NovelToon NovelToon
Nadie Me Dijo Cómo Dejar De Quererte

Nadie Me Dijo Cómo Dejar De Quererte

Status: En proceso
Genre:Reencuentro / Maltrato Emocional
Popularitas:200
Nilai: 5
nombre de autor: analysi

Hay amores que duelen más que cualquier golpe. Leo lo sabe bien: ama a una madre que lo abandonó, que lo eligió última vez, que lo cambió por un monstruo. Sobre el escenario aprende a llorar y reír bajo comando, pero fuera de él sigue siendo ese niño que espera en la puerta a que ella regrese. Cuando finalmente vuelve, Leo está dispuesto a perdonarlo todo. Pero el pasado no miente, y las heridas mal cerradas siempre sangran de nuevo. Esta es la historia de un hijo que aprendió a soltar, aunque le arrancaran el alma en el intento.

NovelToon tiene autorización de analysi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7: La carta que nunca debió llegar

Tres días después del reencuentro, Leo estaba en el set de filmación. Interpretaba a un soldado que regresaba a casa después de una guerra y encontraba a su esposa con otro hombre. Era un papel que le quedaba incómodamente natural. El director original, un hombre nervioso de nombre Claudio, no dejaba de repetir:

—Más dolor, Leo. Quiero ver dolor en tus ojos. Pero no furia. Dolor de ese que no se grita.

Y Leo lo daba. Lo daba tan bien que el equipo de cámara contuvo la respiración en cada toma. Al terminar la escena, una asistente de producción se acercó con un sobre blanco entre las manos.

—Esto llegó para ti hace una hora —dijo, casi con timidez—. No tiene remitente.

Leo tomó el sobre. Era grueso, de papel caro, y olía vagamente a un perfume que le heló la sangre. Lo reconoció al instante. Era el mismo aroma que envolvía los abrazos que nunca recibió de niña: un perfume barato de flores blancas que Valeria usaba porque decía que "la hacía sentir elegante".

No abrió el sobre allí. Se encerró en su camerino, un espacio pequeño pero íntimo con un espejo rodeado de luces. Sus manos temblaban mientras rompía el sello. Dentro había una carta escrita a mano, con una letra temblorosa que apenas podía contener los renglones.

"Querido Leo:

No sé si esta carta te encontrará bien. No sé si tienes derecho a leerla siquiera. Pero desde que te vi en esa fiesta, no he podido dormir. Eres tú. Mi hijo. El que dejé ir. No te escribo para justificarme, porque no hay justificación para lo que hice. Solo quiero que sepas que he pensado en ti cada día. Cada maldito día.

Fabián se fue. Lo eché después de que me rompió tres costillas. Sé que no te importa, pero ya no soy la mujer que te abandonó. He ido a terapia. He trabajado. Y ahora que te encontré, solo pido una oportunidad. Una sola. Una cita. Un café. Media hora para mirarte a los ojos y decirte lo mucho que lo siento.

Si no quieres verme, lo entenderé. Pero si hay una mínima parte de ti que quiera intentarlo, estaré mañana en el café La Rosaleda, a las 4 de la tarde. No te obligo a nada. Solo prometo escucharte.

Con todo el amor que nunca supe darte,

Valeria."

Leo leyó la carta una vez. Luego otra. Y otra. Las palabras se difuminaban por las lágrimas, pero no las dejó caer. Las contuvo con una fuerza que le dolía en el pecho.

—Miente —dijo en voz baja—. Tiene que estar mintiendo.

Pero su corazón no quiso escuchar a su cabeza. Ya estaba imaginando la escena. Llegar al café. Verla sentada, nerviosa, quizás con las manos retorciendo una servilleta. Pedir un té. Escuchar su versión. Y al final, abrazarla. Un abrazo que tardó quince años en llegar.

Guardó la carta en el bolsillo de su chaqueta y salió del camerino. Héctor lo esperaba al final del pasillo, con los brazos cruzados y una expresión que Leo conocía demasiado bien.

—¿Qué es eso que guardaste?

—Nada —respondió Leo, esquivándolo.

—No me mientas. Huelo una trampa a kilómetros, muchacho. Te conozco.

Leo se detuvo. Dio media vuelta y lo enfrentó.

—Es mi madre. Me escribió. Quiere verme. Y voy a ir.

El rostro de Héctor se endureció.

—¿Mañana a las cuatro? ¿En La Rosaleda?

—¿Cómo lo sabe? —preguntó Leo, desconcertado.

—Porque hace dos horas, un hombre de aspecto turbio entregó esa carta en la puerta de la productora. Y la seguridad lo siguió hasta un coche donde lo esperaba Fabián.

Leo sintió que el suelo se movía.

—Fabián no está con ella. La carta dice que lo echó.

—Las cartas mienten, Leo —dijo Héctor con una tristeza infinita—. Y las madres también. A veces más que nadie.

El joven actor apretó los puños. Tenía dieciocho años recién cumplidos, pero en ese momento se sintió de diez otra vez: confundido, asustado y con un solo deseo imposible.

—Aunque sea una trampa —susurró—. Tengo que ir.

—Lo sé —respondió Héctor, y le puso una mano en el hombro—. Por eso iré contigo.

1
Tatiana Eljaiek
parece un buen giro veamos que sigue
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play