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Azúcar Amargo

Azúcar Amargo

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Reencuentro
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Sarita King

Samantha Torres solo quería salvar su pastelería y cuidar de su hermana menor; jamás imaginó que una bandeja de crema pastelera la llevaría directamente a los brazos del hombre más peligroso, arrogante y fascinante de la ciudad: Viktor D'Angelo.

NovelToon tiene autorización de Sarita King para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La fiesta empresarial

Viktor D'Angelo

Odiaba las fiestas empresariales.

Lo curioso era que la mayoría de ellas existían gracias a personas como yo.

Empresarios.

Inversionistas.

Directores ejecutivos.

Hombres y mujeres obsesionados con aparentar perfección mientras escondían guerras detrás de sonrisas impecables.

Las fiestas corporativas no eran celebraciones.

Eran campos de batalla con música cara y champaña.

Y aquella noche no era la excepción.

---

—Sonríe.

—No.

—Pareces estar asistiendo a un funeral.

—Porque estoy asistiendo a un funeral.

Ian ajustó su corbata.

—Es una gala benéfica.

—Exactamente.

—Qué dramático.

—Qué optimista.

Ian soltó una carcajada.

Yo seguí observando el enorme salón iluminado frente a nosotros.

Decenas de empresarios.

Políticos.

Periodistas.

Modelos.

Influencers.

Todos mezclados bajo la misma fachada de elegancia.

Y todos intentando obtener algo.

Dinero.

Contactos.

Poder.

Siempre era lo mismo.

—¿Sabes qué es lo peor?

Preguntó Ian.

—Tu existencia.

—Además de eso.

—No.

—Que hoy vendrá Camila.

Cerré los ojos.

Perfecto.

Simplemente perfecto.

—Pensé que estaba en Europa.

—Regresó.

—Qué tragedia.

—Coincido.

Camila Russo.

Mi exnovia.

Mi error.

Uno de varios.

Una mujer hermosa.

Inteligente.

Ambiciosa.

Y absolutamente incapaz de aceptar una ruptura.

Habían pasado casi dos años.

Y seguía convencida de que eventualmente volveríamos.

No ocurriría.

Jamás.

Pero ella parecía ignorar ese detalle.

---

—Viktor.

Demasiado tarde.

Ahí estaba.

Vestido rojo.

Sonrisa perfecta.

Problemas garantizados.

—Camila.

—Te ves bien.

—Gracias.

—¿Eso es todo?

—Sí.

Pareció ofendida.

Lo cual sinceramente no era mi problema.

—Sigues siendo encantador.

—Nunca afirmé serlo.

—Extrañaba eso.

—No deberías.

Ian desapareció discretamente.

Traidor.

Absoluto traidor.

—¿Podemos hablar?

—Estamos hablando.

—A solas.

—No.

—Viktor.

—Camila.

—Sigues siendo imposible.

—Lo sé.

Ella suspiró.

Y durante un instante vi algo parecido a tristeza.

Real.

Sincera.

Lo que complicaba las cosas.

Porque nunca quise hacerle daño.

Simplemente dejé de amarla.

Y eso era algo que nadie podía cambiar.

---

La conversación terminó cuando mi teléfono vibró.

Un mensaje.

Y al ver el remitente, todo lo demás desapareció.

Samantha Torres.

Mi pulso reaccionó inmediatamente.

Ridículo.

Completamente ridículo.

Abrí el mensaje.

"¿Sigues vivo o las reuniones empresariales finalmente acabaron contigo?"

Me quedé mirando la pantalla.

Y por primera vez en toda la noche sonreí de verdad.

—Oh.

La voz de Camila sonó peligrosa.

Levanté la vista.

—¿Qué?

—Esa sonrisa.

Maldición.

—¿Qué pasa con ella?

—Nunca sonreías así conmigo.

Excelente.

Justo la conversación que quería tener.

—Camila...

—¿Quién es?

—Nadie.

—Mentira.

Sí.

Definitivamente mentira.

Y eso era exactamente lo preocupante.

---

Mientras respondía el mensaje, Ian reapareció.

Sosteniendo una copa.

Y sonriendo como un idiota.

—Ya sé quién escribió.

—No.

—Sí.

—Vete.

—Jamás.

Lo ignoré.

Y continué escribiendo.

"Sigo vivo. Apenas."

La respuesta llegó casi inmediatamente.

