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Ya no soy tu sustituta

Ya no soy tu sustituta

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Juego de roles / Triángulo amoroso / Tú no me amas / Amante arrepentido / Amor platónico
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

Durante tres años, Valentina Robles creyó ser la mujer que Gabriel Duarte amaba. Hasta que volvió su ex y ella escuchó la verdad: él solo había estado buscando a otra en su rostro.
Valentina no va a competir por un lugar que nunca fue suyo. Acepta el matrimonio que antes había rechazado y vuelve a casa, decidida a dejar a Gabriel atrás. Lo que él no sabe es que la mujer a la que dio por sentada es una heredera que ya no necesita ocultarse.
A su lado está Alejandro Ferrer, dispuesto a darle algo que con Gabriel nunca tuvo: confianza sin condiciones.
Pero Gabriel no acepta haberla perdido. Y Valentina ya no está dispuesta a ser la segunda opción de nadie.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11

011. ¿Lo alquilaste para tomarte fotos?

Era un Bentley Continental GT azul glaciar. El color era tan especial y bonito que a Valentina se le iluminaron los ojos. Le encantó.

Un hombre de traje bajó del auto con mucho respeto y le entregó las llaves.

—Señorita Robles, este es el auto que le envía el señor Ferrer.

Valentina tomó las llaves, un poco conmovida. Alejandro era muy generoso con ella. Con todos los gastos, aquel auto debía de costar más de 650 000 dólares.

—Gracias.

—No tiene que agradecerme. Si no necesita nada más, me retiro.

El hombre se inclinó ligeramente, siempre respetuoso.

—Está bien.

Apenas se fue, Alejandro la llamó.

—¿Qué te parece el auto?

Su tono era relajado, casi distraído, como si le preguntara si le había gustado la comida. Un auto de 650 000 dólares le parecía una compra cualquiera. En realidad, para la gente de su posición, hacerle un regalo así a la prometida era de lo más normal. Quizá Valentina llevaba demasiado tiempo viviendo como una persona común. En aquellos tres años se había alejado tanto de su círculo que ahora le costaba acostumbrarse.

—Me encanta. Gracias, Alejandro.

—Me alegra. Me acordaba de que te gusta el azul.

Su voz grave tenía una calidez que envolvía. Valentina se sorprendió un poco.

—¿Cómo lo sabes?

No recordaba haberle dicho cuál era su color favorito. Al otro lado pareció oírse una risa baja.

—Cuando te daba clases, tus cuadernos y tu estuche eran azul claro.

Valentina no esperaba que se hubiera fijado ni siquiera en eso. Sí, le gustaba mucho el azul. Al ver aquel Bentley celeste, se había quedado maravillada.

—En cuanto lo vi, pensé que te iba a gustar —añadió él, con suavidad—. ¿Por qué no lo pruebas? Es un modelo pequeño, ideal para una chica.

—Sí, lo pruebo en un rato.

Después de colgar, se sentó al volante, pero no encendió el motor. Se quedó con las manos en el volante, llena de sentimientos encontrados. Tenía licencia y había conducido bastante en aquellos tres años, pero siempre el auto de Gabriel. El suyo seguía acumulando polvo en el garaje subterráneo de su casa en Santa Lucía.

Muchas veces, al conducir el de Gabriel, se había sentido más como una chofer que como su novia. A él le gustaba salir a divertirse. Si bebía y ya no podía manejar, la llamaba y ella tenía que ir a buscarlo.

Además, por sus amigos sabía que, al terminar con una exnovia, Gabriel le había regalado, sin más, un BMW de más de 130 000 dólares. Sabía que Valentina necesitaba moverse mucho por su trabajo: ir a audiencias, ver clientes, hablar de casos. Y nunca había mencionado siquiera comprarle un auto.

No era que ella quisiera sacarle uno. Pero, al comparar a Gabriel con Alejandro, resultaba demasiado evidente quién se interesaba por ella y quién no.

Lo que Gabriel llamaba cariño daba muy poco de sí.

Seguía absorta en sus pensamientos cuando oyó una exclamación.

—¡Qué bonito! Hace tiempo quería comprarme este auto, pero al final no me animé a gastar tanto.

Era Camila. A través del cristal, Valentina la vio acercarse con Gabriel. Camila jamás habría esperado encontrar frente a su casa el Bentley Continental azul glaciar con el que soñaba.

