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Pasaje A Las Vegas: Pacto, Fuga Y Destino

Pasaje A Las Vegas: Pacto, Fuga Y Destino

Status: Terminada
Genre:Reencuentro / Malentendidos / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:7.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Laura Perez

Para salvar los imperios de sus familias, Elena aceptó un matrimonio arreglado desde su nacimiento con una sola condición en mente: convencer a su prometido de divorciarse al primer año. El plan era perfecto hasta el almuerzo de presentación, donde una confusión la hace creer que su futuro esposo es un anciano decrépito. Aterrorizada, escapa del salón y salta al primer taxi que encuentra en la calle, suplicándole al chofer que la lleve a Las Vegas para arruinar el acuerdo.

NovelToon tiene autorización de Maria Laura Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1: Destino

El aroma a café recién molido y a papel impreso siempre había sido el refugio predilecto de Antonella Belmont. A solo un año de culminar su carrera universitaria con honores, sentía que cada peldaño que subía en la biblioteca de la facultad era una victoria conquistada por pulso propio, lejos de los reflectores mediáticos y las páginas financieras que idolatraban el apellido de su familia. Durante veintidós años, sus padres le habían permitido vivir en una burbuja de aparente libertad, un privilegio atípico entre los círculos de la élite de Nueva York.

Ella creía, con una ingenuidad que pronto se volvería cenizas, que aquella independencia era un acto de amor.

La llamada llegó a las cuatro de la tarde, puntual y tajante como un veredicto judicial. No fue su madre, ni siquiera la secretaria personal de su padre; fue el mayordomo principal quien le transmitió la orden: su presencia era requerida en la biblioteca de la mansión familiar antes de que cayera el sol.

Cuando el chofer detuvo el vehículo frente a las imponentes puertas de hierro forjado de la residencia Belmont en Upper East Side, un frío inexplicable le recorrió la espina dorsal. Cruzó los pasillos de mármol con pasos firmes, el eco de sus tacones marcando el ritmo de un corazón que se negaba a mostrar debilidad. Al entrar a la biblioteca de roble oscuro, encontró a sus padres sentados frente a dos copas de oporto intactas.

—Siéntate, Antonella —dijo Richard Belmont, sin apartar la mirada de una carpeta de cuero repujado que descansaba sobre el escritorio.

Su madre, Eleanor, le dedicó una sonrisa ensayada, de esas que reservaba para las galas benéficas cuando las cámaras apuntaban demasiado cerca.

—Te ves cansada, hija. Los exámenes finales te están absorbiendo demasiado tiempo. Aunque supongo que ya no tiene mucha importancia.

—Falta solo un año para mi graduación, mamá. Para mí tiene toda la importancia del mundo —respondió Antonella con voz serena, acomodándose en el sillón de terciopelo frente a ellos—. ¿Para qué me llamaron con tanta urgencia?

Richard entrelazó las manos sobre la mesa y clavó sus ojos grises en ella. Eran los mismos ojos implacables que cerraban fusiones multimillonarias antes del almuerzo.

—Has tenido una buena vida, Antonella. Te permitimos asistir a la universidad que elegiste, viajar, tener amistades comunes y disfrutar de tu juventud sin las ataduras que pesan sobre los herederos de nuestro nivel. Quisimos que vivieras sin preocupaciones antes de que asumieras tu verdadero destino.

La palabra destino, pronunciada con semejante frialdad, sonó como el chasquido metálico de un cerrojo.

—¿Mi destino?

—Vas a casarte —anunció su padre, con la misma naturalidad con la que hablaría de la fluctuación de la bolsa—. El acuerdo se firmó la misma semana en que naciste. Es un pacto de sangre y capital entre el Grupo Belmont y el consorcio Prescott. Dos imperios que, unidos, dominarán el mercado industrial de este país por las próximas tres generaciones.

