NovelToon NovelToon
Vínculos De Sangre Y Seda

Vínculos De Sangre Y Seda

Status: En proceso
Genre:Romance / Mafia / Matrimonio arreglado
Popularitas:627
Nilai: 5
nombre de autor: Den Arg

En el peligroso submundo de la mafia en Nueva York e Italia, dos familias enemigas acérrimas —los Moretti y los Romano— se disputan el control del imperio.

Matteo Romano, el frío y heredero despiadado de la mafia Romano, se ve obligado a entrar en una tregua cuando conoce a Elena Moretti, la inteligente y reservada hija menor del clan enemigo.

Lo que comienza como un pacto estratégico de matrimonio de conveniencia pronto se transforma en un peligroso juego de pasión, lealtades divididas, traiciones familiares y un amor que podría salvarlos o destruirlos a todos.

NovelToon tiene autorización de Den Arg para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 6: LA SOMBRA EN LA FAMILIA

El regreso a Long Island se desarrolló bajo una atmósfera completamente distinta. En el interior del sedán blindado, el silencio ya no era el resultado de una fría y distante cortesía, sino el producto de una tensión densa y palpable que flotaba entre ambos asientos.

Matteo permanecía con los brazos cruzados sobre el pecho, la mirada fija en la pantalla apagada de su teléfono móvil y el rostro tallado en una mueca de severidad absoluta.

La revelación de que Marco Moretti había sido el autor intelectual de la celda de transmisión que coordinó la emboscada en la ruta 25 cambiaba radicalmente las reglas del juego. No se trataba de un ataque externo o de una célula mercenaria sin rostro; era una puñalada por la espalda ejecutada desde el propio núcleo de la familia con la que acababan de firmar un pacto de sangre.

Elena, sentada en el extremo opuesto del habitáculo, no pasó por alto el cambio drástico en la actitud del heredero de los Romano. Había notado el instante preciso en que el teléfono comenzó a vibrar en la boutique, la forma en que los músculos de la mandíbula de Matteo se habían tensado y la manera en que sus ojos oscuros la habían analizado al regresar del ventanal.

—Hay algo que no me estás diciendo —rompió el silencio Elena, con voz serena pero firme, girándose para enfrentarlo directamente—. Desde la llamada en la tienda de la Quinta Avenida, tu comportamiento ha cambiado. Si tienes algo que reprocharme a mí o a mis decisiones, dímelo de frente, Matteo. No tengo intención de soportar juegos de sospechas silenciosas.

Matteo desvió lentamente la vista hacia ella. La luz tenue de las farolas de la autopista que comenzaban a encenderse reflejó un destello frío en sus pupilas.

—No se trata de ti, Elena —respondió él con un tono grave que apenas dejaba escapar la furia contenida en su interior—. O al menos, eso es lo que intento averiguar.

—¿A qué te refieres? —preguntó ella, frunciendo el ceño con genuina intriga.

Matteo sopesó sus palabras durante unos segundos. Consideró la opción de guardarse la información hasta tener las pruebas definitivas en su poder, pero conocía lo suficientemente bien la mente analítica de Elena como para saber que intentar ocultarle un peligro directo que involucraba a su propio entorno era un error táctico.

—Hace una hora mi hermano Leo logró rastrear el origen de la señal de radio que coordinó el ataque de la semana pasada en la ruta 25 —comenzó Matteo, midiendo cada sílaba con precisión quirúrgica—. La celda de transmisión local que emitió las coordenadas exactas de nuestro convoy estaba registrada bajo una compañía fantasma de logística.

Elena contuvo la respiración de inmediato. El color comenzó a desvanecerse de sus mejillas.

—¿Una compañía fantasma... de Long Island? —murmuró ella, con el pulso acelerado.

—Exactamente —continuó Matteo, acortando la distancia entre ambos en el asiento y clavando sus ojos oscuros en los de ella—. Y el apoderado legal de esa empresa, la única persona con acceso a los códigos de activación de esa frecuencia en la zona norte, es tu hermano Marco.

Las palabras cayeron sobre el interior del vehículo como un golpe físico. Elena dio un paso atrás mentalmente, negando con la cabeza mientras un temblor imperceptible recorría sus manos.

—No... eso es imposible —exclamó ella con voz quebrada, apartando la mirada por un segundo antes de volver a sostenerle los ojos—. Marco es un imbécil impulsivo, lo sé perfectamente, y sé que aborrece la idea de este matrimonio tanto como yo. Pero organizar una emboscada para matar a Don Vincenzo y a ti... eso significa saltarse la autoridad de mi propio padre. Significa declarar una guerra abierta. No es tan estúpido

.

—El orgullo y la ambición ciegan a los hombres, Elena —replicó Matteo con dureza—. Tu hermano no soporta la idea de que los Romano hayamos entrado en su territorio mediante un pacto que él considera una capitulación. Quería dinamitar el acuerdo antes de que la boda se celebrara, y estuvo a punto de conseguirlo.

