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La Menor De Los Sergeyev

La Menor De Los Sergeyev

Status: En proceso
Genre:Mafia / Omegaverse / Romance
Popularitas:328
Nilai: 5
nombre de autor: milu carrera

Isabella Sergeyev huyó de Rusia después de la muerte de su abuela, cargando una culpa que la convirtió en una alfa fría y despiadada. Tres años después, un problema relacionado con la explotación de omegas la obliga a regresar al mundo que abandonó. Pero entre enemigos ocultos, secretos y una guerra que crece en silencio, Sasha se convierte en la única persona capaz de romper las murallas que Isabella construyó alrededor de sí misma.

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capitulo 7

Isabella no creyó en la suerte. Creyó en la presión.

  Los tres inversores principales de Viktor Mikhailov no eran hombres fáciles de intimidar. Eran discretos, inteligentes y acostumbrados a moverse en zonas grises. Financistas con apariencia limpia. Empresarios con fundaciones benéficas.

  Pero todos tenían algo que perder.

  —Quiero sus historiales completos —ordenó Isabella.

  Milan caminaba de un lado a otro en la sala de estrategia.

  —El primero es estadounidense. Sector inmobiliario. Lava dinero a través de hoteles boutique.

  —Entonces empezamos por él.

  Isabella no levantó la voz. No necesitaba hacerlo.

  Era el tipo de alfa que dominaba con presencia, no con volumen.

  —¿Cómo planeas hacerlo caer? —preguntó Milan.

  Ella amplió una carpeta digital.

  —No vamos a hacerlo caer.

  —¿No?

  —Vamos a hacer que salte solo.

  Mientras tanto, en Eclipse, Sasha sentía el peso del tiempo.

  Viktor no la tocaba.

  No directamente.

  Pero la exhibía más.

  Más clientes preguntaban por ella.

  Más guardias vigilaban sus movimientos.

  Era un recordatorio constante: eres moneda.

  Esa noche, cuando regresó a su camerino, encontró algo extraño sobre el tocador.

  Un vaso de agua.

  Nada fuera de lo común.

  Excepto que debajo había un pequeño papel doblado.

  Sasha lo abrió con manos temblorosas.

  Solo había una palabra escrita:

  Resiste.

  El corazón le golpeó el pecho con fuerza.

  Nadie allí se arriesgaría a algo así.

  Nadie… excepto ella.

  Isabella.

  Sasha cerró los ojos.

  Por primera vez en un año, el miedo no era lo único que sentía.

  El primer inversor recibió una visita inesperada en su oficina.

  No fue Isabella.

  Fue una auditoría fiscal anónima.

  Documentos filtrados.

  Transferencias cuestionables.

  Una llamada discreta desde un número desconocido:

  —Sabemos lo de Eclipse.

  Esa misma noche, pidió reunirse con Viktor.

  —Tenemos que reducir exposición —dijo el empresario con nerviosismo apenas controlado.

  Viktor lo miró con desprecio.

  —¿Te asusta una inspección menor?

  —No es menor. Alguien está moviendo hilos.

  Viktor supo quién.

  —Sergeyev…

  El segundo inversor recibió algo más personal.

  Fotografías.

  No comprometedoras legalmente… pero sí matrimonialmente.

  Reuniones privadas en salas exclusivas de Eclipse.

  Pagos en efectivo.

  Un sobre sin remitente llegó a su casa.

  Y su esposa fue quien lo abrió.

  Isabella no destruía sin razón.

  Pero cuando atacaba… atacaba donde dolía.

  El tercer inversor fue el más difícil.

  Ruso.

  Vieja escuela.

  No temía escándalos.

  Pero sí la reputación en Moscú.

  Isabella hizo una sola llamada internacional.

  Corta.

  Precisa.

  —Dile que el apellido Sergeyev recuerda deudas.

  Colgó.

  No necesitaba más.

  Esa noche, Viktor perdió al primero.

  El empresario inmobiliario retiró su apoyo financiero “hasta que la situación se estabilizara”.

  Viktor rompió una copa contra la pared.

  —Encuéntrame algo sobre ella —ordenó—. Algo que la haga sangrar.

  Sasha fue llamada a la oficina privada de Viktor.

  Cuando entró, él no sonreía.

