Dos personas muy distintas colisionan en una empresa, debido a sus diferentes formas de ver la vida, y en el proceso se encuentran a ellos mismos; gracias a una lista.
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Steve
–Tu entusiasmo es un poco irritante –la acuso.
Sonríe y me adelanta, se gira y comienza a caminar hacia atrás, mirándome.
–Tengo tantas ideas, hice una lista, ¿sabes?
–Eso no suena bien.
–Claro que sí. Incluso anoté en la lista que debes besar a una extraña en un bar… ¿o es un extraño? –pregunta curiosa.
–Extraña. Camina como la gente normal, ¿sí? Las personas comienzan a mirarnos.
–¿Qué tiene eso de malo? ¡No los volveremos a ver más, que miren lo que quieran! –exclama alzando la voz, logrando más miradas curiosas e incluso algunas sonrisas.
Pongo los ojos en blanco.
–Como quieras, enana, pero no te recogeré si te caes.
–Aguafiestas –dice girándose para caminar como una persona cuerda–. El karaoke al que vamos también es uno de mis bares favoritos.
–Absolutamente genial. Borrachos y cantantes frustrados, ¿qué mejor?
–Anímate, Steve, lo pasaremos bien.
–Si vamos a un bar, eso quiere decir que debo besar a una extraña hoy.
Lo piensa y niega con la cabeza. –Hoy es noche de karaoke, a menos que quieras besar a alguien, pero dejemos eso para el sábado.
Ah, mierda.
–El sábado es la boda de mi hermano.
–Oh, perderemos un día. Al menos asegúrate de pasarlo bien. ¿Lo prometes?
–Lo pasaré bien.
Pienso un momento si debo invitarla, de esa forma me aseguraría de no aburrirme tanto en la ceremonia y en la recepción, pero lo descarto. Si va se enterará que mi apellido es Cooper y estaré más que frito. Estoy disfrutando poder relacionarme con alguien sin tener el apellido de mi familia encima de mi cabeza como un anuncio de neón.
–Aquí es –dice entusiasmada y tira de mi brazo para entrar a un bar que deja mucho que desear.
El lugar huele a cerveza rancia, el piso está sucio y las paredes están decoradas con imágenes del equipo de fútbol local.
–Hola, Becky –la saluda el barman–. ¿Lo de siempre?
–Nop. Subiremos al karaoke.
–Si necesitas algo, me llamas. Pásalo bien, nena –dice y le da un repaso por todo su cuerpo, demorándose en su trasero.
Lo miro molesto.
Sé que yo también la he mirado a veces, sobre todo hoy, que lleva una blusa sin mangas negra, con una chaqueta de mezclilla y un jeans que le queda perfecto, pero espero nunca haberla mirado como el barman lo hizo. Es como si estuviera a punto de saltarle encima.
Que se joda, nadie tocará a la enana en mi presencia. No dejaré que eso vuelva a pasar.
Camino detrás de ella cubriendo su cuerpo con el mío, para evitar que el imbécil ese y los demás borrachos continúen mirándola como si fuese un pedazo de carne.
El segundo piso por lo menos no huele de forma tan desagradable. Está lleno de mesas redondas de distintos tamaños. Las paredes son de madera y hay mejor ventilación. La pantalla gigante domina la habitación. Dos chicas están cantado una canción de Spice Girls y dos muchachos las aplauden como locos.
–¿Qué vas a beber?
Mi respuesta automática es decir agua con gas, pero quiero probar cosas nuevas. Becky tiene razón, tengo que salir de la caja en la cual me siento tan cómodo. Además, si ella me acompaña estoy seguro que me divertiré.
–Lo mismo que tú –respondo, esperando que no sea de esas chicas que beben licores destilados sin nada que los acompañe.
–Déjame pensar –dice sacándose la chaqueta y colocándola en el respaldo de su silla. Me apresuro en hacer lo mismo–. Aquí venden una de las pocas cervezas alemanas ligeras y no tan amargas que conozco. De hecho es de color rojizo.
–Me parece bien.
La mesera se acerca y le damos la orden. Además la enana pide dos porciones de papas fritas con tocino y queso. Algo que estoy seguro nunca he comido.
–Creo que si quieres besar a alguien ya tienes una candidata.
–¿A quién? –pregunto acercándome a ella. El ruido que hacen los cantantes amateur dificulta la conversación.
–La mesera, ¿no notaste como te coqueteó?
¿Coquetear?, ¿la mesera?
–No lo creo.
Pone los ojos en blanco. –Si no notaste eso, no sé cómo has conseguido a una chica antes.
