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La Dulce Villana

La Dulce Villana

Status: En proceso
Genre:Época / Villana / Viaje a un mundo de fantasía / Reencarnación / Mundo de fantasía
Popularitas:11.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydi Nina

La dulzura la llevó a la muerte.
En su segunda vida, aprendera a disfrutar del miedo ajeno, a sonreír mientras destruye y a usar el deseo como castigo. Convertida en la Villa jugara con sus presas como con una hoja afilada: lenta, precisa e inevitable.


La dulzura fue su condena. La villanía, su salvación.

NovelToon tiene autorización de Leydi Nina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Una mañana productiva

Me desperté tarde.

Tarde del tipo peligroso, del tipo que haría a mi madre arquear una ceja y a mi padre revisar el reloj dos veces… si no fuera porque todo el ducado había decidido, por consenso silencioso, que yo estaba tristemente devastada por el escándalo del baile.

Ah, la compasión. Ese maravilloso escudo social.

Me giré entre las sábanas con una sonrisa perezosa, el cuerpo aún tibio, la memoria… demasiado vívida para una mañana respetable. Estiré un brazo. Vacío. Por supuesto. Kael no está se me olvidó.

—Demonio encantador —murmuré, sin la menor intención de sonar molesta.

Me levanté con calma. Nadie iba a venir a apurarme. De hecho, cuando toqué la campanilla para el agua del baño, el sirviente casi entró de puntillas, como si el ruido pudiera romperme en pedacitos.

—Su… su baño, mi lady —dijo, evitando mirarme a los ojos.

Claro. No quería ver el rostro de la prometida humillada.

El agua estaba caliente. Deliciosamente caliente. Me hundí en la tina con un suspiro exagerado, como si el mundo fuera un drama insoportable… cuando en realidad estaba calculando mentalmente cuántas marcas necesitaban desaparecer antes de enfrentar a la sociedad.

Espalda: cubierta. Hombro: maquillaje ligero. Cuello: peinado estratégico.

Bendita sea la moda y sus cuellos altos “por modestia”.

Cuando salí del baño, ya había perfeccionado mi expresión: ojos suaves, sonrisa apagada, dignidad herida pero intacta. Me vestí en tonos claros, inocentes. Nada que gritara “he tenido una noche extraordinaria con el archiduque más temido del continente”.

Salí de mi alcoba.

Y ahí estaban.

Los murmullos.

Oh, los murmullos.

—Dicen que el rey los encontró… —Qué escándalo… —Pobre duquesa Svensson… —Después de lo de anoche…

Me detuve justo a tiempo para escuchar a dos sirvientas demasiado concentradas en el chisme como para notar mi presencia.

—…y ahora dicen que el príncipe tendrá que hacerse responsable —susurró una.

—¿Y la prometida? —respondió la otra—. Debe estar destrozada…

Ahí fue cuando actué.

Solté un pequeño sonido ahogado, llevé una mano al rostro y salí corriendo por el pasillo como si acabara de escuchar la tragedia del siglo.

—P-perdón… —balbuceé, y desaparecí doblando la esquina.

Entré a mi habitación, cerré la puerta…

Y me apoyé en ella para no reírme a carcajadas.

Reí. Reí de verdad. Me tapé la boca con la mano, los hombros sacudiéndose, el pecho doliendo de tanto contenerme.

—Destrozada —susurré entre risas—. Pobrecita yo.

Me sequé una lágrima que no tenía nada de tristeza y respiré hondo, recomponiéndome justo a tiempo.

Porque, por supuesto, tocaron la puerta.

—Mi lady… —la voz de mi doncella sonaba tensa, emocionada y nada sorprendida por no verme llorando con el tiempo me ha conocido—. Han llegado… invitaciones.

Abrí.

Ella entró con una bandeja repleta de sobres elegantes, sellos dorados, cintas de colores. Sus ojos brillaban como si acabara de descubrir un tesoro.

—De la alta nobleza —añadió—. Principalmente… de damas casadas. Y algunas jóvenes.

Tomé la primera invitación. Luego otra. Y otra más.

Sonreí.

Claro que eran las mujeres. Las que habían visto el juego completo. Las que entendían exactamente qué había pasado… y lo que podía pasar después.

Las jóvenes solteras eran pocas. Víboras nerviosas, hambrientas de drama. No me interesaban.

—Aceptaremos estas —dije, separando con cuidado las invitaciones de las damas casadas—. Todas.

Mi doncella parpadeó.

—¿Todas, mi lady?

—Son más inteligentes —respondí con dulzura—. Y sobreviven más tiempo.

Dejé el resto a un lado con una sonrisa educada.

—Las otras pueden esperar —añadí—. O aprender.

Me senté frente al tocador, observando mi reflejo: la duquesa herida, la prometida traicionada, la joven digna que despertaba compasión en todo el reino.

Y bajo esa imagen…

La jugadora que acababa de ganar su primer círculo de aliadas.

—Qué mañana tan productiva —murmuré.

Afuera, el ducado seguía lleno de rumores. En palacio, el rey gritaba. El príncipe se hundía.

Y yo…

Yo apenas estaba empezando a disfrutarlo.

La puerta se cerró tras mi doncella con un clic suave y definitivo.

Las invitaciones ya iban en camino, repartidas como semillas bien escogidas entre manos expertas. Damas casadas. Mujeres con poder real, no decorativo. Las jóvenes víboras podían esperar; yo estaba ocupada haciendo algo mucho más productivo que competir por miradas ajenas.

Me quedé sola en mi habitación.

Mi cuarto no es grande por ostentación, sino por intención. Techos altos, ventanales amplios, estanterías llenas de libros que nadie revisa porque asumen —pobres ingenuos— que solo leo poesía decorativa. La alfombra amortigua el sonido de los pasos y las paredes están reforzadas con antiguos sellos discretos. Seguridad noble. Nada demasiado serio.

