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Villana Por Destino, Reina Por Elección.

Villana Por Destino, Reina Por Elección.

Status: Terminada
Genre:Romance / Mundo mágico / El Ascenso de la Reina / Completas
Popularitas:11.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

El destino teje hilos oscuros, pero el poder verdadero reside en decidir qué nudos desatar y cuáles cortar con tu propia voluntad

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Capítulo 21

En el camino, se encontraron con el General Drax, el hombre que había comandado la ejecución fallida de Alessia. Estaba rodeado de sus últimos diez guardias, todos temblando.

—¡Apartaos! —rugió Valerius, desenvainando su espada negra—. ¡Vuestro Rey os ha abandonado! ¡No muráis por un hombre que ya está muerto!

Drax miró a Alessia, y luego a la oscuridad que emanaba de ella. Bajó su espada.

—Ella no es humana —susurró Drax—. Que los dioses nos perdonen.

Los guardias se hicieron a un lado, dejando el camino libre. Alessia pasó junto a ellos sin siquiera mirarlos. Su objetivo estaba detrás de las puertas de oro que tenía enfrente.

Con un golpe de su lanza, las puertas de la Sala del Trono saltaron de sus goznes.

°°°

El Enfrentamiento con el Usurpador

La sala estaba sumida en una penumbra rojiza. Caleb estaba sentado en el trono, bebiendo de una copa de oro. Tenía la armadura puesta, pero se veía desaliñado, con el cabello alborotado y una mirada de locura en sus ojos. A sus pies, los cuerpos de sus consejeros yacían esparcidos; los había matado él mismo en un ataque de paranoia cuando intentaron sugerir la rendición.

—Has tardado mucho, mi amor —dijo Caleb, su voz arrastrando las palabras. Se puso de pie, tambaleándose un poco—. Mira este lugar. Mira lo que has hecho a mi hermoso reino.

—Tu reino es una pira funeraria, Caleb —respondió Alessia, entrando en la sala. Valerius se quedó junto a la puerta, bloqueando la salida—. Y tú eres el cadáver que está en la cima.

Caleb soltó una carcajada estridente que resonó en la cúpula de cristal.

—¿Crees que has ganado? ¿Crees que este poder que tienes es tuyo? ¡Es mío! ¡Yo te creé! Sin mi traición, seguirías siendo una niña estúpida bordando pañuelos. Deberías agradecérmelo. Te he convertido en una reina.

—Me convertiste en un monstruo para que tuvieras a alguien a quien culpar de tus fracasos —dijo Alessia, su voz volviéndose más profunda, vibrando con el poder del Abismo—. Pero cometiste un error, Caleb. Olvidaste que a los monstruos no se les puede controlar con promesas de oro.

Caleb sacó su espada, una hoja bendecida que brillaba con una luz blanca enfermiza.

—Todavía tengo el favor de los dioses antiguos —gritó—. ¡El contrato dice que tú eres el sacrificio! ¡Si te mato aquí, la deuda quedará pagada para siempre!

Se lanzó hacia ella con una velocidad sorprendente, fruto de la desesperación. Alessia no se movió. Cuando la espada de Caleb estaba a milímetros de su pecho, ella la atrapó con la mano desnuda. El metal sagrado chirrió contra la obsidiana de su piel, soltando chispas.

—Los dioses antiguos están muertos, Caleb —susurró ella, acercando su rostro al de él—. Yo me los comí en el Abismo.

Alessia le dio un golpe con el reverso de su mano que lo mandó volando a través de la sala, estrellándolo contra la base del trono. Caleb escupió sangre, intentando levantarse, pero las sombras de la sala se enrollaron alrededor de sus extremidades como cadenas, anclándolo al suelo.

°°°

El Incendio Final

Alessia no lo mató de inmediato. Quería que viera. Quería que sintiera el peso de cada mentira.

—Mira por la ventana, Caleb —ordenó ella.

Forzado por la magia de Alessia, Caleb miró hacia el exterior. Vyrwel estaba ardiendo. Las grandes bibliotecas, los templos, los mercados... todo estaba siendo consumido por un fuego violeta y negro. Las banderas con el sol de oro caían a las calles, pisoteadas por los renegados.

