"Dos apellidos enfrentados. Un amor prohibido. Una vida que lo cambiará todo."
Camila Santana siempre supo que su familia odiaba a los Santoro. Creció escuchando historias de traiciones, sangre y ruina. Por eso, cuando la envían al extranjero a los ocho años, cree que escapa de ese infierno. Pero el infierno la espera a su regreso.
Veintitrés años, fogosa y decidida, Camila vuelve a casa para encontrarse con su destino: el hijo de los Santoro. Lo que nace entre ellos es un torbellino de pasión y peligro, de caricias que saben a pecado y miradas que prometen guerra. Pero el odio de sus familias no es un rumor: es una sentencia.
Cuando un embarazo inesperado los une para siempre, Camila deberá enfrentarse a la pregunta más difícil: ¿puede el amor de dos personas vencer al odio de dos apellidos? ¿O su hijo estará condenado a heredar una guerra que no eligió?
Una historia de amor, lealtad y el valor de romper cadenas.
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Capítulo 21 Verdades y mentiras
Mientras tanto, en la habitación del hotel, una Mía mimosa se restregaba contra Joaquín Santana; lo tenía arrinconado en el sillón.
Joaquín, quien no era el más apasionado, realmente se sentía terriblemente halagado por Mía Santoro. Es realmente hermosa, fulgurante; esos ojos negros que lo hacen derretir y esa boquita zalamera que lo pone en aprietos.
Pero la pregunta más importante siempre ha estado ahí: ¿esa relación realmente funciona? ¿Habría alguna posibilidad? ¿Mía solo quiere aprovecharse de él? De esta manera es como esas mismas dudas son las causantes de que los Santana se sientan intimidados por los Santoro, y es que las cosas eran precisamente así.
La pelea de los Santana y los Santoro era precisamente porque los Santoro habían comenzado la guerra, escudados en una gran falta —y además, supuesta— de parte de los Santana. Pero las cosas no son como las pintan los Santoro, en especial el viejo Germán Santoro, y Luis Santoro, quien conoce el secreto de esa disputa y solo quiere tapar la vergüenza de la familia, así como lo hicieron su abuelo y su padre.
El dilema fue más estúpido de lo que quieren admitir, pero el resultado realmente terminó favoreciendo a los Santoro, y los Santana terminaron perdiendo casi todo, y además su reputación.
Hace cincuenta años, los Santana y los Santoro eran familias amigas. Es más, eran más que amigas: se visitaban todo el tiempo y sus hijos jugaban los unos con los otros sin problemas.
Todo comenzó cuando Germán Santoro, quien estaba a cargo de un proyecto y, además, ya estaba casado con Lourdes, se involucró sentimentalmente con su secretaria, una joven de carácter alegre y mente astuta.
Fue esa secretaria quien robó información del proyecto y la vendió a una empresa grande. Fue esa empresa quien se quedó con la licitación.
Germán, al darse cuenta de su estupidez y creyendo que podría salir ileso, se enteró de casualidad de que el entonces Manuel Santana, su amigo de la infancia, su hermano del alma, estaba con unas deudas que podían ser peligrosas para la empresa Santana.
Así que decidió hacer todo un teatro. Infiltró pruebas falsas en el estudio de Manuel; eran amigos y podía entrar y salir de su casa sin problema.
Además, como ya estaba casado y Manuel también, hizo una jugada. Invitó a su esposa Lourdes a un restaurante, y también a Manuel Santana. Él insistió, y Manuel y Lourdes, al verse, intercambiaron saludos cordiales y se sentaron a comer esperando a un Germán que nunca llegó. Pero ambos fueron fotografiados juntos.
Germán usó esto para acusar a Manuel Santana de estar enamorado de su esposa y, por frustración al ver que Lourdes lo rechazaba, robar los datos de la sociedad y filtrarlos a la competencia.
La pelea fue terrible: pruebas, fotos, mentiras. Manuel casi pierde a su esposa Magenta. Lourdes se sintió culpable toda la vida por haber sido el problema central, pero todo era un invento de Germán Santoro, un idiota que se había metido con una secretaria ambiciosa y desleal, y terminó perdiendo el contrato de su vida. Manuel, en cambio, terminó casi en la ruina, y les costó a los Santana casi tres décadas recuperarse por completo.
Así es como la presencia de Joaquín y Mía en ese sofá, en una situación tan íntima, era realmente como el karma para Luis, que viene de una familia que cree haber tenido la razón y solo son unos mentirosos.
En ese sillón, Joaquin tragaba en seco, esa muñeca mimosa era irresistible y su autocontrol no era el mejor cuando se trataba de Mia santoro.
—Mia, no seas pegajosa, te traje aquí para que aclaremos esto, no somos novios, no tenemos una relación a escondidas —dijo tratando de alejarla, pero Mía es más aguerrida de lo que Joaquin pensaba.
Mia hizo un puchero y se restregó con más fuerza.
—Joapaco, realmente, tu me gustas desde hace años, no me resigno a perderte por que los mayores cometieron errores, no me importa de quien fue la culpa. —dio un suspiro y se acurrucó en su pecho.
—Joaco, en serio, acaso ese beso que nos dimos, no te dice que hay un destino entre nosotros —dijo mirándolo atentamente.
Joaquin la miró, vio esos hermosos ojos, realmente desde ese beso no había podido dejar de pensar en ella, no habia podido descuidar lo que ella hace y no hace. ya tenía toda la información.
“Sujeto: Mia Santoro, edad: 24 años, profesión fotógrafa pero ahor es estrimer, relaciones amorosas : ninguna”
—Bien, nos podemos conocer primero, saber si somos compatibles y… —pero no pudo continuar, mia salto sobre el dandole un beso devorador, y una cosa llevo a la otra y esa habitación que había sido supuestamente solo para aclarar las cosas, terminó aclarando y desnudando la verdad.
En ese sillón, Joaquín tragaba en seco. Esa muñeca mimosa era irresistible, y su autocontrol no era el mejor cuando se trataba de Mía Santoro.
—Mía, no seas pegajosa. Te traje aquí para que aclaremos esto: no somos novios, no tenemos una relación a escondidas —dijo tratando de alejarla, pero Mía es más aguerrida de lo que Joaquín pensaba.
Mía hizo un puchero y se restregó con más fuerza.
—Joaco, realmente, tú me gustas desde hace años. No me resigno a perderte porque los mayores cometieron errores. No me importa de quién fue la culpa. —Dio un suspiro y se acurrucó en su pecho—.
—Joaco, en serio, ¿acaso ese beso que nos dimos no te dice que hay un destino entre nosotros? —dijo mirándolo atentamente.
Joaquín la miró, vio esos hermosos ojos. Realmente, desde ese beso no había podido dejar de pensar en ella; no había podido descuidar lo que ella hace y no hace. Ya tenía toda la información:
«Sujeto: Mía Santoro. Edad: veinticuatro años. Profesión: fotógrafa, pero ahora es streamer. Relaciones amorosas: ninguna.»
—Bien, nos podemos conocer primero, saber si somos compatibles y… —pero no pudo continuar. Mía saltó sobre él dándole un beso devorador, y una cosa llevó a la otra, y esa habitación que había sido supuestamente solo para aclarar las cosas, terminó aclarando y desnudando la verdad.