O eso creían.

Me acerqué al centro de la habitación y respiré hondo.

—Muy bien —murmuré—. Sin campo de entrenamiento. Sin madre. Sin testigos. Solo tú y yo.

Me quité los zapatos. Luego las joyas. Aflojé el vestido lo suficiente para moverme con libertad. No necesitaba dramatismo ni rituales complejos. Ya había aprendido la lección esa mañana: mi magia no se despierta a la fuerza. Responde a la claridad.

Me senté en el suelo, piernas cruzadas, la espalda recta.

Cerré los ojos.

No busqué emociones intensas. No rabia. No deseo. No recuerdos prohibidos que luego tendría que explicarle a nadie. En su lugar, hice algo mucho más difícil: escuchar.

Al principio, nada.

Luego, una presión leve en el pecho. No molesta. Familiar. Como dos corrientes chocando suavemente sin decidir aún quién tiene prioridad. El caos infernal de mi padre, impaciente, ardiente. La magia natural de mi madre, viva, constante, envolvente.

—No peleen —susurré—. Tenemos espacio suficiente.

Y, como si me hubieran estado esperando, ambas fuerzas se acomodaron.

Abrí los ojos.

Un brillo tenue se filtró entre mis dedos. Oscuro en el centro, con destellos verdes y dorados que pulsaban como hojas atravesadas por fuego. No era violento. No era dócil. Era consciente.

—Hola —dije—. Llegan tarde. Llevo dieciocho años esperándolas.

La energía respondió con un pequeño estremecimiento que me recorrió los brazos. No dolor. No calor excesivo. Una confirmación.

Sonreí.

Me levanté con cuidado y extendí una mano hacia la cómoda. Pensé en moverla. No empujarla. No romperla. Solo… desplazarla un poco.

La magia fluyó.

La cómoda se deslizó unos centímetros, sin ruido, sin esfuerzo, como si el aire mismo la hubiera convencido de cooperar.

—Eso fue elegante —admití—. Me gusta.

Probé otra cosa. Algo más fino. Me concentré en una de las velas apagadas sobre el escritorio. No imaginé fuego. Imaginé vida.

La mecha se encendió con una llama pequeña, estable, de un color extraño: dorado con un núcleo oscuro. No chisporroteó. No consumió más cera de la necesaria.

—Fuego responsable —murmuré—. Madre estaría orgullosa. Padre, confundido.

Me moví despacio por la habitación, manteniendo la llama viva mientras caminaba. El verdadero reto no era crear, sino sostener. La magia exigía atención constante, como una conversación que no admite silencios incómodos.

El sudor me perló la frente.

—Está bien, está bien —dije—. No necesito impresionar a nadie hoy.

Dejé que la llama se extinguiera. La energía no desapareció del todo; se replegó, expectante, como si tomara nota.

Me senté otra vez, esta vez apoyando la espalda contra la cama.

—Defensa —dije en voz baja—. Probemos defensa.

Visualicé un límite alrededor de mí. No una barrera agresiva, sino una presencia clara: hasta aquí. La magia respondió formando una capa casi invisible, una sensación de densidad en el aire que me erizó la piel.

Golpeé suavemente el espacio frente a mí.

La resistencia estuvo ahí.

—Puedo protegerme —susurré, sorprendida y satisfecha—. Sin pedir permiso.

El cansancio empezó a notarse de verdad entonces. No el agotamiento físico de un entrenamiento con armas, sino uno más profundo, mental, como si hubiera sostenido el equilibrio de un puente durante horas.

La barrera se disipó cuando solté la concentración.

Me dejé caer sobre la alfombra, mirando el techo, riendo en silencio.

—Por los dioses —murmuré—. Si esto es el principio, el final va a ser un problema diplomático.

Me quedé allí un rato, dejando que la magia se asentara, tranquila. No sentía miedo. Tampoco euforia desmedida. Sentía algo mucho más peligroso:

confianza.

Cuando finalmente me incorporé, lo hice despacio. Volví a colocarme las joyas, ajusté el vestido, recompuse a la duquesa impecable que el mundo esperaba ver.

Pero debajo de esa imagen…

Debajo había algo nuevo.

No soy solo una noble. No soy solo una prometida descartable. No soy solo una pieza que otros mueven.

Soy el punto donde dos fuerzas incompatibles decidieron colaborar.

Y ahora que lo sé… ahora que lo he probado…

El mundo tendrá que acostumbrarse.

Entrenamiento completado, conciencia adquirida. Consecuencias pendientes. 🐍🫶🏻

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María Alejandra Ramírez González
excelente pero no es bonito el corte tan brusco de la historia
Limaesfra🍾🥂🌟
si que es intenso y apasionado..el ya decidio, sera su archiduquesa💃
Limaesfra🍾🥂🌟
🐍🐍aplastadas
Limaesfra🍾🥂🌟
golosa
Limaesfra🍾🥂🌟
chau chau princes😝😛🤣🤣🤣🤣
Limaesfra🍾🥂🌟
chau chau princes😝😛🤣🤣🤣🤣
Limaesfra🍾🥂🌟
🤣🤣🤣🤣 eso Lythia
Lorena Itriago
menos mal que no habría más besos jajajaja
Leydi Nina: menos mal jajajaja
total 1 replies
Gladys Padrón
me encanta
Leydi Nina: Muchas gracias por tu comentario 😊
total 1 replies
Teté chan
Y Lo Repito es Perfecta /Plusone/
Teté chan
es perfecta
Teté chan: sigue escribiendo te estaré leyendo 😊😊😊😊😊😊
total 2 replies
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