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LA LEYENDA DE LA ESPADA DE FUEGO

LA LEYENDA DE LA ESPADA DE FUEGO

Status: En proceso
Genre:Magia / Mundo mágico / Acción / Espadas y magia / Mundo de fantasía / Fantasía épica
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Cristian David Leon

Leónidas, un mago de bajo rango intentará llegar a la cima como el número uno en su clase como novato recién llegado. La academia del reino de Grand Village esconde secretos tras sus muros, Leónidas junto a sus amigos intentarán llegar al fondo de ellos mientras se desarrolla como mago y se convierte en el más fuerte de todos.

NovelToon tiene autorización de Cristian David Leon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

NOIR VELKRYON

​El sol castigaba con fuerza las tierras que rodeaban el reino de Grand Village. Hacía veinte años, en una época de tensiones y misiones secretas, dos figuras avanzaban bajo el sofocante clima estival.

​—Qué calor está haciendo... —se quejó el hombre conocido como el Padre de Leónidas, secándose el sudor de la frente.

​A su lado, la Profesora Jill no mostró ni un ápice de compasión. Su mirada se mantenía fija en el camino, con la disciplina de quien sabe que los caprichos del tiempo no son excusa para el fracaso.

​—No te quejes —sentenció ella con voz firme—. El rey nos mandó en esta misión de suma importancia.

​—Sí, lo sé —respondió él, soltando un suspiro de resignación—. Pero hubiéramos traído a Número Diez.

​Jill negó con la cabeza, sin detener su paso.

—Ya sabes que Número Diez no puede venir. Está muy ocupado cuidando a su esposa.

​Un silencio breve se instaló entre ellos, solo interrumpido por el sonido de sus pasos. Sin embargo, el Padre de Leónidas no pudo evitar que un pensamiento le amargara el semblante. La envidia, mezclada con una pizca de orgullo herido, afloró en sus palabras.

​—Que Número Diez sea padre antes que yo... es vergonzoso.

​Jill soltó una pequeña risa sarcástica, lanzándole una mirada de soslayo.

—Ya todos en la corte saben que tú y la maga de agua están saliendo.

​Él se detuvo en seco, con los ojos abiertos por la sorpresa.

—¿Cómo supieron eso?.

​—Ir al torneo de novatos con ella no es muy inteligente que digamos... —respondió Jill, retomando la marcha y dejando a su compañero procesando su falta de discreción.

​—Qué astutos... —murmuró él finalmente, apresurándose para alcanzarla.

​La travesía continuó por la carretera que unía Grand Village con el reino de Fruster. El Padre de Leónidas, cuyo nombre era Fénix, no dejaba de mostrar su agotamiento.

​—¿Falta mucho? —preguntó una vez más.

—Siempre estás quejándote —respondió Jill, ya acostumbrada a su temperamento.

—Tengo sueño....

—Haz lo que quieras —concluyó ella, dándole permiso implícito para descansar.

​Fénix no necesitó que se lo repitieran. Se quedó profundamente dormido durante el resto del viaje, mientras el carruaje avanzaba hacia su destino. Para cuando abrieron las puertas de la ciudad, la noche ya se había adueñado del cielo. Habían llegado a la capital del reino de Fruster.

​—Despierta, ya llegamos —le ordenó Jill.

​Fénix se desperezó con un sonoro bostezo.

—Qué buena siesta....

​—Mantente alerta —le advirtió la profesora, bajando el tono de voz—. Este reino es famoso por sus delincuentes y bandidos....

​Fénix observó las calles sombrías y el ambiente hostil que se respiraba en la capital. Un sentimiento de lástima lo invadió al pensar en los habitantes que vivían bajo aquel yugo.

—Pobre gente, deberían derrocar a su rey tirano.

​—Si lo hacen, el reino podría sufrir una crisis —respondió Jill con pragmatismo.

​—Qué lástima... —murmuró Fénix, mirando a su alrededor con cautela.

​Al llegar frente a una posada, Jill se detuvo.

—Iré a preguntar por dos habitaciones. Espera aquí.

​—Claro —asintió Fénix.

​Mientras Fénix esperaba afuera, dos figuras emergieron de las sombras y cruzaron a su lado, chocando bruscamente contra él. Eran Noir Velkryon y una mujer llamada Lilith.

