🚫⚠️Esta historia, termina en POLIAMOR. Sigan de largo si no les gusta y, no denuncien por fa...⚠️🚫
Seleriun, una deidad que intenta esconderse y encajar en un mundo mortal, a aceptar su inmenso poder.
Lucha contra su propia naturaleza, mientras el destino y sus enemigos lo obligan a revelarse.
(Es la continuación de "Luna de Plata")
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El diseño de la familia perfecta
El silencio que siguió a las palabras de Eliot en la gran biblioteca de los Picos de Obsidiana no fue un silencio de paz, sino uno cargado de una angustia eléctrica que amenazaba con resquebrajar el mismo suelo de basalto. La revelación de los prismas Von Zale había caído como una sentencia de muerte sobre los hombros de Seleriun. Ser la Llave no era un honor real, era una condena al sacrificio.
Seleriun se quedó inmóvil, con los dedos aún rozando el cristal gélido. Sus ojos de galaxia, que usualmente giraban con la majestuosidad de un cosmos infinito, ahora estaban quietos, reflejando un miedo humano que nunca antes había sentido. ¿Para eso había nacido? ¿Para ser un simple material de construcción que rellenara una grieta en la realidad?
Galen fue el primero en romper el hechizo del terror. No lo hizo con palabras, sino con un rugido que nació desde lo más profundo de sus pulmones de dragón. Se puso de pie bruscamente, tirando su silla hacia atrás, y en un segundo ya estaba rodeando a Seleriun con sus brazos. Sus alas de obsidiana se desplegaron a medias, creando una barrera física entre su prometido y el resto de la habitación.
-¡Ni se les ocurra!- Rugió Galen, y su voz temblaba con una furia desesperada que rozaba el llanto -¡No hemos escapado de asesinos, cruzado desiertos y volado hasta el fin del mundo para que ahora me digan que él tiene que "desvanecerse"! No voy a permitirlo. No me importa si el mundo se rompe, no me importa si el Vacío se traga los reinos. ¡Si Seleriun no está, no hay mundo que valga la pena salvar!-
Galen apretó a Seleriun contra su pecho con una fuerza casi dolorosa, ocultando su rostro en el cuello del joven de plata. El gran príncipe de Arev, el guerrero que no le temía a nada, estaba temblando de puro terror. Podía sentir el latido del corazón de Seleriun contra el suyo, y la sola idea de que ese pulso se apagara para convertirse en una piedra fría para sellar una falla, le quemaba más que su propio fuego interno.
Alec, por su parte, no gritó. Él era el agua, el frío, la calma de las Islas Azules, pero en ese momento, su palidez era extrema. Se puso de pie con la elegancia de un príncipe, pero sus manos temblaban de forma incontrolable. Tomó la mano de Seleriun que estaba libre y la apretó con una desesperación silenciosa.
-Mi reino se está hundiendo, Eliot.- Dijo Alec, y su voz era un susurro gélido que cortaba como un cuchillo -Mi gente sufre y mi padre me envió aquí para buscar una solución. Pero si la solución es que la luz de Seleriun se apague... si el precio de mi hogar es perder la única razón por la que mis pulmones aún buscan aire... entonces prefiero que las Islas Azules se conviertan en polvo en el fondo del mar.-
Alec miró directamente a Nick y a Brante. Sus ojos azules estaban llenos de una devoción tan profunda que asustaba.
-No pueden pedirnos esto. Ustedes, que se amaron contra todo pronóstico, que cruzaron mundos para estar juntos... no pueden pedirle a Seleriun que sea el sacrificio de una historia que él no empezó. Si él es la llave, nosotros seremos el marco que la sostiene. Pero no lo dejaremos ir. Nunca.-
Seleriun levantó la vista, sintiendo el calor sofocante de Galen y el frío reconfortante de Alec. Sus miedos eran tan reales, tan intensos, que podía sentirlos a través de su magnetismo. Estaban dispuestos a dejar que el universo ardiera solo por él.
Nick, el Brujo de Plata, observaba la escena con una mezcla de dolor y orgullo. Se acercó a su nieto, dejando atrás su pose de soberano para volver a ser el Nicholas White que alguna vez se sintió perdido en una novela basura. Le puso una mano en el hombro a Seleriun, cruzando la barrera de alas de Galen.