Su familia era amiga de los Duarte de toda la vida, pero estaba lejos de pertenecer a la élite. Como mucho, vivían con cierta comodidad. Los negocios no iban bien. La empresa de su padre llevaba años perdiendo dinero y ahora esperaba que ella se casara con Gabriel para que el Grupo Duarte los ayudara.

Camila no disimuló lo mucho que le gustaba el auto. Se acercó y pasó la mano por la carrocería una y otra vez, como si nunca hubiera visto algo así.

—Gabriel, tómame una foto.

Se colocó junto al auto y usó el reflejo del cristal para arreglarse el cabello. Desde dentro se veía el exterior, pero desde afuera no se veía a quien estuviera en el asiento. Valentina ladeó la cabeza y la observó como quien mira a un mono en el zoológico.

Cuando Camila más entretenida estaba mirándose, Valentina bajó la ventanilla. Sus ojos se encontraron de frente.

—Hola —la saludó con una sonrisa dulce.

Camila se quedó inmóvil.

—¿Valentina? ¿Qué haces tú aquí?

Tenía la expresión de quien acababa de ver un fantasma. Gabriel ya había llegado junto al auto. Al verla dentro, frunció el ceño.

—¿Para qué alquilaste un Bentley?

Ni siquiera se lo preguntó. Dio por hecho que era alquilado. Camila reaccionó, acomodó su expresión y esbozó una sonrisa burlona.

—¿Lo alquilaste para tomarte fotos, Valentina? Por lo que sé, ni eso sale barato con un auto así. Cada foto debe de costarte un mes de sueldo, ¿no?

Gabriel frunció aún más el ceño, sin ocultar el desprecio.

—¿Alquilaste esto para unas fotos? ¿Te volviste loca?

—Sí, Valentina —continuó Camila, sonriente—. Todos sabemos cuánto ganas. Aunque subas las fotos a Instagram, solo van a decir que eres una presumida. ¿Para qué haces esto?

Valentina la miró, divertida.

—¿Sabes tanto porque ya lo hiciste?

La sonrisa de Camila se deshizo. Porque sí, lo había hecho. Tiempo atrás, las mujeres de su círculo subían fotos de autos y bolsos de lujo. Envidiosa, le había pedido con mimos a su padre que le comprara un auto caro. Él le dijo que ya no tenían tanto dinero y que dejara de compararse con las demás.

Camila no lo soportó. Quería superar a aquellas presumidas de sus contactos, así que alquiló un Lamborghini para tomarse fotos y publicarlas. Al recordarlo, la vergüenza de verse descubierta se le pasó. El suyo había sido un Lamborghini de más de 1 600 000 dólares. Mucho más caro que aquel Bentley que, según ella, Valentina había alquilado.

Pero delante de Gabriel jamás iba a admitirlo. Alzó la barbilla y respondió con orgullo:

—No necesito alquilar. El Lamborghini que manejaba cuando vivía en el extranjero era mucho más caro que este.

—Ah, ¿sí? ¿Y por qué no te he visto con él?

Camila mintió sin pestañear.

—Me cansé. Esos deportivos se ven increíbles, pero no son muy cómodos para una mujer. Hace poco lo cambié por un Panamera. Luego lo traigo para que te tomes fotos. No te voy a cobrar.

Cada palabra rezumaba desprecio. Sí tenía un Panamera, pero era de segunda mano, uno del que otra persona se había deshecho. Su familia ya no era la de antes. Su padre perdía dinero año tras año y hasta habían hipotecado la casa. De no ser por sus planes de conquistar a Gabriel, ni siquiera habría gastado en aquel auto para guardar las apariencias.

—Ah… Ya veo —respondió Valentina, alargando la voz—. Pero hace un momento querías una foto, ¿no? Si quieres, te presto este.

La expresión de Camila se ensombreció.

—No hace falta.

A un lado, Gabriel volvió a hablar.

—Valentina, ¿cómo no me di cuenta antes de lo vanidosa que eres?

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ysabel cecilia contreras
Está buenísima está historia me preocupa que no esté terminada 🙏
ysabel cecilia contreras
Miércoles llegó con otra 👿🤣🤣🤣🤣🤣
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