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Volver A Vivir No Está Mal

Volver A Vivir No Está Mal

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance / Venganza
Popularitas:5.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Yinet Leonor

Noelia Pérez es una mujer mayor de 89 años que muere de un ataque al corazón, pero inexplicablemente despierta en otra realidad. No se ha convertido en ninguna preciosa jovencita, sigue siendo una mujer mayor, pero esta vez tiene unos 50 años, un gato tuerto, una casa desvencijada y un nieto delicado que viene a vivir por ser rechazado por su preferencia sexual. ¿Qué hará Noelia con esta nueva vida? Acompáñame y verás como solo hay que desear vivir con mucha fuerza para brillar desde la miseria más absoluta.

NovelToon tiene autorización de Yinet Leonor para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El regalo de la Montaña

El sol ya estaba alto e iluminaba con esplendor los picos de la sierra cuando Noelia ajustó la correa de la primera canasta sobre su hombro. Después hizo lo mismo con la segunda y finalmente agarró dos cestas más una en cada mano. Avanzó con precario equilibrio por el accidentado terreno y el excesivo peso. La mañana tenía ese olor a tierra mojada y romero que solo conocen los que han vivido siempre entre montañas, ese perfume que se cuela en los huesos y no se va nunca. El pueblo hacía ofrendas y Noelia encontraba encantador que mostraran de esta forma su arrepentimiento para con Lía, la mujer que calumniaron y condenaron media vida. Además, ella no era orgullosa y necesitaba absolutamente todo lo que quisieran darle. Había llegado a este cuerpo en la más absoluta pobreza.

-Abuela, ¿estás segura de que quieres llevar todo esto? -preguntó Lian.

El delicado chico había comenzado a llamarla así desde que salieron de casa de Tomás. Ahora alzaba con esfuerzo dos canastas, tan repleta que las manzanas asomaban por los bordes como curiosas espectadoras. Esas fueron cortesía de Amparo. La chismosa del pueblo. Mateo en cambio más varonil y fornido iba detrás de ellos en silencio, ajustándose el voluminoso costal que para ese entonces amenazaba con reventar, en la espalda con una mueca que pretendía ser sonrisa. Capitán, fiel a su dignidad felina, los observaba desde una distancia prudente. Avanzaba como despejando el camino para ellos y los esperaba sentado con la rigidez de una pequeña esfinge que hubiera decidido que el transporte de víveres era asunto indigno de sus habilidades.

-Hasta Capitán se ríe de nosotros.

Murmuró Mateo resoplando por el esfuerzo. El gato, como si entendiera, parpadeó con su único ojo lentamente antes de levantarse y estirarse con una majestuosidad que solo los felinos pueden permitirse. Noelia miró las canastas y el costal de Mateo. Sintió que el pecho se le ensanchaba. No era el peso lo que la abrumaba, sino el significado de cada objeto. Allí estaban las conservas de doña Clara, que durante décadas había alzado su voz para condenar a Lía. Las mantas tejidas por Marina que la había señalado con el dedo en la taberna el día de ayer. El pan de centeno del panadero, cuyo padre había sido uno de los más vehementes en pedir que desmantelaran la choza de la montaña. Era en fin una bella forma de hacer las paces y de pedir perdón.

-No podíamos negarnos. -dijo finalmente, con una sonrisa que no pedía disculpas. -El pueblo necesita perdonarse a sí mismo y yo necesito todo esto. No voy a hacerme la digna por ofensas que, en realidad, nunca fueron para mí.

Lian y Mateo intercambiaron una mirada que Noelia fingió no ver. Ellos no lo sabían, no podían saberlo, que la verdadera cautiva de aquella historia había sido Lía. Aquella pobre e infeliz mujer de quien Noelia había tomado el nombre y la vida como quien recoge un abrigo olvidado. Lía, que había pasado siete años encerrada contra su voluntad en una cueva de la montaña. Soñando con mirar quizás antes de morir las estrellas. Las mismas estrellas que ahora Noelia quería contemplar cada noche.

-Vamos. -dijo, con un tono que no admitía réplica. -Quiero llegar antes de que el sol esté muy alto.

El camino a la sierra era el mismo que Noelia había recorrido en la madrugada a la inversa, pero aquella mañana todo se veía distinto. Tal vez era la luz, o el peso de las canastas, o la compañía de aquellos dos muchachos que caminaban a su lado como guardias jóvenes y torpes. Capitán los seguía a cierta distancia, saltando de roca en roca con una agilidad que desmentía sus años, deteniéndose cada tanto a olfatear algún arbusto con la seguridad de quien inspecciona su reino.

