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LA LEYENDA DE LA ESPADA DE FUEGO

LA LEYENDA DE LA ESPADA DE FUEGO

Status: En proceso
Genre:Magia / Mundo mágico / Acción / Espadas y magia / Mundo de fantasía / Fantasía épica
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Cristian David Leon

Leónidas, un mago de bajo rango intentará llegar a la cima como el número uno en su clase como novato recién llegado. La academia del reino de Grand Village esconde secretos tras sus muros, Leónidas junto a sus amigos intentarán llegar al fondo de ellos mientras se desarrolla como mago y se convierte en el más fuerte de todos.

NovelToon tiene autorización de Cristian David Leon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL DIA ANTES DEL TORNEO

​El reino de Fruster no era lugar para los débiles, y mucho menos para aquellos que acababan de morder el polvo. En la penumbra de un callejón húmedo y estrecho, Noir y Lilith se ocultaban como animales heridos. El aire olía a moho y a derrota.

​—¿Cómo te sientes? —preguntó Noir, rompiendo el silencio sepulcral. Su voz, aunque contenida, dejaba entrever una mezcla de preocupación y fastidio.

​Lilith se apretó el costado, una mueca de dolor deformando sus facciones. Sus ropajes oscuros estaban rasgados, testimonio del encuentro previo.

—Todavía me duelen las heridas —respondió ella con un siseo entre dientes. Al mencionar la causa de su estado, sus ojos se encendieron de odio—. Ese anciano...

​Noir soltó un suspiro cargado de cinismo. Apoyó la espalda contra la pared de piedra fría y miró hacia la entrada del callejón, vigilando cualquier movimiento.

—Fue estúpido haberse metido con Merlín —sentenció con frialdad.

​Lilith no pudo evitar darle la razón, aunque le pesara en el orgullo. La misión que inicialmente parecía un trámite sencillo se había transformado en una pesadilla logística y física.

—Ahora capturar al niño se ha vuelto una misión imposible... —murmuró ella, mirando sus manos temblorosas.

​—Al rey de Fruster le tocará cambiar sus planes —añadió Noir, ya pensando en el siguiente movimiento en este tablero de ajedrez mortal.

​Sin embargo, el silencio del callejón fue interrumpido por algo más que sus voces. Lilith se quedó inmóvil, sus sentidos alerta. Noir reaccionó de inmediato, girándose con la mano lista para atacar.

​—¡Se voltea! ¿Quién anda ahí? —exigió Noir, su voz resonando como el acero.

​De entre las sombras profundas, emergió una figura que no parecía pertenecer a la inmundicia del callejón. Era un hombre de porte elegante y una sonrisa que no llegaba a sus ojos fríos.

​—Es un placer, señor Noir y señora Lilith. Me llamo Gull —dijo el desconocido con una cortesía que resultaba insultante dadas las circunstancias.

​—¿Gull? —repitió Noir, entrecerrando los ojos, tratando de ubicar el nombre o el rostro en su memoria.

​—No vengo a buscar pelea —continuó Gull, manteniendo las manos a la vista para disipar cualquier hostilidad inmediata—, vengo a proponer un trato...

​—¿Por qué debería escucharte? —espetó Noir, sin bajar la guardia ni un milímetro.

—¿Y si mejor te matamos? —sugirió Lilith, cuya paciencia se había agotado junto con sus energías.

​Gull no se inmutó ante la amenaza de muerte.

—Tranquilos, solo escuchen lo que tengo que decir y luego podrán elegir qué hacer conmigo. ¿De acuerdo? —propuso con una calma absoluta.

​Noir y Lilith intercambiaron una mirada rápida. Sabían que en su estado actual, cualquier ventaja o información nueva valía el riesgo.

—De acuerdo —cedió Noir finalmente—, di lo que tienes que decir...

​Gull sonrió. Era una sonrisa de victoria anticipada.

​Mientras las sombras conspiraban en Fruster, la luz del sol bañaba los terrenos de la academia de Grand Village, aunque el ambiente dentro de sus aulas no era menos tenso.

​La Profesora Jill, con su habitual presencia imponente, se paró frente a la clase. La expectación se palpaba en el aire; hoy era el día de los anuncios que marcarían el destino de los estudiantes más prometedores.

