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Protege Mi Corazón

Protege Mi Corazón

Status: Terminada
Genre:Mafia / Amor eterno / Completas
Popularitas:66.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Vanesa Casarino

Elena Rossi, la princesa consentida de los Rossi, tras la disolución de la trinidad, busca un nuevo comienzo académico en Manhattan. Sin embargo, el pasado de los Rossi es un lazo de sangre imposible de cortar, y las mafias locales no tardan en rastrear sus pasos en Nueva York.

Para sobrevivir en este nueva etapa de su vida, Elena no estará sola. Cuenta con el amparo constante de Christopher Sterling, un frío y letal custodio profesional encargado de su seguridad perimetral. En medio de balaceras en callejones húmedos y persecuciones a alta velocidad, la estricta relación jerárquica y el protocolo de un contrato laboral por su padre empiezan a desmoronarse.

Entre la adrenalina del peligro y la soledad de las noches, un sentimiento profundo e indomable transformará a la heredera y a su sombra en un equipo indestructible y un amor que atravesará todas las barreras que les pondrá la vida en el camino.

NovelToon tiene autorización de Vanesa Casarino para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 7

El martes amaneció con una niebla densa que bajaba desde el río y se metía entre las torres de Manhattan, dándole a la ciudad un aspecto de película antigua

Me levanté con una energía totalmente renovada, sintiendo todavía el envión anímico que me había provocado la caja de recuerdos que me mandó Franco el día anterior. Acomodé las carpetas de cuero negro en el estante principal de mi biblioteca personal, justo al lado de los manuales de finanzas que venía usando para el posgrado. Verlas ahí, firmes y relucientes bajo la luz de la lámpara, me recordaba de dónde venía pero también me empujaba a demostrar de qué era capaz por mis propios medios, sin la sombra protectora de mi hermano o de Camilo

Me tomé el tiempo para vestirme con cuidado, eligiendo un traje de dos piezas en tono gris topo, una camisa de seda oscura y unos zapatos de taco medio que me daban una postura decidida para enfrentar la jornada

Al salir al pasillo a las ocho en punto, Christopher ya me estaba esperando con su habitual seriedad, pero noté un cambio sutil en su mirada, había una confianza más profunda entre nosotros, un entendimiento silencioso que se había consolidado después de haber compartido ese momento tan íntimo con los papeles de la familia

— Buenos días, señorita Elena — me saludó, dando un paso al costado con esa caballerosidad que nunca descuidaba — El coche ya está listo en el primer subsuelo. Revisé las alertas del Departamento de Transporte y la niebla causó algunas demoras en los accesos del puente principal, pero nuestra ruta por las avenidas del este se encuentra libre de incidentes

— Buenos días, Christopher — le respondí, entrando al ascensor mientras me acomodaba los puños del saco — Perfecto. Hoy no quiero perder ni un minuto, el profesor de gestión de capitales va a abrir las mesas de debate para el proyecto de fin de curso y necesito estar bien despierta para marcar la diferencia frente a los analistas de las otras firmas

El trayecto hacia el campus se desarrolló con una fluidez envidiable. El silencio dentro del vehículo ya no era esa barrera incómoda de las primeras semanas, sino un espacio de respeto donde cada uno estaba concentrado en su rol. Yo repasaba mentalmente las variables de riesgo para el mercado de bonos y Christopher mantenía los ojos fijos en el espejo y en los cruces de las calles, manejando con una suavidad que me permitía concentrarme sin distracciones

Al llegar a la universidad, estacionó con rapidez en la entrada lateral y bajó a abrirme la puerta, ofreciéndome su brazo de manera caballerosa para ayudarme a esquivar un charco grande que se había formado junto a la vereda

— La estaré esperando en este mismo sector a las trece horas, señorita Rossi — me indicó con una leve inclinación de cabeza antes de que yo cruzara la puerta de la facultad — Mantendré el teléfono abierto por cualquier cosa que necesite enviarme desde el aula magna