El silencio que cayó sobre la habitación fue tan pesado que el tic-tac del reloj de péndulo pareció ensordecedor. Antonella parpadeó, procesando cada sílaba. Conocía las historias, por supuesto. Había visto a hijas de banqueros y magnates ser entregadas como trofeos corporativos en fiestas fastuosas. Pero jamás imaginó que ella fuera la ficha de cambio de una partida que comenzó mientras dormía en una cuna.

—¿Los Prescott? —preguntó ella, manteniendo la voz en un tono tan gélido como la estancia—. ¿Con quién?

—Con Andrew Prescott —respondió Eleanor, alisando su falda de seda con fingida ternura—. Es cinco años mayor que tú. Un hombre brillante, preparado en las mejores academias de Europa, implacable en los negocios y el único heredero legítimo de Arthur Prescott.

—No lo conozco. Jamás lo he visto en ninguna recepción.

—Porque no era el momento —sentenció Richard con severidad—. Arthur y yo acordamos mantenerlos al margen para evitar rebeliones adolescentes o escándalos innecesarios. Te lo decimos ahora porque falta exactamente un año para que termine el plazo. A finales del próximo año, cuando recibas tu título, ambas familias organizarán un almuerzo privado para que se conozcan formalmente y firmen los acuerdos prenupciales. La boda se celebrará tres meses después.

Antonella no gritó. No derramó una sola lágrima ni arrojó la carpeta de cuero contra los ventanales. Sabía que las rabietas solo servían para que los hombres poderosos trataran a las mujeres como criaturas histéricas y manipulables. En lugar de eso, enderezó la espalda, respiró hondo y miró a su padre directo a los ojos.

—Entiendo. Un pacto de cuna.

Eleanor soltó un suspiro de alivio prematuro.

—Sabía que lo comprenderías, cariño. Es un honor. Cualquier mujer de Manhattan daría un brazo por ser la señora Prescott.

—Me retiro a mi departamento —dijo Antonella, poniéndose de pie con una elegancia impecable—. Necesito procesar la magnitud de mi... honor.

Salió de la mansión sin mirar atrás. Solo cuando estuvo dentro del taxi que la llevaba a su piso cerca del campus, permitió que sus dedos se clavaran en las palmas de sus manos hasta casi sangrar. El dolor físico la ancló a la realidad: no era una víctima, y no pensaba convertirse en una marioneta vestida de blanco.

Dos horas más tarde, el ático de Antony Harrington olía a té inglés y a conspiración.

Antony, hijo del cónsul británico y amigo inseparable de Antonella desde el primer año de carrera, caminaba de un lado a otro sobre la alfombra persa, con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón de lino y el ceño fruncido por la indignación. Sentada en el sofá, Bianca —la confidente más cercana de Antonella, una talentosa diseñadora de modas de espíritu libre— sostenía la mano de Antonella con fuerza mientras la miraba con horror.

—¡Esto es una barbarie medieval, Antonella! —estalló Antony con su marcado acento londinense—. ¡Estamos en pleno siglo veintiuno! Tu padre no puede subastarte como si fueras un lote de acciones preferenciales. Tienes que negarte en rotundo, demandarlos si es necesario, o pedir asilo en la embajada. Hablo muy en serio.

—Antony tiene razón, Anto —intervino Bianca, con los ojos empañados—. No puedes arruinar tu vida entregándote a un desconocido. Cinco años mayor significa que ese tipo ya está moldeado por la avaricia corporativa. Debe ser un déspota frío, un títere de su abuelo. ¡No aceptes!

Antonella observó a sus dos amigos. En los últimos meses había notado las miradas secretas entre Antony y Bianca, la forma en que el británico se suavizaba cada vez que la castaña reía, y cómo el amor comenzaba a florecer entre ellos en medio de libros y cafés de medianoche. Eran su soporte vital, la familia que ella sí había elegido.

—Si me niego ahora, congelarán mis cuentas, me quitarán el respaldo para terminar la carrera y usarán todo el peso legal de los Belmont y los Prescott para arrastrarme al altar —explicó Antonella con una frialdad analítica que sorprendió a ambos—. No se gana una guerra atacando de frente a un ejército que te triplica en armas.