-¿Quién iba a decir que doña Matilde tenía un tarro de miel tan grande? -protestó Lian, cambiando el peso de su carga. -Y pensar que siempre la vi como una bruja amargada.

-La gente cambia. -respondió Noelia, sin volverse.- O al menos, quiero creer que pueden cambiar. Mírame a mí por ejemplo. Ayer era una asesina y una ladrona y hoy soy una dama distinguida. -los chicos intercambiaron una mirada culpable y guardaron silencio. Subir la cuesta fue espectacularmente difícil. El peso añadido hacía perder el equilibrio y más de una vez Mateo estuvo a punto de rodar ladera abajo con su costal y todo. Las piedras sueltas se movían bajo sus pies y el polvo se levantaba en pequeñas nubes que el viento de la mañana dispersaba entre los pinos.

-Esto es una locura. -jadeó Mateo, deteniéndose a recuperar el aliento. -¿Cuánta gente vive en este pueblo para haber reunido todo esto? -Noelia sonrió, deteniéndose también. A sus espaldas, el valle se extendía como un mapa bordado en verdes y marrones, con el río serpenteando entre los campos como una cinta de plata. Las casas del pueblo, allá abajo, parecían piezas de un juego de construcción, diminutas y ordenadas.

-Casi todo el mundo nos dio algo. -dijo Noelia. -Incluso aquellos que no se atrevieron a mirarme a los ojos mientras me entregaban sus ofrendas. El arrepentimiento es un peso extraño, ¿sabes? Necesita manifestarse en cosas que se puedan tocar, que se puedan cargar. -Capitán se detuvo junto a ellos, sentándose con la parsimonia de quien ha viajado toda su vida y sabe que el destino no va a huir. Se lamía una pata con la tranquilidad de un filósofo, como si el mundo y sus pesos fueran asunto demasiado mundano para un gato de su categoría.

-Ese gato tiene más clase que todo el pueblo junto. -rió Lian y Capitán, como si hubiera entendido el cumplido, levantó la cabeza y maulló con orgullo antes de reanudar su ascenso.

Finalmente, la choza apareció ante ellos como un recuerdo mal cosido. El techo de paja se había hundido un poco más esa mañana y las paredes de adobe mostraban grietas que el invierno había aprovechado para colarse, pero allí estaba, firme en su ruina, como un testigo obstinado de historias que nadie quería recordar. Aliviados, depositaron el cuantioso e inesperado botín en el interior. Dos canastas rebosantes de conservas y otras dos más con manzanas, otra de legumbres secas queso, pan vino, azúcar, sal y harina, otra con mantas y ropa de abrigo. El costal de Mateo contenía aceite, misteriosos envoltorios, herramientas y utensilios. Donaciones de aquellos que habían entendido que Noelia no solo necesitaba comida, sino también medios para construir su nueva vida.

-Nunca pensé que el arrepentimiento pesara tanto. -dijo Mateo, frotándose los hombros. -Y eso que somos tres. ¿Cómo ibas a hacer esto sola? -Noelia se dejó caer en un tronco que hacía de asiento, sintiendo cómo el cansancio le recorría los huesos como un río lento. Capitán se instaló a sus pies, enrollándose sobre sí mismo con un suspiro que casi parecía humano.

-Supongo que tuve suerte al traerlos. -dijo y no era del todo mentira. -el interior de la choza olía a humedad y olvido. Los rayos de sol que se filtraban por las rendijas del techo iluminaban partículas suspendidas en el aire, pequeños mundos que flotaban en la penumbra. Noelia miró la destartalada choza. No, esto no podía demorarse. Tenía que mudarse inmediatamente o aquel refugio terminaría convirtiéndose en su tumba. Sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con el frío.

-Abuela. -dijo Lian, interrumpiendo sus pensamientos. -¿Estás segura de querer mudarte? Quiero decir, ese lugar... es donde estuviste encerrada todo ese tiempo. No entiendo por qué querrías volver. -Mateo asintió, apoyando una mano en el hombro del chico. Sus ojos jóvenes buscaban en los de Noelia una explicación que ella no podía darles, no en su totalidad.

-Es casi incomprensible. -añadió Mateo. -Si alguien me hubiera tenido preso en un sitio así, lo último que querría sería volver. -Noelia sonrió y fue una sonrisa extraña, como si llevara dentro capas y capas de secretos que no podían ser desenvueltos.

