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EN LA FRONTERA DEL DESEO

EN LA FRONTERA DEL DESEO

Status: En proceso
Genre:Omegaverse
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Un omega que no se doblega.
Un Enigma incapaz de amar.
Cuando el deseo rompe el control, solo una elección puede salvarlos… o destruirlos.

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18: Donde la elección duele

El día avanzó con una quietud engañosa.

La frontera parecía observarlos, como si supiera que algo se estaba tensando más allá del peligro externo. El grupo avanzó entre colinas bajas cubiertas de matorrales secos. El sol apenas lograba calentar la piel. El viento traía olor a tierra removida y a hojas muertas, un perfume áspero que se pegaba a la garganta.

Rhydian caminaba con el pulso inquieto. No era cansancio físico. Era esa tensión que se instala cuando algo dentro de ti empieza a reclamar espacio. Cada paso cerca de Severin era una fricción mínima, un recordatorio constante de una cercanía que ya no era casual.

—Te mueves como si esperases un golpe —comentó Severin, sin mirarlo directamente.

—Me muevo como si algo fuera a pasar —respondió Rhydian—. Y no tiene que ver con emboscadas.

Severin alzó la vista por un instante, encontrándose con la suya. No replicó. El intercambio quedó suspendido como una cuerda tensa que nadie quería soltar.

Al cruzar un tramo de rocas sueltas, uno de los omegas rescatados tropezó. Rhydian fue el primero en acercarse para ayudarlo. El omega se apoyó en su hombro para recuperar el equilibrio. Severin observó la escena desde unos pasos atrás, con una atención demasiado fija para ser casual. Los dedos se le cerraron alrededor del mango de la daga. No por intención de usarla. Por una reacción que no comprendía del todo.

Rhydian alzó la vista y lo vio.

—Está bien —dijo, sin dureza—. No me va a morder.

Severin soltó la empuñadura.

—No es eso.

—Claro que no —replicó Rhydian con una media sonrisa que no llegaba a ser burla—. Es… cálculo de amenazas, ¿no?

El Enigma sostuvo su mirada, los ojos grises tensos.

—No trivialices lo que no entiendes.

—Empiezo a entenderlo demasiado bien.

No hubo respuesta. El silencio volvió a ocupar su lugar entre ambos, pero ya no era neutro: estaba cargado de cosas que no se decían.

Más tarde, al detenerse para descansar, Rhydian se alejó unos pasos del grupo para tomar aire. El día se le había acumulado en el pecho. Severin lo siguió. No a propósito, se dijo. Por costumbre. Por vigilancia. Por algo que ya no sabía nombrar.

Se detuvieron junto a un afloramiento de piedra que los protegía del viento. El espacio era estrecho; el silencio, pesado.

—¿Por qué siempre te colocas entre yo y los demás? —preguntó Rhydian de pronto—. No solo con alfas. Con cualquiera.

Severin tardó en responder.

—Porque no confío en las intenciones de la gente en la frontera.

—No confías en nadie —corrigió Rhydian—. Pero conmigo es distinto. No te colocas entre el peligro y yo. Te colocas entre yo y el mundo.

Los ojos grises se oscurecieron.

—No me pidas que lo analice —dijo Severin—. No todas las reacciones tienen una explicación limpia.

Rhydian dio un paso más cerca. No invadió. Se quedó en ese límite donde la cercanía es una pregunta abierta.

—No te pido que lo analices —susurró—. Te pido que no finjas que no pasa nada.

El aire pareció espesarse entre ambos.

—Si pasa algo —dijo Severin en voz baja—, no sé cómo manejarlo sin convertirlo en una variable que pueda controlar.

—Y yo no quiero ser una variable —respondió Rhydian—. Quiero ser una elección.

El silencio que siguió fue tan denso que parecía un tercer cuerpo entre ellos. El viento golpeó la roca y volvió a irse, como si el mundo respirara alrededor de esa tensión contenida.

Severin apartó la mirada primero. No por falta de deseo. Por miedo a lo que implicaba no apartarla.

Esa noche, el campamento quedó en una hondonada protegida. El fuego era bajo; las sombras, largas. Rhydian se sentó cerca de Severin, más cerca de lo habitual. No fue un accidente. Tampoco una provocación abierta. Fue un gesto que decía: estoy aquí.

Severin no se movió para alejarse.

—No te prometo nada —dijo en voz baja, sin mirarlo.

—No te pedí promesas —respondió Rhydian—. Te pedí honestidad contigo mismo.

Severin cerró los ojos un instante. Cuando los abrió, su mirada ya no estaba tan blindada como antes.

No se tocaron.

Pero esa noche, la frontera se sintió menos hostil…

y la distancia entre ambos, más peligrosa que cualquier emboscada.

1
"katu azul"
buenoooooo que comience la diversión /Scream//Scream//Scream/
pryz
Estos dos son lentos
pryz
No puedo con estos dos
pryz
Repito son tontos
pryz
Ya empezamos con los celos 🤭
pryz
Tontos los dos
pryz
Estos son tontos o se hacen
pryz
Se siente en el corazón pero lo que se usa para pensar es la cabeza amigo
Rosario Simental: no me gusta leer en pausas se pierde el interés. ponganlas completas y seguiré siendo su fiel lectora. gracias
total 1 replies
pryz
Asi se habla sin pelos en la lengua
pryz
Vamos bien, no se deja
pryz
Quw manera de decir me gustas
pryz
Ok vamos bien, nada de protas tontos
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