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Eres Mi Perdición, Tío De Mi Ex

Eres Mi Perdición, Tío De Mi Ex

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Romance
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: MisterG028

Helena Fiallet creía que lo peor que podía pasarle era descubrir la traición de Sebastián. Lo que no imaginaba era que, una noche, terminaría en los brazos de otro hombre.

Benjamin Scott quién parecía un error del que debía olvidarse… hasta que volvió a aparecer en su vida.

Y entonces Helena descubrió la verdad: Benjamin era el tío de Sebastián.

Lo que comenzó como una noche equivocada pronto se convirtió en una atracción imposible de ignorar. Porque cuanto más intenta alejarse de Benjamin, más descubre que aquello nunca fue un error.

Y ahora deberá decidir qué es más peligroso: enamorarse del hombre equivocado o descubrir que quizá siempre fue el correcto.

NovelToon tiene autorización de MisterG028 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Solo placer

El auto se detuvo frente a la casa de los Fiallet en completo silencio. Benjamin llevaba todo el trayecto con la mandíbula apretada y la mirada fija en la carretera, como si cada semáforo en rojo fuera una ofensa personal. Helena lo observaba de reojo, confusa. Habían pasado la tarde juntos, habían comido, habían hablado… y de pronto esa pared de hielo había vuelto a levantarse entre los dos.

Cuando el vehículo se detuvo, ella esperó un segundo. Esperó un beso, una caricia, siquiera una explicación. En cambio, Benjamin solo inclinó apenas la cabeza.

—Adiós.

La palabra cayó como una losa. Helena parpadeó, abrió la puerta y bajó sin decir nada. El auto arrancó en cuanto cerró. Se quedó un momento en la acera, mirando las luces traseras desaparecer en la oscuridad, sin entender qué había hecho mal.

Entró a casa en silencio. Robert y Louis ya dormían. Subió a su habitación, se quitó la ropa como si pesara toneladas y se metió bajo las sábanas. Esa noche no esperó ningún mensaje. Cerró los ojos y se obligó a dormir.

Al día siguiente, el teléfono vibró sobre la mesita de noche. Helena lo desbloqueó con el corazón un poco acelerado.

Buenas noches. Enviado la noche anterior a las 23:47.

Solo eso. Dos palabras. Ni una explicación. Ni una pregunta. Helena se quedó mirando la pantalla un largo rato antes de dejar el teléfono otra vez sobre la cama.

En la universidad el aire olía a café y a hojas secas. Allie y Antonia la esperaban en su lugar de siempre, bajo el árbol grande del patio central. En cuanto la vieron, Allie levantó una ceja.

—Llegas con cara de quien no durmió… o de quien durmió demasiado bien. ¿Qué pasó?

Helena se dejó caer en el banco de piedra. El secreto le quemaba la garganta desde hacía días. Ya no podía más. Respiró hondo, miró a ambos lados para asegurarse de que nadie estuviera lo suficientemente cerca, y habló.

—Estoy viendo a alguien.

Antonia se inclinó hacia adelante, interesada.

—¿Quién? ¿Por fin alguien decente después de Sebastian?

Helena tragó saliva.

—Benjamin. Benjamin Scott. El tío de Sebastian.

El silencio que siguió fue tan denso que hasta el viento pareció detenerse. Allie, la más liberal de las tres, se quedó con la boca entreabierta. Antonia se llevó ambas manos a la cara.

—¿Me estás jodiendo? —susurró Allie al fin—. ¿El mismo del café? ¿El de Oxford?

—Sí.

—Helena… —Allie bajó la voz, pero el tono era de puro incredulidad—. ¿Te estás acostando con el tío de tu ex?

Helena asintió, mirando el suelo.

—Es solo sexo. Nada más. Es imposible que sea algo más. No hay compromiso. No hay promesas. Solo… placer.

Antonia sacudió la cabeza, todavía procesando.

—Pero… ¿cómo empezó todo otra vez? Pensé que después de Londres no lo ibas a volver a ver.

Helena les contó lo del almuerzo en la mansión, la confrontación en el jardín, el baño del auditorio, el hotel, el apartamento. Les contó la conversación del día anterior: cómo él le había preguntado si regresaría con Sebastian, y cómo ella había respondido que era complicado. Y les contó también el silencio del auto, el adiós seco, la forma en que se había ido sin mirarla.

Allie se pasó una mano por el pelo, frustrada.

—No entiendo. Si según tú es “solo sexo”, ¿por qué se molesta cuando le dices que no sabes si volverías con Sebastian? La gente que solo quiere coger no se pone seria por esas cosas, Helena. Se encoge de hombros y sigue.

Antonia, que todavía creía en el amor a pesar de todo, habló más suave.

—Tal vez… tal vez te ama. O está empezando a amarte. Por eso le afectó.

Helena negó de inmediato, casi con miedo.

—Es imposible. No hay compromiso. Solo placer. Él no es de los que se enamoran. Todo el mundo dice que tiene el carácter de hielo. Nadie lo aguanta. Yo soy solo… una distracción.

Allie la miró fijamente y, de pronto, soltó con tono efusivo, casi furioso:

—Eres una perra.

Helena levantó la vista..

—¿Qué?

—Una perra —repitió Allie, con algo de emoción y euforia en su voz—. Te estás metiendo con el tío de tu ex. El mismo ex que te puso los cuernos, que te abofeteó y que ahora anda con Camila. Y encima dices que es “solo sexo” mientras él se pone de mal humor porque mencionas a Sebastian. Estás jugando con fuego por todos lados, Helena. Y lo peor es que ni siquiera te das cuenta. Pero esa es mi chica, la que se está vengando y de que manera del maldito ex.

Helena se tapó la cara con ambas manos. La voz le salió ahogada.

—Me siento tan mal… Si veo a Sebastian no sé cómo mirarlo a la cara. Cada vez que pienso en él, pienso en la bofetada, en el video, en Camila… y al mismo tiempo pienso en Benjamin. En cómo me toca. En cómo me mira. Y me odio por no poder detenerlo.

Antonia le puso una mano en la espalda, suave.

—Nadie te está juzgando por sentir placer, Helena. Pero esto… esto es un laberinto. Y cada día que pasa se vuelve más complicado salir.

Allie suspiró, más calmada, aunque todavía tensa.

—Mira, yo soy la última persona que va a decirte que no disfrutes. Pero ten cuidado. Porque si Sebastian se entera de que el “cualquiera” con el que te acostaste es su propio tío… no va a terminar solo con una bofetada. Y si Benjamin de verdad está empezando a sentir algo y tú sigues insistiendo en que es solo sexo… alguien se va a romper. Y no quiero que seas tú.

Helena bajó las manos. Los ojos se le habían llenado de lágrimas que se negó a dejar caer.

—Ya estoy rota —susurró—. Solo que todavía no sé en cuántos pedazos.

Las tres se quedaron en silencio bajo el árbol. A lo lejos, las campanas de la facultad marcaron la hora. Helena miró el teléfono una vez más. El mensaje de buenas noches seguía ahí, solitario, sin respuesta.

Y por primera vez, tuvo miedo de contestar.

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Kayra Villavicencio
Por cab*on calenturiento.
Kayra Villavicencio
Es un socio, ya me cae como patada en una tet*
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