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Mi Corazón Es Tuyo

Mi Corazón Es Tuyo

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Amor prohibido / Reencarnación
Popularitas:1k
Nilai: 5
nombre de autor: liz Ramirez

ADVERTENCIA
Esta historia contiene escenas fuertes en algunas partes: crueldad emocional, celos posesivos, discusiones, furia, manipulación

un alfa y un omega

NovelToon tiene autorización de liz Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Frente a ti

El alfa regresó al comedor de la guarida como si nada hubiera ocurrido. Sin embargo, apenas entró, varios miembros comenzaron a susurrar entre ellos.

—¿Escuchaste lo que hizo?

—Dicen que mató a una chica que no tenía nada que ver con nosotros.

—El número 69 está empezando a volverse un problema…

El alfa apretó ligeramente los puños. No dijo una sola palabra. Dejó los cubiertos sobre la mesa, se levantó y abandonó el comedor sin terminar de comer.

No soportaba escuchar susurros. No porque le importara lo que pensaran de él, sino porque, por alguna razón, últimamente todo parecía molestarlo.

Mientras tanto, Eiden permanecía en el patio del cuartel, sentado con la mirada perdida. Sus amigos se acercaron y uno de ellos lo abrazó con fuerza.

—Eiden… no tienes que pasar por esto solo.

Otro se sentó a su lado y le puso una mano en el hombro.

—Vamos a encontrar al responsable. Te lo prometo.

Eiden bajó la cabeza, intentando contener las lágrimas.

—Ella no merecía terminar así… —murmuró—. Ni siquiera pude despedirme de ella como debía.

Sus amigos lo abrazaron de nuevo, quedándose junto a él en silencio.

Lejos de allí, el alfa había abandonado la guarida.

Caminó hasta un parque tranquilo, donde apenas había personas. Se sentó bajo un árbol y, después de mirar a su alrededor, se quitó las vendas negras de los ojos.

La luz le molestó durante unos segundos. Después, dejó que sus ojos se acostumbraran al ambiente.

Por primera vez en mucho tiempo, no tenía órdenes que cumplir ni personas vigilándolo.

Solo quería descansar.

—Soy un idiota… —susurró, mirando sus manos—. ¿Por qué tuve que ser yo?

Su voz sonó extrañamente débil.

—Odio ser ese experimento que arruinó mi vida… Me odio.

Agachó la mirada y apoyó los codos sobre las rodillas.

Desde que tenía memoria, otros habían decidido por él. Lo habían convertido en un arma, le habían enseñado a obedecer y nunca le habían permitido ser alguien normal.

Pero ahora había algo peor: estaba comenzando a sentir cosas que no entendía.

Y no sabía cómo detenerlas.

Un rato después, Eiden regresó a sus labores de vigilancia. Aunque todavía tenía los ojos enrojecidos, se obligó a concentrarse en su trabajo.

Recorrió varias zonas del parque, observando los alrededores hasta que distinguió a un joven sentado bajo un árbol.

Su cabello negro llamó su atención.

Eiden se acercó despacio.

—Oye, ¿te encuentras bien?

El alfa no respondió.

—¿Me escuchaste? —preguntó Eiden, deteniéndose frente a él—. Pareces bastante preocupado.

Al escuchar aquella voz, el alfa levantó lentamente la cabeza.

Y entonces lo vio.

Era Eiden.

Estaba justo delante de él, con su uniforme militar y una expresión de preocupación en el rostro.

Por un instante, el alfa olvidó cómo respirar.

¿Qué hace aquí?

Sus ojos se encontraron con los de Eiden. Sin las vendas, no podía esconder su mirada ni fingir que no lo había reconocido.

Eiden inclinó ligeramente la cabeza.

—Ah, eres el chico con el que me choqué el otro día, ¿verdad?

El alfa permaneció inmóvil.

—¿Te ocurre algo? —insistió Eiden—. Si necesitas ayuda, puedes decírmelo.

El alfa lo miró en silencio. Nunca nadie le había preguntado aquello de una manera tan sincera.

Y lo más extraño era que, por primera vez, deseaba contestar.

Pero ¿qué podía decirle?

¿Que era el asesino al que estaba buscando?

Eiden extendió una mano hacia él.

—Vamos, no tienes que quedarte aquí solo si te encuentras mal.

El alfa bajó la mirada hacia aquella mano y después volvió a mirar su rostro.

Su corazón comenzó a latir con fuerza.

El mismo hombre al que había destruido la vida estaba ofreciéndole ayuda sin saber quién era realmente.

Y el alfa no pudo evitar preguntarse qué sucedería si Eiden descubría la verdad.

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