-No pasa nada. -dijo. Su voz sonó más firme de lo que esperaba. -No es como si pudiera explicarlo bien, pero ese lugar no me da miedo. Al contrario. Allí el techo y las paredes no van a aplastarme en cualquier momento. La lluvia y el frío no pueden entrar si no se les permite. ¿Entienden?

Los chicos intercambiaron otra mirada, la del que no entiende pero quiere hacerlo. Noelia supo que nunca comprenderían del todo y tal vez era mejor así. Ellos no necesitaban saber que la cautiva había sido Lía, que Noelia había tomado su nombre como un acto de redención, que el verdadero encierro no había sido el de aquellas cadenas sino el de una vida que nunca fue suya. Se trasladaron a la cueva finalmente para evaluar la misma y ver qué convenía hacer primero.

-Bueno. -dijo Lian, rompiendo el silencio. -Si vas a vivir aquí, al menos vamos a hacer que sea habitable.

Y se puso manos a la obra. Lo primero fue la limpieza. Noelia había traído escobas y trapos. Los tres se aplicaron a la tarea con una energía que el cansancio no lograba menguar. Barrieron las telarañas de las esquinas, aquellas que parecían haber estado allí desde la creación del mundo y quitaron el polvo con la meticulosidad de quienes saben que un hogar se construye desde la higiene más elemental. Capitán los observaba desde un rincón, tumbado sobre una manta que Lian había extendido para él. Cada tanto abría el ojo, como para asegurarse de que sus humanos seguían con vida y luego volvía a su siesta interrumpida.

-Es más espacioso de lo que recordaba. -dijo Noelia, deteniéndose a mirar el lugar. -Ahora, con la luz del día, parece otra cosa. -era cierto. La cueva, vacía de su oscuridad, revelaba una altura que Noelia no había apreciado entonces. Las paredes de piedra subían hasta una superficie plana. Demasiado plana para ser natural. Se notaba que aquello había sido excavado por manos humanas. Literalmente parecía un cuarto grande tallado toscamente en la roca viva de la montaña. La estructura parecía sólida. Podía ser un hogar.

-Ahora lo más difícil. -dijo Mateo, señalando las cadenas. -eran gruesas, oxidadas y estaban empotradas en la piedra de la pared trasera. La herrumbre las había vuelto de un color cobrizo que parecía sangre seca y cada eslabón contaba una historia de dolor que Noelia no había vivido pero que había heredado.

-Como decoración son espantosas. -dijo Lian, tocando una con la punta de los dedos. -Y como recuerdo, son algo macabro mires por donde las mires.

-Hay que quitarlas. -afirmó Noelia. Su voz no tembló. -No quiero que estén aquí. -los chicos asintieron y se pusieron a la tarea. Mateo encontró una palanca entre las herramientas del costal, y Lian sujetó las cadenas mientras él hacía palanca contra la pared. El metal crujió, protestó, pero no cedió.

-Más fuerte Lian. -dijo Mateo con urgencia.

Unieron fuerzas. Mateo apoyó todo su peso en la palanca y Lian tiró de las cadenas con toda su alma. El crujido se hizo más intenso y de repente el mundo se vino abajo. Fue repentino e inesperado. La pared cedió con un estruendo que resonó en la montaña como un trueno. El polvo y las piedras del colapso llenaron el aire. Noelia se cubrió la cara con los brazos, sintiendo cómo las partículas se le metían en la garganta, en los ojos, en los pulmones.

-¡Lian! ¡Mateo! -gritó, pero su voz se perdió en el rugido de la caída.

Cuando el polvo comenzó a asentarse, Noelia abrió los ojos y se quedó sin aliento. La pared ya no estaba. En su lugar, una claridad repentina iluminaba algo que Noelia no había imaginado ni en sus sueños más salvajes. Una caverna inmensa se abría ante ellos, con una lagunita en su centro que reflejaba la luz como un espejo de obsidiana. El agua era tan clara que se veía el fondo de piedras lisas y en su superficie, pequeñas burbujas subían desde algún manantial oculto, pero lo más impresionante era el techo. Un agujero colapsado hacía siglos, no más grande que dos metros de diámetro, se abría al cielo como un ojo de luz. Los rayos del sol se filtraban a través de él, creando un haz de luz dorada que iluminaba la laguna y las paredes de la cueva, cubiertas de estalactitas que brillaban como gemas.