​—Alumnos, solo quedan unas semanas para el torneo de novatos —anunció Jill, su voz clara recorriendo cada rincón del salón.

​En uno de los pupitres, Leónidas sintió que el corazón le daba un vuelco.

—Unas semanas... —susurró para sí mismo, sintiendo el peso del tiempo sobre sus hombros.

​—Los cinco clasificados han sido elegidos —continuó la profesora, abriendo una carpeta que contenía los nombres de la élite de la academia.

​El silencio fue absoluto. Deila, sentada cerca de Leónidas, aguardaba con una expresión indescifrable.

​—En el puesto uno y como representante de la academia... Joan, de la clase uno-uno —dictaminó Jill.

Un murmullo recorrió el aula. "Era de esperarse", comentó un alumno. "Así es, además es tan guapo...", añadió una alumna con admiración.

​Leónidas apretó los dientes. La competencia era feroz.

—En el puesto dos... Gin, de la clase uno-uno —prosiguió la profesora.

—A este paso ninguno clasificará... —pensó Leónidas, sintiendo una punzada de molestia y envidia sana.

​—En el puesto tres... Tokata, de la clase uno-uno —anunció Jill, confirmando el dominio de la clase rival hasta ese momento. Blake, el amigo de Leónidas, simplemente guardó silencio, observando la escena con resignación.

​Sin embargo, la racha de la clase uno-uno se rompió finalmente.

—En el puesto cuatro... Deila, de la clase uno-dos —dijo Jill.

​Deila abrió los ojos de par en par, genuinamente sorprendida.

—¿Yo? —exclamó en un susurro.

—Felicidades, Deila —dijo Blake con sinceridad.

—Felicidades... —añadió Leónidas, forzando una sonrisa para su compañera.

​Deila se sonrojó levemente ante las muestras de apoyo de sus compañeros.

—Gracias, chicos... Muchas gracias a todos —dijo ella, regalando una sonrisa que iluminó su rostro.

​—En el puesto cinco... —la profesora Jill hizo una pausa dramática— Blake, de la clase uno-dos.

​Blake soltó un suspiro de alivio que se convirtió en una exclamación de júbilo.

—¡Sí! —gritó, incapaz de contener su emoción.

—Felicidades, Blake, te lo merecías... —le dijo Leónidas, aunque por dentro su frustración crecía.

​—Eso, Blake, acaba con los desgraciados de las demás academias —lo animó un compañero.

​Leónidas sintió un nudo en la garganta. Sus amigos estaban dentro, pero él se quedaba fuera.

—No clasifiqué... —pensó, apretando el puño debajo del pupitre hasta que los nudillos se le pusieron blancos.

​Pero la profesora Jill aún no había terminado.

—Y según lo que me dijeron, hay un sexto clasificado... —anunció, captando de nuevo la atención total del grupo.

​Leónidas levantó la cabeza. ¿Había esperanza?

—Y ese es Dylon, de la clase uno-uno —dijo Jill.

​El mundo de Leónidas se derrumbó por un momento. Sus amigos lo miraron con preocupación.

—Leonidas... —susurró Deila.

—Maldición... —masculló Blake.

​—Pero —intervino Jill, alzando la voz—, el sexto en el top y el séptimo están igualados, por lo cual se enfrentarán en un duelo para determinar quién se queda con el puesto. El duelo es entre Dylon... y Leonidas.

​Toda la clase se giró hacia él. El aire volvió a sus pulmones de golpe.

—¿Un duelo? —preguntó Leónidas, su pulso acelerándose.

​—Así es —confirmó la profesora Jill—. El duelo será mañana al mediodía. El campo de entrenamiento estará disponible a esa hora. Y el director será el juez del duelo.

​La presión aumentó exponencialmente.

—El propio director... —murmuró Blake, impresionado.

—Es mucha presión —añadió Deila, preocupada por su amigo.

​Leónidas se puso de pie, su resolución brillando en sus ojos. Ya no había rastro de duda.

—No importa, lo haré... —declaró con firmeza.

​—De acuerdo, dicho esto, pueden volver a sus casas —concluyó la profesora Jill.

​A la salida, Blake y Deila se acercaron para darle ánimos.

