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Iliana Y El Enigma Del Abismo.

Iliana Y El Enigma Del Abismo.

Status: En proceso
Genre:Supervivencia
Popularitas:842
Nilai: 5
nombre de autor: Caro Tovar

Tras un accidente que la dejó sin vida… Iliana fue devuelta a ella por una ciencia que nunca debió intervenir.

Despierta sin memoria en una isla aislada, atrapada en un laboratorio donde la ética no existe. Su cuerpo ha cambiado. Su embarazo fue intervenido. Y aquello que le arrebataron se convirtió en el origen de una plaga capaz de destruir el mundo.

En una búsqueda desesperada por reencontrarse con sus hijos, halla un submarino equipado con una inteligencia artificial prodigiosa, capaz de protegerla, guiarla… Junto a su familia, navegará entre ruinas, enfrentando no solo a los muertos que caminan, sino a los vivos que han perdido toda humanidad.

En un mundo desgarrado por la infección, el miedo y la traición, decide luchar por lo que ama, resistir lo inevitable… y no rendirse jamás.

Una historia visceral y conmovedora que explora la memoria, la identidad y el amor inquebrantable en un mundo colapsado, donde el verdadero enemigo aún camina… y tiene rostro humano.

NovelToon tiene autorización de Caro Tovar para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 6 - El reflejo de la verdad. Lo que le hicieron ya no podía ocultarse.

El lugar estaba amoblado, con un escritorio de madera oscura, el centro del lugar, con una computadora en reposo y papeles apilados con meticuloso orden. Contra la pared, una estantería repleta de carpetas y libros. A un lado, un sofá de cuero desgastado y junto a él, una pequeña mesa.

Al fondo, una puerta entreabierta revelaba el baño. Un espejo rectangular colgaba sobre el lavabo de porcelana blanca, fue lo que llamó su atención, no recordaba la última vez que había mirado su reflejo, al menos no con orgullo. Se quitó la bata y se soltó el cabello, con su cuerpo desnudo se colocó frente a él.

La figura que miró no era la misma que recordaba. El rostro cansado, el que alguna vez reflejaba más de cuarenta años, había desaparecido sin dejar rastro. La piel, antes surcada por líneas de tiempo y fatiga, ahora era tersa, como si el pasado hubiera sido borrado.

Inspiró hondo, sintiendo la expansión de sus pulmones, la firmeza desconocida bajo su piel. Esa sensación de habitar un cuerpo nuevo, extraño y familiar al mismo tiempo.

Su mano tembló al rozar su propia mejilla, esperando encontrar la textura áspera de antes, pero solo sintió suavidad. Sus ojos, abiertos de par en par, recorrieron cada rasgo. El arco preciso de sus cejas. El brillo irreal de su mirada. Sus labios, llenos, rosados pálidos, como si nunca hubieran sabido del desgaste.

¿Era ella?

Iliana.

El nombre flotó en su mente, primero como un susurro, luego como un grito.

Lo había buscado en el vacío, lo había sentido en la punta de la lengua, en la piel, en el latido acelerado de su pecho.

Y ahora lo sabía.

No una suposición, no un eco incierto.

Un hecho.

Había regresado.

Había rejuvenecido de forma milagrosa. No había otra explicación.

Tomó el espejo con manos temblorosas, recorriendo cada detalle de su reflejo con una mezcla de asombro y recelo. Las marcas que antes surcaban su piel—las estrías, la celulitis, las huellas de un cuerpo vivido—habían desaparecido sin dejar rastro. La flacidez que alguna vez colgó de sus brazos, su vientre, sus piernas, habían dado paso a una firmeza esculpida, imposible.

Su larga cabellera castaña y ondulada caía con una suavidad, enmarcando su rostro, resaltando las curvas de su figura. No solo se veía distinta; se sentía distinta. Más ligera, más fuerte, como si su cuerpo hubiese olvidado el peso de los años.

Parpadeó, esperando que la imagen se deshiciera como un espejismo. Pero no. Seguía allí, en la superficie brillante del espejo, devolviéndole la mirada con ojos que parecían más vivos que nunca.

¿Qué había pasado? ¿Cómo era posible?

Debido a esas interrogantes. Todo los recuerdos brutales, implacables. Desde el primer instante en que abrió los ojos en aquel lugar.

Cada inyección, cada dosis de medicamento. Los murmuros a su alrededor. Cada sustancia infiltrada en su sangre, habían sido parte de un experimento.

