Black fue uno de los asesinos cazarrecompensas más temidos del Clan Luna Negra, hasta que un desamor y el alcohol lo empujaron al Bosque Oscuro, donde debía morir.
Pero sobrevivió… pagando un precio.
Un collar sellado con un anillo lo convierte en el guardián espiritual de Daily, la nueva y más joven líder del clan Yshir, cuyo poder es más una maldición que una bendición. Ex cazadora de monstruos y demonios, Daily está convencida de que el amor es una estupidez innecesaria.
Atados por un sello divino que ninguno pidió, deberán convivir mientras fuerzas hambrientas de poder, monstruos, demonios y antiguos secretos se alzan. Fingir que no sienten nada será parte del trato… porque cuanto más intenten romper el vínculo, más cerca estarán de perderse a sí mismos.
NovelToon tiene autorización de Margaret Gimenez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
La Elección ya Estaba Hecha
Mansión Yshir
Kirlian estaba en su habitación, absorto en un libro, aunque su mente estaba en otra parte.
De pronto, recordó que un amigo lo había detenido apresuradamente en los pasillos antes de que saliera de la academia
—Si esta tarde no estás ocupado… —dijo con una sonrisa tímida y nerviosa—. ¿No te gustaría salir un rato?
—Si estás de acuerdo, te estaré esperando en la plaza.
Kirlian no dio una respuesta clara en ese momento. Mientras estaba en su habitación, la propuesta le daba vueltas en la cabeza. Finalmente decidió ir, pero no le diría nada a Elio; si lo llevaba, podría ser incómodo.
Mientras tanto
En la oficina de Néstor Yshir, el ambiente era completamente distinto.
Una mujer estaba de pie frente al escritorio, alterada, golpeando una revista contra la madera pulida.
—¡¿Qué significa esto?!
La portada mostraba un titular en letras grandes:
La prestigiosa familia Yshir decide adelantar el nombramiento del nuevo sucesor. El menor de la familia sería la mejor opción. El festejo queda cancelado y la identidad del elegido seguirá oculta.
—¡Esto es una injusticia! ¡Los clanes están hablando! ¡¿Desde cuándo se toman decisiones así sin anunciarlas públicamente?!
Néstor permanecía sentado.
Tranquilo.
Demasiado tranquilo.
Sus dedos entrelazados sobre el escritorio como si nada lo perturbara.
—Los tiempos cambian —respondió con voz grave—. Y las amenazas también.
Ella dio un paso al frente.
—¿Amenazas? ¿O favoritismos? Y más aún… porque no se me incluyó en el nombramiento. Sabían perfectamente que los únicos candidatos éramos Kirlian y yo.
El silencio se volvió más pesado.
Néstor levantó la mirada lentamente.
No había enojo en sus ojos.
Solo cálculo.
—El Consejo ya decidió.
No explicó.
No justificó.
No pidió disculpas.
La mujer apretó la revista hasta arrugarla por completo.
—¿Decidió… o usted influyó?
Un leve destello cruzó la mirada de Néstor.
—Mide tus palabras.
—No. Usted debe medir las suyas. Está moviendo piezas sin considerar las consecuencias. Los clanes no tolerarán que el heredero sea elegido en secreto.
—Precisamente por eso se mantiene en secreto.
La mujer respiró hondo, intentando controlar el temblor en su voz.
—Si el nombramiento ya fue decidido, entonces al menos diga por qué.
Un segundo de silencio.
Uno largo.
—Esto fue decidido desde hace tiempo.
Luego añadió, con una calma que no admitía discusión:
Lo siguiente
—La piedra eligió. aquien llevará a su lado.
La mujer quedó inmóvil.
Porque en los clanes, aquello no era una frase simbólica.
Si la piedra ancestral del linaje había reaccionado… entonces la decisión no pertenecía ni al Consejo ni a Néstor.
Pertenecía al destino mismo del clan.
Aun así, el resentimiento no desapareció de su rostro.
—Entonces espero que quien haya sido escogido esté preparado para sostener lo que viene.
Giró sobre sus talones y se dirigió hacia la puerta.
Al abrirla, se encontró con el hombre que aguardaba afuera.
Recto.
Firme.
Elegante.
Sus ojos grises no ocultaban nada.
Había escuchado todo.
Sabía que este día llegaría.
No hubo sorpresa en su expresión.
Solo una aceptación amarga.
Sus dedos se tensaron levemente.
¿A quién habrá escogido…?
No era rabia.
No del todo.
Era una pregunta que pesaba más que cualquier respuesta.
Respiró hondo.
Enderezó aún más la postura.
Y comenzó a caminar tras la mujer, con pasos medidos, como si nada en su interior se hubiera quebrado.
Dentro del despacho, Néstor cerró los ojos un instante.
Elegir no era lo más difícil.
Lo más difícil era aceptar que esa elección… nadie la vio venir.