Un matrimonio que ninguno eligió. Un hombre que no la ama. Y un secreto que cambiará sus vidas para siempre.
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CAPÍTULO 2 Frente al altar
Las puertas de la iglesia se abrieron lentamente.
Aitana apareció al final del pasillo y avanzó con pasos firmes, aunque por dentro sentía que el corazón le golpeaba con fuerza.
No conocía a ninguna de las personas que estaban allí. Todo le parecía demasiado elegante, demasiado grande y demasiado ajeno a la vida que había llevado hasta ese momento.
Pero siguió caminando.
Al llegar al altar, Gael levantó la mirada.
Durante unos segundos la observó en silencio.
Aitana esperaba encontrar al niño que recordaba en sus recuerdos, pero frente a ella había alguien completamente diferente.
Un joven serio, distante y claramente incómodo con aquella situación.
Gael, por su parte, no podía dejar de pensar en lo absurdo que resultaba todo.
Aquella boda no era la que había imaginado.
Ni siquiera había tenido tiempo de decidir qué hacer con su propia vida y ahora estaba frente a un altar junto a una mujer que apenas conocía.
Cuando Aitana se colocó a su lado, él se inclinó ligeramente hacia ella.
—No esperes que esto sea un matrimonio de verdad.
Aitana lo miró.
No había rabia en sus ojos.
Solo una calma que hizo que Gael se sintiera todavía más incómodo.
—No te estoy pidiendo nada.
Gael frunció el ceño.
Esperaba que ella intentara convencerlo.
Pero Aitana simplemente volvió la mirada hacia el frente.
La ceremonia comenzó.
Las palabras del sacerdote se escuchaban mientras ambos permanecían en silencio.
Aitana mantenía las manos juntas para disimular los nervios.
Gael, en cambio, tenía la mirada perdida.
Su pensamiento estaba lejos de aquel lugar.
Estaba pensando en su polola.
En la relación que todavía existía.
En todo lo que tendría que enfrentar después de aquella boda.
No quería perderla.
Y mucho menos quería aceptar que, desde ese momento, su vida estaba ligada a otra persona.
El sacerdote llegó finalmente al momento que ninguno de los dos podía evitar.
—Gael Selkamara, ¿aceptas a Aitana como tu esposa?
Gael permaneció callado.
Un segundo.
Alonso lo observaba desde su lugar, sin apartar la mirada.
Gael respiró profundamente.
—Sí, acepto.
Aitana sintió un pequeño estremecimiento.
Entonces llegó su turno.
—Aitana, ¿aceptas a Gael como tu esposo?
Ella miró hacia él.
Durante un instante recordó todos aquellos años en los que había guardado un recuerdo que para ella había significado tanto.
Pero no permitió que nadie notara lo que sentía.
—Sí, acepto.
El sacerdote sonrió.
Los anillos fueron entregados.
Gael tomó la mano de Aitana.
El contacto duró apenas unos segundos, pero ambos pudieron sentir la tensión del momento.
Él deslizó el anillo en su dedo.
Después Aitana hizo lo mismo.
Ya no había vuelta atrás.
—Los declaro marido y mujer.
Algunas personas comenzaron a aplaudir.
Aitana bajó la mirada hacia su mano.
El anillo brillaba bajo las luces de la iglesia.
Era extraño.
Había imaginado muchas veces cómo sería estar junto a Gael.
Nunca imaginó que terminaría siendo así.
Gael se acercó apenas.
—Terminemos con esto y salgamos de aquí.
Aitana levantó los ojos.
—Como quieras.
Ambos caminaron juntos hacia la salida.
Pero antes de cruzar las puertas, Alonso se acercó a Gael.
—Recuerda lo que te dije.
Gael lo miró con molestia.
—No sé qué pretende conseguir con todo esto, abuelo, pero no voy a enamorarme de ella.
Alonso no discutió.
Solo miró a Aitana, que esperaba unos pasos más adelante.
—Eso no depende de ti.
Gael soltó una pequeña risa incrédula.
—Sí depende de mí.
Y se marchó.
Aitana escuchó aquellas palabras.
No dijo nada.
Solo apretó suavemente los dedos alrededor de su ramo y continuó caminando.
Sin saber que aquella misma noche descubriría que ser la esposa de Gael Selkamara sería mucho más difícil de lo que había imaginado.