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Ahora que me voy, ¿sí me amas?

Ahora que me voy, ¿sí me amas?

Status: En proceso
Genre:Maltrato Emocional / Malentendidos / Dejar escapar al amor
Popularitas:181
Nilai: 5
nombre de autor: Alma Varela

Durante seis años, Lucía Morales fue la esposa que Alejandro Valdés mantuvo en secreto. Ante el mundo, él seguía soltero. Con su primer amor, Valeria, era atento y cariñoso. Hasta dejaba que el hijo de ella lo llamara «papá».
Para Lucía, en cambio, solo había desprecio.
Ni siquiera después de una cirugía agotadora, en la que logró salvar una vida, recibió una palabra de preocupación de su marido. Alejandro solo quería exigirle explicaciones por haber tratado mal a Valeria.
Lucía ya había solicitado su traslado a otro hospital. Ahora también estaba lista para quitarse el anillo.
—Quiero el divorcio. Te dejo libre.
Por primera vez, no le pedía que la amara. Le pedía que la dejara ir.
Pero Alejandro se negó.
Creía que ella nunca sería capaz de abandonarlo. Cuando comprende que esta vez va en serio, empieza a perder el control.
Él quiere recuperar a su esposa.
Lucía quiere recuperar los años que perdió esperando que la eligiera.

NovelToon tiene autorización de Alma Varela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18

Capítulo 17. ¿Estaba celoso?

Lucía no volvió a ver a Alejandro durante toda una semana. El doctor Ramírez le pidió que llevara a Valeria al congreso de investigación y aclaró que había sido una propuesta del señor Valdés. Ella ya lo sabía, así que no le sorprendió.

El día del encuentro, le escribió a Valeria desde su teléfono de trabajo para decirle que se preparara. Recibió un «Está bien» por respuesta.

Lucía salió del hospital y se tomó la molestia de esperarla. Poco después llegó otro mensaje.

«Disculpe, doctora Morales. Vaya adelantándose. Alejandro me llevará más tarde».

Al leerlo, Lucía esbozó una sonrisa fría. Contestó «De acuerdo» y apagó la pantalla.

Condujo hasta la Torre Altamira. Al bajar de su auto, coincidió justamente con el de Alejandro. Valeria salió del asiento del acompañante. Parecía haberse arreglado especialmente y llevaba un maquillaje cuidadoso.

Alejandro bajó después. Ese día vestía ropa informal de colores claros y no tenía su habitual aire sombrío. Un hombre sí que cambiaba cuando estaba con su primer amor.

¿Habría pasado toda aquella semana acompañando a Valeria?

Lucía apartó los ojos y reprimió lo que sentía. Pasó junto a los dos y entró en el edificio.

En el vestíbulo se encontró con un conocido: Diego Salazar. Las familias de Diego y de Herrera, con quien Lucía se había formado, mantenían una amistad de generaciones. Ella había tratado con él en aquella época.

—¿Luci? —Diego se acercó con su sonrisa despreocupada y una ceja alzada—. Qué casualidad. ¿Tú también vienes al congreso?

Lucía asintió.

—Sí.

—¿Cómo has estado?

—Bien. ¿Y tú? ¿Cómo está Herrera? —preguntó con una sonrisa.

—Yo voy bien. Herrera te extraña muchísimo.

—Doctora Morales, ¿por qué no me esperó?

Valeria se acercaba. Lucía giró la cabeza y vio a Alejandro detrás de ella. Antes de que pudiera reaccionar, Valeria miró a Diego, luego a Lucía, y parpadeó con una sonrisa.

—¿Es su novio?

Los ojos de Alejandro pasaron de Lucía a Diego y se ensombrecieron un poco más.

—¿Ya tiene novia, señor Salazar?

—¿Novia?

Diego se quedó desconcertado. ¿Se refería a Lucía y a él? Ella era hermosa y le gustaba; no por nada había sido considerada la más bonita de la Universidad de Medicina. Él no era precisamente un hombre formal, pero tampoco jugaba con la reputación de una mujer.

—Usted bromea, señor Valdés. Luci y yo solo somos amigos.

Entonces se le ocurrió algo y sonrió de nuevo.

—Aunque, si a Luci le hace falta un novio, yo estaría encantado de ofrecerme.

¿Luci? La mirada de Alejandro se volvió más oscura, sin que dijera nada.

Valeria no lo notó.

—La doctora Morales y usted hacen muy buena pareja, señor Salazar.

Al ver que Alejandro no mostraba reacción, Lucía aflojó poco a poco los dedos que había apretado. Se volvió hacia Diego.

—Subamos. Mejor no interrumpir al señor Valdés y a su novia.

Valeria sintió una mezcla de sorpresa y alegría. De pronto, Lucía le resultaba mucho más agradable.

Diego miró, extrañado, a Valeria y a Alejandro. Luego recordó aquel tema que había aparecido fugazmente entre las tendencias de X y creyó entenderlo. No dijo nada más y entró en el ascensor con Lucía.

Valeria se aferró al brazo de Alejandro y habló con voz melosa.

—Alejandro, nosotros también…

Él retiró el brazo y, justo antes de que las puertas se cerraran, las detuvo.

—Señor Salazar, ¿le molesta que subamos con ustedes?

Su voz era helada, aunque el rostro no dejaba ver ninguna alteración. Diego se encogió de hombros.

—Por supuesto que no.

Lucía había permanecido junto a él, con la mirada baja y en silencio. Alejandro entró y se colocó al lado de ella. Lucía se acercó un poco más a Diego.

Cuando Valeria entró, miró a Alejandro y después a Lucía. Apretó las manos a escondidas. Él acababa de apartarla sin darle siquiera una explicación.

¿Era por Lucía?

Había encargado que la investigaran y no habían encontrado ninguna relación con Alejandro. Le dijeron que estaba imaginando cosas. Pero lo que él acababa de hacer parecía claramente…

¡Una reacción de celos!

Valeria apretó los dientes con todas sus fuerzas.

El ascensor subía despacio, sumido en un silencio extraño. En otra parada entró un grupo de personas. Lucía intentó acercarse a Diego para hacerles espacio, pero alguien tiró de ella.

Perdió el equilibrio y chocó con la persona que tenía al lado.

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