⚠️➕21 no denunciar ⚠️, ZAIRO y RUBÍ, una pareja de sicarios independientes, que cobran millones por cada trabajo bien realizado...
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1: llamas en la escarcha
La habitación del apartamento en el centro de Vancouver estaba envuelta en una penumbra cálida, cortesía de la única lámpara de pie que proyectaba sombras alargadas sobre las paredes de concreto pintado de gris claro. Fuera, la noche canadiense caía con su habitual frialdad implacable; copos de nieve se arremolinaban contra los ventanales del piso dieciséis, pero dentro, el aire vibraba con un calor que nada tenía que ver con la calefacción central. Zairo se movía con esa precisión letal que lo definía tanto en el trabajo como en la intimidad. Sus manos, grandes y callosas por años de empuñar armas y manejar el volante en huidas nocturnas, se deslizaban ahora por la curva de la cintura de Rubí como si trazaran un mapa que solo él conocía.
Ella estaba debajo de él, con el cabello ondulado y largo desparramado sobre las sábanas blancas como ríos de fuego oscuro. Sus ojos castaños, profundos y alertas incluso en ese momento, se clavaban en los de él, esos ojos azules claros que contrastaban tanto con su piel morena y su origen mexicano. Zairo tenía veintiséis años, un cuerpo esculpido por el entrenamiento riguroso y las misiones que los habían llevado de un continente a otro. Cada músculo de su torso se tensaba con cada embestida controlada, y Rubí, con sus veinticinco años y esa belleza que parecía tallada para desarmar a cualquiera, respondía arqueando la espalda, atrayéndolo más cerca.
Habían estado casados tres años, pero el fuego entre ellos no se había apagado; al contrario, las misiones los avivaban. Esa noche no era diferente. Habían llegado a Canadá solo dos semanas antes, un contrato temporal para eliminar a un objetivo que el gobierno local no podía tocar directamente. El pago era generoso, como siempre: gente del poder, artistas de renombre, incluso capos de la mafia sabían que Zairo y Rubí entregaban resultados sin preguntas innecesarias. Pero ahora, en esa habitación, no había contratos ni objetivos. Solo ellos.

Zairo inclinó la cabeza y capturó sus labios en un beso profundo, lento al principio, como si saboreara el momento antes de la tormenta. Sus lenguas se encontraron con urgencia creciente, y él bajó una mano para sujetar su cadera, guiándola hacia arriba mientras aceleraba el ritmo. Rubí soltó un gemido ahogado contra su boca, sus uñas clavándose en los hombros de él, dejando marcas rojas que desaparecerían en horas pero que ella sabía que él llevaría con orgullo.
—Más fuerte —susurró ella, la voz ronca, casi un desafío.
Él sonrió contra su cuello, mordisqueando la piel sensible justo debajo de la oreja. Sin decir nada, giró sus cuerpos con facilidad, colocándola encima. Rubí se acomodó a horcajadas, sus manos apoyadas en el pecho definido de Zairo mientras comenzaba a moverse. El ritmo era suyo ahora, y ella lo aprovechó, bajando y subiendo con una cadencia que hacía que el colchón crujiera suavemente. Cada descenso era una ola de placer que recorría a ambos, y Zairo levantó las manos para acariciar sus senos, sus pulgares rozando los pezones endurecidos con la presión justa para arrancarle otro gemido.
La habitación se llenaba de sonidos íntimos: la respiración entrecortada de ella, el roce de la piel contra la piel, el leve chirrido de las sábanas. Afuera, el viento aullaba contra los cristales, pero aquí solo existía el calor de sus cuerpos. Zairo la observaba con esa intensidad que la hacía sentir expuesta y poderosa al mismo tiempo. Sus ojos brillaban en la penumbra, fijos en el movimiento de sus caderas, en cómo su cabello caía en cascada sobre un hombro.
De repente, él se incorporó, envolviendo un brazo alrededor de su cintura y atrayéndola contra su pecho. Sus bocas se encontraron de nuevo, esta vez con más hambre. Con un movimiento fluido, la giró sobre sus rodillas, posicionándola de espaldas a él. Rubí se apoyó en las manos y las rodillas, el cabello cayendo como una cortina alrededor de su rostro. Zairo se colocó detrás, una mano firme en su cadera mientras la otra trazaba la línea de su columna vertebral. Entró en ella desde atrás con una embestida profunda que les arrancó un jadeo simultáneo.