Sonrío. No le puedo decir que las chicas se abalanzan sobre mí cuando saben que soy un Cooper. Sin embargo, nunca me ha interesado ese tipo de mujeres.
–Bueno, quizá debamos volver la próxima semana y tachamos lo del beso. Por curiosidad, ¿qué más hay en la lista?
La enana muerde su labio inferior, nerviosa y por alguna extraña razón yo no puedo dejar de mirar ese labio.
–No sé si deba decirte, te puedes arrepentir de haber aceptado.
–¿Qué tan malo puede ser? ¡Deja de morderte el labio. Te lastimarás!
Lo suelta y comienza a golpear con sus uñas la mesa.
–Te diré tres cosas, sólo si prometes no mentirme respecto a nada de lo que te pregunte en el futuro.
Mierda. Quizá lo sabe. No, no lo creo, sólo quiere que sea sincero.
–¿Lo del beso con una extraña está dentro de las 3 revelaciones? –pregunto. Becky niega con la cabeza–. Está bien, lo prometo.
Espero no arrepentirme de esto. No le mentiré, sólo espero que no pregunte mi apellido nuevamente.
–Está bien. Que no mientas es una especie de requisito para una de las cosas que haremos.
–¿Qué cosa?
–¿Has jugado alguna vez a las 10 preguntas?
–Creo que no.
Sonríe y niega con la cabeza.
–¿De verdad no vienes de una comunidad amish?
–Que no –digo exasperado, lleva todo el día preguntándome eso.
–Estuve averiguando y sé que cuando cumplen cierta edad, y antes de bautizarse, los dejan salir a conocer el mundo, y algunos nunca más vuelven a su comunidad. Pensé que quizá era tu caso.
–No soy un amish, lo juro. Explícame lo de las 10 preguntas.
–Prácticamente lo dice en el nombre. Cada uno tiene 10 preguntas que hacerle al otro, preguntas personales y no se vale mentir.
–¿Qué tan personales?
–Tan personales como quieras.
–¿Qué pasa si me niego a responder?
Sonríe. –Eso es una infracción grave. La persona que no responde debe cumplir una penitencia. Penitencias difíciles. Te aviso desde ya que si te niegas a responder te haré meterte a la fuente del parque, desnudo, y en horario punta.
Rio, pero al verla tan seria, me detengo.
–No estoy bromeando.
–Vale, gracias por el aviso. ¿Qué más haremos?
–Conocer tu límite con el alcohol.
–¿Sigues con eso? –pregunto ofuscado.
–Pues claro, tienes que conocerte más. Estaba pensando que quizá podríamos hacerlo el mismo día de las preguntas. Por cada respuesta bebes un trago.
Pongo los ojos en blanco.
–Como quieras. ¿Y la otra?
Ambos nos separamos cuando la mesera llega con nuestro pedido. Estábamos tan cerca que nuestras frentes estaban prácticamente tocándose. Es imposible escuchar algo con este alboroto.
Pruebo las papas con recelo, se ve muy asqueroso. Tomo una respiración y saco varias con el tenedor, con pedazos de tocino y bastante queso derretido que se escurre.
Cierro los ojos al sentir todo ese sabor.
–¡Santo Dios! –exclamo admirado. Son deliciosas.
–Te lo dije.
La miro y sonrío. Sin ella nunca hubiese probado este tipo de comida.
–Gracias, Becky, gracias por esto que haces por mí.
–Espera a probar la cerveza.
La abro con recelo, pero un poco más confiado en el gusto de la enana. La pruebo y es sorprendentemente sabrosa.
–Está muy buena, no parece alcohol.
–Sí, pero no te dejes engañar, tiene 8 grados de alcohol, es más suave que otras, pero si no estás acostumbrado… –deja la frase sin terminar.
–Gracias por el aviso. Dime la otra cosa que haremos.
Muerde su labio de nuevo, nerviosa.
–¿Quieres que te diga una buena o una mala?
–Por curiosidad, ¿cuántas actividades hay anotadas en tu lista?
–Como unas veinte. ¿Quieres una mala o una buena? –insiste.
Lo pienso un momento. –Una mala –digo. Quiero saber qué pasa por esa cabeza.
–Probaremos marihuana.
–¡¿Qué?! –grito entre enojado y sorprendido–. Es peligroso. Ni loco. No me harás fumar eso.
–No dije nada de fumar. Haremos un muffin con marihuana.
–¿Un muffin?
–Sí –dice metiendo un puñado de papas en su boca. Comienzo a salivar al ver eso y hago lo mismo. Están demasiado ricas para dejarlas enfriar–. A mí nunca me ha gustado fumar, y odio el olor de la marihuana, pero mi amigo, Ricky, quien es mi vecino, para mi cumpleaños anterior me regaló un muffin para que viviera la experiencia. Eso es lo que quiero hacer contigo.
