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Prisionera De Fuego

Prisionera De Fuego

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Romance / Completas
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Rooo

"Prisionera de Fuego"
Min-jae, una humilde profesora de 22 años, acepta un trabajo desesperado en la Cárcel Seúl Elite sin saber el mundo que está por descubrir. Allí conoce a Kyung-ho, un apuesto mafioso coreano de 25 años que, tras las rejas, observa cada uno de sus movimientos en silencio.
Lo que comienza como una tensión silenciosa entre profesor y recluso se convierte en algo inevitable cuando un atentado nocturno envenenado los deja a ambos luchando por sobrevivir en la enfermería de la cárcel. Atrapados, drogados y desesperados, se encuentran en una noche que lo cambia todo.
Cuando ella decide irse, él sale libre. Pero el destino tiene otros planes.
Una reencuentro accidental años después deja claro que algunos fuegos nunca se apagan.
Una historia de supervivencia, pasión prohibida y la imposibilidad de olvidar.

NovelToon tiene autorización de Rooo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El juego del Talento

CAPÍTULO 7

"El Juego de los Talentos"

Los gemelos se integran a la Academia, donde su brillantez excepcional los pone en conflicto con otros estudiantes privilegiados. Descubren que hay una red de estudiantes peligrosos vinculados a familias criminales. Kyung-soon los protege, pero con un precio. Min-jae trabaja como profesora en la Academia, lo que la mantiene en el mismo espacio que Kyung-ho, quien intenta constantemente comunicarse con ella.

Las clases comenzaron al día siguiente.

Me habían asignado la posición de "Asesora Académica Especial," un título vago que significaba que trabajaría con los estudiantes más avanzados en áreas de humanidades. Era perfecto y terrible al mismo tiempo. Perfectamente lejos de Kyung-ho, terrible porque la Academia era pequeña. Los pasillos conectaban todo.

Los gemelos fueron colocados en el programa acelerado de la Academia. El nivel de educación era diferente a cualquier cosa que hubiera visto. Laboratorios de física cuántica para adolescentes. Clases de programación de IA. Seminarios sobre estrategia empresarial y finanzas globales.

Pero también había algo más sinistro.

Lo noté el segundo día, cuando Joon-ho llegó a mis oficinas con una mano magullada.

— ¿Qué pasó? — pregunté, examinando sus nudillos.

— Una discusión con otro estudiante — respondió, con la vaguedad de quien aprendió a ocultarse desde temprana edad.

— ¿Una discusión física?

— Un desacuerdo ideológico que se convirtió en algo más.

Presioné más, y eventualmente la verdad salió a la luz. La Academia no era solo una institución educativa. Era un criadero de jóvenes herederos de familias poderosas, incluyendo algunas con conexiones criminales. Había jerarquías, alianzas y enemistades que reflejaban las guerras de poder que sus padres libraban en el mundo exterior.

Y mis hijos, con su brillantez anormal, eran vistos como amenazas o como piezas valiosas para poseer.

Fue Hae-won quien me contó sobre los Cuervos.

— Es un grupo — explicó mientras hacía la tarea en mi pequeña oficina. — Estudiantes que son reclutados para un programa extracurricular. Actividades que la Academia no oficialmente aprueba.

— ¿Qué tipo de actividades?

— Espionaje corporativo. Robo de información. Coerción. Básicamente, hacen el trabajo sucio para sus padres mientras desarrollan habilidades que sus familias necesitarán cuando hereden los imperios.

Mi sangre se heló.

— ¿Has sido reclutada?

— Tres veces — respondió con calma. — Los rechacé. Pero rechazo tienen consecuencias aquí. No es como en la escuela rural donde la gente simplemente respeta tus decisiones. Aquí, no cooperar significa ser eliminado de las oportunidades.

Esa noche, busqué a Kyung-so sin planificarlo realmente. Su oficina estaba en el ala administrativa. Simplemente caminé, mis pies sabiendo exactamente a dónde ir.

Estaba trabajando hasta tarde, rodeado de documentos y pantallas. Cuando entré sin tocar, levantó la vista como si me hubiera estado esperando.

— Nuestros hijos están en peligro — dije sin preámbulo.

Se levantó inmediatamente.

— Lo sé.

— ¿Lo sabes? — pregunté, furiosa. — ¿Y qué estás haciendo al respecto?

— Protegiéndolos desde la distancia — respondió, acercándose. Olía a café y a cansancio. — Min-jae, mi madre es la directora. Los Cuervos son su proyecto especial. Reclutar jóvenes talento para usarlos. Si interfiero directamente, ella lo sabrá. Y si ella sabe que me importan tus hijos...

— Nuestros hijos — corregí.

