El amor más profundo a menudo nace de la ceniza de la traición más amarga.
Para evitar su ejecución como la villana de la historia, Anya deberá abandonar al príncipe que la odia y forjar un pacto con el verdadero antagonista, reescribiendo su trágico final con magia y pasión.
¿Podrá cambiar su destino?
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Capítulo 07
El espejo de cuerpo entero en el vestidor de Anya no era un simple objeto decorativo; era una reliquia de plata y cristal de roca que había pertenecido a la familia O’Higgins por generaciones. Frente a él, Anya se encontraba de pie, vestida únicamente con una fina camisola de seda blanca.
En su vida anterior, Elena había sido una mujer de rasgos comunes, alguien que pasaba desapercibida en una multitud. Pero aquí, en el cuerpo de Anya O’Higgins, la belleza era una declaración de guerra.
Pasó los dedos por su cabello. Era de un negro tan profundo que bajo la luz matutina emitía destellos azulados, como el ala de un cuervo o la obsidiana pulida. Era pesado, lacio y caía en una cascada perfecta hasta su cintura. Pero lo que realmente la cautivaba, lo que la hacía detenerse cada vez que pasaba frente a un reflejo, eran sus ojos.
Rojos.
No era el rojo irritado de alguien que ha llorado, ni el tono rosado de un albinismo común. Era un carmesí vibrante, el color del vino de Borgoña frente a una vela, o de los rubíes de la corona. En la novela original, el autor siempre describía esos ojos como "la marca de su maldad", un rasgo físico que advertía a todos sobre su naturaleza cruel y envidiosa.
—Qué ironía —susurró Anya, acercando su rostro al cristal—. En este mundo, si eres rubia y de ojos azules como Mía, eres bendecida por la luz. Pero si naces con el color de la sangre en la mirada, la sociedad decide que eres un monstruo antes de que siquiera aprendas a hablar.
Un suave toque en la puerta interrumpió sus pensamientos. Danna entró cargando una bandeja con aceites esenciales y cepillos de cerdas de jabalí. Al ver a su señora tan cerca del espejo, la joven criada se detuvo, cohibida.
—Mi lady, ¿desea que empiece a preparar su peinado para el día? —preguntó Danna, bajando la mirada.
Anya notó el ligero temblor en las manos de la muchacha. A pesar de que Danna era su aliada más cercana, el aura que Anya proyectaba ahora era diferente. Ya no era la histeria impredecible de antes, sino una autoridad gélida y absoluta.
—Acércate, Danna —ordenó Anya con suavidad—. Dime la verdad. Cuando me miras... ¿qué es lo primero que piensas?
Danna tragó saliva, dejando la bandeja sobre un tocador cercano. Se acercó con paso vacilante y observó el reflejo de Anya.
—Pienso que es la mujer más hermosa del reino, milady. No hay nadie que pueda compararse a usted. Ni siquiera... —Danna dudó— ni siquiera Lady Roster.
—No me refiero a la belleza —dijo Anya, girándose para quedar frente a ella—. Hablo de mis ojos. En el pueblo, entre la servidumbre... ¿qué dicen de ellos?
Danna apretó los labios, debatiéndose entre la lealtad y el miedo.
—Dicen que es la "Sangre Antigua", mi lady —susurró finalmente—. Los viejos del lugar cuentan que los O’Higgins no siempre fueron duques. Dicen que, hace siglos, su linaje descendía de los Guardianes del Norte, aquellos que pactaron con las sombras para proteger la frontera de las bestias. Dicen que el rojo de sus ojos no es una maldición, sino el fuego de un poder que se ha ido enfriando con las generaciones.
Anya arqueó una ceja. Eso no estaba en la novela. En el libro, su familia era simplemente una casa noble poderosa y ambiciosa. ¿Acaso el hecho de que ella ahora habitara este cuerpo estaba despertando detalles de la historia que el autor original nunca exploró?
—Poder —repitió Anya, saboreando la palabra—. Todos lo ven como una señal de peligro, pero nadie se ha molestado en enseñarme cómo usarlo. Mi padre siempre me dijo que debía ocultar mi intensidad tras el maquillaje y el protocolo para no "asustar" al príncipe.
—El Duque Gustav siempre ha querido que usted encajara en la corte, milady —añadió Danna mientras empezaba a cepillar el cabello negro de Anya—. Él cree que la discreción es la base de la supervivencia.