​—Oigan... —reclamó Fénix, pero Noir y Lilith guardaron silencio, mirándolo con desdén.

—Tengan más cuidado —insistió Fénix.

​Lilith sonrió con arrogancia.

—Mis disculpas, señor. Tal vez eres tan insignificante que no te vimos.

​—¿Qué fue lo que dijiste? —respondió Fénix, sintiendo la tensión aumentar.

​De repente, antes de que pudiera reaccionar, Noir utilizó un poder mágico abrumador que transportó a Fénix a un lugar apartado. La velocidad y la naturaleza de la habilidad dejaron a Fénix desconcertado.

​—¿Qué demonios fue esa habilidad? —preguntó, tratando de recuperar el aliento.

—Es mi poder mágico —respondió Noir con frialdad—. Tuviste el privilegio de verlo con vida...

​—Ya veo... —dijo Fénix, recomponiéndose—. Soy Fénix. ¿Ustedes?

—Soy Lilith —respondió la mujer.

—Soy Noir Velkryon —añadió el joven.

​Fénix repitió el apellido en su mente, intrigado. "Velkryon...".

​Tras una ardua batalla que se libró en las sombras de la capital, Fénix logró alzarse victorioso sobre Noir y Lilith. Exhausto, regresó a la posada justo cuando el sol comenzaba a asomar por el horizonte.

​—Vaya... estoy cansado... ¿Ya amaneció? Debería volver a la posada...

​Al llegar, Jill lo recibió con una mirada asesina.

—¿Dónde estabas, imbécil? ¿Y qué pasa con tu ropa? Estás muy sucio.

​—Fui a una taberna y me embriagué, ja, ja, ja... —mintió Fénix, tratando de ocultar el rastro de la pelea.

—No tienes remedio —suspiró Jill—. Se lo contaré al rey cuando volvamos.

—No puedes hacer eso, Jill...

—Cállate. Sigamos con nuestra misión.

​Volviendo al presente, Leónidas leía el mensaje de la carta de la academia. El mundo había cambiado, pero los ecos del pasado seguían presentes.

—El director ha cancelado las clases hasta la otra semana... —comentó Leónidas en el chat grupal—. Esos tipos... ¿eran fuertes?

​Blake respondió rápidamente:

—No lo sé, estaba inconsciente. Tú los viste, Deila.

​Deila pareció dudar antes de escribir.

—Yo... no recuerdo.

​—Ya veo —respondió Blake—. A todo esto, no sabíamos que Tokata era tu hermano.

—Es una larga historia —explicó Blake—. El clan Terra... Tokata domina un subdominio. Mi padre le enseñó antes que a mí...

​—Pues deberías aprender por ti mismo —le aconsejó Leónidas.

—No es tan fácil... —lamentó Blake.

—Deberías intentarlo —añadió Deila.

​La conversación fue interrumpida por Gin, quien entró al chat con su habitual tono burlón.

—Pero miren quiénes son... El tonto de fuego, el tonto de tierra y la tonta de agua.

​—¿Qué quieres, Gin? —preguntó Leónidas.

—Nada, solo estaba caminando y los encontré. Lastimosamente...

​Blake aprovechó para preguntar:

—Oye Gin, los tipos de ayer, ¿eran fuertes?

—Yo qué sé —respondió Gin con desinterés—. Solo eran dos tipos jugando a ser villanos.

​—Me contaron que Joan cayó fácilmente —insistió Blake.

—Te contaron mal, idiota. ¿Verdad, Deila? —sentenció Gin.

—Así es... —confirmó Deila.

​—Bien, nos vemos. Tengo que seguir mi camino, tarados —se despidió Gin antes de retirarse.

​Leónidas suspiró, viendo cómo se marchaba.

—Tan rara como siempre...

—Ni me lo digas —coincidió Blake—. Vamos, busquemos algo para comer.

—Vamos, Deila —invitó Leónidas.

—¿Eh? Sí, por supuesto... —respondió ella.

​Leónidas se quedó observándola un momento. Deila parecía actuar de forma extraña. ¿Sería por el shock del incidente del día anterior? O quizás, los secretos del pasado estaban empezando a salir a la luz.

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Camila Surita
me encantaaa
Yolanda Leon
muy bueno, me encanta
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