-¿Qué rayos? -susurró Mateo, tosiendo todavía el polvo. -Noelia avanzó lentamente hacia el interior, sintiendo cómo la gravedad se aflojaba en sus piernas. La cueva era más grande de lo que había parecido desde fuera. Las paredes se extendían en todas direcciones, y el sonido del agua goteando creaba una música subterránea que parecía venir de otro mundo.

-Allí hay otra abertura. -dijo Lian, señalando hacia el frente. -Es como una entrada a otra cueva.

Se acercaron juntos los tres y vieron que era cierto. Más allá, en la pared opuesta de la caverna, se abría una abertura que daba a la luz del día. Avanzaron hacia ella. Se asomaron y el corazón de Noelia dio un vuelco. Desde allí, la montaña se extendía a sus pies como un manto. El valle, el río, el pueblo diminuto allá abajo. Todo se veía desde una altura que nadie habría notado jamás. La entrada estaba tan bien camuflada por las rocas y la vegetación que era imposible verla desde abajo. Por eso, probablemente, nadie había descubierto aquel lugar en siglos.

-Esto es maravilloso. -dijo Noelia, con una voz que era casi un susurro. -Acabo de ampliar mi casa.

Lian y Mateo la miraron. En sus ojos vio una mezcla de asombro y confusión, pero no había miedo en ellos, ni dudas. Solo el reconocimiento de lo extraordinario. Capitán, que había permanecido fuera durante todo el derrumbe, se asomó ahora por la abertura con la imperturbabilidad de quien no se sorprende ante nada. El gato avanzó lentamente por el borde de la lagunita, olfateó el agua con desconfianza y finalmente se sentó junto a ella, como si hubiera estado esperando aquel momento toda su vida.

-Mira, abuela. -dijo Lian, señalando el agua. -Las burbujas. Debe haber un manantial. -Noelia se arrodilló junto a la laguna y metió la mano. El agua estaba fría, pero no helada. Tenía un sabor limpio y mineral que le recordó a la infancia, a los días en que su madre la llevaba a beber de las fuentes de la sierra.

-Agua dulce. -dijo. Su voz temblaba de emoción. -Agua dulce y un techo de luz y una entrada secreta. ¿Qué más podría pedir?

-Un poco menos de polvo, tal vez. -bromeó Lian, pero su sonrisa era genuina. Noelia se levantó y recorrió la caverna, tocando las paredes con las yemas de los dedos. Las estalactitas eran suaves bajo su tacto y algunas parecían brillar con una luz propia cuando los rayos del sol las acariciaban. La cueva tenía una energía extraña, una paz infinita.

-Este lugar ha estado esperándome. Todos estos años, mientras yo no estaba aquí, este lugar esperaba y ahora me ha recibido con los brazos abiertos. -Lian y Mateo se acercaron a ella contemplando aquella maravilla que la montaña les había regalado. El sonido del agua, la luz que caía desde el cielo, la brisa que entraba por la abertura secreta. Todo parecía susurrarles que aquel no era un simple accidente, que el destino los había guiado hasta allí.

-Vamos a tener que hacer algunas reparaciones. -dijo Noelia finalmente, rompiendo el hechizo. -La entrada necesita refuerzos y el techo de la cueva podría necesitar limpieza.

-Es increíble. -dijo Lian con los ojos brillantes.

-Es exactamente lo que necesitaba. Un lugar donde las paredes no van a sepultarme, donde el cielo entra sin pedir permiso y donde el agua corre libre. Un lugar donde el pasado no puede alcanzarme. -Capitán, desde la orilla de la laguna, la miró con su ojo amarillo y maulló suavemente, como dando su aprobación. Noelia sonrió y supo, en ese momento, que había llegado a casa.

