Catalina solo conoció un amor, el de su padre. La única persona que la quiso se fue de éste mundo sabiendo todo lo que tendría que afrontar su pequeña.
Hay personas que nacen para sufrir, la protagonista es una de ellas 💔
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19 YO ELEGÍ
La camioneta me dejó muy cerca de la casa. Sentí los relinchos de las yeguas de Ezequiel. Él siempre me contaba que eran mejor que un perro. Avisaban de inmediato. Vinieron las dos a recibirme. Me olfatearon, y movieron sus cabezas contentas.
Era un gran recibimiento, y mi corazón latía como un tambor.
Vi a Ezequiel, venía caminando rápido. Su rostro lo decía todo. Sorpresa, nerviosismo y alegría.
--¡Mercedes! Qué grata sorpresa.
Tomó ambas maletas y las llevó. Caminaba escoltada por las yeguas.......y por el amor de mi vida, a mi lado.
Dicen que existen distintas clases de amor. El amor juvenil, y el maduro que es cuando uno decide casarse.
Sin embargo no lo creía así.
Yo me sentía enamorada, era vergonzoso que con más de cincuenta años lo pensara.
Nunca supe lo que fue enamorarse. Me casaron con un hombre mayor. Por negocios para mi padre y para ser una reproductora para mí marido.
No hubo una conquista ni un cortejo. Nadie me explicó cómo era una relación sexual entre un hombre y una mujer.
Con los años entendí que fui violada, esa, mi primera noche de bodas. Lloré y grité por la sorpresa y el dolor, hasta que los golpes me silenciaron.
Aprendí a callarme y soportar. Y fui la mujer más feliz cuando él perdió el interés en mí. Y no me tocó nunca más. Según él, había dejado de ser mujer. Y cuando me miraba lo hacía con asco.
Tremendo castigo. Ahora puedo reírme de su ignorancia.
Y en éste preciso momento, veinticinco años después camino hacia una nueva vida, una vida que yo estoy eligiendo.
--Espero que no se moleste con esta visita.
--Usted, es bienvenida las veces que quiera venir o si quiere....
Se calló, pero me invitó a entrar.
Su casa era pequeña y hermosa, casi mágica. Con colgantes de colores. Casitas y atrapasueños se movían. La vista de los ventanales daban a un bosque añoso.
Yo creía que mi gran casa era hermosa, pero ésto era un mundo diferente. Me imaginaba si así era de día. De noche con un cielo estrellado sería portentoso.
Me di vuelta y él me estaba mirando.
--Con razón no necesita bajar. Esto es vivir en un paraíso propio.
--Tiene sus desventajas, no hay luz, no hay vecinos a quien molestar. Dijo riendo.
Me puse nerviosa y pregunté por Catalina
--Anda en el arroyo, recolectando hierbas y recogiendo maderas. Se fue hace un momento. Llegará a almorzar.
Me invitó a desayunar, aunque él lo había hecho.
Me invitó a tomar un café, sentados afuera en el corredor.
Acepté encantada. El aire era tan puro. No había ruidos, más que el canto de los pájaros y el ruido de algún animal.
Estuvimos en silencio por largos momentos. Ninguno de los dos se decidía a hablar. Mis manos tiritaban de nervios. Puse la taza en mis piernas, para que no se diera cuenta del movimiento.
--Nunca pude agradecer todo lo que hizo por nosotros.
--Es usted una mujer única Mercedes, valiente como ninguna. Una gran señora y me alegra que usted me considere su amigo.
-- Aunque nuestros caminos jamás se hubieran tocado. Por qué pertenecemos a épocas diferentes, a clases sociales distintas. Me hubiera gustado haberla conocido en el pasado.
--Pero somos de mundos diferentes.
--Y no soy digno ni de mirarla. Dijo bajando la cabeza
Lo miré, aclaré mi garganta y me dije si llegaste hasta aquí, es porque él lo vale.
--¿Me permite contarle un poquito de mi Ezequiel?
--Es cierto, nací en una cuna de oro, me casaron cuando cumplí los trece años, y tuve dos hijos.
--Fui hija y no me quisieron.
--Fui esposa y mi marido solo me enseñó a golpes.
--Fui Madre y mis hijos me despreciaron.
--Fui todo eso y nunca tuve una familia.
--Sólo era la mujer que servía y paria.
--Esa era yo.
--Nunca fui una mala mujer, solo una niña ignorante, que no sabía nada de la vida. Que aceptó que dejó a sus hijos y vivo con ese dolor.
--Y antes que me diga que usted es malo.
--Sé quien eres Ezequiel.
El levantó la cabeza y me miró sorprendido
--Se lo que cuenta la gente. Sé que estuvo casado...... y que le quitó la vida a dos personas.
--Que perdió a sus pequeños de la forma más cruel.
--Y no fue justo, no lo fue.
--Yo no soy juez.
--Solo soy una mujer que ha sufrido toda su vida. Pero cree que hay un arco iris en la vida de cada uno. Hay un comienzo y un final.
--Deje de sufrir Ezequiel. Ya pagó, a la sociedad y a usted.
Me miraba y no apartaba la vista, sin creer en lo que le estaba diciendo.
--¿Qué buscas Mercedes?
--¿Que buscas de éste convicto?
--Busco un final en mi vida.
--Y creo que junto a usted lo puedo conseguir.
--No Mercedes. Por Dios, no sabes lo que dices. --Tú eres una dama, y yo un asesino
--¿Vas a vivir toda una vida pagando?
--¿Cuántos años son? Que sigues en lo mismo.
--¡Basta, Ezequiel!
--Abandona ese círculo vicioso. Mereces ser feliz.
--No puedo. Yo .....
Se tapó la cara con sus manos.
--No soy digno de ti.
--Cuando te conocí, como maldije mi pasado.
--Eres joven aún, hermosa, con una vida hecha.
--Puedes elegir a cualquier hombre, soy viejo y ...un asesino.
--¡Yo elegí!
--Ezequiel, yo he venido, he roto todas las cadenas con los que fui criada
--¿Sabes por qué?
--Porque tú lo vales.
--Pero no te rogaré más.
--Me levantaré, y caminaré por esa puerta.
--Saldré de aquí y nunca más volveré a tocar este tema
--Volveremos a hacer amigos, se que puedo volver a mirarte sin sentir vergüenza.
--Yo te ofrecí una vida diferente, en el que aprendamos ambos. Pero no te puedo obligar, es tu decisión
No tenía nada más que decir, me había vaciado.
Había desnudado mi vida y mis sentimientos escondidos.
Esperé unos minutos, me levanté y comencé a caminar temblando.
Bajé las escaleras, tomé una de mis maletas y comencé a caminar con la cabeza en alto.
No quería que me viera y no quería sollozar. Pero iba llorando.
Nada fue lo que pensé.
Moriría sola. Porque si no era él. No era nadie.
--!Mercedes!
--¡Detente!
--No eres un sueño, eres tú
--Enseñame a amar, por favor, te necesito.
Caí de rodillas al suelo, no se cómo llegó tan rápido, me abrazó fuertemente
Era mi primer abrazo de amor. .....
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Entre tú y yo, ¡qué mucho echaba de menos tus letras!