  —Parece que tu admiradora está ocupada.

  Sasha no respondió.

  Viktor se acercó lentamente.

  —Dime algo… ¿qué te prometió?

  Silencio.

  Él levantó su mentón con brusquedad.

  —¿Libertad?

  Los ojos de Sasha no bajaron.

  Y eso irritó más a Viktor que cualquier insulto.

  —Ten cuidado con las esperanzas, pequeña omega —susurró—. Son frágiles.

  Pero cuando salió de la oficina, sus pasos ya no eran los de alguien completamente derrotado.El segundo inversor se retiró oficialmente.

  Escándalo doméstico.

  Congelación preventiva de activos.

  Viktor estaba furioso.

  Llamó a Isabella.

  Ella respondió.

  —Te quedan veinticuatro horas —dijo él.

  —No las necesito —respondió ella.

  —Estás jugando con fuego.

  —No. Estoy enseñándote a no jugar conmigo.

  Colgó.

  Milan la observaba desde el otro lado del escritorio.

  —Te estás exponiendo.

  —Siempre lo hago.

  —No así.

  Isabella guardó silencio un momento.

  Luego preguntó:

  —¿Está lista la extracción?

  Milan asintió.

  —Si el tercero cae mañana, tenemos ruta segura para sacar a todos los omegas registrados. No solo a Sasha.

  Eso era lo que realmente importaba.

  Porque Isabella no iba a salvar a una sola.

  Iba a vaciar Eclipse.

  El tercer inversor no llamó.

  No envió mensaje.

  Simplemente desapareció del tablero financiero de Viktor.

  Transferencias canceladas.

  Fondos congelados.

  Contacto perdido.

  A las nueve de la noche, Viktor recibió la confirmación.

  Estaba solo.

  A las nueve y cinco, Isabella entró a Eclipse.

  Sin esconderse.

  Sin anunciarse.

  Los guardias dudaron.

  Pero ninguno se atrevió a tocarla.

  Viktor la esperaba en la sala principal.

  Furioso.

  —¿Crees que esto terminó? —escupió.

  —No. Apenas comienza.

  —Cumpliste el trato.

  —Lo sé.

  Silencio.

  La música estaba apagada.

  El club vacío.

  —Sasha es tuya —dijo finalmente Viktor, con voz tensa.

  Isabella sostuvo su mirada.

  —No.

  Él frunció el ceño.

  —¿No?

  Ella dio un paso al frente.

  —Todos son míos.

  En ese instante, las puertas traseras del club se abrieron.

  Hombres de Isabella entraron en silencio.

  Rápidos.

  Coordinados.

  Los guardias de Viktor fueron reducidos antes de reaccionar.

  Milan apareció detrás.

  —El edificio ya no es tuyo —anunció.

  Viktor miró alrededor.

  Traicionado.

  Superado.

  —Esto es guerra abierta —gruñó.

  Isabella se acercó hasta quedar frente a él.

  —No. Esto es justicia.

  Se inclinó ligeramente hacia él.

  —Y tú perdiste.

  Minutos después, en el camerino, la puerta se abrió.

  Sasha se levantó de golpe.

  Esperando lo peor.

  Pero no fue un guardia.

  Fue Isabella.

  Sin luces rojas.

  Sin música.

  Solo silencio.

  Isabella extendió la mano.

  —Se acabó.

  Sasha miró el collar.

  Luego la mano.

  —¿Es real?

  Isabella sostuvo su mirada.

  —Sí.

  Con manos temblorosas, Sasha permitió que Isabella desabrochara el cierre del collar.

  El sonido fue mínimo.

  Pero para ambas… fue ensordecedor.

  El metal cayó al suelo.

  Y algo más cayó con él.

  Un año de cautiverio.

  Un año de miedo.

  Sasha respiró profundamente.

  Como si fuera la primera vez.

  Y cuando levantó la vista, no vio a una alfa despiadada.

  Vio a alguien que había elegido luchar.

  Isabella no dijo nada más.

  Solo una frase.

  —Ahora decides tú.

  Y por primera vez, Sasha sintió que tenía una elección.

  La guerra contra Viktor no había terminado.

  Pero esa noche…

  Isabella Sergeyev no solo ganó territorio.

  Ganó una razón para quedarse.

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