Un matrimonio por conveniencia une a Carolina y Benjamín, dos mundos opuestos marcados por el interés y el orgullo. Pronto descubrirán que el amor puede surgir incluso en los acuerdos más fríos.
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Capitulo 6
Desde la mesa, Benjamín seguía cada movimiento de Carolina como si el resto del lugar hubiera desaparecido.
Y eso lo irritaba.
—¿Qué miras tanto? —preguntó Paul, siguiendo su línea de visión.
Daniel sonrió al instante.
—Ah… ya veo.
Benjamín no respondió.
Pero no apartó los ojos.
En ese momento, Luis se acercó a Carolina con una sonrisa confiada.
—¿Bailas? —preguntó, extendiéndole la mano.
Carolina negó suavemente.
—No, gracias.
—Vamos, solo una canción —insistió.
—De verdad, no quiero.
Luis rió, acercándose un poco más.
—No seas así…
Antes de que pudiera insistir nuevamente, una voz firme interrumpió:
—La señorita no bailará contigo. Deja de insistir.
Carolina giró de inmediato.
Benjamín.
Luis frunció el ceño.
—¿Y tú quién eres? No te metas, amigo.
El ambiente cambió.
Benjamín dio un paso al frente, su mirada oscura y cargada de molestia.
Sin decir más, tomó a Carolina de la mano con firmeza.
—Nos vamos.
—¡Oye! —protestó ella, pero no tuvo oportunidad.
La sacó del antro, atravesando la multitud sin detenerse hasta llegar al exterior.
El aire fresco golpeó sus rostros.
Carolina se soltó de su agarre bruscamente.
—¿Qué te sucede? ¿Estás loco?
Benjamín la miró, tenso.
—¿Qué haces aquí?
—¿Perdón?
—¿Olvidaste que serás mi esposa? —espetó—. No debes coquetear con otros hombres.
Carolina abrió los ojos, incrédula.
—¿De qué hablas? Yo no estaba haciendo nada.
—Claro —respondió con sarcasmo—. Pensé que eras una señorita decente.
El sonido de la bofetada rompió el aire.
Carolina le había golpeado con fuerza, girándole el rostro.
El silencio se hizo pesado.
—No vuelvas a hablarme así —dijo, con la voz temblando de rabia.
Benjamín pasó la lengua por su labio, sintiendo el ardor.
Y entonces… algo cambió.
Su mirada se oscureció.
—Tú te pusiste en venta —murmuró—. Ahora me perteneces.
Antes de que Carolina pudiera reaccionar, la tomó por la cintura y la atrajo hacia él.
Y la besó.
No fue un beso suave.
Fue intenso.
Abrumador.
Dominante.
Carolina intentó resistirse al principio, empujándolo, negándose…
Pero algo en la forma en que la sujetaba, en la fuerza de ese momento…
La hizo titubear.
Y sin darse cuenta…
Respondió.
El beso se volvió más profundo.
Un choque de emociones.
Rabia.
Confusión.
Atracción.
Hasta que…
—¡Carolina!
La voz de Esmeralda rompió el momento.
Carolina se separó de golpe, respirando agitada.
Sus ojos se encontraron con los de Benjamín por un segundo más…
Y luego se alejó.
—Vámonos —dijo, tomando la mano de Esmeralda.
Sin mirar atrás, ambas subieron a un taxi y se marcharon.
Benjamín se quedó allí.
Inmóvil.
Con el pulso acelerado.
Y una sensación que no lograba definir.
......................
Minutos después, Daniel y Paul salieron del antro.
—¿Qué fue eso? —preguntó Daniel, cruzándose de brazos—. Se supone que no te importa.
Benjamín no respondió de inmediato.
—¿Por qué actuaste así?
—No voy a permitir que ponga mi nombre en entredicho —respondió finalmente.
Paul negó con la cabeza.
—Eres un exagerado. No estaba haciendo nada.
Benjamín apretó la mandíbula.
Pero en el fondo…
Sabía que no había sido solo eso.
Había sido algo más.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
La puerta del apartamento de Esmeralda se cerró detrás de ellas con un leve golpe.
El silencio cayó de inmediato.