—La discreción es para aquellos que tienen algo que temer, Danna —replicó Anya, sintiendo un extraño calor en el pecho, una vibración que parecía emanar de sus propios huesos—. Si mi apariencia intimida a la corte, entonces la usaré como un escudo. Si Erick quiere un ángel, que se quede con su paloma blanca. Yo seré el fénix que resurge de mis propias cenizas.
Mientras Danna trabajaba en su cabello, Anya cerró los ojos y se concentró en esa sensación interna. En su vida pasada, Elena siempre se sintió pequeña. Aquí, sentía que el aire mismo a su alrededor vibraba con su presencia. Al abrir los ojos de nuevo, por un breve instante, el carmesí de sus pupilas pareció brillar con una luz propia, intensa y salvaje.
—Danna, trae el traje de montar —ordenó de repente—. El de cuero negro y la capa de viaje con broches de plata.
—¿El traje de montar, milady? Pero el Duque ha organizado una comida con el Conde Rodrigo y...
—Cancélalo. Dile a mi padre que tengo una migraña terrible y que no deseo ser molestada. Hoy no seré una muñeca de salón. Hoy voy a explorar los límites de este cuerpo.
Danna obedeció rápidamente. En pocos minutos, Anya estaba vestida. El traje de cuero se ajustaba a su figura como una segunda piel, resaltando su altura y su porte aristocrático. Se colocó la capa, cuya capucha era lo suficientemente amplia como para ocultar sus rasgos si era necesario.
Antes de salir, se detuvo ante un retrato colgado en el pasillo. Era una pintura al óleo de su tatarabuela, una mujer de la que apenas se hablaba en la familia. En el cuadro, la mujer vestía una armadura ligera y, al igual que Anya, tenía el cabello negro como la noche y unos ojos rojos que desafiaban al espectador.
—No eras una villana —murmuró Anya hacia la pintura—. Eras una guerrera a la que intentaron encerrar en un vestido de seda.
Al bajar las escaleras hacia las caballerizas, se encontró con su padre, Gustav, quien salía de su despacho con un fajo de documentos. Al verla vestida así, el hombre se detuvo en seco, su rostro oscureciéndose.
—Anya, ¿qué significa este atuendo? Tenemos invitados en una hora. El Conde Rodrigo es un aliado clave si queremos contrarrestar la influencia de los Cromwell tras la ruptura.
Anya ni siquiera redujo el paso. Se detuvo solo cuando estuvo a centímetros de él, obligándolo a notar la diferencia en su mirada.
—Padre, el Conde Rodrigo es un hombre que huele la debilidad a leguas. Si me presento ante él hoy, solo verá a una mujer intentando salvar las apariencias. Si quiero aliados, primero debo asegurar mi propia fuerza.
—¿Fuerza? ¡Vas vestida como una mercenaria! —exclamó Gustav—. ¿A dónde vas?
—Al Bosque Prohibido —respondió ella con una frialdad que heló la sangre del Duque—. Dicen que allí el aire es más puro para quienes tienen "Sangre Antigua". No me espere para cenar.
—¡Anya! ¡Te prohíbo que vayas a ese lugar! Es territorio neutral, lindando con las tierras del Duque Gallagher. Ese hombre es un salvaje, un monstruo que no respeta las leyes de la corona. Si te encuentra allí sola...
Anya se ajustó los guantes de cuero con una calma exasperante.
—Si el Duque Gallagher es un monstruo, entonces estaremos en excelente compañía. Después de todo, según la mitad del reino, yo también lo soy.
Sin esperar respuesta, Anya salió hacia los establos. Montó a su semental negro, un animal tan temperamental que solo ella podía dominar, y salió al galope, dejando atrás la mansión y las sofocantes expectativas de la nobleza.
Mientras cabalgaba hacia la espesura del bosque, donde los árboles se volvían más altos y la luz del sol luchaba por tocar el suelo, Anya sintió una libertad que nunca había conocido. Su cabello negro ondeaba tras ella como una bandera de guerra y sus ojos rojos escaneaban el horizonte con una agudeza antinatural.
No sabía qué encontraría en el Bosque Prohibido, pero sabía que la respuesta a su supervivencia no estaba en los libros de protocolo, sino en la herencia que corría por sus venas. El misterio de su apariencia no era un error de diseño; era el arma que Dios —o quien fuera que la hubiera traído aquí— le había dado para reescribir su destino.
Y si el "villano" Liam Gallagher estaba realmente en esas tierras, Anya estaba ansiosa por ver si él también podía ver lo que ella veía en el espejo: una tormenta que apenas comenzaba a desatarse.
qué paso con el papá, el rey y quienes son ceniza y rosa?
🫥 (joder soy gata)