Kyung-ho se detuvo.

— Sí — susurró. — Nuestros hijos.

Las palabras flotaron entre nosotros como fantasmas.

— ¿Qué quieres que haga? — preguntó finalmente.

— Mantenerlos vivos. Mantenerlos lejos de los Cuervos.

— Eso está hecho — respondió. Luego, más suavemente, —¿Y nosotros, Min-jae? ¿Hay un nosotros?

— No hay nosotros — dije, aunque mi corazón protestaba las palabras.

Pero era mentira, y cuando salí de su oficina, ambos lo sabíamos.

Durante las siguientes semanas, observé cómo Kyung-ho protegía silenciosamente a los gemelos. Una palabra aquí, una amenaza sutilmente velada allá. A los Cuervos se les hizo claro que Joon-ho y Hae-won Park no eran objetivos disponibles.

Pero la protección vino con su propio precio.

Kyung-soon me llamó a su oficina.

— Profesor Park — dijo, utilizando mi nombre de una manera que sonó como una amenaza. — He notado que sus hijos tienen un... padrino, digamos. Mi hijo parece muy invertido en su bienestar.

— Son estudiantes brillantes — respondí cautelosamente. — Supongo que toda la Academia los está observando.

— Hmm — Kyung-soon se recostó en su silla, sus dedos entrelazados como garras descansando. — ¿Sabe lo que pasa cuando alguien en mi familia se apega demasiado a algo?

— No.

— Pierden objetividad. Se vuelven vulnerables. Y las vulnerabilidades en esta institución son... costosas.

Entendí el mensaje claro como el cristal.

— ¿Qué quiere? — pregunté.

— Quiero que los mantenga lejos de Kyung-ho. Que mantenga a sus hijos enfocados en sus estudios, no en las dinámicas familiares. Hágalo, y podré garantizar que Joon-ho y Hae-won tendrán las mejores oportunidades que esta Academia y el mundo exterior pueden ofrecer.

— ¿Y si no?

Su sonrisa fue glacial.

— Entonces descubrirán que ser genios no es suficiente protección. El mundo ama a los prodigios hasta que se convierten en obstáculos.

Esa noche, llamé a Kyung-ho a mi oficina.

— No podemos seguir así — le dije cuando entró, cerrando la puerta detrás de él.

— ¿Así cómo?

— Con esta... distancia pretendida. Tu madre lo sabe. Está usando a los gemelos como palanca.

Kyung-ho se sentó lentamente, como si sus rodillas acabaran de recordar que eran capaces de fallar.

— Ella siempre supo — dijo. — Min-jae, mi madre nunca olvida una cara. Cuando vio a los niños, vio partes de mí. Vio a ti. Vio una historia que podía usar.

— ¿Para qué?

— Para controlame — respondió simplemente. — He sido demasiado independiente últimamente. Demasiado interesado en expandir nuestros negocios en direcciones que ella no aprueba. Los gemelos, y más importante aún, tú, somos su herramienta para mantenerme en línea.

— Entonces tenemos que irnos — dije. — Los sacamos de aquí.

— ¿Adónde? — preguntó Kyung-ho, levantándose. — Min-jae, ella no permitirá que se vayan. Son demasiado valiosos. Y ahora que sé que están aquí, que sé que existen... — su voz se quebró ligeramente —, no sé si podría dejarlos ir.

— Entonces los sacrificarás — respondí fríamente.

— No — dijo, y la determinación en su voz fue cortante como acero. — Encontraremos otra forma. Pero necesito que confíes en mí. Necesito que esta vez, no desaparezcas. Porque si lo haces, perderé de nuevo.

Antes de que pudiera responder, hubo un golpe en la puerta. Un guardia de seguridad de la Academia entró, su expresión grave.

— Hay un problema en el laboratorio de química — dijo. — El estudiante Lee ha sido encontrado inconsciente. Los médicos dicen que fue envenenado.

Kyung-ho y yo intercambiamos miradas. Lee era uno de los Cuervos. Y más importante aún, era alguien que había estado presionando a Hae-won para unirse a su grupo.

— ¿Dónde están Joon-ho y Hae-won? — pregunté, un pánico helado recorriéndome.

— En sus dormitorios, bajo custodia especial — respondió el guardia. — Por orden de la Directora.

Kyung-ho ya estaba en la puerta.

Lo seguí, mis pisadas resonando en los pasillos de la Academia que de repente se sintieron como las entrañas de una bestia desperta.

No sabía qué había sucedido en ese laboratorio. Pero sabía que la guerra por los gemelos había comenzado, y que el precio del juego era infinitamente más alto de lo que cualquiera de nosotros estaba preparado para pagar.

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