"Milagro. Pensé que te habrían convertido en una estatua de mármol para decorar la entrada."

Una carcajada escapó antes de que pudiera evitarlo.

Ian abrió los ojos.

—¡Se rio!

—Silencio.

—¡Se rio de verdad!

—Ian.

—¡Esto merece celebrarse!

—Nadie va a celebrarlo.

—Yo sí.

Definitivamente sí merecía un aumento.

O un golpe.

Todavía no decidía cuál.

---

La gala continuó durante casi dos horas.

Discursos.

Fotografías.

Donaciones.

Negocios.

Lo habitual.

Hasta que mi abuelo apareció.

Y cuando él aparecía, los problemas nunca estaban lejos.

—Viktor.

—Abuelo.

—Necesito hablar contigo.

Perfecto.

Otra vez.

Lo seguí hacia una zona más privada del salón.

Y apenas estuvimos solos, comprendí que aquello no sería agradable.

—Leonardo sigue desaparecido.

—Lo sé.

—Los Romano están perdiendo la paciencia.

—Problema de Leonardo.

—Problema de todos.

Ahí estaba otra vez.

La familia.

Las obligaciones.

Las cadenas.

—Lo encontrarán.

—Eso espero.

Su mirada se endureció.

—Porque si no aparece...

—No.

—Todavía no terminé.

—Yo sí.

Me giré para marcharme.

Pero su siguiente frase me detuvo.

—Los D'Angelo siempre cumplen sus compromisos.

Sentí la mandíbula tensarse.

Porque conocía perfectamente el significado oculto.

Y también sabía que no era una amenaza vacía.

---

Necesité aire.

Urgentemente.

Por eso terminé en una de las terrazas exteriores.

Lejos de la música.

Lejos de la gente.

Lejos de todo.

La noche era fresca.

Silenciosa.

Perfecta.

Hasta que escuché una voz conocida.

—Pensé que te escondías aquí.

Ian.

Por supuesto.

—¿Nunca te cansas?

—No.

Tomó asiento junto a mí.

Y por una vez pareció serio.

—¿Qué ocurre?

Guardé silencio.

Durante varios segundos.

—¿Alguna vez sentiste que tu vida ya estaba decidida?

Ian me observó.

—Sí.

—¿Y qué hiciste?

—La arruiné.

No pude evitar sonreír.

—Excelente consejo.

—Gracias.

—Sigue siendo terrible.

—Lo sé.

Por un momento ninguno habló.

Y entonces Ian hizo la pregunta.

La pregunta que llevaba semanas evitando.

—¿Te gusta Samantha?

Silencio.

Largo.

Peligroso.

Porque la respuesta era evidente.

Demasiado evidente.

Y porque estaba cansado de mentirme.

—Sí.

La palabra salió sola.

Por primera vez.

Sin negarlo.

Sin esquivarlo.

Sin excusas.

Ian sonrió.

—Ya era hora.

—No hagas un escándalo.

—Intentaré controlarme.

—No puedes.

—Definitivamente no.

Suspiré.

Porque era cierto.

Y porque admitirlo no cambiaba nada.

Seguía siendo complicado.

Seguía siendo peligroso.

Seguía siendo una pésima idea.

Pero era verdad.

Me gustaba Samantha Torres.

Mucho más de lo que debería.

---

Cerca de la medianoche abandoné la gala.

Agotado.

Molesto.

Y con demasiadas cosas rondando mi cabeza.

Cuando subí al automóvil, mi teléfono vibró nuevamente.

Otro mensaje.

De Samantha.

"¿Sobreviviste?"

Sonreí.

Otra vez.

Sin poder evitarlo.

"Lamentablemente sí."

La respuesta llegó segundos después.

"Qué pena. Ya estaba preparando un discurso de despedida."

Solté una carcajada.

Solo.

En medio del estacionamiento.

Como un completo idiota.

Y por primera vez en toda la noche entendí algo.

Aquellas fiestas.

Aquellos negocios.

Aquellas obligaciones.

Todo parecía insignificante comparado con la sensación que provocaba un simple mensaje suyo.

Y eso era un problema enorme.

Porque me estaba enamorando.

Lenta.

Inevitable.

Y peligrosamente.

De Samantha Torres.

Sin tener la menor idea de que la tormenta que se acercaba estaba a punto de cambiar nuestras vidas para siempre.

Fin del Capítulo 16...☕

1
Náyade
pobre Samantha 😅
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