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El Precio De Tu Engaño

El Precio De Tu Engaño

Status: En proceso
Genre:Romance / Amante arrepentido / Embarazo no planeado
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Llona

Helena De la Vega está dispuesta a todo con tal de no presenciar el día más infeliz de su vida: la boda del hombre que ama con su propia hermana. Desesperada y sin medir las consecuencias, recurre a Leonardo de la Torre, su leal amigo de la infancia y el único hombre con el poder suficiente para desatar una tormenta de celos.
El trato es simple: fingir un romance apasionado frente a las cámaras de la alta sociedad.

NovelToon tiene autorización de Llona para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 19

La Basílica de San Miguel olía a incienso, lirios frescos y cera consumida. Bajo los imponentes arcos góticos, la crema y nata de la sociedad esperaba contenida expectación. El murmullo de los invitados era un zumbido constante, amortiguado apenas por los acordes graves del órgano de tubos que afinaba los primeros compases de la marcha nupcial.

Para Helena, no era una boda; era una ejecución pública.

De pie en el nártex de la iglesia, Helena ajustó los pliegues de su vestido de dama de honor. El diseño, seleccionado bajo la supervisión implacable de su madre, era de un raso seda en tono champán que parecía derretirse sobre su piel. El corte encorsetado le marcaba la cintura con rigidez, mientras que el escote barco dejaba al descubierto sus clavículas y la curva elegante de sus hombros. La seda era fría, pero por dentro, Helena ardía.

Las marcas invisibles que Leonardo había dejado en su cuerpo la noche anterior —el rastro de sus besos en la nuca y la presión de sus dedos en sus caderas— parecían latir con fuerza bajo la tela costosa.

—¿Estás lista, Helena? —preguntó su madre en un susurro nervioso, reacomodando el velo de Victoria unos metros más atrás.

Helena no respondió. Solo asintió, tomando su ramo de peonías blancas con dedos firmes.

Las pesadas puertas de roble se abrieron de par en par. La luz del mediodía inundó el pasillo central, proyectando una alfombra dorada hasta el altar. La música se elevó, sobrecogedora y solemne.

Helena dio el primer paso.

Avanzó con lentitud calculada sobre la moqueta roja, la barbilla en alto y la mirada fija en el frente. A lo largo de la nave central, cientos de rostros la observaban: aristócratas, empresarios, fotógrafos de prensa ocultos entre las bancas traseras. Podía sentir sus miradas escrutadoras, los murmullos sobre el escándalo del fin de semana y la alianza financiera que había sacudido al país.

Al fondo, junto al altar, aguardaba Mateo.

El exlucía un chaqué clásico impecable, pero su postura revelaba una tensión casi agónica. Estaba pálido, con la vista clavada en Helena a medida que ella se acercaba. En sus ojos no había la ilusión de un novio a punto de casarse; había pánico, arrepentimiento y una súplica desbordante. Al ver a Helena caminar con esa gracia majestuosa y distante, Mateo apretó los puños a los costados, consumido por la amarga certeza de que la había perdido para siempre.

Sin embargo, Helena no sentía nada al mirarlo. Ni rencor, ni lástima, ni nostalgia. Mateo era solo un figurante en una obra de teatro ajena.

Instintivamente, sus ojos pasaron de largo del altar y comenzaron a rastrear las bancas de la derecha. Buscaba al verdadero dueño del escenario.

Y lo encontró.

Leonardo estaba de pie en la tercera fila, en el lado de la familia de la novia. Destacaba entre la multitud como una sombra dominante e ineludible. Vestía un esmoquin de un negro impecable, la camisa blanca impoluta y la corbata de seda ajustada al cuello con una precisión militar. Su postura era de una compostura absoluta, pero la fijeza con la que la miraba encendió el aire entre los dos.

Sus ojos grises, oscuros como el metal pulido, se clavaron en los de Helena desde el momento en que ella pisó el pasillo. No parpadeaba. No disimulaba.

A medida que Helena avanzaba frente a su banca, la mirada de Leonardo descendió con una lentitud devoradora por la seda champán de su vestido, deteniéndose en el escote, en la curva de su cintura y en la forma en que el tejido se amoldaba a sus muslos con cada paso. Fue un recorrido visual tan denso, tan cargado de una posesividad carnosa y explícita, que Helena sintió que la boca se le secaba al instante.

Un estremecimiento involuntario le recorrió la espina dorsal. El pulso se le disparó contra el corsé, ahogándole el aliento. En mitad de una basílica sagrada, rodeada de cientos de personas y a unos metros de la boda de su hermana, la mirada de Leonardo la estaba desnudando con la misma intensidad salvaje con la que la poseía en la penumbra de su suite.

Al pasar a su lado, Leonardo inclinó milimétricamente la cabeza. Fue un gesto casi imperceptible para el resto del público, pero para Helena fue una orden implícita, un recordatorio de la cadena invisible que la mantenía unida a él.

Helena llegó a la grada del altar y ocupó su lugar en el lado izquierdo, girándose ligeramente hacia la nave central. Desde su posición elevada, podía ver a Mateo temblando a pocos pasos de ella, pero su vista volvía una y otra vez, de manera traicionera e inevitable, hacia la figura de Leonardo.

Entonces sonaron los acordes principales de la Marcha Nupcial. Todos los invitados se pusieron de pie y se giraron hacia la entrada para ver aparecer a Victoria, deslumbrante en un vestido de encaje y pedrería, del brazo de su padre.

Todos miraban a la novia.

Todos excepto Leonardo.

Él permaneció de pie, con el cuerpo ligeramente inclinado hacia el pasillo, pero sus ojos grises jamás abandonaron el rostro de Helena. Mientras Victoria avanzaba lentamente hacia un Mateo deshecho por los nervios, Leonardo mantuvo su atención fija en la dama de honor, dedicándole una sonrisa perezosa, mínima y profundamente oscura.

Helena apretó el tallo del ramo de flores hasta que los nudillos se le tornaron blancos. El pecho le subía y bajaba a un ritmo acelerado. Sabía que la ceremonia estaba a punto de comenzar, que el matrimonio de su hermana sellaría el destino de sus familias, pero en su mente no había espacio para el drama familiar.

A través del humo del incienso y el murmullo del órgano, Helena comprendió con una mezcla de vértigo y fascinación que el verdadero juicio de esa tarde no se estaba librando ante el altar. Se estaba librando en la batalla silenciosa de miradas con el hombre que la observaba desde la tercera fila; el hombre que había destruido su pasado, que controlaba su presente y que aguardaba pacientemente a que la ceremonia terminara para reclamar su premio.

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Arcadia Med Caudillo
no me gustó el final😭
Arcadia Med Caudillo
no entiendo como es posible que terminarán su matrimonio por esconder su embarazo donde está el amor qué Leonardo decía tenerle 😭
oscarlys cuero sebastian
va muy linda e interesante está novela me está gustando 🥰
Kookie: gracias por tu comentario❤️
total 1 replies
Yudith flores
Chanfle las letras pequeñas 🫣🫣 ahora pe....
Kayra Villavicencio
Eso pasa por no leer las letras chicas
Kayra Villavicencio
😳🫣🤨
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