Y lo entendió.

Era un laboratorio Científico.

Se sentó en la silla giratoria que estaba detrás del escritorio. Con un clic, encendió la computadora. Para su sorpresa, la pantalla se iluminó con un mosaico de cámaras de seguridad: cada rincón del lugar, al alcance de su vista.

Un golpe de suerte. Una oportunidad inesperada con la que podía encontrar una solución para sobrevivir y salir de ese lugar.

Miraba por las cámaras: habitaciones, pasillos. Personas devorando a otras, con sus dientes desgarraban la piel, mientras la sangre se esparcía alrededor, las manos hundidas en los cuerpos, arrancando trozos.

Era asqueroso. Repugnante.

La angustia le recorrió el cuerpo al imaginar el dolor que sufrían esas personas.

Trató de ignorarlo. De apartar la vistas de ésas escenas nauseabunda. Desvío la mirada hacía las habitaciones y salidas.

Aún quedaban algunos sobrevivientes.

Uno de ellos se encontró con una mujer—o lo que quedaba de ella.

Espantosa. Los huesos rotos se asomaban entre los restos de carne y piel. Algunas vísceras colgaban de su cuerpo, meciéndose de un lado a otro tras cada paso. Le faltaban algunas partes en su pecho y en el rostro e incluso un ojo también.

La sangre cubría todo su ser, parecía haber sido sacada de una película de terror. Emitía esos sonidos extraños.

Los mismos que había escuchado antes.

La mujer seguía acercándose. más y más. Él disparó. Una y otra vez. Pero no le afectaba ni un poco.

Hasta que… un disparó en la cabeza. La detuvo.

Cuando creía que estaba a salvo, se encorvó con las manos sobre las rodillas, respirando. Pero cuando se vino a dar cuenta ya estaba rodeado de lado a lado.

Buscaba una salida, un escondite. Intentaba abrir las puertas, e incluso toco la habitación, donde Iliana se encontraba.

Ella quiso abrir la puerta por un momento. Pero mientras luchaba entre sí lo hacía o no.

Pero dudó demasiado.

Vio cómo lo alcanzaban. Un mordisco en el cuello, la carne siendo desgarrada, mientras la sangre fluía.

Un disparó. Un destello, restos de sesos volaron de su cabeza y cayó al suelo.

Se acercó a la puerta, dejándose caer sobre ella con mucho arrepentimiento, uno que se sentía más pesado que su propio cuerpo.

No lo ayudó. No Pudo. O no quiso.

Antes de aquel accidente, uno de sus pasatiempos, las películas y series de ficción, fantasmas, espectros y criaturas imposibles. Ahora, la realidad era el verdadero horror, sin guion ni pantalla que la contuviera.

Estaba conmocionada, pensando que no podía ser posible, no puede serlo, tiene que ser una mentira. Como ocurrió todo esto y se quedó allí sentada, observando e intentando comprender lo que estaba sucediendo, parecía una película de terror, deseando que fuera una pesadilla y que pronto despertaría.

No podía ser verdad. No quería.

Quedó allí, inmóvil, la mente atrapada en el caos. ¿Cómo había sucedido? Parecía una de esas películas, pero sin final, sin escapatoria. Solo un deseo: despertar.

El tiempo pasaba lentamente, denso, sofocante. Miró a su alrededor, aunque su situación no era la mejor, no podía seguir compadeciéndose de esa manera, no cambiaría nada. No podía quedarse quieta. No más.

Las horas se acumulaban, pesadas como los cadáveres que caían y se levantaban una y otra vez. Desde aquella pantalla, los veía morir entre gritos, retorciéndose de dolor y desesperación, solo para despertar con miradas vacías y hambre voraz.

Era lamentable. Pero no podía sentir compasión.

En sus pensamientos: ellos lo merecían, todo lo que le hicieron, por él encierro, por cada noche sin esperanza, por cada mentira y cada día tormentoso ocasionado.

Ellos lo merecían. Cada uno de ellos. Por el encierro. Por cada noche sin esperanza. Por cada mentira que la despojó de sí misma. Por cada día de tormento.

En cierto momento, sus fuerzas empezaban a debilitarse. Su estómago era un nudo de dolor, la garganta seca. El hambre raspaba, la sed ardía.

Afuera, ellos seguían cambiando.

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Débora Jael Lemaire
muy bueno
caro Tovar: Gracias por el apoyo ☺️
total 1 replies
caro Tovar
Me encanta 😍
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