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Elisa Patico
aaaaaa por que Megan es tan comprensiva 😭 quiero no quererla y le guardo un poco de resentimiento porque yo quería un Andrés x Lian, osea yo sé que no es su culpa y no ha hecho nada malo, pero aaaaaaaaa no lo puedo evitar. Sé que ella no se metió entre ellos dos ni nada, pero aaaaaaaaaaaaa, es tan confuso lo que siento, culpo a la autora 😖
Elisa Patico
ya lo ves, la vida es así, tu te vas y yo me quedo aquí 🎶😭
Elisa Patico
es que por queeeeee 😞 si se por que pero por queeeeee 😭
Warriorgame
Es por esto que debía aceptar voluntariamente en vez de lo que pasó. No cualquiera soporta eso.
Yinet Leonor: Así es. Ser atleta de alto rendimiento conlleva sacrificios a niveles que los espectadores nunca ven.🤷
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Warriorgame
La verdad, debieron preguntarle primero.
Yinet Leonor: Sí, por suerte a Lían le gusta lo suficientemente como para no resentir esa decisión de los adultos 😊
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Elisa Patico
Cada vez que leo sobre Andrés, me duele un poquito. Gracias a Dios nunca me ha pasado lo de él, de amar a alguien en silencio, desde la distancia y ver cómo es feliz con alguien más, pero si he tenido desamores y si eso ya duele, no me imagino lo que vive él. Ojalá pueda encontrar a alguien que lo ame de la misma manera, con quién no se tenga que esconder y que lo acepte tal y como es ❤️ de pronto en la universidad?
Yinet Leonor: Paciencia 🤣🤣🤣🤣🤣
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Marita Peña
YA LO ENTENDERAN
Yinet Leonor: Claro que sí. Cuando crezcan.
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Marita Peña
EXACTO SON AMORES DIFERENTES
Yinet Leonor: Exactamente y el corazón tiene capacidad ilimitada para amar.
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Marita Peña
ES COMPLEJO SON ADOLESCENTES Y ESTAN CELOSOS HASTA CAPITAN ESTA CELOSO
Yinet Leonor: Así es, los dos han sufrido traumas y ven en Noelia su personas segura.😊
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Marita Peña
CAPITAN ES BRAVO 🤣🤣🤣
Yinet Leonor: 🤣🤣🤣🤣🤣Sí y muy territorial🤣🤣🤣🤣🤣
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Warriorgame
Ya dijo que no lo hará. No parece que tenga malas intenciones.
Yinet Leonor: A esa edad la seguridad es muy importante. Naturalmente los temores salen a flor de piel.🤷
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Elisa Patico
son cosas que van a ir comprendiendo con el tiempo, a medida que crecen y van madurando
Yinet Leonor: Claro.🤷
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Elisa Patico
jajajajaja vaya forma de romper el hielo
Yinet Leonor: Es un hombre con sentido del humor 🤣🤣🤣
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Aniramairos
Es increíble que muchos piensen (no solo los adolescentes), que si ya pasas de cierta edad no puedes amar, tener emociones o lo peor, tener relaciones sexuales, lo que yo puedo decirle a las personas que piensan así es que se ocupen de sus vidas y dejen ser feliz a los demás 🤭.
Yinet Leonor: Exactamente porque el amor no tiene edad 😊
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Aniramairos
En las cosas del amor es normal sentir nervios y mariposas en el estómago, sin importar la edad que tengas 🤭.
Yinet Leonor: Así mismo 😊
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Elisa Patico
pequeños bribones 🤣 y que harán cuando se vayan a la universidad? o formen su propia familia? 🤣 ella más que nadie tiene derecho a volver a darse un chance en el amor, ustedes no siempre van a estar ahí, tarde o temprano se irán y haran su propia vida
Yinet Leonor: Totalmente de acuerdo, pero quién se lo explica a dos adolescentes inseguros 🤣🤣🤣🤣
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Warriorgame
Espero que no busquen enfermarse intencionalmente pensando en que pueden tomar medicinas y que sólo sea una frase romántica.
Yinet Leonor: No, claro que no piensa en enfermar. Solo quiere dejar claro sin romanticismo que estar a su lado implica apreciar cada instante de la vida más allá del pensamiento convencional.
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Elisa Patico
para que periódico 🤣 para que redes sociales 🤣 si te puedes enterar más rápido con Amparo
Yinet Leonor: 🤣🤣🤣🤣🤣 Así mismo. Tiene alma de periodista 🤣🤣🤣🤣🤣
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Warriorgame
Pues con cincuenta ya no es tan joven. Si quiere iniciar algo, que no se demore.
Yinet Leonor: No al contrario con esa edad se valoran las cosas importantes y la prisa se destierra de la lógica.🤷
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Elisa Patico
siempre, sin importar la edad, deberías buscar a alguien con quien compartir la vida, cualquiera te la puede cambiar, pero no cualquiera esta dispuesto a caminar a contigo a tu lado
Yinet Leonor: Así es y un poco de soledad no hace mal, pero mucha nos mata el alma
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