— Gracias, Christopher. Nos vemos a esa hora — le contesté, dedicándole una sonrisa sutil que él recibió con un brillo de aprobación en sus ojos oscuros

Las horas en el aula magna pasaron de una manera sumamente intensa. El debate fue un verdadero campo de batalla intelectual, los estudiantes, muchos de ellos empleados de los bancos más importantes de la zona de Wall Street, intentaron imponer sus teorías tradicionales sobre el manejo de carteras de riesgo. Sin embargo, cuando me tocó el turno de exponer, utilicé toda mi experiencia real en la auditoría de los muelles y la aduana de Chicago para demostrarles que los números de los manuales no siempre resistían el impacto de la realidad operativa

Mi intervención fue tan contundente que el profesor utilizó mis gráficos como ejemplo para el resto de la clase, lo que me generó una oleada de orgullo que me infló el pecho

Al salir de la facultad a la una en punto, la niebla se había disuelto por completo, dejando un sol radiante que calentaba los jardines del campus. Caminé por las escaleras con la carpeta bajo el brazo y una sensación de libertad que hacía meses no experimentaba

Christopher estaba firme junto al auto, con su traje oscuro impecable y esa postura recta que imponía respeto a cualquiera que pasara cerca. Al verme acercar con el rostro iluminado, sus labios dibujaron una mueca sutil que delataba su propia satisfacción por mi éxito

— Deduzco que la estructura de su argumentación volvió a dejar sin respuestas a los analistas de la competencia, señorita Elena — comentó con un tono bajo y respetuoso mientras me abría la puerta del asiento trasero

— Fue una excelente jornada, Christopher — admití, subiendo al coche y dejando la cartera a un lado — Logré que entendieran que la gestión de capitales no es una ciencia exacta y que la experiencia en el terreno vale más que cualquier teoría de oficina. Me siento con mucha energía hoy, la verdad

— Me alegra enormemente escuchar eso, señorita — respondió él, cerrando la puerta y ubicándose al volante para iniciar la marcha — ¿Desea que regresemos directo al departamento o prefiere que realicemos alguna parada antes de encarar las lecturas de la tarde?

— Vamos a pasar por el paseo de la costera norte, Christopher... Quiero caminar un rato al aire libre para bajar las revoluciones del debate antes de encerrarme a estudiar de nuevo — le ordené, mirando cómo el paisaje urbano de Manhattan se desplegaba ante nosotros con una claridad hermosa

El auto se detuvo cerca de un sector parquizado que miraba directo hacia el canal, un lugar donde el ruido de los motores se mezclaba con el graznido de las gaviotas y el murmullo del agua

Bajé del auto sintiendo el aire fresco de la tarde y empecé a caminar despacio por el sendero de cemento, disfrutando del sol que me daba de lleno en la cara. Christopher se mantuvo a unos metros por detrás, siguiendo mis pasos con una distancia prudencial pero con esa atención total que garantizaba la seguridad del perímetro en todo momento

Después de unos minutos de caminata, me detuve ante la baranda que protegía la orilla y miré la silueta de los barcos de carga que se movían lentamente en el horizonte. Christopher se adelantó un paso, ubicándose a mi lado con una actitud serena que me invitó a romper la formalidad del protocolo

— Este lugar me hace pensar mucho en los muelles del sur de Chicago, Christopher — comenté en voz baja, sin sacarle la vista al agua — Aunque acá todo sea más moderno y residencial, el movimiento de los barcos me recuerda las noches que pasábamos con Franco revisando los contenedores que entraban desde la aduana norte

— Es una asociación natural, señorita Elena — me contestó, cruzando los brazos con una postura tranquila — Las bases de su familia se construyeron sobre el control de esos movimientos marítimos. Es lógico que el río le traiga esos recuerdos, pero la diferencia es que ahora usted está mirando el paisaje desde una posición de total independencia académica y personal

