NovelToon NovelToon
Bajo El Yugo Del Comandante

Bajo El Yugo Del Comandante

Status: En proceso
Genre:Romance oscuro / Suspenso
Popularitas:2.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

En la ciudad de Asque, el Comandante William rige con un puño de hierro que no conoce la misericordia. Tras años de guerra y traiciones, ha olvidado al niño que alguna vez juró proteger a una pequeña de ojos dulces. Evelyn, por su parte, ha crecido bajo la sombra de la tiranía, convirtiéndose en una mujer que arriesga su vida en los barrios bajos para salvar a los inocentes que el régimen de William castiga.

​Cuando Evelyn es capturada durante una redada rebelde, William queda cautivado por su mirada desafiante. Sin reconocerla, la convierte en su prisionera personal, desatando una obsesión oscura que lo consume. Ella odia al monstruo en el que él se ha convertido; él desea doblegar la voluntad de la única mujer que no le teme. Pero entre enfrentamientos y castigos, los ecos de una promesa de infancia comienzan a surgir, revelando que el hombre más temido de Asque es el mismo que juró ser su refugio.

NovelToon tiene autorización de Lobelia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 7

​El reloj de péndulo en el pasillo del ala norte acababa de marcar la medianoche. El eco de las doce campanadas se extinguió rápidamente, devorado por el silencio espeso que reinaba en la habitación de Evelyn. La luz de la luna, esa noche más esquiva, apenas lograba dibujar líneas pálidas sobre la alfombra clara.

​Evelyn estaba sentada en el suelo, apoyando la espalda contra el lateral de la cama con dosel. Su cuerpo se sentía alarmantemente liviano, como si estuviera perdiendo densidad con cada hora que pasaba sin probar bocado. La cabeza le daba vueltas si intentaba ponerse en pie con rapidez, y un frío pertinaz, que nacía desde el centro de sus huesos, la obligaba a mantenerse ovillada bajo la manta que William le había colocado la noche anterior —un detalle del que ella prefería no pensar demasiado para no flaquear—.

​El sonido de la cerradura al girar no la sorprendió. A esas alturas, sabía que la medianoche era la hora en que el Comandante abandonaba su papel de burócrata militar para descender a su jaula personal.

​William entró sin prisa. La puerta se cerró suavemente tras él, aislando de inmediato el cuarto del resto del mundo. No encendió las luces; la penumbra parecía ser su elemento natural. Se detuvo a unos pasos de ella, observándola con una fijeza que Evelyn sintió como una presión física en el pecho. Él seguía vistiendo su uniforme de diario, pero el cuello rígido estaba ligeramente desabrochado, rompiendo la simetría perfecta de su aspecto.

​—Sigues empeñada en desaparecer —dijo William. Su voz, un barítono bajo, cortó el silencio de la estancia sin llegar a romperlo—. Mis hombres me informan que el carrito de la cena ha regresado intacto. Al igual que el del desayuno. Y el del almuerzo.

​Evelyn levantó la cabeza despacio, sintiendo que el cuello le pesaba. Forzó una sonrisa débil, pero cargada de una dignidad inquebrantable.

​—Deberías cambiar de informantes, Comandante. O tal vez deberías empezar a escuchar lo que tus propios ojos te dicen. No tengo hambre de tu comida.

​William dio dos pasos largos y se detuvo justo frente a ella. Al agacharse para quedar a su altura, el olor a tabaco, lluvia y sándalo la envolvió de golpe. La cercanía del Comandante era abrumadora; su cuerpo irradiaba un calor que contrastaba violentamente con el frío que la consumía.

​—Lo que mis ojos ven es a una mujer que confunde la terquedad con el heroísmo —replicó él, sus facciones endurecidas por una mezcla de irritación y una profunda fatiga—. Estás pálida, Evelyn. Tus labios están secos y tus manos tiemblan. ¿De verdad crees que tu martirio silencioso va a ablandar mi corazón o a cambiar el destino de Asque? Te lo advertí: el mundo no se detiene porque tú decidas morir de hambre.

​—El mundo de Asque se detuvo hace mucho tiempo, William —respondió ella, forzando la voz para que no temblara—. Se detuvo el día en que decidiste que la única forma de gobernar a seres humanos era tratándolos como ganado. No busco ablandar tu corazón. Solo busco demostrarte que hay cosas que tu poder de hierro no puede comprar, ni doblegar, ni alimentar. Mi voluntad es mía.

​William soltó una risa corta, desprovista de humor, y se apoyó en una rodilla, reduciendo aún más la distancia entre ambos.

​—Tu voluntad es un lujo que solo puedes permitirte porque estás detrás de estas paredes, protegida por mí —dijo, señalando con un sutil gesto de su barbilla el ventanal—. Fuera de aquí, la libertad que tanto defiendes es solo una palabra bonita que los débiles usan antes de ser devorados. Asque es una fosa común de ambición y traición. Si no gobierno con terror, si no mantengo el orden a través del miedo, esta ciudad se destruirá a sí misma en una semana. El miedo es el único lenguaje universal que todos entienden. Es lo que mantiene los puentes en pie y las calles transitables.

​—El miedo es una prisión, no un orden —rebatió Evelyn, sintiendo que la indignación le devolvía por un instante las fuerzas perdidas. Sus ojos café brillaron con intensidad en la penumbra—. El orden que se construye sobre el sufrimiento de los inocentes no es orden, es solo una tiranía eficiente. La libertad no es un lujo, es la esencia de lo que somos. Si le quitas a la gente la capacidad de elegir, si los castigas por sentir compasión, los conviertes en monstruos como tú. Prefiero el caos de un pueblo que lucha por respirar que la paz de cementerio que tú has diseñado.

