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Susanne confió en quien no debía, lo entregó todo y descubrió muy tarde que un falso juramento puede llevarte al infierno.
Sin nada más que perder, que una vida que la axficia, tomará un camino de venganza lento y hasta humillante, pero si quiere ver a su enemigo caer de la cima al fango, ella tendrá que meterse hasta en su cama, con una nueva identidad y destruir lo que ese hombre atesora
Lo que Susanne no sabe es que en medio de su venganza, su corazón vuelva a amar y que eso pueda ser más peligroso que cumplir con su venganza.
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8. Siniestras intenciones
Susanne despierta, su cuerpo ya no se siente dolorido, abre los ojos y está en un lugar que desconoce, pero se siente abrigada porque el calor de la chimenea cercana le ha quitado el frío.
- "Despertaste pequeña, ahora te llevo una sopita de verduras para que te recuperes", dijo una mujer de unos cincuenta años, con una ligera sonrisa, y mirada serena.
- "¿Dónde estoy?, ¿Quién es usted?", preguntó incorporándose, asustada y confundida. ¿Mi ropa?
- "Tranquila, mi nombre es Aurora, y soy la curandera del pueblo. El caballero que te trajo, pagó generosamente para que te atendiera, el médico no estaba, la mayoría de los médicos de estas tierras han sido llevados con el duque de Salamanca", respondió doña Aurora, llevando la sopa al lado de Susanne, quien al escuchar eso recordó buscar su relicario.
- "Está debajo de la almohada", dijo Aurora suponiendo lo que buscaba.
En efecto, debajo de la almohada, envuelto en un pañuelo, se encontraba el relicario. Que pegó a su pecho, como esperanza de poder encontrar de alguna manera la forma de castigar a los culpables de la muerte de sus abuelos y su amiga Luisa.
Luego quedó mirando las iniciales grabadas en el pañuelo "FL", se preguntaba de quién era.
- "El caballero que te trajo usó ese pañuelo como paño para tratar de aliviar tu fiebre, lo lavé y cuando estuvo secó, lo usé para guardar tu relicario, tiene el escudo del ducado de Salamanca, es extraño que una persona humilde lo tenga", comentó Aurora.
- "Debo devolverlo, hice un juramento y debo cumplirlo. ¿Queda muy lejos del palacio del duque de Salamanca?", preguntó Susanne, después de tomar algunos sorbos de sopa.
Aurora la observó con atención. Pese a la humildad de la muchacha, había algo en su mirada que no se veía a menudo: una mezcla de determinación, orgullo contenido y una herida demasiado profunda para alguien tan joven.
- "No estás hecha para ser alguien sin reconocimiento y grandeza, muchacha", murmuró Aurora finalmente. "Hay personas que nacen para cambiar el destino y redimir la injusticia; tú tienes esa mirada", agregó.
Susanne suspiró, en el fondo quería una señal para seguir su camino, pese a los golpes tan dolorosos que le ha dado la vida; y cree que en esas palabras la encontró.
Por otro lado, Lady Elvira sentada en la sala de la residencia del condado de Salvatierra, llora profundamente, ha tenido que enterrar a toda su familia.
- "Señora disculpe que tenga que apresurar, pero deben firmar los papeles, para organizar el trabajo que dejó el conde", dijo el viejo administrador, con voz respetuosa, ante la legítima heredera del conde de Salvatierra.
- "Ella no va a firmar esos documentos, soy su esposo, y ahora me encargaré personalmente de todos los asuntos del condado de Salvatierra, después de todo ahora somos los condes", interrumpió August, antes de que Elvira pudiera decir algo.
- "Mi Lord, el difunto conde siempre ha confiado en mí, jamás he fallado en mis labores", replicó el administrador con cautela.
- "Cariño, es cierto mi padre siempre confió en él", comentó Elvira, entre suspiros, porque no podía recuperarse aún de la pérdida de toda su familia.
- "No lo dudo Elvirita", expresó August abrazándola, "y por su trabajo se le dará una magnífica liquidación, como para que no tenga que pasar ninguna necesidad, pero ahora somos los nuevos condes y debemos manejar las cosas de otras maneras, ¿no crees que ha sido terrible amor mío?, ¿no confías en mí", agregó con su clásica manera de engañar a las personas, con una voz que consuela, pero a la vez ata.
- "Ha sido terrible, mataron a mi familia estando todos atados, y de ahí a los sirvientes que estaban en casa los han quemado, tal vez no he sido condescendiente con ellos, pero eran personas August, nadie merece morir así", dijo Elvira y él la abrazó más fuerte, "y claro que confío en tí, amor, si crees que es lo mejor, aceptaré", añadió sollozando.
August le acaricia la espalda y por dentro celebra, pronto le hará firmar todos los documentos para que él tenga control absoluto de su herencia, y cuando por fin tengan un hijo, entonces ella dejaría de serle útil, él disfruta de la absoluta libertad, y solo la sacrifica para alcanzar sus fines siniestros.
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