"En los libros de historia, Jeon Youngjae era un monstruo. En persona, es mi mayor tentación." Kang Yoona es una estudiante de historia que sabe cómo termina la vida del joven Rey Youngjae: traicionado, solo y ejecutado. Pero cuando un antiguo espejo la arrastra al año 1520, Yoona no cae en un libro de texto, sino en los brazos del hombre más peligroso de Corea. Él es un tirano que no confía en nadie; ella es una intrusa que conoce todos sus secretos y su trágico final. Para sobrevivir, Yoona deberá jugar un juego mortal: ¿Cambiará la historia para salvar al hombre que ama, aunque eso signifique borrar su propio futuro? En una era de acero y sangre, la verdad es el arma más peligrosa.
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Capítulo 2: La insolencia del futuro
El silencio que siguió a nuestro encuentro fue tan pesado que juraría escuchar el crujir de las hojas secas bajo las botas del Rey. Yo seguía allí, colgada del muro como una ladrona de fruta, con mis guantes de látex azules —que en este entorno parecían piel de demonio— y mi sudadera de la Universidad de Yonsei manchada de barro.
Youngjae no se movió. Su mirada recorrió mi rostro con una lentitud que me hizo sentir desnuda. No era una mirada lasciva, era la mirada de un depredador analizando una criatura que no debería existir.
—Baja de ahí —ordenó. Su voz era un barítono profundo, terciopelo envuelto en acero—. Ahora.
La autoridad en su tono fue como un latigazo. Mis músculos, que ya estaban al límite por el esfuerzo físico y el terror, cedieron. No bajé; más bien me desplomé. Caí de espaldas hacia el interior del jardín real, aterrizando con un quejido poco elegante sobre un lecho de musgo perfectamente cuidado.
Sentí pasos rítmicos aproximándose. Antes de que pudiera incorporarme, la punta de una bota de cuero negro apareció en mi campo de visión. Levanté la vista, parpadeando contra la luz del sol que ahora quedaba a sus espaldas, creando una aureola dorada alrededor de su silueta imponente.
—¿Quién eres? —preguntó, inclinando ligeramente la cabeza. Sus ojos obsidianos brillaban con una mezcla peligrosa de sospecha y algo que no supe identificar: ¿fascinación?—. ¿Cómo has burlado a la guardia real? ¿Eres una enviada de los ministros? ¿O simplemente una loca que busca una ejecución rápida?
Me puse en pie, sacudiéndome el musgo de los pantalones deportivos. El corazón me iba a mil por hora, pero mi lengua, esa traicionera que siempre se adelantaba a mi cerebro, decidió tomar el control.
—No soy una enviada de nadie. Y no estoy loca, solo estoy... muy confundida —le respondí, sosteniéndole la mirada—. Escucha, Youngjae, necesito que te calmes y me ayudes a entender qué año es este exactamente.
El tiempo pareció detenerse. El aire se volvió gélido.
Vi cómo su mandíbula se tensaba tanto que temí que se rompiera. Sus ojos, que antes eran curiosos, se transformaron en dos pozos de furia pura. Dio un paso hacia mí, invadiendo mi espacio personal de una manera que me obligó a retroceder hasta chocar contra el muro de piedra.
—¿Cómo me has llamado? —susurró. Su voz ya no era terciopelo; era el filo de una daga rozando mi garganta.
—Yo... solo dije tu nombre —balbuceé, dándome cuenta demasiado tarde del error astronómico que acababa de cometer—. Es decir, es tu nombre, ¿no? Jeon Youngjae.
—Para ti, soy Su Majestad. Soy el sol de esta nación, la voluntad del cielo —dijo, acortando la distancia hasta que pude oler el sándalo y un rastro metálico que solo podía ser sangre fresca en su ropa—. Que una mujer vestida con harapos de mendigo se atreva a hablarme de "tú" y a usar mi nombre de pila es un acto de traición que se paga con la lengua cortada.
Me quedé helada. En los libros de historia, la etiqueta de la corte de Joseon era algo abstracto, un dato para aprobar un examen. Aquí, frente al hombre que encarnaba esa etiqueta, era una cuestión de vida o muerte. Pero el miedo, en lugar de callarme, encendió esa chispa de rebeldía que mi madre siempre decía que me metería en problemas.
—Mira, "Su Majestad" —dije, haciendo un esfuerzo sobrehumano por no temblar—, vengo de un lugar donde no nos cortamos la lengua por usar nombres. Sé que esto te parece una insolencia, pero para mí, eres una persona. Una persona que, según los registros que yo he estudiado, está en grave peligro. Así que, ¿podemos saltarnos la parte donde me ejecutas y pasar a la parte donde me explicas por qué el cielo se volvió verde y me escupió en tu jardín?
