Esta es la historia de Glenn, un joven criado en la forja, que narra su historia desde sus origenes.
Debera afrontar retos y malos presagios que deparan en su vida, ademas desvelara los secretos y corrupción que existe en el reino magico de Magnolia, para así luchar por consolidar y crear un mundo donde la magia cumpla su verdadero propósito.
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◇Primeras Esquirlas◇
No sé en que momento sucedió, sin embargo, siempre tengo presente lo que aquellas esquirlas brillantes me hicieron sentir la primera vez que las vi nacer de los metales que mi padre trabajaba en su taller, pareciendo estrellas fugaces capaces de cumplir cualquier cosa si eras capaz de grabar su magia antes de que estas fuesen consumidas por su propio brillo.
Mi padre ha trabajado como herrero desde que tiene uso de la razón, proviniendo de un linaje de herreros los cuales no tienen un origen claro, pero lo que si tenía presente es que él estaba hecho para darle tanto poder como vida a las piezas y herramientas que elaboraba de manera cuidadosa, diligente, creativa y apasionada, día tras día.
Él se llama Gonzalo, es un hombre alto que se encuentra en sus 30's, de cabellera café castaño qué le llega hasta los hombros, el cual se lo amarra a manera de que le quede una cola de caballo para que no le moleste en el trabajo. Tiene una barba corta y es de complexión fornida, usa un mandil de cuero pesado negro y un guante solo en su mano derecha qué es la dominante.
Sus brazos están bastante definidos y algo musculados, lleno de cicatrices, cortes y quemaduras donde parece que algunas fueron hechas en su oficio y otras que fueron en circunstancias que no son muy claras.
Cuando yo era pequeño me gustaba acompañarlo a observar como trabajaba, esperando la oportunidad en que me dejara sostener las herramientas de trabajo y pudiese hacer lo mismo que él, y aunque yo era corto de edad, tenia bastante claro los motivos por los cuales yo deseaba conocer más acerca del oficio de la herrería, pero al verlo sonreír y a la vez estando inmerso en lo que hacía me pregunte ¿por qué le gusta hacer esto siempre? Por lo que aquella vez le pregunté a mi padre:
-Papá ¿Por qué te gusta ser herrero? nunca te veo cansado y cuanto más golpeas el martillo contra el yunque, más parece que lo disfrutas.
Mi padre se paró en seco dejando de hacer lo que estaba haciendo, tenía una expresión de asombro en el rostro pareciendo que no esperaba mi pregunta, y suspiro mientras se alejaba del yunque donde se hallaba haciendo lo que para mí era una baratija, volteo a ver hacia donde me encontraba y se acercó a mí hasta ponerse en cuclillas para ponerse a mi altura y él me respondió:
-Glenn, cuando una persona disfruta lo que hace aun siendo su oficio, créeme que el cansancio parece nunca llegar cuando se empieza. Además, no sé exactamente como explicarlo, pero cuando trabajo los metales que me llegan, siento como su esencia pasa a través de mí y me piden que les dé forma, que les dé vida.
Lo miré con extrañeza y confusión, porque no comprendía exactamente a que se refería mi padre, incluso de no haber sido que lo acompañe todo el día, juraría que estaba ebrio. Pero su mirada lo decía todo, sus ojos brillaban con la luz de la honestidad y su sonrisa segura no me dejaban cabida de duda ante su respuesta.
Voltee a ver hacia el yunque donde estaba trabajando mi padre y camine hacia ahí, mi padre solo se quedó observándome de pie esperando a que yo hiciera algo. Había por encima un mazo de trabajo y un lingote delgado que media algunos 13 centímetros de largo, era un metal de color rojo carmín, quería tocarlo, así que gire mi mirada otra vez hacia mi padre y él estando de brazos cruzados, recargado en la pared simplemente hizo un gesto de aprobación mientras sonreía curioso esperando que yo hiciera algo.
Extendí mi pequeña mano para tomar el lingote, creo que ni siquiera lo había tocado como tal con mi piel, pero se sentía tibio, atreviéndome a tocar aquel lingote sentí como si este latiera, sentí confort al sostenerlo como si esa pieza de metal inerte, me invitara a darle forma. Estaba anonadado, mi corazón sentía que latía muy fuerte, se me iba a salir del pecho de tanta emoción.