El ritmo se volvió más intenso. Cada choque de sus cuerpos resonaba en la habitación, y él no dudó en levantar la mano y dejar caer una nalgada precisa, controlada, que hizo que la piel de Rubí enrojeciera ligeramente. Ella arqueó la espalda, empujando hacia atrás para encontrarse con él, y un gemido más audible escapó de sus labios.
—Otra vez —pidió, la voz entrecortada.
Zairo obedeció, la palma de su mano conectando con la curva de su nalga en un golpe que mezclaba placer y esa ligera punzada que ambos conocían tan bien. El contraste de sensaciones la hizo temblar, y él aceleró, sus movimientos precisos, profundos, como si cada uno estuviera calculado para llevarla al límite. Sus cuerpos se movían en sincronía perfecta, sudor cubriendo sus pieles a pesar del frío exterior. La mano libre de Zairo se deslizó hacia adelante, encontrando el punto sensible entre sus piernas y acariciándolo con círculos lentos que contrastaban con la fuerza de sus embestidas.
Rubí sintió la tensión acumularse en su interior, un nudo que se apretaba más con cada segundo. Giró la cabeza para mirarlo por encima del hombro, y sus miradas se encontraron. En ese instante, no eran solo dos sicarios en una misión temporal en un país helado; eran marido y mujer, unidos por algo más fuerte que cualquier contrato. Él se inclinó sobre ella, su pecho contra su espalda, y mordió suavemente su hombro mientras continuaba moviéndose.
—Córrete para mí —murmuró contra su piel, la voz grave, cargada de deseo.
Las palabras fueron el detonante. El org4sm0 la atravesó como una ola imparable, haciendo que sus músculos se contrajeran alrededor de él. Rubí gritó su nombre, el sonido amortiguado por la almohada, y Zairo la siguió poco después, su propio clímax llegando en pulsos intensos que lo dejaron temblando. Se derrumbaron juntos sobre las sábanas, él aún dentro de ella, sus cuerpos entrelazados en un nudo de extremidades y respiraciones agitadas.
Pasaron minutos en silencio, solo el sonido de sus corazones latiendo con fuerza. Zairo rodó a un lado y la atrajo contra su pecho, una mano acariciando perezosamente su cabello. Rubí trazó con un dedo las líneas de los músculos de su abdomen, sintiendo cómo se relajaban bajo su toque.
—Esto es lo que me gusta—dijo ella en voz baja, rompiendo el silencio—. No las misiones, no el dinero. Esto.
Zairo besó su frente, sus ojos cerrándose por un momento. Recordaba la primera vez que se habían encontrado, en un bar oscuro de Ciudad de México tres años y medio atrás. Él ya era un sicario independiente, con un par de contratos bajo el brazo que lo habían hecho ganar reputación. Ella era una joven promesa en el mismo mundo, hábil con las armas y con una mente que calculaba riesgos mejor que cualquiera. El contrato que los unió esa noche —eliminar a un político corrupto en Guadalajara— había sido el comienzo. Tres meses después, se casaron en una ceremonia discreta en las afueras de la capital, sin invitados, solo ellos y un juez que no hizo preguntas.
Ahora, en Vancouver, la vida era temporal pero intensa. El apartamento era funcional: dos dormitorios, una cocina abierta y vistas al puerto que brillaba con luces distantes. Habían elegido ese lugar precisamente por su anonimato; nadie sabía que la pareja mexicana del piso dieciséis era responsable de más de una docena de eliminaciones de alto perfil en los últimos dos años. Cantantes que habían cruzado líneas peligrosas, funcionarios que vendían secretos, mafiosos que traicionaban a sus propios. Zairo y Rubí cobraban en criptomonedas o en cuentas offshore, y nunca fallaban. Pero entre misión y misión, momentos como este eran su ancla.
me gusta la forma que describe cada personaje, la forma qué hace, qué el lector se imaginé esas escenas dónde él personaje vive ese momento de placer,angustia, desesperación y miedo todo eso me gusta sentir en las historias y si una historia no me atrapa con el título o la sinopsis, no la leo no es que sea exigente, pero creó que como lector quiero disfrutar de esa adrenalina o sentimiento que como escritores quieren transmitir le felicito por otra, historia y espero que puedan llegar a mas lectoras 👏👏💐💐
pero me quedo una duda 🤔🤔 que pasó con la traidora de Mariana, no me diga que piensa hacer una 2da historia 🤣🤣🤣 no creó pero si quiero saber si Mariana se fue a dormir con los peces 🤣🤣