NovelToon NovelToon
1 Soy Mitad Humana Y Demonio

1 Soy Mitad Humana Y Demonio

Status: Terminada
Genre:Venganza / Demonios / Romance / Completas
Popularitas:1k
Nilai: 5
nombre de autor: cristy182021

Estrella Cloe Pattison Evans siempre supo que era diferente. Mitad humana y mitad demonio, vive ocultando una oscuridad que apenas puede controlar mientras Gabriel, un ángel y amigo de su padre, intenta protegerla del peligro que la rodea. Pero todo cambia cuando conoce a Adrik, un misterioso vampiro ligado al enemigo de su familia.
Su presencia despierta poderes inestables, secretos ocultos y una conexión imposible de ignorar. Mientras fuerzas peligrosas comienzan a buscarla, Estrella descubrirá que su destino podría cambiar el equilibrio entre la luz y la oscuridad.
Ahora deberá decidir si luchar contra lo que es… o aceptar el poder que corre por su sangre.

NovelToon tiene autorización de cristy182021 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6

No volví a verme igual después de eso.

No fue inmediato.

No fue dramático.

Pero algo… cambió.

El resto del día pasó en fragmentos.

Voces que no terminé de escuchar.

Miradas que se quedaban un segundo más de lo normal.

Susurros que no alcanzaba a entender… pero que sabía que eran sobre mí.

El maestro dijo algo.

Creo.

Asentí en algún momento.

Respondí cuando me llamaron.

Pero mi mente no estaba ahí.

Seguía en el baño.

En el espejo.

En la grieta.

En él.

Apreté el lápiz entre mis dedos.

Demasiado fuerte.

La punta se rompió.

No reaccioné.

—Estrella.

Parpadeé.

La voz llegó tarde.

—¿Sí? —respondí, levantando la mirada.

El maestro me observaba con el ceño ligeramente fruncido.

—¿Quieres compartir la respuesta con el grupo?

Silencio.

No tenía idea de cuál era la pregunta.

Algunas risas bajas se escucharon al fondo.

Sentí el calor subir por mi cuello.

—No… —murmuré—. Lo siento.

El maestro suspiró.

—Concéntrate.

Asentí.

Como si fuera tan fácil.

Bajé la mirada otra vez.

Pero no al cuaderno.

A mis manos.

Aún temblaban.

Muy leve.

Casi imperceptible.

Pero yo lo sentía.

Como si algo siguiera moviéndose debajo de la piel.

Como si no se hubiera detenido del todo.

Tragué saliva.

Respira.

Inhala.

Exhala.

Intenté repetir lo que él me había dicho.

Funcionó.

Un poco.

Lo suficiente para no romper algo más.

Pero no para calmar lo otro.

Lo que no entendía.

Lo que no podía ver…

pero que sabía que seguía ahí.

Observando.

Esperando.

El timbre sonó más fuerte de lo normal.

O tal vez fui yo.

Los estudiantes comenzaron a levantarse, arrastrando sillas, hablando, riendo… como si nada hubiera pasado.

Como si el mundo no se hubiera movido ni un centímetro.

Me quedé sentada unos segundos más.

Sin prisa.

Sin querer levantarme.

Porque sabía…

que en cuanto lo hiciera…

todo iba a sentirse otra vez demasiado real.

Me levanté cuando el salón ya estaba casi vacío.

No quería salir.

Pero tampoco podía quedarme ahí para siempre.

Guardé mis cosas más lento de lo normal, evitando pensar… aunque no funcionó.

Nunca funcionaba.

Cuando finalmente salí al pasillo, el ruido me golpeó de inmediato.

Demasiadas voces.

Demasiado movimiento.

Demasiado… normal.

Como si yo fuera la única que sabía que algo no estaba bien.

Caminé sin mirar a nadie.

O eso intenté.

Porque podía sentirlo.

Otra vez.

No como antes.

No tan fuerte.

Pero ahí.

Como una presencia que no necesitaba acercarse del todo para hacerse notar.

Me detuve en seco.

Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente.

No.

No podía ser.

Giré lentamente.

Y ahí estaba.

Apoyado contra los casilleros.

Exactamente igual que antes.

Como si el tiempo no pasara para él…

o como si todo lo demás fuera lo que no importaba.

No me miraba directamente.

No al inicio.

Pero sabía que ya había notado que lo había visto.

Siempre lo sabía.

—¿Ahora también apareces aquí? —dije, acercándome lo suficiente para que nadie más escuchara.

Mi voz no sonó firme.

Pero tampoco huyó.

Eso ya era algo.

Él giró la cabeza apenas.

Sus ojos encontraron los míos sin esfuerzo.

Como si no hubiera nada más que observar.

—No aparezco —murmuró—. Decido cuándo estar.

