Levanto la mirada hacia el espejo retrovisor.

Y ahí está.

Ethan Cole.

Espalda recta incluso sentado. Traje perfectamente organizado, sin una arruga. No es delgado; se nota que el saco apenas disimula una estructura firme, marcada. Cabello castaño corto, cejas tupidas casi siempre fruncidas como si el mundo fuera una amenaza constante. Piel ligeramente bronceada. Ojos marrones.

Ojos que parecen evaluar todo.

No puedo negar lo evidente.

Es atractivo.

Mucho.

Pero lo que tiene de atractivo lo compensa con creces en lo insoportable. Frío. Controlador. Autoritario.

Habla por el radio.

—Unidad alfa en ruta limpia. Mantengan distancia en intersección sur.

Su voz es firme, sin emoción.

Mira al frente.

Y entonces, como si sintiera mi mirada, vuelve los ojos al espejo.

Nos encontramos.

No aparto la vista.

Le sostengo la mirada con la misma frialdad que él usa conmigo.

Un segundo más largo de lo normal.

Después él rompe el contacto.

Claro que sí.

Vuelvo a mirar la ciudad, pero mi mente regresa a la fundación.

Cómo me agarró del brazo.

Cómo me llamó caprichosa.

Altanera.

Cómo me habló como si yo fuera una recluta desobediente.

Aprieto la mandíbula.

No lo soporto.

—Cole —digo de pronto.

Silencio breve.

—Señorita.

—Necesito ir al centro.

—Estamos a diez minutos de la residencia.

—Lo sé.

—La agenda marca regreso directo.

—Mi agenda cambió.

Pausa.

—¿Motivo?

—Personal.

Su ceja apenas se mueve en el espejo.

—Podemos programarlo para mañana con análisis previo.

—No quiero mañana.

—Señorita—

—Ethan —lo interrumpo, deliberadamente usando su nombre—. Quiero ir ahora.

Respira lento.

—La mejor opción es regresar a la residencia. Después coordinamos.

Me inclino ligeramente hacia adelante.

—Se hace lo que yo ordene. Lo tengo permitido.

Silencio pesado.

Sus ojos vuelven al espejo.

Esta vez no son fríos.

Son claramente molestos.

Enarco una ceja, retadora.

—¿Algún problema, jefe táctico?

Bufa apenas. Apenas.

Pero lo hace.

Se gira un poco hacia el conductor.

—Cambio de ruta. Centro comercial Jefferson. Ruta secundaria.

Sonrío hacia la ventana para que no lo note.

Pequeña victoria.

La camioneta gira.

—Unidad alfa, cambio de destino —anuncia por radio, profesional otra vez.

Yo vuelvo a mirar la ciudad, satisfecha.

Si cree que soy caprichosa, voy a darle una razón real.

El centro comercial está parcialmente acordonado en minutos.

Es exagerado.

Siempre es exagerado.

Bajo de la camioneta con calma.

—Formación discreta —ordena él.

Entro sin mirarlo.

Las tiendas iluminadas me reciben con normalidad. Nadie grita aquí. Nadie protesta. Solo música suave y olor a perfume caro.

Camino hacia una boutique que conozco bien.

Una asesora se acerca.

—Señorita Whitmore, qué gusto verla.

—Necesito algo formal pero menos… institucional.

—Por supuesto.

Empieza a mostrarme piezas.

Siento su presencia a unos pasos. No invade, pero está ahí.

Constante.

—¿Le gusta este corte? —pregunta la asesora.

—Tal vez.

Miro hacia atrás.

—Cole.

—Señorita.

—¿Qué opinas?

Su expresión es casi inexpresiva.

—No estoy aquí para opinar sobre moda.

—Qué pena.

La asesora sonríe incómoda.

Tomo otro vestido.

—¿Y este?

—Es adecuado.

—¿Adecuado? Qué entusiasmo.

Él guarda silencio.

Perfecto.

Elijo tres más.

Después zapatos.

Después un abrigo que no necesito.

Pasa casi una hora.

Cuando finalmente pago, la asesora entrega las bolsas.

Las tomo.

Me giro hacia él.

Y se las extiendo.

—Ten.

Su mandíbula se tensa apenas.

—Puedo asignar a uno de los agentes—

—No. Tú.

Silencio.

Me observa.

Yo sostengo su mirada, dulce y desafiante a la vez.

Finalmente toma las bolsas.

—Claro, señorita.

Caminamos hacia otra tienda.

—¿Cuánto tiempo más? —pregunta en voz baja, controlada.

—¿Te incomoda?

—No.

—Pareces incómodo.

—No lo estoy.

—Pareces guardaespaldas de película, cargando compras.

—Lo soy.

Sonrío.

—Dijiste que era altanera.

—Lo es.

—¿Y grosera?

—A veces.

Me detengo frente a él.

Demasiado cerca.

—Entonces ahora te estoy dando una razón real.

Sus ojos bajan apenas hacia mí. La distancia es mínima.

—No necesito razones para hacer mi trabajo.

—Pero necesitas controlarlo todo.

—Necesito minimizar riesgos.

—Esto no es una zona de guerra.

—El riesgo no avisa.

—Siempre tan dramático.

—Siempre tan imprudente.

Nos quedamos mirándonos unos segundos más de lo apropiado.

Hay algo en el aire.

Tensión.

Desafío.

Algo que no quiero nombrar.

Me aparto primero.

—Vamos a la siguiente tienda.

Sigo caminando, consciente de su presencia detrás de mí, de las bolsas en su mano, de su respiración medida.

Estoy siendo infantil.

Lo sé.

Pero también sé que él disfruta tener el control.

Y si cree que puede manejarme como una variable más…

Está muy equivocado.

Entramos a otra tienda.

—Ese azul —le digo a la asesora.

Mientras ella lo busca, me giro apenas hacia él.

—¿Sabes qué es lo que más me molesta de ti?

—Ilústrame.

—Que crees que siempre tienes la razón.

—En seguridad, casi siempre la tengo.

Ruedo los ojos.

—Militar rígido.

—Presidenta rebelde.

—No soy presidenta.

—Actúa como si lo fuera.

Sonrío apenas.

—Y tú actúas como si el mundo estuviera a punto de explotar.

—Porque puede hacerlo.

Silencio.

Lo observo de nuevo.

Tan firme. Tan estructurado. Tan… irritantemente atractivo.

No debería notarlo.

Pero lo hago.

—Relájate un poco, Ethan.

—Cuando termine mi turno.

—Eso suena triste.

—Es práctico.

La asesora vuelve con el vestido.

Yo lo tomo, pero mis ojos siguen en él un segundo más.

Sí.

Es insoportable.

Frío. Mandón. Exasperante.

Y aun así…

Cuando nuestras miradas se cruzan otra vez, algo se queda suspendido ahí, denso, eléctrico.

Aparto la vista primero.

No porque pierda.

Sino porque si sostengo ese contacto un segundo más, tal vez deje de discutir… y empiece a sentir algo que definitivamente no me conviene.

—Vamos —digo con firmeza—. Aún no termino.

Y él, con las bolsas en la mano y la paciencia al límite, me sigue.

Como siempre.

El dijo que yo era grosera, bueno, ahora le voy a mostrar que tan insoportable suelo ser.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play