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Reclamada Por El Tío Torres

Reclamada Por El Tío Torres

Status: En proceso
Genre:CEO / Venganza / Casada Con Mi Ex's Familiar
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Kiary Valverde

Traicionada por su novio. Angie toma una decisión desesperada para vengarse pactar con el hombre más peligroso de la alta sociedad, Leonardo Torres, el imponente y calculador tío de su ex.
Lo que inicia como una tregua fría y un matrimonio por contrato de un año para proteger sus activos y estabilizar la corporación, rápidamente se sale de control. Entre miradas cargadas de tensión en la sala de juntas y roces que encienden una química devoradora a puerta cerrada, Angie descubre que Leonardo no es el tiburón despiadado que todos temen, sino un hombre dispuesto a todo por protegerla. Mientras Sebastián y sus aliados intentan destruirlos filtrando secretos del acuerdo, la falsa unión se transforma en un juego de posesión, poder y deseo donde ninguno de los dos quiere volver a ser libre.

NovelToon tiene autorización de Kiary Valverde para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

20

Angie Rojas

El trayecto de regreso en el auto fue un silencio denso, cargado de una electricidad que ninguno de los dos se atrevió a romper. Leonardo conducía con la vista fija en la carretera, manteniendo las manos firmes en el volante con una rigidez que me decía que sus pensamientos estaban a kilómetros de allí. O, peor aún, demasiado cerca de mí.

Cada vez que me miraba disimuladamente en el cristal de la ventana, la advertencia que me había soltado en el jardín retumbaba en mi cabeza: «Podrías encontrarte con algo para lo que no estás preparada».

¿En serio creía que me iba a asustar con su tono de jefe dominante?

Solté un suspiro imperceptible y me acomodé el abrigo sobre las piernas. Estaba acostumbrada al Leonardo calculador, al que le gustaba tener todo bajo control con cláusulas e informes. Pero al hombre que me sostuvo la mano frente a su hermano, al que casi le rompe la cara a Sebastián en el vestíbulo y al que se inclinó hacia mí en la oscuridad del jardín con la voz rasposa... a ese Leonardo no lo conocía. Y la parte más peligrosa de mi cerebro empezaba a admitir que quería conocerlo.

El auto se detuvo frente a mi edificio.

Esperaba que, como de costumbre, la puerta se destrabara y él me despidiera con un frío "Nos vemos mañana en la oficina, Angie". Sin embargo, el seguro central permaneció puesto.

Giré la cabeza para mirarlo. Él mantenía la vista al frente, pero el ritmo de su respiración era pesado.

—¿Me estás secuestrando o se te olvidó cómo funciona la puerta, "mi cielo"? —bromeé, intentando recuperar mi tono coqueto habitual para aliviar la tensión.

Leonardo apagó el motor del auto. La penumbra de la cabina nos envolvió por completo. Ladeó la cabeza despacio y me miró a los ojos con una profundidad que me cortó la respiración de golpe.

—Deja de llamarme así cuando estemos a solas, Angie —dijo con la voz áspera, tan grave que la sentí vibrar en mi pecho.

—¿Por qué? —desafié, inclinándome levemente hacia su lado, negándome a dar un paso atrás en mi propio juego—. ¿Te distrae? ¿O te recuerda que ante el mundo entero eres el novio más enamorado del país?

—Me recuerda que te encanta jugar con fuego pensando que no te vas a quemar —respondió él, acortando la distancia entre los dos sin previo aviso.

Se apoyó sobre el consola central, acorralándome contra el asiento del copiloto. Sentí el calor de su cuerpo invadir mi espacio personal y su perfume a madera y pimienta envolviéndome por completo. La valentía burlona que había ensayado durante días se me evaporó en un segundo, reemplazada por un latido desbocado en la garganta.

—Si esto es un contrato, Angie... mantengamos las reglas del contrato —susurró, bajando la mirada hacia mis labios por un milisegundo que se sintió eterno antes de volver a mis ojos—. Pero si vas a seguir viniendo a mi oficina, trayéndome almuerzos, besándome la cara frente a los fotógrafos y provocándome como lo haces... vas a tener que atenerte a las consecuencias cuando decida responderte.

Tragué saliva. Tenía la mano apoyada en la puerta del auto y sentía que el aire en la cabina se había agotado. Por primera vez en meses, no tenía una réplica sarcástica lista en la punta de la lengua.

—¿Entendido? —murmuró, a tan solo un par de centímetros de mi boca.

—Entendido... —logré articular en un hilo de voz, casi inaudible.

Un segundo después, el sonido metálico del seguro del auto rompiéndose resonó en la noche. Leonardo se retiró con la misma elegancia fría de siempre, volviendo a su asiento y encendiendo el motor sin volver a mirarme.

—Que descanses, Angie —dijo, impecable y distante.

Bajé del auto con las piernas temblando levemente, cerré la puerta y me quedé en la acera viendo cómo su auto aceleraba y se perdía en la noche. Me llevé una mano al pecho, sintiendo mi corazón martillear a una velocidad ridícula.

