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PUDRETE, APOLO… RENUNCIÓ A TI, AHORA AMARÉ A HADES

PUDRETE, APOLO… RENUNCIÓ A TI, AHORA AMARÉ A HADES

Status: Terminada
Genre:Romance / Reencarnación / Mundo mágico / Completas
Popularitas:6.2k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Perséfone renació con un único propósito: corregir el error que destruyó su vida anterior. Pero no esperaba que la misma familia que juró protegerla volviera a condenarla.

Una mentira de Afrodita despierta la furia de Apolo, el dios del sol. Ciego de rabia, la golpea hasta dejarla al borde de la muerte, mientras Zeus y Deméter permanecen en silencio.

Cuando Perséfone cree que volverá a morir, alguien detiene el golpe.

Hades.

El temido dios del inframundo desafía a los olímpicos, descubre la mentira y salva a la mujer que todos abandonaron. Herida y desesperada, Perséfone toma una decisión que cambiará su destino: seguirlo voluntariamente al reino de la muerte.

Allí descubrirá que el monstruo que todos temen puede convertirse en su refugio, mientras ella devuelve flores a su oscuridad y vida a su corazón.

Pero Apolo descubrirá demasiado tarde a quién perdió.

Y esta vez, Perséfone no piensa regresar, porque allí encontró el amor que siempre mereció de verdad.

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El beso que rompió el silencio

El aire de la sala parecía haberse vuelto más denso, más cálido, como si el propio palacio contuviera el aliento, sabiendo que algo estaba a punto de nacer. Hades terminó la infusión y dejó la taza sobre la mesa de piedra, pero sus ojos no se apartaron de ella ni un instante. El temblor de sus manos no había cesado, pero ya no era por nervios ni por miedo: era pura expectación, la conciencia de estar al borde de algo que cambiaría todo lo que eran.

Perséfone se quedó de pie frente a él, con la cabeza ladeada, observándolo con esa valentía que nunca nadie se había atrevido a tener con él. No era la diosa tímida y olvidada que había llegado herida a su puerta. Era una mujer que sabía lo que quería, que no tenía miedo de tomar lo que le pertenecía. Y lo que quería estaba justo delante de ella, mirándola como si ella fuera la única luz en toda la eternidad.

—Sigues temblando —dijo ella, dando un paso más hacia él, reduciendo la distancia hasta que sus rodillas casi rozaron las suyas—. ¿Sigo poniéndote nervioso, mi señor?

—No es nervios, Perséfone —respondió él con voz grave, ronca, cargada de emoción—. Es… todo. Es tú. Es el miedo a que esto sea un sueño y despierte. Es el deseo de que no sea solo un momento.

—No es un sueño —susurró ella, alzando una mano hasta rozar con la yema de sus dedos su mandíbula, sintiendo cómo él contuvo el aliento al contacto—. Y no será solo un momento. Si tú quieres.

—Quiero —respondió él de inmediato, sin dudar—. Quiero más de lo que he querido nada en mi vida. Pero… yo soy… yo soy la muerte. Soy sombra. Soy frío. No merezco tu luz. No merezco algo tan cálido y vivo como tú.

Perséfone negó con la cabeza, y una sonrisa dulce y decidida apareció en sus labios.

—¿Quién dice que no mereces? ¿Quién decidió que la muerte no puede amar? ¿Que la sombra no puede abrazar la luz? Tú me salvaste, Hades. Tú me elegiste cuando todos me dieron la espalda. Y yo te elijo a ti. No por lástima. No por gratitud. Sino porque te veo. Y me gustas. Tal como eres. Sombra y todo.

Antes de que él pudiera responder, antes de que pudiera articular una sola palabra, ella se inclinó hacia adelante. Fue un movimiento rápido, decidido, valiente —y sus labios se posaron sobre los suyos, suave al principio, casi un roce, para luego afirmarse con una seguridad que lo dejó sin aire.

Hades quedó petrificado durante un instante, incapaz de creer lo que estaba pasando. Nadie jamás se había atrevido a acercarse tanto. Nadie jamás lo había besado. Nadie jamás lo había mirado y lo había tocado como si fuera algo precioso y no algo que temer. Pero la suavidad de sus labios, el calor de su aliento, la mano que había subido hasta su nuca para acercarlo más… todo era real. Y entonces, dejó de resistirse, dejó de dudar, y respondió al beso con toda la intensidad de siglos de soledad acumulada.

Sus manos, antes temblorosas, ahora se aferraron con firmeza a su cintura, atrayéndola hacia sí con un gesto desesperado y necesitado. El beso se profundizó, dejó de ser tierno para volverse algo más antiguo, más profundo, como si sus almas hubieran estado buscándose desde el principio de los tiempos. Perséfone no retrocedió. No se asustó por la intensidad de él. Se acercó más, entrelazando sus dedos en su cabello oscuro, correspondiendo a cada caricia, a cada suspiro, con la misma audacia con la que lo había empezado.

Cuando finalmente se separaron, ambos estaban sin aliento, con los labios hinchados, con el corazón latiendo tan fuerte que casi podían escucharse el uno al otro. Hades la sostuvo de la cintura, sin dejarla ir, como si soltarla significara perderla para siempre. Sus ojos oscuros estaban brillantes, llenos de asombro y de un amor que ya no podía ocultarse.

—Tú… —empezó él, con la voz quebrada—. Fuiste tú quien… tomaste la iniciativa.

—¿Te molesta? —preguntó ella, con una sonrisa traviesa y feliz, acariciando su mejilla con el pulgar—. ¿Preferías que esperara eternamente a que te decidieras a mirarme?

—No —respondió él rápidamente, acercando su frente a la de ella—. No me molesta nada de lo que hagas. Solo… me sorprende. Eres tan valiente. Tan… tú.

—Contigo no necesito ser otra —susurró ella—. Y si tengo que ser valiente por los dos, lo seré. Siempre.

Hades cerró los ojos y apoyó su frente contra la suya, respirando su aroma, grabando cada instante en su memoria.

—Entonces sé valiente, Perséfone. Porque yo… yo no sé cómo hacer esto. No sé cómo amar. Nadie me enseñó. Pero aprenderé. Si me enseñas tú.

—Te enseñaré —prometió ella, besándole suavemente la comisura de los labios—. Un beso a la vez. Un día a la vez.

Y en la penumbra del trono, bajo la luz tenue del Inframundo, el primer beso selló algo que ni el tiempo ni la muerte podrían romper. Ella había sido la audaz, la que se atrevió a cruzar la línea que nadie se atrevía a tocar. Y él… él solo había sido el hombre que llevaba toda la eternidad esperándola.

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EspirituCreativo
Gracias lectora
Beatris Avalos
los amó 🥰🥰🥰
Cliente anónimo
Muy linda historia!!! Me encanto…👏👏👏👏
EspirituCreativo: Gracias por tu apoyo 🥰
total 1 replies
Cliente anónimo
Autora repitió el capítulo, aunque la novela está preciosa!!!!!
EspirituCreativo: Horror gracias lo borro
total 1 replies
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