- ¡Está vivo!, no sé que es esta sensación, pero papá, el metal está vivo y, y, y... nunca había sentido esto, cuando lo toco siento como si algo saliera de él y lo compartiera conmigo.
Mi padre estaba muy sereno, parecía que ya sabía cuál sería mi reacción, por lo que solo atino a decir:
-Eso que sientes, es magia Glenn, este mundo está lleno de eso que sientes en tu mano, pero los seres vivos e incluso aquellas cosas que parecen no estarlo, tienen poder dentro de sí y solo aquellos que sabemos valorarlo podemos sentirlo hasta en lo que se cree no debería estarlo.
Mi padre caminó hacia mí tomándome del hombro y tomo de entre todas las herramientas que estaban colgadas arriba del taller cerca del fogón un pequeño mazo plateado que parecía prácticamente recién hecho y me lo dio en la mano, mientras yo no podía hacer otra cosa más que sonreír y tener los ojos llorosos por la emoción.
-Creo que estás listo para que empieces tu propio camino hacia la herrería Glenn, pero primero aprende conmigo y ya luego haz lo que quieras.
-¡Claro que si ¿cuándo empezamos?!
-Ja, ja, ja, no comas ansias mi pequeño aprendiz, aún tienes mucho que aprender, creo que demasiado diría yo. Pero, primero vayamos a comer, tu madre ya ha de estar malhumorada porque la dejamos plantada para la hora de la comida por estar aquí en el taller todo el santo día.
Ambos nos preparamos para salir del taller qué estaba a unos 15 metros de nuestra casa, mi padre fue el primero en salir corriendo del taller, en cambio, yo aunque tenía prisa, no solté ni mi nuevo martillo de trabajo y me quedé con el lingote que había quedado a medias para luego seguir los pasos de mi padre hacia la casa.
La casa donde vivíamos no era grande ni lujosa, simplemente era una construcción de concreto y piedra labrada pintada de color celeste, poseía un tejado de paja con madera y unas ventanas medianas qué permitían ver las casas de los otros vecinos y lo que sucedía en el alrededor, ya que habitábamos en el pueblo Carmesí, llamado así por los hermosos atardeceres y amaneceres que pintan el cielo de tonos anaranjados y rojizos que ocasionalmente son puramente rojo carmesí.
El pueblo está ubicado al sureste del reino de Magnolia, justo en el borde del continente que topaba con el mar abierto, nuestro poblado no era muy grande y casi nos conocíamos entre todos, éramos unos 100 o 150 habitantes, casi todos dedicados al campo, herrería y minería, ya que cerca de nuestro pueblo hay mucha materia prima y piedras preciosas para esos campos de trabajo, y al ser casi toda la zona de pradera, era excelente para trabajar sin inconvenientes.
-¡Querida ya llegamos!, estamos listos para comer...
Dijo mi padre sin un atisbo de vergüenza, pero sí con algo de temor por ser regañado. Mi madre pese a tener la mesa lista con la cena, ya que para la hora en que habíamos entrado era más noche que tarde, ella aún se encontraba en la cocina, preparando algo dentro del horno, que olía bastante dulce y por supuesto delicioso pese a que no podía ver que estaba cocinando.
Mi madre es una mujer delgada de mediana estatura, ojos rojos, de cabellera blanca y larga que llegaba poco mas abajo de su cintura, su piel era bastante clara y poseía muy buena figura con grandes atributos. Usa un vestido ligero de color violeta.
-Mamá, huele muy rico ¿Qué hay dentro del horno?
Mi madre quitándose los guantes de cocina, mirándome fijamente mientras me acompañaba a la mesa simplemente dijo:
-Es una sorpresa nene, hoy es un día especial y para que se mantenga la magia de lo que prepare, debes esperar tan solo un poco. ¿Vale?
Después de decir eso soltó una sonrisa y una mirada tan cálida, de esas que solo una madre puede dedicarle a un hijo al que ama con todo su ser. Una vez sentados todos en la mesa empezamos a comer el estofado de carne qué mi madre hizo, pero se me hacía muy sospechoso, porque este día estaba yendo bien, demasiado bien diría yo.