–No estoy seguro.
–Anda, todos tienen que hacerlo alguna vez.
Bebo de mi cerveza y miro a Becky.
–Tú eres del tipo de chica del que mi mamá me advirtió que me mantuviera alejado.
–¿Quieres saber un secreto? –Asiento, acercándome a ella. Nuestras narices casi se tocan–. Si tu mamá te advirtió
eso, es porque ella fue ese tipo de chica, guapo –dice alejándose.
–No, mi mamá no. Ella nunca… –callo al recordar el apodo que le tiene papá; mi chica rebelde. También recuerdo ese par de veces que he llegado a la casa y ha olido a hierba buena quemada. Cuando he caminado a la fuente del olor, mis padres se encontraban nerviosos, pero con un ataque de risa.
Será que ellos… No, no lo creo, pero si no era marihuana lo que ocultaban de mí por qué estaban así, nerviosos y muertos de la risa.
Mis ojos se abren al recordar más cosas que siempre me han llamado la atención de mis padres, sobre todo de mamá.
–Agradéceme luego –dice con suficiencia.
–Está bien, lo haremos, pero un pedazo pequeño y ese día no beberemos. No quiero ir a parar a la urgencia por tu culpa.
Cojo nuevamente mi cerveza y en dos tragos se me acaba. Mierda, estaba muy rica.
–¿Otra ronda?
Asiento con una sonrisa. –Y pide más de estas papas –digo comiendo lo que me queda.
Rebeca se pone de pie y me abraza desde atrás, y deja un beso en mi cabello.
–Me alegro que te guste.
La enana se acerca a la mesera y esta anota nuestro pedido. Cuando termina, en vez de volver a nuestra mesa, sigue caminando hacia el escenario. Toma el micrófono y le dice algo a quien maneja el equipo de karaoke.
La canción de Cyndi Lauper, Girls Just Want to Have Fun, comienza a sonar por los altavoces. La enana comienza a cantar con una gran sonrisa.
Grito animándola y ella sonríe más. Comienza a saltar por todos lados del escenario, logrando que todos la miren y la aplaudan. Puede que no sea una gran cantante, pero sin duda es la mejor animando a la gente a que se divierta.
En la última estrofa dos mujeres se suben al escenario y terminan cantando la canción con ella.
Cuando termina me pongo de pie y comienzo silbar, llevando los dedos a mi boca como me enseñó ayer mientras almorzábamos, por suerte el silbido me sale alto y claro.
Me hace señas para que me acerque, sin dejar de sonreír, y no sé si es por la cerveza o por su hermosa sonrisa, pero voy corriendo.
–¿Te parece esta? –pregunta apuntando la pantalla del notebook del encargado de la máquina.
–¿Un dueto?
–Pues claro, no pensarás que te dejaré solo en tu primer karaoke.
Asiento, sonriendo.
Tomo el micrófono y miro a las personas observándonos, pero antes de que me ponga nervioso, miro a Becky y comienzo a sonreír a la vez que ella empieza a cantar la canción I Got you Babe de Cher & Sonny. Luego
la sigo y hacemos una actuación muy divertida, haciendo caras y tomando nuestras manos a medida que avanza la canción.
Todos aplauden y nos animan.
Cuando terminamos varios se ponen de pie para aplaudir, escuchamos silbidos y gritos de ánimo. Miro a Becky y beso su mejilla, agradecido por haberme regalado la noche más divertida que he tenido hasta ahora.
Bajamos del escenario y cuando llegamos a nuestra mesa, las papas ya están ahí con nuestras cervezas.
–¡Sí! –exclamamos felices. Tomamos la cerveza y la terminamos de una vez.
–¡Otra ronda! –grito sobre el ruido y la enana vuelve a abrazarme, dejando descasar su cabeza en mi pecho. Es tan bajita.
–Mi pequeño está creciendo frente a mis ojos.
–No molestes –digo y saco un puñado de sus papas lo que la hace reír a carcajadas y yo la sigo.
Felicitaciones autora!!!!
Es tan tan hermosa que no encuentro las palabras justas y acordes a esta preciosa historia ... Original, romántica, entretenida y ,como si todo esto fuera poco, MUY BIEN ESCRITA.
No tengo ni encuentro las palabras justas para expresar cuánto me gustó por eso felicito y agradezco a la AUTORA por esa hermosura que nos ha regalado.
FELICITACIONES y muchas BENDICIONES por ese enorme talento que da vida a tan hermosos frutos.