​William la miró en silencio, sus ojos azules fijos en los labios resecos de ella. Había algo en la vehemencia de sus palabras que parecía golpearlo físicamente, no porque lo ofendiera, sino porque reconocía en esa pasión una pureza que él mismo había poseído antes de que el mundo lo moldeara a golpes de acero.

​—El caos no alimenta a los niños, Evelyn —sentenció él, su voz bajando un tono, volviéndose peligrosamente suave.

​—La tiranía tampoco —replicó ella de inmediato—. Los alimenta de miedo y de pan rancio, mientras tú te sientas en tu trono de sangre.

​La tensión entre ambos llegó a un punto de no retorno. William apretó la mandíbula, y un brillo de pura frustración cruzó su mirada. Se levantó con un movimiento brusco, caminó hacia la mesa auxiliar de la habitación y tomó una jarra de cristal con agua fresca y un vaso de plata. Regresó a su posición, arrodillándose de nuevo frente a ella. Llenó el vaso con un sonido líquido que a Evelyn le pareció la tortura más refinada.

​—Vas a beber —ordenó William, extendiendo el vaso.

​—No —dijo ella, apartando el rostro.

​—No es una pregunta, Evelyn. No voy a permitir que te desvanezcas en mis manos. Si tengo que obligarte, lo haré.

​Evelyn apretó los labios y giró la cabeza hacia el lado contrario, pero su cuerpo debilitado no era rival para la determinación del Comandante.

​William dejó el vaso en el suelo a su lado y, con una rapidez quirúrgica, pasó su mano derecha por detrás del cuello de Evelyn. Sus dedos enguantados se cerraron con firmeza pero sin violencia alrededor de su nuca, sosteniéndola con una solidez que le impidió cualquier movimiento de escape. Con la otra mano, tomó el vaso de plata y lo presionó contra el labio inferior de ella, el metal frío contrastando con la fiebre de su piel.

​—Bebe —susurró él, su rostro a escasos centímetros del de ella, tanto que Evelyn podía sentir el calor de su respiración en la mejilla.

​El contacto físico fue como una descarga eléctrica que recorrió la columna de ambos de inmediato. La firmeza con la que él sostenía su nuca no era solo una demostración de fuerza, era una posesión íntima, un lazo que pareció congelar el aire en la habitación. Evelyn abrió los ojos de par en par, encontrándose directamente con la mirada de William. En ese azul gélido ya no había solo frialdad militar; había una tormenta de confusión, una urgencia que no tenía nada que ver con las órdenes o la disciplina.

​Ella intentó resistirse un segundo más, pero la combinación de su sed física, la firmeza de su agarre y la intensidad de ese contacto la obligó a ceder. Abrió ligeramente los labios y dejó que el agua fresca entrara en su boca. Bebió con avidez, pequeños sorbos que calmaron la sequedad de su garganta, mientras los dedos de William en su nuca se relajaban sutilmente, transformando el agarre firme en una caricia involuntaria que le erizó la piel.

​Cuando el vaso estuvo vacío, William lo retiró despacio, pero no la soltó de inmediato. Su mano permaneció un instante eterno acunando la base de su cabeza, sus pulgares rozando la piel suave detrás de su oreja.

​Ninguno de los dos habló. El silencio que se instaló en la habitación ya no era el silencio del miedo, sino un vacío cargado de electricidad, un espacio donde las respiraciones de ambos se mezclaban y donde el odio de ella y la obsesión de él parecían desdibujarse ante una verdad física que ninguno de los dos se atrevía a nombrar.

​William la miró, sus ojos descendiendo hacia su labio húmedo y luego regresando a los de ella. Por primera vez, el Comandante pareció vulnerable, atrapado en la red de su propia prisionera. Lentamente, como si estuviera despertando de un trance, retiró la mano de su nuca, sintiendo el frío del aire donde antes había estado el calor de su piel.

​Se puso en pie, recogió el vaso de plata con un gesto casi mecánico y dio un paso atrás, recuperando su distancia y su máscara de piedra.

​—Mañana habrá comida en tu mesa —dijo William, su voz ahora carente de la suavidad anterior, recuperando su tono de mando—. Y la comerás, Evelyn. Porque la próxima vez, no será solo agua lo que te obligue a tragar.

​Se dio la vuelta y salió de la habitación con paso rápido, dejando tras de sí un rastro de pasos apresurados que contrastaban con su habitual calma. Evelyn se quedó en el suelo, con el sabor del agua fresca en los labios y la piel de su nuca aún ardiendo por el contacto de sus dedos, sabiendo que la barrera entre el monstruo y el salvador se había vuelto peligrosamente delgada esa noche.

1
Celina Espinoza
💯💯💯
Fernanda
super 👍
Celina Espinoza
👏👏👏👏💯
celimar
💯💯👏👏
celimar
excelente 💯💯💯gracias por compartir
Fernanda
👍👍👍💯
Celina Espinoza
👏👏👏👏
celimar
👏👏👏🥰🥰💯💯
Fernanda
💯💯👍👍
Celina Espinoza
💯💯👏👏👏👏🥰🤭
Fernanda
🤭💯
Celina Espinoza
exelente capitulo 💯
Celina Espinoza
exelente capitulo 💯
Fernanda
muy bien 💯
Celina Espinoza
👏👏👏💯
Fernanda
💯💯👍
Fernanda
💯👍
Claudia Torres
me encanta tu historia .....quiero ver cómo will poco a poco va siendo ante ivy q emoción 💪💝😘😘💘
celimar
👏👏
Celina Espinoza
💯💯
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play