Antony se detuvo y la miró fijamente.

—¿Qué estás pensando hacer entonces?

Una chispa de fuego oscuro brilló en los ojos castaños de Antonella.

—Ese tal Andrew Prescott está exactamente en la misma posición que yo. Es un peón de su abuelo, obligado a cumplir una cláusula firmada hace dos décadas. Nadie quiere que le impongan con quién compartir la cama y la vida. Cuando llegue ese almuerzo, voy a encararlo. Le demostraré que no seré una esposa sumisa y le plantearé una salida negociada: o rechaza la boda él mismo asumiendo el costo político frente a su familia, o firmamos un acuerdo secreto para divorciarnos al cumplirse el primer año de matrimonio, repartiendo las culpas en partes iguales.

Bianca soltó una pequeña risa nerviosa, admirada.

—Eres demasiado calculadora cuando te enojas, ¿lo sabías?

—Soy una Belmont educada en finanzas —replicó Antonella, esbozando una media sonrisa cargada de determinación—. No voy a rogar por mi libertad. Voy a arrebatársela a quien intente quitármela.

Antony se inclinó sobre la mesa baja y colocó su mano sobre la de ella y Bianca.

—Si ese plan falla, Antonella, prométeme que no te rendirás. Yo tengo recursos fuera del alcance de las leyes corporativas de este país. Mi pasaporte diplomático no es solo un adorno. Si algún día necesitas desaparecer del mapa para salvarte, yo seré tu boleto de salida.

—Te lo prometo, Antony. Pero no será necesario. Tengo doce meses para prepararme, investigar cada debilidad de los Prescott y llegar a ese almuerzo armada hasta los dientes.

Antonella levantó su taza, sellando un pacto silencioso con las dos únicas personas en el mundo en quienes confiaba ciegamente. Ignoraba por completo que el destino, caprichoso y despiadado, ya estaba preparando una cadena de absurdos engranajes: una avería en una avenida desierta, dos mil dólares en efectivo, y un taxi amarillo que cambiaría el curso de su vida para siempre.

1
Flor Perez
simplemente maravillosa👏👏👏👏
Maria Laura Perez
😍👏
Cliente anónimo
Me encanta!!! No paro de leerla!
Primi Mendez
muy bueno TÚ novela gracias felicitaciones
Flor Perez
tómala, por mentiroso😂😂😂😂
Flor Perez
autora me estoy comiendo las uñas por saber que pasará, muchas felicitaciones por tan excelente novela y espero seguir disfrutando otras obras tuyas 👏👏👏👏👏
Helizahira Cohen
No me gusta lo de los Padres, creo debe ser diferente
Flor Perez
y ojalá hubiera bebé a bordo para acabar de rematar tan buenísima novela 😂😂😂😂😂
Flor Perez
ya quisiera ver la cara de Antonela cuando se de cuenta realmente con quien se casó 😂😂😂😂😂😂
Flor Perez
que sucederá?
Flor Perez
muy biena novela hasta el momento y espero que siga asi 👏👏👏👏👏
Cliente anónimo
Muy buena !!
Helizahira Cohen
Bueno no se , ella culpa a los padres de todo, pero el abuelo paterno también hizo lo suyo, Andrew aprovecho la confusión pero si iba a decir la verdad
Flor Perez
😂😂😂😂😂😂
Adriana Montoya Velez
eso se ganan ellas po lopetulantes que son
Adriana Montoya Velez
todas tienen la misma trama el embarazo oculto al papá y conocer al hijo después de varios años cambien ya eso
Helizahira Cohen
No hay comentarios pero es muy buena, esta muy fresca la historia
Maria Laura Perez
😍🤭
Pris
Fascinante historia. Es la segunda vez que la leo
Primi Mendez
emocionante tu novela felicitaciones ala escritora
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