—¿Y mi padre lo sabe? —preguntó ella, con un nudo formándose en su garganta—. Si Don Stefano descubre que Marco intentó sabotear el tratado... lo matará con sus propias manos. En nuestra familia, la traición a un pacto de sangre no se perdona ni siquiera entre hermanos.

Matteo observó la genuina preocupación y el dolor reflejados en el rostro de Elena. Vio cómo las manos de la joven se apretaban con fuerza sobre su bolso, intentando procesar el peso de una revelación que amenazaba con destruir lo poco que quedaba de su familia. Por un instante, la barrera del ejecutor implacable se deslizó, reconociendo el sufrimiento de una mujer atrapada en medio de una guerra que ella no había elegido.

—Tu padre aún no lo sabe —respondió Matteo con voz más pausada—. Le ordené a Leo que mantuviera la información bajo llave hasta tener pruebas irrefutables que no dejen margen a la defensa. No quería precipitar un baño de sangre sin estar seguro de cada eslabón de la cadena.

Elena exhaló un suspiro largo y tembloroso, recostando la espalda contra el asiento. Cerró los ojos un instante, asimilando la magnitud del desastre que se avecinaba.

—Gracias —murmuró ella en un susurro apenas audible.

—¿Por qué me das las gracias? —inquirió Matteo, extrañado por la reacción.

—Por no haber llegado disparando a la mansión de mi padre y por habérmelo dicho en lugar de usarlo como un arma contra mí —abrió los ojos para mirarlo con una sinceridad descarnada—. Sabías que esto me destruiría, y aun así elegiste la verdad.

—No lo hice por bondad, Elena —aclaró Matteo con su habitual seriedad, aunque su tono ya no era tan gélido como antes—. Lo hice porque necesito saber de qué lado estás tú. Si estalla una guerra interna en la casa Moretti por culpa de la estupidez de tu hermano, necesito estar seguro de que no terminarás recibiendo una bala destinada a limpiar la traición de tu sangre.

—Ya te lo dije, Matteo —respondió ella con firmeza, enderezándose y devolviéndole la mirada con altivez—. No protejo a los cobardes que apuñalan por la espalda, ni siquiera si llevan mi apellido. Si Marco cometió ese error, tendrá que enfrentar las consecuencias. Pero te pido una cosa: antes de que hagas un movimiento que destruya a mi familia por completo, déjame hablar con él. Déjame averiguar por qué lo hizo.

Matteo la observó en silencio durante varios segundos, evaluando el riesgo de su petición. Sabía que permitir que Elena confrontara a Marco era un peligro potencial, pero también comprendía que el sentido del honor de la joven era inquebrantable.

—Tienes veinticuatro horas, Elena —sentenció Matteo finalmente, tomando el picaporte de la puerta mientras el coche se detenía frente a las verjas de la finca Moretti—. Mañana por la noche me reuniré con tus pruebas definitivas. Si en ese tiempo tu hermano no confiesa o intenta huir, la decisión dejará de estar en tus manos y pasará a manos de los patriarcas. Y entonces no habrá poder en la tierra que lo salve.

El vehículo atravesó las puertas de hierro forjado y se detuvo frente a la escalinata principal de la mansión. Los escoltas abrieron las portezuelas de inmediato.

Elena descendió del automóvil con el paso firme, aunque por dentro sentía que el suelo bajo sus pies se desmoronaba. Al cruzar el vestíbulo, intentó mantener la compostura frente a los guardias de su padre, pero la sombra de la traición de Marco pesaba sobre sus hombros como una losa de plomo.

Decidió no esperar al día siguiente. Subió directamente las escaleras hacia el ala oeste de la residencia, donde se encontraba el despacho privado de su hermano.

Al llegar frente a la puerta de madera oscura, escuchó voces apagadas en el interior. Se detuvo un instante, conteniendo la respiración, y apoyó los dedos sobre el tirador.

—...te digo que los Romano están sospechando de la antena de Queens, Marco —decía una voz agitada que reconoció como la de uno de los hombres de confianza de su hermano—. Si rastrean el servidor principal, nos encontrarán a nosotros. ¡Tenemos que deshacernos de los equipos y largarnos de la ciudad antes de que sea tarde!

—Cierra la boca, idiota —respondió la voz furiosa de Marco desde el interior—. Los Romano no tienen pruebas directas. Y si intentan algo, mi padre los detendrá antes de que puedan tocarme. Solo necesitamos acelerar el plan B para el día de la boda...

Elena no soportó escuchar más. Empujó la puerta con tanta fuerza que se estrelló contra la pared con un estruendoso golpe.

Marco y su subordinado se giraron de inmediato, pálidos y con los ojos desmesuradamente abiertos al verla de pie en el umbral, con el rostro desencajado por la furia y la decepción absoluta.

—¿El plan B, Marco? —preguntó Elena con una voz helada que hizo retroceder a su propio hermano—. ¿De verdad ibas a incendiar esta familia entera solo por tu maldito orgullo?

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play