—No te preocupes, mañana ganarás, estoy seguro —le dijo Blake, dándole una palmada en el hombro.

—Estaremos ahí para animarte —añadió Deila con una sonrisa alentadora.

—Gracias... —respondió Leónidas, sintiéndose afortunado por tenerlos.

​Los tres amigos se separaron al llegar a las puertas de la academia. Blake y Deila se dirigieron hacia el pueblo, pero Leónidas tomó el camino contrario. Necesitaba prepararse de una manera que los libros no podían enseñarle.

​—Debería ir al bosque —pensó Leónidas.

​Caminó durante un buen rato hasta que llegó al bosque bajo, un lugar donde el tiempo parecía detenerse. Sin embargo, al llegar a su lugar habitual, el claro estaba vacío.

​—El anciano no está... tendré que meditar yo solo —murmuró decepcionado.

​Se sentó sobre la hierba, cruzó las piernas y cerró los ojos, buscando esa paz interior necesaria para canalizar su energía. Poco a poco, el sonido del viento y de los pájaros se convirtió en un ruido de fondo, y él se sumergió en su propia mente.

​—Te veo muy concentrado, niño —dijo una voz justo detrás de su oreja.

​Leónidas dio un salto, el corazón a punto de salírsele del pecho.

—¡Se asusta! ¿Puedes dejar de aparecer de esa forma? —reprochó, mirando al anciano que ahora estaba allí, como si hubiera brotado de la tierra.

​—Lo siento, te ves muy concentrado, ja, ja, ja —se rió el anciano, su barba blanca temblando con la carcajada.

​Leónidas recuperó el aliento y lo miró con seriedad.

—Mañana tengo un enfrentamiento para clasificar al torneo —explicó.

​—Ya veo... —respondió el anciano, su mirada volviéndose un poco más aguda por un instante.— Pues no perdamos el tiempo, sigue meditando.

​—Claro, maestro Merlín —asintió Leónidas con respeto.

​El anciano hizo una pausa, su expresión se volvió algo melancólica.

—Sobre eso... —comenzó a decir, quizás a punto de revelar algo sobre su verdadera identidad o sus razones para estar allí.

​Leónidas lo interrumpió, mirándolo directamente a los ojos.

—No importa quién seas o qué seas, eres mi maestro... —le dijo con total sinceridad.

​El anciano Merlín sonrió. Fue una sonrisa diferente a la de Gull; esta era cálida y llena de un afecto casi paternal.

—Niño tonto. Concéntrate más, no pierdas la concentración... —le regañó suavemente.

​—Sí, maestro —respondió Leónidas, cerrando los ojos de nuevo y volviendo a su estado de meditación.

​El anciano se quedó observándolo en silencio.

—Es igual a él... —pensó con una punzada de nostalgia antes de dejar que el niño se sumergiera en su entrenamiento.

​Mientras tanto, de vuelta en las profundidades del reino de Fruster, la reunión entre los villanos llegaba a su fin. La propuesta de Gull había calado hondo en la ambición de Noir y la desesperación de Lilith.

​—Entonces... ¿Tenemos un trato? —preguntó Gull, extendiendo su mano metafóricamente hacia ellos.

​Lilith miró a Noir, y luego a Gull. Sus heridas ya no parecían dolerle tanto ante la perspectiva de una nueva oportunidad.

—Suena interesante, Noir —admitió ella.

​Noir asintió lentamente, su mente ya trazando los beneficios de esta alianza inesperada.

—Tienes razón, no suena mal ese plan... —concedió— De acuerdo, me parece bien.

​—Perfecto... —concluyó Gull, sus ojos plateados brillando en la oscuridad.

​El destino estaba sellado en ambos frentes. Mañana, Leónidas se enfrentaría a Dylon en un duelo por el sexto puesto de la clasificación, de esto dependera su futuro en la academia. Pero mientras él entrenaba bajo la tutela de un maestro legendario, una amenaza mucho más oscura avanzaba hacia ellos. La alianza entre Gull, Noir y Lilith se fortalecía, y su plan maestro comenzaba a ganar una fuerza imparable.

(Imagen representativa de Noir Velkryon)

1
Camila Surita
me encantaaa
Yolanda Leon
muy bueno, me encanta
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