Jessica trabaja como secretaria en una empresa de comida enlatada. Su vida es rutinaria, predecible… segura.
Aquella mañana, como cualquier otra, estaba en el comedor desayunando junto a sus compañeros, ajena a lo que estaba a punto de ocurrir.
Entonces, un escándalo estalló en la recepción.
Gritos. Golpes. Algo no estaba bien.
Movida por la curiosidad, Jessica se acercó con los demás, sin imaginar que ese sería el último momento de normalidad en sus vidas.
Porque lo que vieron… no era humano.
Ese día, el mundo cambió.
Y nadie estaba preparado para sobrevivir.
NovelToon tiene autorización de Ruczca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 24
Me quedé en silencio un segundo, sorprendida por la forma en la que lo dijo.
—Yo… en ese entonces…
Intenté responder, pero ni siquiera yo sabía cómo explicar lo que había cambiado. Todo había pasado tan rápido… demasiado rápido.
Pero antes de que pudiera terminar—
—Jessica.
La voz de Enrique me llamó desde dentro de la cafetería.
Giré la cabeza por reflejo.
—¡Ya voy!
Respondí, levantando un poco la voz.
Fue solo un segundo.
Un instante breve.
Pero cuando volví a mirar hacia Omar…
ya no estaba.
Solo alcancé a ver su espalda desaparecer al doblar en el pasillo.
Sentí una presión incómoda en el pecho.
Pesada.
Difícil de ignorar.
Suspiré suavemente.
No lo entendía.
No entendía por qué Omar se comportaba así… ni por qué eso me afectaba más de lo que debería.
Entré a la cafetería.
Enrique estaba sentado, esperándome.
Solo.
Me acerqué y me senté a su lado.
El silencio entre nosotros no era normal.
No era cómodo.
Era… tenso.
Denso.
Como si hubiera algo que ninguno sabía cómo decir.
Enrique no habló de inmediato.
Mantenía la mirada baja, los dedos entrelazados, como si estuviera conteniendo algo.
Esperé.
Pero el silencio se alargó.
Y entonces—
—¿Por qué?
Su voz fue baja.
Demasiado baja.
Casi un murmullo.
Fruncí ligeramente el ceño.
—¿Qué?
No lo había escuchado bien.
Pero él no repitió la pregunta.
No levantó la mirada.
No dijo nada más.
Solo se quedó ahí.
El silencio se volvió incómodo.
Pesado.
Como si el aire entre nosotros se hubiera vuelto más denso de repente.
Miré a Enrique de reojo. Seguía con la mirada baja, los dedos entrelazados, como si estuviera pensando demasiado en algo… o conteniéndose.
No entendía.
—Enrique… —murmuré con suavidad—. ¿Pasa algo?
Tardó en responder.
—Nada —dijo al final.
Pero no sonó a “nada”.
Fruncí ligeramente el ceño.
—No parece nada…
Eso lo hizo reaccionar.
Levemente.
Alzó la mirada, y por un instante sentí que había algo distinto en sus ojos. Algo que no lograba identificar… algo que me hizo sentir incómoda sin saber por qué.
—Solo… —hizo una pausa—. Todo esto está pasando muy rápido.
Parpadeé, confundida.
—¿Rápido?
—Sí… —respondió, pero no explicó más.
Me quedé en silencio unos segundos, intentando entender a qué se refería exactamente.
¿Al caos afuera?
¿A la situación?
¿A los equipos?
—Bueno… es normal, ¿no? —dije finalmente—. Todo cambió de un día para otro… tenemos que adaptarnos.
Enrique soltó una pequeña exhalación.
—Sí… adaptarnos…
Pero su tono no coincidía con mis palabras.
Había algo más.
Algo que no estaba diciendo.
—Ayer estabas… y hoy…
Volvió a quedarse a medias.
Fruncí más el ceño.
—¿Ayer estaba qué?
No entendía.
De verdad no entendía.
Lo miré esperando que aclarara, pero Enrique simplemente negó con la cabeza, como si hubiera decidido no continuar.
—Olvídalo.
Eso solo me confundió más.
—¿Cómo que lo olvide? Si empezaste a decir algo…
—No importa, Jessica.
Su voz fue más firme esta vez.
Cerró la conversación.
Me quedé en silencio, incómoda.
Había una sensación extraña en el ambiente… como si estuviéramos hablando de cosas distintas sin darnos cuenta.
