Aurelia Rose Everhart lo tenía todo: sangre imperial, belleza y un futuro prometedor. Sin embargo, detrás de las paredes del palacio se escondían conspiraciones, traiciones y personas que deseaban verla desaparecer.
A los diecinueve años, Aurelia es acusada de traición y condenada a muerte. Pero cuando abre los ojos después de morir, descubre que ha regresado al pasado, al momento en que tenía apenas ocho años.
Con todos los recuerdos de su primera vida intactos, Aurelia decide que esta vez no será una princesa manipulada por los demás.
Esta vez cambiará su destino.
Aprenderá magia, construirá alianzas, descubrirá los secretos de su familia y se enfrentará a aquellos que algún día la traicionarán.
Porque Aurelia ya no quiere simplemente sobrevivir.
Quiere convertirse en la mujer que gobierne el Imperio de Elarion.
Pero cambiar el destino tiene un precio...
Y quizá, entre conspiraciones, magia y una peligrosa historia de amor, Aurelia descubra que su primera vida escondía secretos mucho
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Capítulo 18 — El viaje hacia el norte
Tres días después de la batalla en la capital, Aurelia partió hacia el norte.
El emperador había enviado un pequeño grupo de soldados, pero la princesa decidió viajar solamente con Adrian, Kael, Elias y algunos caballeros de confianza.
—¿Estás segura de esto? —preguntó Adrian mientras subía al carruaje.
Aurelia miró por última vez el Palacio Imperial.
—Sí.
—Podríamos esperar refuerzos.
—No tenemos tiempo.
Kael apareció detrás de ellos.
—Raven probablemente ya está buscando el corazón de Elara.
Aurelia asintió.
—Y si lo encuentra antes que nosotros, tendrá suficiente poder para reconstruir la Corona Original.
Elias subió al carruaje.
—Entonces debemos llegar primero.
El viaje comenzó.
Durante los primeros días atravesaron bosques, pequeños pueblos y montañas.
Aurelia observaba el paisaje desde la ventana.
Era extraño.
En su primera vida había recorrido esos mismos caminos, pero nunca había visto realmente su belleza.
Había estado demasiado preocupada por sobrevivir.
Ahora todo parecía diferente.
—¿En qué piensas? —preguntó Kael.
Aurelia lo miró.
—En mi primera vida.
Kael guardó silencio.
Después de que Aurelia le contara la verdad, todavía no había preguntado demasiado.
—¿Era muy diferente?
—Sí.
—¿Y yo?
Aurelia sonrió.
—Tú estabas conmigo.
Kael abrió los ojos.
—¿De verdad?
—Sí.
—Entonces supongo que no lo hice tan mal.
Aurelia soltó una pequeña risa.
—No.
Después su expresión se volvió triste.
—Pero al final...
Kael esperó.
—¿Qué ocurrió?
Aurelia miró por la ventana.
—Te perdí.
Kael bajó la mirada.
—Lo siento.
—No fue culpa tuya.
—Quizá esta vez sea diferente.
Aurelia lo miró.
—Lo será.
Kael sonrió.
—Entonces prométeme algo.
—¿Qué?
—Que si llega un momento en el que tengas que elegir entre salvarme o salvar el imperio...
Aurelia frunció el ceño.
—No me pidas eso.
—Aurelia.
—No.
Kael insistió.
—Prométemelo.
Ella negó con la cabeza.
—Encontraré una tercera opción.
Kael sonrió.
—Sabía que dirías eso.
Al quinto día llegaron a un pequeño pueblo.
Los habitantes estaban aterrados.
Las casas tenían las puertas cerradas.
No había niños jugando en las calles.
Ni comerciantes.
Ni viajeros.
Aurelia bajó del carruaje.
—¿Qué ocurrió aquí?
Un anciano salió de una casa.
—¿Son soldados imperiales?
—Sí.
El hombre respiró aliviado.
—Entonces llegaron tarde.
Aurelia frunció el ceño.
—¿Qué sucedió?
El anciano señaló las montañas.
—Algo salió de allí.
—¿Qué cosa?
—No lo sabemos.
—¿Cuándo?
