En su vida pasada, Camila era una científica obsesionada con descubrir los secretos de la naturaleza. Ahora ha reencarnado como Xenia, una joven noble en un mundo lleno de magia… y para ella eso solo significa una cosa: nuevos experimentos.
Decidida a entender y dominar la magia como si fuera ciencia, convierte su vida en un laboratorio, creando pociones cada vez más imposibles y peligrosas.
Pero cuando el príncipe del reino empieza a aparecer constantemente en su laboratorio, Xenia descubre que, además de la magia, hay otro fenómeno que no logra explicar del todo: por qué el príncipe parece cada vez más interesado en ella… mientras ella solo piensa en su próximo experimento.
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Capítulo 4
—Oh, así que tú eres Xenia.
La voz elegante de la reina hizo que todas las conversaciones disminuyeran apenas ella habló.
Xenia levantó la vista con calma hacia la mujer sentada al centro de la mesa de té. La reina Catherine Viremont poseía una belleza refinada y fría, acentuada por su larga cabellera blanca cuidadosamente acomodada sobre uno de sus hombros. Cada movimiento suyo irradiaba autoridad natural, pero su sonrisa suave hacía que resultara difícil sentirse intimidado por completo.
Aunque sus ojos…
Sus ojos eran otra historia.
Eran demasiado observadores.
La reina recorrió lentamente a Xenia de arriba abajo con evidente interés mientras las demás damas permanecían expectantes alrededor.
Había varias nobles mayores y apenas unas pocas jóvenes cercanas a la edad de Xenia.
—Es un honor conocerla, Majestad, luz del imperio —dijo Xenia haciendo una reverencia impecable frente a la reina.
Su voz fue tranquila, elegante y perfectamente educada.
Luego giró apenas hacia las demás mujeres.
—Es un honor conocerlas también, distinguidas damas.
Algunas de las presentes parecieron genuinamente sorprendidas.
Después de todo, los rumores describían a Lady Xenia Edevane como una joven extraña, torpe socialmente y demasiado reservada.
No esperaban encontrarse con alguien tan refinada.
La reina sonrió apenas más.
—Vaya… qué jovencita tan educada. El placer es mío, querida Xenia. Lady Cordelis, por favor, tomen asiento.
Ambas obedecieron mientras varias doncellas comenzaban a servir el té cuidadosamente.
No pasó mucho tiempo antes de que una de las nobles alabara directamente el nuevo aspecto de Xenia.
—Qué corte de cabello tan inusual… —comentó una mujer elegantemente vestida mientras observaba las hebras borgoña que apenas rozaban su cuello—. Es raro ver jóvenes nobles con el cabello corto.
Xenia dejó suavemente la taza de té sobre el platillo antes de responder con naturalidad.
—Creo que simplemente es cuestión de gustos —dijo pasando distraídamente los dedos entre las suaves hebras cortas—. Además, es mucho más fácil de manejar.
Algunas damas parecieron escandalizadas.
Otras… curiosas.
Cordelis, en cambio, ya había aceptado que su hija jamás volvería a comportarse como una noble “normal”.
Poco después, la conversación terminó desviándose inevitablemente hacia las cremas y productos que la duquesa había estado usando últimamente.
—¿Entonces realmente fuiste tú quien preparó todo eso? —preguntó otra noble acercándose ligeramente.
Xenia asintió tranquilamente.
—Sí.
Varias mujeres comenzaron inmediatamente a hacer preguntas al mismo tiempo.
—¿De verdad elimina las manchas?
—¿Cómo lograste que el cabello quede tan brillante?
—¿Puede usarse todos los días?
Xenia respondió una por una con sorprendente paciencia.
—Si alguna está interesada en adquirir algunas, puedo prepararlas personalmente.
Aquello hizo que varias damas intercambiaran miradas emocionadas.
Cordelis casi parecía contener una sonrisa orgullosa.
Mientras tanto, la reina Catherine observaba toda la escena en completo silencio, sosteniendo delicadamente su taza de té.
Sonreía.
Pero detrás de aquella expresión elegante había una astucia imposible de ocultar.
Miraba a Xenia como alguien que acababa de encontrar algo extremadamente valioso.
Aunque, por supuesto, Xenia todavía no lo notaba.
Todo transcurría tranquilamente hasta que una joven noble sentada cerca del extremo de la mesa soltó un pequeño bufido claramente audible.
La muchacha debía tener casi la misma edad que Xenia y observaba toda la conversación con evidente desagrado.
—Las damas nobles no deberían preocuparse por esas cosas —dijo finalmente mientras acomodaba su abanico—. Una mujer debe permanecer en el hogar, luciendo delicada y hermosa como corresponde. No ensuciándose las manos con experimentos extraños.
El ambiente se tensó ligeramente.
Algunas damas mayores inmediatamente miraron a la joven con desaprobación por su falta de tacto frente a la reina.
Cordelis frunció apenas el ceño.
Pero Xenia…
Xenia simplemente sonrió.
Una sonrisa pequeña y tranquila.
—Qué triste.
La joven noble parpadeó confundida.
—¿…Perdón?
Xenia apoyó el mentón sobre una mano mientras la observaba con aparente calma.
—Debe ser bastante triste creer que el único valor de una mujer es verse bonita mientras espera que alguien más haga las cosas importantes por ella.
El silencio cayó sobre la mesa.
La muchacha enrojeció inmediatamente.
—¡Y-yo no quise decir…!
—Las mujeres son perfectamente capaces de crear, investigar, gobernar y cambiar cosas por sí mismas —continuó Xenia con una serenidad casi cruel—. Limitarse voluntariamente solo porque otros esperan eso… me parece una forma muy aburrida de vivir.
La joven abrió la boca claramente ofendida, preparada para responder, pero la reina habló antes que ella.
—La señorita Xenia tiene un punto de vista bastante interesante.
La voz suave de Catherine bastó para silenciar completamente la discusión.
La reina sonreía.
Y, curiosamente… parecía genuinamente entretenida.
La tensión disminuyó un poco después de eso, aunque la joven noble permaneció callada el resto de la reunión, claramente avergonzada.
Cordelis, por otro lado, no pudo evitar sentirse orgullosa.
Porque por primera vez veía a su hija hablar con seguridad frente a otros nobles en lugar de esconderse en silencio.
Finalmente, cuando la reunión estaba llegando a su fin y varias damas comenzaron a despedirse, la reina levantó la voz nuevamente.
—Lady Cordelis, querida Xenia… ¿les molestaría quedarse un poco más? Me gustaría conversar con ustedes otro momento.
Ambas aceptaron educadamente.
Después de que las demás nobles se retiraran, una extraña calma llenó el salón de té. La reina le susurró algo al oído a una de sus doncellas, quien asintió inmediatamente antes de abandonar la habitación.
Xenia alcanzó a notarlo de reojo, aunque no le dio demasiada importancia.
Continuaron tomando té tranquilamente durante algunos minutos más.
Y entonces…
Se escucharon pasos acercándose.
Firmes.
Lentos.
Poco después, un joven apareció atravesando la entrada del salón.
Era alto.
Ridículamente apuesto.
Su cabello blanco ligeramente despeinado contrastaba con sus ojos claros y cansados, mientras la elegante ropa negra y con algo de blanco que llevaba hacía imposible ignorar la presencia dominante que desprendía incluso sin intentarlo.
Y por la expresión de absoluto desinterés en su rostro…
Claramente no quería estar ahí.
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