O como si él estuviera hablando de algo que yo… simplemente no veía.
Suspiré suavemente.
—Debería irme… —murmuré—. Mañana será un día pesado.
Enrique asintió.
—Descansa.
Nada más.
No intentó seguir la conversación.
No explicó nada.
Y eso… me dejó con más dudas que respuestas.
Me levanté y caminé hacia la salida, sintiendo esa ligera incomodidad todavía en el pecho.
Antes de salir, volteé un segundo.
Enrique seguía ahí, en la misma posición, mirando la mesa en silencio.
Como si estuviera pensando en algo importante.
Algo que yo… no lograba entender.
Fruncí levemente el ceño.
Y al final…
me fui sin comprender a qué se refería.
......................
—AL DÍA SIGUIENTE—
Desperté lentamente, como si aún estuviera atrapada entre el sueño y la realidad.
Lo primero que sentí… fue calor.
Un calor suave, envolvente.
Abrí los ojos con lentitud.
Y lo ví.
Jackson.
Estaba rodeada por sus brazos, su cuerpo pegado al mío, como si durante la noche me hubiera acercado más sin darse cuenta… o tal vez sí.
Mi respiración se volvió más tranquila.
Por un momento… olvidé todo.
El mundo.
El peligro.
Los muertos.
Todo desapareció.
Solo estábamos nosotros.
Levanté ligeramente la mirada.
Su rostro estaba tan cerca del mío… que podía sentir su respiración rozando mi piel. Sus facciones relajadas, su expresión tranquila… completamente distinta a la intensidad que a veces mostraba.
Muy distinto a Dos.
Se veía… tan en paz.
Y eso… me hizo sonreír sin darme cuenta.
Con cuidado, levanté una mano y aparté un mechón de cabello que caía sobre su rostro, observándolo con una mezcla de ternura y algo más profundo… algo que aún no terminaba de comprender.
—Deberías descansar más… —susurré, apenas audible.
Pero en cuanto mis dedos rozaron su piel—
sus ojos se abrieron.
Lentamente.
Directo hacia mí.
Mi corazón dio un vuelco tan fuerte que casi pude escucharlo.
Me quedé inmóvil.
Atrapada en su mirada.
Por un segundo, ninguno dijo nada.
Solo nos miramos.
Cerca.
Demasiado cerca.
—Buenos días… —murmuró él, su voz baja, aún cargada de sueño.
Sentí cómo el calor subía a mi rostro de inmediato.
—B-buenos días… —respondí, desviando un poco la mirada, aunque no lo suficiente como para alejarme.
Pero Jackson no se apartó.
Al contrario.
Su brazo se ajustó ligeramente alrededor de mí, acercándome un poco más, como si no quisiera dejar espacio entre nosotros.
—No quería despertarme —dijo en voz baja—… porque sabía que esto terminaría.
Parpadeé, sorprendida.
Lo miré de nuevo.
Había algo en su expresión… algo sincero.
Casi vulnerable.
—¿Esto? —pregunté suavemente.
Él bajó la mirada un segundo… y luego volvió a mí.
—Estar contigo así.
Mi corazón volvió a latir con fuerza.
Sentí cómo mis manos se tensaban ligeramente sobre su pecho, consciente de lo cerca que estábamos… de lo real que se sentía todo en ese momento.
Afuera, el mundo seguía cayéndose a pedazos.
Pero ahí…
en ese pequeño espacio…
todo era tranquilo.
Seguro.
—No tiene que terminar… —murmuré, sin pensar demasiado.
Jackson me observó en silencio.
Y luego… sonrió.
Una sonrisa suave.
Diferente.
Se inclinó apenas, rozando mi frente con la suya.
—Entonces quédate un poco más.
Cerré los ojos un instante.
Solo un instante.
Permitiéndome sentir ese momento.
Guardarlo.
Porque sabía…
que no duraría para siempre.
Pero en ese segundo…
no importaba nada más.
Solo él.
Y yo.
absurdo pelearle a la mujer que básicamente se salvó sola de morir en último minuto.
😒😒
en fin, se creen que la mujer es de hierro.
que goze hasta que se transforme otra vez
es que tonsentia que iba a estar con Jackson alias dos
bello
autora aaaaa necesitamos más capitulos, en qué altar te ponemos ? 🤣🤣🤣
cómo me dejas con semejante evento 🤩🤩🤩🤩🤩
necesito más capitulos esto está intensoooo