Mi pulso se aceleró.

Otra vez.

—¿Y decidiste seguirme?

—No —respondió con calma.

Demasiada calma.

—Decidí no dejarte sola.

El aire se tensó.

No era una respuesta que esperaba.

Y eso me molestó más de lo que debería.

—No te necesito —repliqué.

Demasiado rápido.

Demasiado automático.

Él no reaccionó de inmediato.

Solo me observó.

Como si estuviera evaluando algo.

—Eso no cambia lo que eres.

Mi mandíbula se tensó.

—Ni lo que pasó —añadió.

Silencio.

El pasillo seguía lleno.

Gente pasando.

Risas.

Conversaciones.

Pero todo eso se sentía lejos.

Como si estuviéramos en otro espacio.

Aparte.

—No vuelvas a hacer eso —dije en voz baja.

—¿Qué cosa?

Sabía perfectamente a qué me refería.

—Meterte en mi cabeza.

Su expresión no cambió.

Pero su mirada… sí.

Más enfocada.

Más directa.

—No lo hice.

Mi ceño se frunció.

—Entonces explícame cómo sabías—

—Porque reaccionas antes de pensar —interrumpió—. Tu energía habla por ti.

Eso me dejó en silencio.

No porque le creyera.

Sino porque una parte de mí…

sabía que tenía sentido.

—No entiendes nada —murmuré.

—Entonces explícame —respondió.

Un paso.

Solo uno.

Pero suficiente para cerrar la distancia otra vez.

No tanto como en el baño.

Pero lo suficiente para que lo sintiera.

Otra vez.

Mi respiración se desacomodó.

—No tengo que explicarte nada.

—No —dijo en voz baja—. Pero deberías.

Silencio.

Otra vez.

Pero ahora era diferente.

Más tenso.

Más… cargado.

—Porque si tú no entiendes lo que eres —añadió— alguien más va a hacerlo por ti.

Un escalofrío recorrió mi espalda.

No por lo que dijo.

Sino por cómo lo dijo.

Como si ya supiera que eso iba a pasar.

Como si no fuera una posibilidad…

sino algo inevitable.

No respondí de inmediato.

Porque no sabía cómo hacerlo sin decir más de lo que quería.

O peor…

sin confirmar algo que ni siquiera entendía.

—No va a pasar nada —dije al final.

Sonó débil.

Incluso para mí.

Él no se movió.

Pero su mirada cambió.

No más intensa.

Más… fija.

—Eso crees —murmuró.

Apreté los dedos contra mi cuaderno.

—No tienes idea de lo que hablas.

—Tengo más idea que tú.

La respuesta fue inmediata.

Segura.

Demasiado.

—¿Y eso se supone que me tranquiliza?

—No —respondió sin dudar—. Se supone que te haga escuchar.

El golpe fue directo.

No por las palabras.

Por la intención.

Mi respiración se volvió más pesada.

Otra vez.

—Ya te escuché suficiente —dije, intentando recuperar control—. No necesito que vengas a decirme qué hacer.

Silencio.

Pero no se rompió como antes.

Se quedó.

Sosteniéndose entre los dos.

—No te estoy diciendo qué hacer —dijo finalmente—. Estoy evitando que cometas el mismo error.

Fruncí el ceño.

—¿Qué error?

No respondió de inmediato.

Y eso fue peor.

Porque ahora sí…

parecía que estaba pensando qué tanto decir.

—El de confiar en que puedes manejarlo sola.

Algo en mi pecho se tensó.

—Siempre lo he hecho.

—No —dijo en voz baja—. Solo no habías llegado a este punto.

Eso me hizo retroceder medio paso.

No por miedo.

Por impacto.

Porque sabía que tenía razón.

Y eso me molestaba más que cualquier otra cosa.

—No sabes nada de mí.

—Sé lo suficiente.

—No —insistí—. No sabes lo que puedo hacer.

Sus ojos se fijaron en los míos.

Más oscuros.

Más serios.

—Eso es exactamente lo que me preocupa.

Silencio.

Pero esta vez…

no era incómodo.

Era peligroso.

Mi pulso volvió a acelerarse.

Pero no como antes.

No era solo miedo.

Era otra cosa.

Algo más difícil de ignorar.

—Entonces vete —dije, aunque ya no sonó como una orden—. Si tanto te preocupa.

Esperaba que lo hiciera.

Una parte de mí…

quería que lo hiciera.

Pero no se movió.

Ni un centímetro.

—No.

Una sola palabra.

Suficiente.

—No me voy a ir.

Mi respiración se detuvo un segundo.

—¿Por qué? —pregunté.

Y esta vez…

no hubo desafío en mi voz.

Solo algo más bajo.

Más honesto.

Más peligroso.

