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La Rosa Y El Dragón Negro

La Rosa Y El Dragón Negro

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Mujer despreciada / Mujer poderosa
Popularitas:4.8k
Nilai: 5
nombre de autor: kingofcurses_rb.

Belleza fría y fuerza divina se entrelazan en una alianza que decidirá el equilibrio entre reinos que nunca dejaron de vigilarse.

NovelToon tiene autorización de kingofcurses_rb. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8: La Espada Que No Se Movió

El eco del duelo aún flotaba en el aire del patio.

Los guardias habían llegado tarde.

Los nobles susurraban desde los balcones.

La noticia ya corría como fuego.

El príncipe de Astria no se había retirado del todo.

Se detuvo en la escalinata de mármol.

Respiraba agitado.

Humillado.

Victoria estaba erguida, descalza aún, las zapatillas colgando de sus dedos.

Rafael permanecía tranquilo.

Impecable.

Intacto.

El príncipe giró bruscamente.

—¡Maldito!

Los guardias tensaron sus lanzas.

Victoria no se movió.

—¿Por qué no usaste tu espada? —exigió el príncipe, la voz cargada de rabia—. ¿Te crees superior?

Rafael sostuvo su mirada sin cambiar de expresión.

—No.

Eso solo lo enfureció más.

—¡Entonces desenváinala! ¡Lucha como un hombre!

Silencio.

Rafael apoyó una mano sobre la empuñadura.

Pero no la movió.

Sus ojos eran claros.

Fríos.

No arrogantes.

Solo firmes.

—La espada no te considera un oponente digno.

El aire se volvió denso.

Las palabras no fueron gritadas.

Fueron dichas con calma.

Y por eso dolieron más.

El príncipe palideció.

—¿Qué dijiste?

—Mi espada se desenvaina cuando es necesario.

Pausa.

—No lo fue.

Un murmullo recorrió el patio.

Victoria sintió un leve escalofrío.

No por el insulto.

Sino por la certeza con la que lo dijo.

El príncipe avanzó un paso, temblando de furia.

—¡Soy heredero de Astria!

Rafael inclinó apenas la cabeza.

—Y yo soy caballero.

Nada más.

Nada menos.

La diferencia quedó suspendida entre ellos.

Victoria avanzó entonces.

Su voz fue suave.

Pero afilada.

—Has exigido un duelo. Lo tuviste.

Miró la espada caída del príncipe.

—Has exigido respeto. No lo ganaste.

Los ojos del heredero ardían.

—Esto es una ofensa diplomática.

Rafael respondió antes que ella:

—No hubo sangre.

—¡Hubo humillación!

Rafael lo miró directamente.

—Eso no depende de mí.

Silencio.

El príncipe entendió.

No podía provocar más sin quedar como el agresor.

No podía insistir sin verse débil.

Y lo peor…

No podía vencerlo.

Apretó los dientes.

—Te arrepentirás.

Rafael respondió con serenidad absoluta:

—Si llega ese día… entonces desenvainaré.

La amenaza no fue explícita.

Pero estuvo allí.

Clara.

Pesada.

Inevitable.

Victoria tomó suavemente el brazo de Rafael.

—Es suficiente.

El príncipe recogió su espada del suelo con torpeza.

Su orgullo estaba herido de una forma más profunda que cualquier corte.

—Nos veremos en el consejo mañana —escupió antes de marcharse definitivamente.

El patio quedó en silencio.

La brisa nocturna volvió a moverse entre las columnas.

Victoria miró a Rafael.

—Eso fue cruel.

—Fue honesto.

—Sabías que eso lo destruiría.

Rafael la miró.

—Usted pidió que fuera delicado.

Ella casi rió.

—Eso fue delicado para ti.

Rafael soltó la empuñadura de su espada.

—Si hubiera sido cruel… no estaría caminando.

Victoria sostuvo su mirada unos segundos más.

Había algo distinto en él ahora.

No era solo calma.

Era decisión.

—Rafael.

—Sí.

—Si mañana esto escala políticamente…

Él respondió sin dudar.

—Estoy preparado.

—No hablo de guerra.

Silencio.

—Hablo de lo que esto significa.

Rafael tardó un segundo en contestar.

—Significa que ya no pueden ignorarme.

Victoria asintió lentamente.

El Santo de la Espada ya no era solo un guardián extranjero.

Ahora era un factor.

Una presencia.

Una advertencia.

Y bajo la luz de la luna, con el traje blanco intacto y la mirada firme…

Parecía más que eso.

Parecía inevitable.