Youngjae se quedó inmóvil. Su rostro estaba tan cerca que podía ver las pequeñas pecas cerca de su nariz y la cicatriz casi invisible que cruzaba el arco de su ceja derecha. Estaba tan cerca que podía sentir el calor que emanaba de su cuerpo, un contraste violento con su actitud gélida.
De repente, soltó una carcajada seca, sin rastro de alegría.
—Eres una mujer extraña —dijo, retrocediendo un paso pero sin quitarme los ojos de encima—. Hablas un dialecto que suena a Joseon pero está infectado de barbarismos. Vistes telas que no existen y tus manos... —señaló mis guantes azules— tienen piel de monstruo. Sin embargo, no hay miedo en tus ojos. Solo una curiosidad insultante.
Se cruzó de brazos, observándome como si fuera un artefacto exótico.
—Dime, criatura del muro... ¿Qué es eso de que estoy en peligro? Mis ministros dicen que el reino está en paz bajo mi puño de hierro.
—Tus ministros te mienten —solté sin pensar, basándome en los diarios recuperados de la purga de 1521—. Te adulan de día y conspiran de noche. La rebelión de los Park está cocinándose en las provincias del sur mientras tú te encierras en este palacio.
El brillo en sus ojos cambió. La furia se mezcló con una sorpresa genuina. Se acercó de nuevo, pero esta vez no fue una amenaza, fue una atracción gravitacional. Extendió una mano y, con una lentitud que me hizo contener el aliento, rozó la tela de mi sudadera.
—Esto no es seda, ni algodón, ni lino —murmuró, casi para sí mismo. Sus dedos rozaron accidentalmente la piel de mi cuello y sentí una descarga eléctrica que me recorrió la columna vertebral. No era solo el viaje en el tiempo; era él. Había una intensidad magnética en Youngjae que los libros de historia nunca mencionaron. Era un hombre hermoso, dolorosamente hermoso, pero con una oscuridad que te atraía como un abismo.
—Es sintético... es del futuro —susurré, mi voz fallando por primera vez—. Me llamo Kang Yoona. Soy historiadora. Y sé cosas sobre ti que nadie más sabe. Sé por qué no duermes por las noches, sé por qué mandaste a construir este jardín secreto... y sé cómo vas a morir si no me escuchas.
Youngjae retiró la mano como si se hubiera quemado. Sus ojos recorrieron mi rostro, deteniéndose en mis labios un segundo más de lo estrictamente necesario. Vi una lucha interna en él: la parte del Rey que quería castigar mi insolencia contra el hombre que estaba desesperadamente solo y rodeado de enemigos.
—Si eres una bruja, te quemaré —dijo, aunque su tono ya no tenía la misma convicción—. Si eres una espía, te torturaré hasta que me ruegues que te mate. Pero si eres lo que dices ser...
Se acercó tanto que su aliento rozó mi oído.
—...entonces eres el pecado más fascinante que el destino ha puesto en mi camino.
Me estremecí. No de miedo, sino de algo mucho más peligroso: atracción. Estaba en el siglo XVI, frente a un tirano condenado, y lo único que podía pensar era en lo bien que encajaba su mirada con la mía.
—No me hables de "tú", Kang Yoona —añadió, su voz bajando a un susurro ronco mientras atrapaba un mechón de mi cabello rebelde entre sus dedos—. Al menos, no cuando haya testigos. Me pones en una posición difícil... y me gusta demasiado castigar a los que me desafían.
Dio media vuelta, su capa roja ondeando con una elegancia letal.
—Sígueme. Si la guardia te ve aquí, no podré salvarte. Y de repente, me he dado cuenta de que tengo mucha curiosidad por saber qué más dice ese futuro tuyo sobre mí.
Caminé tras él, sintiendo que cada paso me alejaba más de mi vida y me hundía más en la suya. La portada de aquel libro imaginario cobraba vida: fuego, sangre y un Rey que me miraba como si fuera su única salvación... o su perdición definitiva.
Si llegaste hasta aquí, ya sabes una cosa:
esta historia NO es un romance normal.
Aquí no hay príncipes…
hay un rey que destruye todo lo que toca.
Y Yoona…
ella sabe exactamente cómo termina su historia.
💔 Sabe cómo muere el hombre del que se está enamorando.
Ahora dime tú…
👇
¿Lo salvarías… o dejarías que el destino lo destruya?
👀 Lean con cuidado, porque lo que viene en los próximos capítulos…
no todos están listos para soportarlo.
— GIA 💞