-Escúchame, mi rayo de luna.- Dijo Nick, con una voz suave pero firme -Ser la llave no significa que tengas que ser un mártir. Yo no rediseñé este mundo para que mi nieto terminara como una pieza de repuesto. Soy un arquitecto, maldita sea, y ningún arquitecto digno de ese nombre construye algo que requiera el sacrificio del pilar central.-
Nick miró a Eliot y luego a los planos que el prisma proyectaba.
-Eliot tiene razón en los datos, pero se equivoca en la interpretación. El Vacío es una falla estructural, sí. Pero las estructuras no solo se sellan. Se refuerzan. Galen es el calor que expande, Alec es el frío que contrae. Y tú, Seleriun, eres el equilibrio. Si trabajamos juntos, podemos rediseñar ese Sello para que sea dinámico. No tienes que morir, tienes que gobernar esa falla.-
Seleriun sintió que un poco del peso en su pecho se aliviaba. Miró a su abuelo con esperanza.
-¿Podemos hacerlo, abuelo? ¿Podemos cambiar el diseño original?-
-Claro que podemos.- Respondió Nick con una sonrisa de suficiencia -Para eso estudié cinco años de carrera en la Tierra, aunque no me haya graduado oficialmente. Tenemos el conocimiento de dos mundos.-
Nick se giró hacia Susy, que estaba escribiendo tan rápido que su pluma de fénix soltaba humo real. Susy tenía lágrimas corriendo por sus mejillas, pero sus ojos brillaban con la determinación de una autora que se niega a escribir un final triste.
-Susy- Dijo Nick, frotándose las sienes con cansancio -Necesito un café. Pero no cualquier café. Necesito que sea tan cargado que pueda despertar a un muerto, y que tenga ese sabor amargo de las mañanas de examen en la universidad. Esto va a ser una noche larga de cálculos estructurales y magia prohibida. Si vamos a salvar a este chico y al mundo al mismo tiempo, necesitamos tener el cerebro encendido al mil por ciento.-
Susy asintió vigorosamente, cerrando su libreta por un segundo.
-¡A la orden, Nick! Voy a la cocina de Argolux. Si no encuentro café, voy a inventar uno con raíces mágicas y fuego de dragón. ¡Nadie va a tener un final cliché hoy si yo puedo evitarlo!-
Brante, el gran dragón, se acercó y envolvió a todos en su aura de protección, una calidez volcánica que calmó los temblores de los chicos.
-Obsidius y Argolux ya están asegurando el perímetro.- informó Brante -La Bruja de Ceniza está cerca, pero nosotros somos los guardianes de esta montaña. Tomen el tiempo que necesiten. Mi fuego no se apagará mientras ustedes buscan el camino.-
Galen finalmente soltó un poco su agarre, permitiendo que Seleriun respirara, pero no se alejó ni un centímetro. Alec seguía sujetando su mano como si fuera un ancla en medio de la tormenta.
-No te dejaremos solo, Sele.- Susurró Galen, sus ojos dorados fijos en los suyos -Si tienes que ser un sello, yo seré el fuego que lo mantenga caliente para que no se agriete.-
-Y yo seré el agua que lo mantenga puro.- Añadió Alec, besando los nudillos de Seleriun.-
Seleriun miró a los dos hombres que lo amaban tanto que desafiarían a la creación misma por él. La angustia se transformó en una chispa de voluntad.
-Entonces vamos a trabajar.- Dijo Seleriun, sentándose frente a los prismas con una nueva autoridad -Eliot, despliega el mapa de flujos magnéticos. Abuelo Nick, revisa los puntos de carga. Si el Vacío quiere mi luz, tendrá que aprender a brillar con nosotros.-
Kallan, observando desde la entrada de la biblioteca con una sonrisa satisfecha, le hizo un gesto a Argolux. El diseño de la familia perfecta estaba funcionando. No eran solo personas. Eran una estructura de amor inquebrantable, lista para enfrentar la mayor tormenta que el universo hubiera lanzado jamás.
El aroma de un café místico y cargado empezó a flotar en el aire, mientras la pluma de Susy escribía frenéticamente las primeras líneas del rescate más grande de la historia.