un libro con personajes de ficción, dragones, ogros, un enemies to lovers y demás. ¿será que conseguirán enamorarse mutuamente? o solo seguirán en guerra. quién sabe depende de como ellos se traten a sí mismos
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¡atención!
¡Atención, pecadores, buscadores de chismes de alto voltaje y viciosos de la tinta fresca! ¡Detengan las rotativas de pergamino, suelten esos cálices de vino antes de que se atraganten y cierren las mandíbulas, que se les van a meter las moscas del establo! ¡Aquí llega su narradora favorita, **Lyndraeth de los Vientos**, con un boletín de última hora que les va a escocer más que una herida de sal en plena batalla de dragones!
*(Se escucha el golpe seco y autoritario de un mazo de madera sobre una mesa de roble milenario, seguido del sonido de un té de hierbas siendo sorbido con una parsimonia irritante y un suspiro que denota una paciencia que ya se extinguió hace tres eones).*
¡ÚLTIMO MOMENTO! ¡EXTRA, EXTRA! ¡PAREN TODO EL TEATRO!
Sí, sí, dejen de mirar con esa cara de bobos cómo Kaelthoryn se ajusta el cuero negro (que, seamos sinceros, le queda como si lo hubieran esculpido los mismos dioses del deseo). Dejen de observar a Zhaeryntha intentando mantener la dignidad mientras sus muslos tiemblan más que un flan en un terremoto de grado diez. Resulta que la "Mente Maestra", la gran arquitecta de este desastre con alas, hormonas y malas decisiones, ha decidido ponerle un candado de hierro puro a la puerta de este dormitorio... ¡digo, de este capítulo!
> *¡Sí, mis queridos y depravados humanitos! Vamos a pausar este libro. ¡A la porra las espadas, a la porra los gemidos y a la porra el vapor del baño! No me miren con esos ojos de cachorros degollados, que a mí no me engañan; lo que ustedes quieren es seguir espiando por la cerradura mientras estos dos se deshacen la ropa, pero la fiesta se acaba aquí... por ahora.*
¿La razón oficial? Pues que nuestra querida autora —esa que tiene la cabeza más llena de pájaros que un nido de cigüeñas— tiene que irse a limpiar los desastres de otra familia que está, si es que eso es posible, todavía más mal de la cabeza: **la Saga Veraldi**. ¡Ush! Si ustedes creían que lidiar con dragones heridos y jinetes con el ego del tamaño de una montaña era complicado, no tienen ni la más remota idea de lo que es intentar que un grupo de mafiosos italianos dejen de dispararse en las rodillas por un minuto.
¡Esos Veraldi son harina de otro costal! Allí no hay escamas, hay plomo. No hay vuelos románticos, hay cemento fresco y traiciones en cada esquina de la mesa del comedor. ¡Pura finura, vaya! La autora dice que los extraña, que el olor a pólvora y pasta le llama más que el aroma a pino y sexo de este castillo. ¡Qué traidora, de verdad! Nos deja aquí con la miel en los labios y el cuero a medio abrochar para irse a ver quién sobrevive a la próxima cena familiar en Sicilia. ¡Qué falta de respeto para con el linaje de los Vaelkríass!
Pero, ¡esperen! Que hay una razón extra, una que me da una risa etérea que casi me hace soltar las alas. ¡Resulta que se ha quedado sin inspiración! ¡Se le secó el pozo de las cochinadas! ¡El tintero de las perversiones ha dado un error de sistema catastrófico!
> *¡Ja! No me extraña ni un poquito. Después de pasarse capítulos enteros describiendo cómo estos dos especímenes se daban contra el mármol, contra la almohada y contra las leyes de la física como si no hubiera un mañana, hasta a mí se me han derretido las neuronas espirituales. La mujer necesita un descanso urgente para que se le enfríen las ideas (y la cara, que la debe tener roja como un carbón encendido de tanto imaginar posiciones prohibidas). Seguramente necesita ir a ver cómo los Veraldi se apuñalan por la espalda para recordar que el amor no siempre implica terminar con las piernas temblando y el cabello hecho un nido de pájaros. ¡Pobre criatura, se le quemó el motor del romance guarro!*
Así que, mis pequeños voyeristas, ¡les mando saludos desde aquí, desde mi nube de juicio absoluto y superioridad moral!
No me lloren, que ya los veo venir con los pañuelos de seda y los suspiros de "oh, qué voy a hacer ahora con mi vida". Aprovechen este tiempo de sequía narrativa para reflexionar sobre sus propias vidas pecaminosas. De paso, aprovechen para que Zhaeryntha se compre un vestido nuevo, que el azul ya parece un trapeador usado después de que Kaelthoryn lo tratara como si fuera papel de regalo en Navidad. ¡Y tú, Kaelthoryn! ¡Escúchame bien, pedazo de animal! ¡Búscate unos calzones de repuesto por el amor de todos los dioses antiguos y nuevos! Que dar esa vergüenza ajena de andar desnudo por los pasillos debería ser deporte nacional en tu frontera, ¡maleducado!
> *¿Y qué vamos a hacer mientras tanto? Pues yo me voy a quedar aquí, vigilando que estos dos no se maten (o se reproduzcan prematuramente) mientras la jefa se dedica a contar cadáveres en la Crónica Veraldi. Me voy a preparar otro té de raíces amargas, porque de verdad, ver tanta hormona suelta sin un narrador que los controle es un peligro para la estabilidad del reino. ¡Ush, qué gente más intensa, de verdad!*
¿Saben qué es lo peor? Que la autora dice que volverá. ¡Promesas, promesas! Dice que cuando los Veraldi dejen de matarse un rato y cuando su cerebro deje de echar humo, regresará para contarnos qué pasó en ese círculo de arena. ¿Zhaeryntha logrará clavarle la espada de madera en las costillas a Kael o terminarán follando otra vez detrás de los sacos de harina del establo? Hagan sus apuestas, señores, porque con estos dos cualquier cosa que no termine en sudor es un milagro de la naturaleza.
Así que, ¡se me cuidan! Traten de no ser tan calenturientos como estos dos en mi ausencia, aunque sé que les pido imposibles. Busquen otros libros, lean sobre botánica o sobre cómo criar gansos, ¡hagan algo útil! Dejen que la autora se recupere de su colapso de creatividad antes de que le dé un síncope por intentar superar la escena de la tina de baño.
Me largo de aquí. Me voy a lavar los ojos con agua bendita o con nieve del Polo Norte para quitarme la imagen de la "lanza de asalto" del Dravenkael, que se me ha quedado grabada en la retina como una marca de hierro candente. ¡Qué barbaridad, qué dotes, qué... qué asco de humanos, de verdad! ¡No tienen pudor ninguno!
Nos vemos en el próximo capítulo de "Cosas que Lyndraeth no quería ver pero le obligaron a escribir". ¡Hasta que los planetas se alineen o hasta que a los Veraldi les dé por la paz mundial!
¡ADDIÓS, PEDAZOS DE PECADORES! ¡Y QUE LOS VIENTOS NO LES VUELEN LA ROPA, QUE YA HAN VISTO BASTANTE POR HOY! ¡CHAU, AU REVOIR, SAYONARA Y TODO LO DEMÁS! ¡ME VOY A POR MI TÉ!