Él me observó.

En silencio.

Como si esa respuesta pesara más de lo que parecía.

Como si decirla…

cambiara algo.

Y tal vez lo hacía.

Se inclinó apenas.

No lo suficiente para invadir completamente mi espacio.

Pero sí para romper la distancia que aún quedaba.

—Porque si te dejo sola —murmuró—

hizo una pausa.

Corta.

Pero exacta.

—no sé si la próxima vez voy a encontrarte igual.

El golpe fue inmediato.

Directo.

No físico.

Pero igual de fuerte.

Y por primera vez…

no supe qué responder.

No supe qué decir.

No porque no hubiera respuesta…

sino porque cualquier cosa que dijera iba a significar algo que todavía no estaba lista para aceptar.

El ruido del pasillo volvió de golpe.

Risas.

Pasos.

Voces cruzándose entre sí.

Como si el mundo hubiera decidido recordarme que no estábamos solos.

—Estrella —escuché a lo lejos.

Parpadeé.

La realidad regresó demasiado rápido.

—¿Estás bien? —preguntó una voz más cerca ahora.

Una de mis compañeras se acercaba, mirando entre nosotros con ligera confusión.

Mi cuerpo reaccionó al instante.

Di un paso atrás.

Rompiendo la cercanía.

Rompiendo… lo que fuera que estaba pasando.

Él no intentó detenerme.

Pero tampoco se apartó.

—Sí —respondí rápido—. Solo… estaba pensando.

Mala respuesta.

Se notó.

La chica frunció el ceño, claramente sin creérselo.

—Te ves rara.

Perfecto.

—Estoy bien —insistí, bajando la mirada un segundo—. En serio.

Silencio.

Incómodo.

Ella dudó.

Pero al final asintió.

—Bueno… el profe dijo que no te fueras sin hablar con él.

Asentí otra vez.

Sin ganas.

—Voy en un momento.

La chica lanzó una última mirada entre los dos.

Evaluando.

Intentando entender.

Pero no dijo nada más.

Se alejó.

Y cuando lo hizo—

el aire cambió.

Otra vez.

No por él.

Esta vez…

era diferente.

Más frío.

Más lejano.

Pero más amplio.

Como si no viniera de un punto específico.

Como si estuviera…

en todas partes.

Mi respiración se detuvo.

No necesitaba verlo.

Lo sentí.

Esa misma sensación.

La del baño.

Pero más clara.

Más definida.

—¿Lo sientes? —murmuró él.

No lo estaba imaginando.

Negué apenas.

No para decir que no…

sino porque no sabía cómo explicarlo.

—No es como tú —susurré.

Sus ojos se tensaron apenas.

—Lo sé.

Eso no ayudó.

—Entonces ¿qué es?

Silencio.

Pero esta vez no fue duda.

Fue cálculo.

—Alguien que ya sabe que existes.

El mundo se detuvo un segundo.

Solo uno.

Suficiente.

—¿Desde cuándo? —pregunté.

—No importa.

Sí importaba.

Mucho.

—Todo esto está pasando demasiado rápido —murmuré.

Mi mente intentando alcanzarlo todo.

Sin lograrlo.

—Y apenas está empezando —respondió.

Esa frase…

pesó más que todo lo anterior.

Miré alrededor.

El pasillo.

La gente.

Las voces.

Todo seguía igual.

Pero ya no se sentía igual.

Nada lo hacía.

Volví a mirarlo.

—Entonces deja de hablar en acertijos y dime qué está pasando.

Silencio.

Otra vez.

Pero ahora…

era diferente.

Más denso.

Más serio.

—Si te lo digo todo ahora —murmuró— no vas a creerme.

—Inténtalo.

Sus ojos se fijaron en los míos.

Evaluando.

Decidiendo.

Como si estuviera midiendo cuánto podía decir… sin romper algo.

Y entonces—

sonrió.

Pero no fue una sonrisa tranquila.

Fue leve.

Oscura.

—Primero necesitas sobrevivir a lo que viene.

El frío recorrió mi espalda.

—¿Y eso qué se supone que significa?

Pero ya era tarde.

Porque cuando parpadeé—

ya no estaba.

Otra vez.

Mi respiración se cortó.

Miré alrededor.

Nada.

Nadie.

Como si nunca hubiera estado ahí.

Pero la sensación no desapareció.

Al contrario.

Se quedó.

Más fuerte.

Más clara.

Más presente.

Alguien más estaba mirando.

Y esta vez…

no se iba a ir.

1
Maria De Jesus Tirado Rodriguez
quedó inconclusa tan interesante que estaba 😭
CristyGry: también te invito a leer el libro 0.5 que es como la historia de los papás de estrella y de cómo Federico se hizo malo
total 1 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play