— Es verdad... Y la verdad es que te tengo que agradecer, Christopher — le manifesté, dándome la vuelta para mirarlo fijamente a los ojos — Tus palabras de estos últimos días me ayudaron a ver las cosas desde otra perspectiva. Cuando salí de Illinois, sentía que mi vida se había terminado porque el equipo de los tres Rossi se había disuelto. Me sentía una presencia inútil, pero estar acá me está demostrando que puedo valerme por mí misma

Christopher me sostuvo la mirada con una seriedad absoluta, y por un instante, la rigidez de su uniforme de custodio pareció desaparecer por completo, dejando ver la calidez de un hombre que se preocupaba genuinamente por mi destino

— Usted nunca fue una presencia inútil, señorita Rossi — afirmó con una voz firme que me llegó hasta lo más profundo del corazón — Su valor no dependía de la presencia de Camilo o de su hermano, ellos eran más fuertes porque usted les cuidaba las espaldas desde la central. Ahora le toca utilizar esa misma inteligencia para su propio beneficio. Mi única tarea es ser su sombra y su amparo para que nadie se atreva a interponerse en ese camino

Sus palabras me dejaron sin palabras por unos segundos. Había una lealtad tan pura y una devoción tan real en su forma de hablar que sentí cómo la última pizca de esa depresión que me había acompañado desde Chicago se terminaba de disolver bajo el sol de la tarde neoyorquina. Ya no era la hermana solterona que miraba la felicidad ajena desde el rincón de la mansión, era Elena Rossi, una mujer fuerte, decidida y que empezaba a encontrar un apoyo fundamental en el hombre que mi padre había puesto para cuidarme las espaldas

Regresamos al auto en un silencio cargado de una complicidad nueva, un entendimiento mutuo que no necesitaba de contratos manuscritos ni de directivas de la gerencia para sostenerse. Christopher manejó de vuelta hacia el edificio de Manhattan con su tranquilidad de siempre, pero la atmósfera dentro del vehículo se sentía cálida, segura y llena de un amparo que me hacía ver el futuro con un optimismo que creía perdido

Al llegar al departamento, me despedí de él en el palier con una mirada larga que condensaba todo lo que no podíamos decir con palabras delante de las cámaras de seguridad del complejo

— Mañana la jornada arranca a las ocho, Christopher... Descansa, te voy a necesitar con la mente bien despejada para revisar los nuevos módulos de auditoría — le avisé con un tono suave pero firme

— A las siete y media estaré firme en esta puerta, señorita Elena... Que tenga una excelente tarde de estudio — me respondió con una inclinación de cabeza respetuosa, cerrando las puertas del ascensor mientras yo entraba a mi hogar con la certeza de que ya no estaba sola en esta inmensa ciudad.

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𝙄𝙧𝙞𝙨§♀️
Elena vamos para delante y mire la vida con otros ojos
𝙄𝙧𝙞𝙨§♀️
Ay no necesito un Christopher en mi vida 😍
𝙄𝙧𝙞𝙨§♀️
Ay no es el amor de mi vida. Lo amo 😍
𝙄𝙧𝙞𝙨§♀️
Creo que me enamore de ese hombre. Mira cuánta belleza y todo grandote 😍
𝙄𝙧𝙞𝙨§♀️
🤭🤭🤭 ay, eso es rápido
𝙄𝙧𝙞𝙨§♀️
🤭 seguro le tocará uno bien guapote🥰
Maria Gudiño
es una verdadera belleza 🥰
Veronica Araceli Salinas cabrera
al parecer este par ya decidieron estar juntos
KCCC
hermoso
mariel⚘️
linda novela 😘
mariel⚘️
🤭🤭🤭🤭😘😘😘😘hermoso bebe
mariel⚘️
😘😘😘😘😘😘😘
mariel⚘️
🤭🤭😘😘😘😘
mariel⚘️
🤠🤠😘
mariel⚘️
🤭🤭🤭🤭
mariel⚘️
👍👍
mariel⚘️
l😘
mariel⚘️
🤭🤭🤭
mariel⚘️
🤠🤭
mariel⚘️
👍
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