Esta vez, tratare de darles algunas ideas al final de cada capítulos espero que mi regreso y estas nueva novela les guste, ya que estuve ausente por temas personales y médicos, un abrazo y un saludo a todas mis seguidoras...
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7
Valek, de un solo corte, vio caer la cabeza de aquel elfo. Después observó cómo los demás se arrodillaban mientras las puertas de la sala del trono se abrían de par en par, dejando entrar a los soldados de Valek junto con la esposa y los hijos del elfo.
Al verlos, el elfo se levantó de inmediato. Sus ojos se encontraron con el rostro de Valek, quien parecía disfrutar aquel momento.
Por su parte, Valery observaba la escena sin comprender del todo lo que ocurría. Solo podía ver la espalda de su esposo, pero los rostros de aquellas personas reflejaban un miedo indescriptible.
Entonces vio a Valek acercarse a la familia y, sin mostrar la menor compasión, decapitarlos uno por uno. Las cabezas cayeron al suelo mientras la espada de su esposo escurría hilos de sangre.
Por un instante, Valek olvidó que su esposa estaba allí. Eso le permitió actuar sin reservas; incluso disfrutó hacerlo.
Pero, de pronto, sintió un miedo que jamás había experimentado.
Se giró hacia su esposa y descubrió que Valery se había levantado del trono y había presenciado toda la escena.
Valek caminó hacia ella, aunque antes le dirigió unas últimas palabras al elfo.
—Esto solo es una advertencia. Estoy enterado de cada uno de tus movimientos.
Después se acercó a Valery sin soltar la espada y procurando no demostrar la prisa que sentía.
Cuando estuvo frente a ella, Valery lo observó temblando mientras lo escuchaba decir:
—Cálmate...
Miró a los guardias.
—Limpien todo esto. Ya saben qué hacer.
Sujetó a Valery de la mano y la condujo fuera del salón. Una vez en los pasillos, varios guardias comenzaron a dispersarse alrededor de ellos.
—¡Dios!... ¿Qué son esos? —preguntó Valery, aferrándose a la ropa de su esposo.
—Calma. Son soldados. No te harán nada; solo están para mantener alejados a los curiosos.
—¿Por qué mataste a esa familia? —preguntó ella, mirándolo fijamente.
—Porque eran ellos o tú. Si no hubiera visto aquella flecha, ahora estarías muerta.
La soltó de los hombros.
—Y deja de parecer tan ingenua. Este es un mundo, un imperio, donde si bajas la guardia te matan y devoran tu cuerpo.
—Eres un asesino... Un monstruo.
Valery gritó llena de miedo y rabia. No podía borrar de su mente la imagen de su esposo disfrutando la sangre que aún corría por su espada. Lo peor era que una parte de ella había sentido aquella misma emoción, y no entendía por qué.
—¿Monstruo...? —rió con una sonrisa perturbadora mientras la sujetaba de los hombros—. Sí, Valery. Lo soy. Pero los humanos son peores. Matan a sus propios hermanos, a sus padres; roban a las mujeres de otros y cometen los actos más impuros... ¿Y el monstruo soy yo?
Valery sintió aún más enojo.
—Si los humanos somos peores... entonces, ¿qué hago yo aquí?
—¿Qué haces aquí? —rió de nuevo—. Eres solo un juguete con el que puedo divertirme. Eso eres.
—Bien...
Fue lo único que respondió Valery antes de darse la vuelta y marcharse.
Valek, sin querer dejarla sola, la siguió hasta la habitación. Ambos entraron, pero ella fue directamente al baño y cerró la puerta mientras él golpeaba con los nudillos.
—Abre la puerta.
Insistió varias veces, hasta que Valery salió ya cambiada, ignorándolo por completo. Caminó hasta la ventana, tomó un libro y comenzó a leer.
Valek se sentó frente a ella.
—Valery...
No obtuvo respuesta.
Volvió a llamarla un par de veces más, hasta que perdió la paciencia y arrojó la mesa al suelo.
La princesa no reaccionó. Solo suspiró y se levantó para marcharse, pero Valek la detuvo.
—Deja de sentir esa estúpida tristeza que me desespera.
Valery no entendía cómo él sabía que estaba triste, pero decidió ignorarlo. Intentó soltarse, aunque fue inútil.
—Suéltame.
—No lo haré.
—¡Dije que me sueltes, maldito loco! ¡Estúpido asesino! ¡Suéltame!
Forcejeó hasta quedarse sin fuerzas. Su cuerpo aún estaba agotado por la noche anterior y el esfuerzo terminó por vencerla.
Entonces se sostuvo del brazo de Valek y, mirándolo fijamente, murmuró:
—Quiero dormir...
Sin decir una palabra, Valek la cargó y la llevó hasta la cama.
La dejó acostada mientras él permanecía sentado a su lado.
Valery se recostó de lado, lo observó unos segundos y finalmente cerró los ojos.
Durmió toda la tarde y toda la noche.
Cuando despertó al día siguiente, recorrió la habitación con la mirada, pero no encontró a su esposo.
Se incorporó, tomó un baño para despejarse y, al salir, la habitación seguía en silencio.
Sin embargo, había algo diferente.
Sentía que alguien la observaba.
Dirigió la vista hacia la terraza y allí estaba Valek.
Él caminó lentamente hasta ella.
—Dormiste mucho...
Intentó acariciar su rostro.
—Sí... eso creo.
Valery retrocedió y salió a la terraza, ignorándolo.
Valek la siguió e intentó abrazarla, pero ella lo rechazó.
—No...
—Valery...
La sujetó de la mano y su voz volvió a adquirir aquella dureza con la que la había conocido.
—No dejaré que te alejes de mí.
Ella soltó una leve risa y asintió.
—Bien. No te rechazaré. Al fin y al cabo, para eso vine a este lugar, ¿no?
Se volvió para contemplar el castillo y las casas que se extendían a su alrededor.
Valek, que aún sujetaba su muñeca, se acercó hasta rodear con sus brazos la cintura de la joven.
Al sentirlo, Valery no pudo negar que su cuerpo anhelaba permanecer cerca de él.
—Valery, sé que eres humana y siempre detestaré esa parte de ti. Pero ahora hay algo mucho más fuerte que me obliga a desearte, a no poder estar lejos de ti. Te necesito tanto como necesito respirar. Cada emoción que sientes la percibo incluso con más intensidad que tú.
La joven se giró para mirarlo.
—Dime... ¿qué es este lugar? Explícame todo lo que está pasando.