Primero mi padre me deja por fin formar parte del taller y tener mi propio martillo, luego mi madre prepara mi comida favorita y está preparando algo sumamente dulce y genial dentro del horno. No me di cuenta de que mientras pensaba lo anterior, mi cara reflejaba a kilómetros que yo estaba sospechando de algo, por lo que mi madre pregunto:
-Glenn, ¿está todo bien?, ¿no te gusto la comida?
Reaccione con sorpresa al sentir que se daban cuenta de que estaba analizando demás las cosas.
-Ay mamá, lo siento, qué pena, no es eso. Es solo que... /no pude evitar sonreír mientras le respondía/ este ha sido un muy buen día y no sé cuál es el motivo.
Mi padre empezó a soltar una carcajada mientras bebía vino que acompañaba con la comida, me contesto:
-Parece que te la has vivido en las nubes el día de hoy, creo que ya es momento de que se lo enseñes Sandra.
Con un tono de complicidad, mi madre le respondió de manera pícara:
-Sí, vamos a traerlo a la realidad con eso, ji, ji, ji.
Con mucha prisa y dando algunos brincos cortos como si fuera bailarina fue por esa sorpresa a la cocina, escuchándose como movía alguna indumentaria de cocina de metal, cristal y demás. Hasta que mi padre chasqueo los dedos de su mano izquierda y todas las velas qué iluminaban la casa se apagaron de manera instantánea, generando me intriga y poniéndome los pelos de punta solo atine a decir:
-Oigan, que ocurre, esto ya me está dando miedo. ¿Qué hacen?
Nuevamente, se escuchó un chasquido de dedos, y toda la luz en la casa regreso de golpe. Enfrente de mí yacía un hermoso pastel de un nivel, se veía sumamente delicioso y sospechaba qué era de sabor chocolate por el color café oscuro que tenía y el aroma hipnótico que me invitaba a comérmelo entero. En medio había una vela color blanco con ojos rojos, la cabeza del mismo parecía que escupía fuego, ya que abría el hocico hacia arriba.
Lo había olvidado, hoy era mi 13vo cumpleaños...
-Feliz cumpleaños Glenn, gracias por ser nuestro hijo/Dijeron mis 2 padres mientras me acompañaba uno en cada lado mío/sopla fuerte a la vela y pide un deseo.
Estaba tan conmovido que no pude hacer más que pedir mi deseo entre lágrimas y sintiéndome desbordado de felicidad:
-Deseo que estos momentos jamás terminen y siempre estemos felices juntos.
Así que procedí a soplar la vela y mis padres me abrazaron cálidamente durante un momento que me hubiera gustado que jamás se acabará. Una vez más tranquilo, empezamos a comer el pastel y cuando iba a la mitad de este, mi madre una caja pequeña, la dejo enfrente de mí y espero pacientemente a que la abriera, mientras que mi padre quedo extrañado por el gesto y quedo curioso a la expectativa de saber que era:
-Oye Sandra, ¿que le diste al muchacho?
-Nada que te incumba, es su regalo de cumpleaños él tiene que saber primero.
-Pero habíamos acordado que ese martillo junto con el pastel sería su regalo, así que por eso no me esperaba ese gesto que le diste.
-Es algo que mi padre me dio antes de fallecer, Gonzalo, y creo que es momento de que su nieto lo tenga.
Mientras mis padres hablaban, nos les preste atención realmente, así que con mucho cuidado empecé a abrir el regalo, y al ver su contenido observo que hay un cristal que pareciera ser un trozo de cuarzo, unido con fragmentos de algún metal qué parecía bastante sólido y que poseía una cadena de plata, siendo un conjunto de collar.
-Ahh, con que eso era eh, no pensé que se lo dieras siendo el aún tan joven. /Atino a decir mi padre/
-Hijo, este collar le perteneció a tu abuelo y ha sido una reliquia qué ha pasado por generaciones, ahora es tuyo y queda en tus manos cuidarlo, no estoy segura si es verdad o no, pero yo creía en tu abuelo, él me dijo que ese cuarzo es el alma de un dragón que de alguna manera fue concentrado en ese cristal. Y si lo portas, te brindará de sus desconocidos dones. /Dijo mi madre con un tono nostalgico/
-Les agradezco mucho sus gestos, papá, mamá, prometo cuidar bien de los regalos que con mucha fe me han dado el día de hoy./Fue lo ultimo que les dije antes de irme a dormir/