—Hace dos noches.
Aurelia miró las montañas.
—¿Desapareció alguien?
—Siete personas.
Kael se acercó.
—¿Dejaron algún símbolo?
El anciano asintió.
—Un círculo negro.
Aurelia sintió un escalofrío.
—La Orden del Eclipse.
Elias negó.
—No necesariamente.
—¿Qué quieres decir?
—Raven utiliza el símbolo del Eclipse, pero eso no significa que todos los ataques sean de la Orden.
Aurelia observó las montañas.
—Entonces debemos descubrir qué hay allí.
Adrian suspiró.
—¿Por qué siento que siempre terminamos entrando en lugares peligrosos?
Aurelia sonrió.
—Porque eres príncipe.
—Eso no tiene sentido.
—Para mí sí.
Subieron la montaña antes del anochecer.
El camino estaba cubierto de nieve.
Kael iba delante.
—Hay huellas.
Aurelia se acercó.
Eran huellas humanas.
Pero también había otras.
Más grandes.
—¿Qué criatura dejó esas marcas?
Elias observó el suelo.
—No es una criatura.
—¿Entonces?
—Es magia.
Aurelia se agachó.
Las huellas comenzaron a desaparecer frente a sus ojos.
—Alguien está ocultando su presencia.
Kael levantó su espada.
—Entonces no estamos solos.
Un ruido surgió entre los árboles.
Adrian preparó su magia.
—¿Quién está ahí?
Nadie respondió.
Entonces una flecha atravesó el aire.
Kael la desvió.
—¡Nos atacan!
Decenas de figuras aparecieron entre los árboles.
Aurelia reconoció sus ropas.
No eran soldados.
Eran guardianes.
Y llevaban el símbolo de Elara.
Una mujer dio un paso adelante.
—¿Quiénes son?
Aurelia levantó las manos.
—Venimos buscando el corazón de Elara.
Todos los guardianes apuntaron sus armas.
La mujer abrió los ojos.
—¿Quién te habló de eso?
Aurelia mostró la Corona del Equilibrio.
La mujer cayó de rodillas.
—La heredera...
Los demás hicieron lo mismo.
Adrian miró sorprendido.
—Esto se está convirtiendo en una costumbre.
Aurelia se acercó.
—¿Pueden llevarme hasta la ciudad?
La mujer levantó la mirada.
—Sí.
—¿Quién eres?
—Mi nombre es Lyra.
—¿Eres la líder?
—Soy la última guardiana de Elara.
Aurelia se quedó inmóvil.
—¿La última?
Lyra asintió.
—Todos los demás murieron protegiendo el corazón.
Kael preguntó:
—¿De quién?
Lyra miró hacia el cielo.
—De alguien que lleva mucho tiempo esperando que regreses.
Aurelia sintió un escalofrío.
—¿Raven?
Lyra negó.
—No.
—Entonces, ¿quién?
La guardiana respondió:
—La persona que provocó tu primera muerte.
Aurelia quedó completamente inmóvil.
Su corazón comenzó a latir con fuerza.
—Eso es imposible.
Lyra la miró.
—No lo es.
—¿Está viva?
—Sí.
Aurelia apretó los puños.
—¿Quién?
Lyra señaló la montaña.
—La mujer que fue tu madre.
Aurelia abrió los ojos.
—¿Seraphine?
Lyra negó lentamente.
—No.
—¿Entonces quién?
La mujer respondió:
—La verdadera emperatriz.
Aurelia sintió que el mundo se detenía.
—¿Mi madre no era la emperatriz?
Lyra sacudió la cabeza.
—Seraphine usurpó el trono hace muchos años.
Aurelia retrocedió.
—Entonces...
Lyra la miró con tristeza.
—Tu verdadera madre sigue viva.
Aurelia no podía hablar.
Durante toda su vida había creído conocer su familia.
Ahora descubría que incluso su propia madre era una mentira.
Y detrás de aquella montaña estaba la mujer que había dado origen a su sangre.
La mujer que quizá conocía toda la verdad sobre su primera muerte.
La mujer que podría enseñarle cómo convertirse realmente en emperatriz.