—Esa es tu herencia —dijo Alessia—. Cenizas. No quedará nadie que recuerde tu nombre sin escupir en el suelo. No habrá canciones sobre tu reinado. Solo serás un pie de página en la historia de la Reina que destruyó el mundo antiguo.

—¡Mátame ya! —suplicó Caleb, sus ojos llenos de lágrimas de frustración—. ¡Hazlo y acaba con esto!

—No —respondió ella, dándose la vuelta—. La muerte es demasiado fácil para ti. Quiero que vivas lo suficiente para ver cómo tomo todo lo que amabas.

Se giró hacia Valerius.

—Valerius, saca a tus hombres. El palacio va a colapsar.

—¿Y tú? —preguntó él, preocupado.

—Tengo que terminar de cobrar la deuda.

Valerius dudó, pero al ver la determinación en los ojos de ella, asintió. Se acercó, le dio un beso rápido y amargo en la frente, y salió de la sala, arrastrando a los pocos supervivientes que quedaban.

°°°

El Desmoronamiento

Alessia se quedó sola con Caleb en la sala del trono mientras el techo empezaba a ceder. El calor era insoportable, pero ella se sentía más viva que nunca. Cada columna que caía, cada cristal que estallaba, era una nota en la sinfonía de su liberación.

—¿Sabes qué es lo más gracioso, Caleb? —dijo ella, sentándose en el escalón del trono, justo al lado de donde él estaba encadenado—. Que podrías haberme tenido de verdad. Podríamos haber gobernado juntos. Pero tenías tanto miedo de la oscuridad que no viste que yo era la única que podía protegerte de ella.

Caleb no respondió. Solo miraba al techo con una expresión vacía.

Alessia extendió su poder una última vez. No para destruir, sino para reclamar. El palacio entero vibró. La magia que Caleb había intentado usar contra ella se volvió hacia adentro. Las paredes de mármol empezaron a derretirse, convirtiéndose en una sustancia viscosa y oscura que empezó a cubrirlo todo.

—Vyrwel ha muerto —declaró Alessia—. Que nazca la Ciudad de las Sombras.

°°°

La Salida de las Cenizas

Horas después, cuando el sol real empezaba a ocultarse tras las montañas, una figura emergió de las ruinas humeantes del palacio.

Estaba cubierta de hollín y sangre, pero caminaba con una elegancia que desafiaba la devastación a su alrededor. Alessia llevaba en su mano la corona de Caleb, ahora fundida y retorcida, convertida en un simple trozo de metal sin valor.

Valerius estaba esperando al pie de la colina, junto a Silas y lo que quedaba de su ejército. Al verla, un silencio sepulcral cayó sobre los miles de soldados.

Alessia levantó la corona destrozada y la lanzó al montón de escombros.

—¡El Rey ha caído! —gritó Silas, y el rugido que siguió sacudió los cielos.

Alessia buscó la mirada de Valerius. Él se acercó a ella, le puso su capa sobre los hombros y la sostuvo mientras ella finalmente permitía que sus rodillas flaquearan.

—¿Se ha acabado? —preguntó Valerius en un susurro.

—No —respondió ella, mirando el horizonte donde las cenizas de Vyrwel seguían cayendo como nieve negra—. Esto es solo el principio. Ahora tenemos que enseñarles a los supervivientes cómo vivir sin mentiras.

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Seok
Excelente
Sara Rojas Retamal
y no tuvieron hijos?🤭
MARIA FERNANDA OSPINO PAHUANA
excelente
Barbara Cecilia Barraza Vega
buenísima me encantó mucho !!!! 🤩🤩🤩
Maria Elena Gomez
Bueno
Roxana C Añez
Muyyyy buena novela, devoré sus páginas, adoro cuando son cortas y sin tantas vueltas y personajes de relleno. Me gusta tu forma de escribir, gracias por compartir tu hermoso don, un abrazo.
Olga Lidia Leal
maravillosa, gracias
Lorena Itriago
Excelente Novela, Felicidades
Para trabajo Y negocios
Me encantó 🙏🏻🥰
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