Carolina se quedó de pie unos segundos, como si aún no terminara de asimilar lo que acababa de pasar.
—¿Vas a hablar… o tendré que sacarte la información a la fuerza? —dijo Esmeralda, cruzándose de brazos y mirándola fijamente.
Carolina soltó el aire lentamente.
—No sé por dónde empezar…
—Empieza por el principio. O por el beso. Lo que sea más urgente —respondió Esmeralda, acercándose.
Carolina se dejó caer en el sofá, llevándose una mano al rostro.
—Apareció de la nada… —murmuró—. Luis estaba insistiendo en que bailara y de repente… él estaba ahí.
Esmeralda frunció el ceño.
—¿Y?
—Le dijo que me dejara en paz… como si tuviera derecho a decidir por mí. Luego me sacó del lugar sin preguntarme… estaba furioso.
—Claro, porque el mundo gira alrededor de él.
Carolina dejó caer la mano y miró al techo.
—Me reclamó… dijo que no podía estar coquetear con otros hombres, que iba a ser su esposa.
—¡¿Perdón?!
—Y que pensaba que yo era una señorita decente…
Esmeralda abrió los ojos.
—No… no me digas que—
—Le di una bofetada.
El silencio se rompió con una pequeña risa incrédula.
—Esa es mi amiga.
Pero Carolina no sonreía.
—Después dijo algo peor…
—¿Qué cosa?
Carolina tragó saliva.
—Que como me “vendí”… ahora le pertenezco.
El ambiente se tensó.
—Ese hombre está loco —dijo Esmeralda con firmeza.
Carolina cerró los ojos un segundo.
—Y luego me besó.
El silencio volvió.
—¿Igual que la otra vez? —preguntó Esmeralda, más seria.
Carolina negó levemente.
—No… fue distinto.
—¿Distinto cómo?
Carolina dudó.
Buscó las palabras.
—Más… intenso.
Más real.
—Intenté apartarlo… pero…
—¿Pero?
Carolina bajó la mirada.
—Le respondí.
Esmeralda no dijo nada por unos segundos.
—Ok… eso es importante.
Carolina se abrazó a sí misma.
—No entiendo por qué… estaba furiosa, me sentí humillada… pero cuando me besó…
Cerró los ojos, recordándolo.
—Sentí algo.
Esmeralda suspiró.
—Eso es lo complicado, Caro… que no es solo odio.
Carolina levantó la mirada.
—Y eso me da miedo.
—Es normal.
Hubo un silencio más suave esta vez.
—¿Qué vas a hacer? —preguntó Esmeralda.
Carolina negó lentamente.
—No lo sé…
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Esa misma noche…
Carolina no podía dormir.
Acostada en la cama de Esmeralda, miraba el techo con los ojos abiertos.
Cada vez que los cerraba…
Lo veía.
Su mirada.
Su forma de sujetarla.
El primer beso.
El segundo.
Distintos.
Pero igual de intensos.
Se llevó los dedos a los labios sin darse cuenta.
—¿Qué me pasa…? —susurró.
No debía sentir eso.
No por alguien como él.
Y sin embargo…
Su cuerpo no parecía entenderlo.
......................
En otro lugar de la ciudad…
Benjamín estaba en su habitación, de pie frente a la ventana.
Su mente estaba en otro lugar.
En ella.
En cómo se veía con ese vestido.
En cómo lo miró cuando la enfrentó.
En la bofetada.
Apretó la mandíbula.
Nadie se atrevía a hacerle eso.
Nadie.
Y aun así…
No podía enojarse del todo.
Porque después…
Recordó el beso.
Su respuesta.
Ese instante en el que dejó de resistirse.
Cerró los ojos.
Exhaló con fuerza.
—Maldición…
No había sido indiferente.
No como quiso creer.
Había algo en ella…
Que lo descolocaba.
Que lo desafiaba.
Que lo atraía.
Abrió los ojos lentamente.
Molesto consigo mismo.
Porque empezaba a perder el control…
Y eso…
No le gustaba en absoluto.
queremos leer un poco más...maravillosa como estas llevando el trama ..excelente novela 👌👌👏👏👏
ya empezó lo bueno excelente historia