Me había propuesto enamorarlo para acorralarlo, para que su frialdad cayera y yo tuviera la sartén por el mango. Pero mientras subía por el ascensor hacia mi departamento, la realidad me golpeó con una claridad aterradora: en este juego de seducción y venganza, la que estaba empezando a caer de cabeza era yo.

Me dejé caer de espaldas sobre el sofá, con la mirada fija en el techo y el pecho subiendo y bajando a un ritmo desordenado. Tenía la mente hecha un caos, pero en medio de todo ese desorden solo había un nombre y una imagen repetida en bucle: Leonardo. Su rostro a milímetros del mío, la voz áspera retumbando en la penumbra del auto y esa forma directa, implacable y seria de mirarme.

Dios, me encantaba. No tenía idea de que poseía esa faceta tan dominante y sin rodeos, y ahora me resultaba imposible sacármelo de la cabeza. Cuando bajó la mirada hacia mis labios por ese brevísimo segundo, sentí un cosquilleo ardiente y desconocido en el vientre. Necesitaba saber a qué sabían sus labios. Necesitaba experimentarlo de verdad.

Él había sido tajante: nada de jugar con fuego. Pero ¿qué se suponía que debía hacer si yo estaba más que dispuesta a quemarme por completo?

Me llevé una mano a la frente, exhalando un largo suspiro mientras analizaba la situación. Enamorarlo mediante palabrerías o discursos románticos ya no tenía sentido; Leonardo no era un hombre que se dejara llevar por sentimentalismos baratos. Sin embargo, lo de anoche no fue una ilusión: responde al deseo, a la tensión eléctrica y al instinto cuando se siente acorralado.

Mi mente empezó a maquinar. Ganármelo físicamente, seducirlo de verdad, parecía la única ruta lógica si quería derribar esa muralla.

Pero en cuanto esa idea cruzó mi cabeza, sus frías palabras en la biblioteca de la universidad resonaron como una bofetada en mi memoria: él sentía un profundo desprecio por las mujeres que intentaban usar su cuerpo como una burda herramienta de seducción para conseguir algo. Si intentaba una jugada barata o descarada, solo conseguiría que me mirara con repugnancia y se alejara para siempre.

—Piensa, Angie, piensa... —murmuré para mí misma en el silencio del departamento.

No podía ser obvia. No podía actuar como una seductora desesperada. Tenía que ser un deseo que él no pudiera tachar de superficial; tenía que construir una tensión tan insostenible que fuera él quien terminara rompiendo las reglas que tanto empeño ponía en defender.

Él acaba de ponerme un alto, de marcar una raya en la arena. Pero era precisamente esa mirada oscura, esa versión suya fuera de sus propios límites, lo que ahora se había convertido en mi mayor obsesión. Y no me iba a detener hasta lograr que volviera a mirarme exactamente así.

Sonreí mientras recordaba como su respiración se mezclaba con la mía, besarlo se sentirá como un hermoso premio. Y estoy dispuesta a competir hasta ganar para obtenerlo.

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Marisol Nuñez
ya angie jarta
Betty Saavedra Alvarado
Leo y Angi están en una pequeña guerra sus corazones están enamorados
Betty Saavedra Alvarado
Leiva rescatar a Angie que no queme en su odio
Marisol Nuñez
ya se está volviendo canson siempre lo mismo no avanzan
Betty Saavedra Alvarado
Leo hubieras hablado ella ahora te cree culpable
Betty Saavedra Alvarado
Angie estás molesta con Leo
Betty Saavedra Alvarado
Angie y Leo están en una guerra
Betty Saavedra Alvarado
Angie se casará para destruir a Leo y a su hno
🌻𝔸𝕚𝕕𝕒 ℂ𝕒𝕣𝕠𝕝𝕚𝕟𝕒 G🌻: Muy cierto
total 1 replies
Betty Saavedra Alvarado
Sebas logro su objetivo Angie que hará ahora
Betty Saavedra Alvarado
Sebas el odio no te llevará a nada Angie buscará vengarse de los dos
Betty Saavedra Alvarado
Angie sabe lo que hace Leo muy pronto caerás
Betty Saavedra Alvarado
En ese año todo puede pasat
Betty Saavedra Alvarado
Angie y la abue van a volver loco a Leo
🌻𝔸𝕚𝕕𝕒 ℂ𝕒𝕣𝕠𝕝𝕚𝕟𝕒 G🌻: Ajá, tienes razón
total 1 replies
Betty Saavedra Alvarado
Leo te estás enamorando de Angie
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Betty Saavedra Alvarado
Están actúando como dos adolescentes
Betty Saavedra Alvarado
Angie estás jugando con fuego
Betty Saavedra Alvarado
Kiary te digo leyendo está súper interesante
Betty Saavedra Alvarado
Sebas no juegues con fuego te puedes quemar
Betty Saavedra Alvarado
Ese Sebas está buscando que le den su puñete no quiere perder todo
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