Capítulo 8

Parte 2 — Lo Que No Se Dice en Voz Alta

Antes de que los guardias comenzaran a rodear el patio y los murmullos crecieran aún más, Victoria tomó la mano de Rafael.

Sin anunciarlo.

Sin pedir permiso.

Y lo arrastró lejos de las miradas.

Atravesaron un corredor lateral del jardín hasta llegar a una terraza más pequeña, cubierta por enredaderas y protegida por columnas de piedra.

Allí el ruido del palacio se volvía distante.

Solo la fuente cercana rompía el silencio.

Victoria soltó su mano lentamente.

—Tenías que decir eso.

No era una pregunta.

Rafael permanecía recto, pero sus hombros estaban ligeramente más tensos que antes.

—Era lo más eficiente.

Victoria se cruzó de brazos.

—Lo destruiste.

—No era mi intención.

Ella lo miró con escepticismo.

Silencio.

Y entonces Rafael exhaló, casi imperceptiblemente.

—Aaa… —murmuró, llevando una mano a su nuca— me daban ganas de golpear a ese tipo con fuerza.

Victoria abrió los ojos con sorpresa.

—¿Perdón?

Él la miró con total sinceridad.

—Insultó su honor. Varias veces.

—Eso no te dio derecho a…

—Lo sé.

Pausa.

—Por eso no lo hice.

Victoria lo observó en silencio.

Esa confesión era más reveladora que cualquier espada desenvainada.

—¿Te contuviste… por mí?

Rafael sostuvo su mirada.

—Sí.

No hubo dramatismo.

No hubo pausa calculada.

Solo verdad.

La brisa movió suavemente el cabello de Victoria.

Ella dio un paso más cerca.

—¿Cuánto te costó?

Rafael lo pensó un segundo.

—Bastante.

Ella soltó una pequeña risa.

—Así que sí te enojas.

—No me gusta hacerlo.

—Pero querías golpearlo.

—Sí.

La honestidad era tan directa que casi resultaba desconcertante.

Victoria apoyó una mano en su pecho, justo sobre la tela blanca impecable.

Sintió el latido firme bajo sus dedos.

—Late rápido.

Rafael no se movió.

—Aún estoy controlándome.

Ella alzó la vista hacia él.

—¿Y si no te lo hubiera ordenado?

Silencio.

Los ojos de Rafael se oscurecieron apenas.

—Entonces habría terminado el duelo en el primer movimiento.

Un escalofrío recorrió la espalda de Victoria.

No miedo.

Comprensión.

—Eres peligroso.

—Solo cuando se meten con lo que protejo.

Ella no retiró la mano.

—¿Y qué proteges exactamente?

Rafael tardó un segundo más de lo habitual.

—A usted.

La respuesta fue inmediata.

Instintiva.

Victoria sintió algo apretarse en su pecho.

—No soy un objeto que proteger.

—Lo sé.

—Entonces no hables como si lo fuera.

Rafael bajó ligeramente la mirada.

—Protejo su decisión. Su posición. Su derecho a no ser humillada.

Ella parpadeó.

Eso era distinto.

No la veía como algo frágil.

La veía como algo valioso.

Silencio.

La noche parecía más tranquila allí.

Victoria finalmente retiró la mano.

—Gracias.

Rafael inclinó la cabeza.

—Es mi deber.

Ella rodó los ojos.

—Algún día dejarás de decir eso.

—Tal vez.

Victoria dio media vuelta hacia la salida.

Luego se detuvo.

—Rafael.

—Sí.

—Si mañana vuelve a provocarte…

Él esperó.

—No seas delicado.

El aire entre ellos cambió.

Rafael no sonrió.

Pero algo en su mirada se afiló.

—Entendido.

Victoria comenzó a caminar de regreso hacia el palacio.

Esta vez…

Él caminó a su lado.

No un paso atrás.

A su lado.

Y aunque nadie lo dijo en voz alta…

Ambos sabían que el duelo de esa noche no había sido el verdadero comienzo del conflicto.

Solo fue la advertencia.

1
btcclic cuenta3
Escritor... Historian, decisión, es que todos toman por su propio bienestar, mental izándose pensando en si mismo... /Scare/
Alberto Perez
Excelente, Pero Falto El Descenlace, Q Paso Con Rafael,Quedo Con La Princesa Y El Homicida,Recibio Su Castigo??
Alberto Perez
Excelente Relato, Pero Falto El Descenlace Final,Q Paso Con Rafael?
Juan Colmenares
está novela esta muy bonita y se puso muy interesante espero que no se termine aquí 😃😃😃😃
Nikol Espinosa
me encanta 🤗
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