⚠️🔞🚫La Trampa de la Dulzura.
Christopher es impecable. Cocina para Tayler, lo cuida durante sus celos y lo defiende. Tayler se enamora perdidamente. Sin embargo, detrás de cámaras, el alfa está destruyendo las rutas de suministro del padre de Tayler y manipulándolo para que confiese secretos de la organización "sin querer". El maltrato aquí es la mentira: Christopher desprecia la inocencia de Tayler, viéndola como una debilidad de la sangre de un asesino. CONTIENE MALTRATO EMOCIONAL.🚫🔞⚠️
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No sabía que estaba abrazando el incendio
El silencio en la mansión era absoluto, un silencio pesado que parecía presagiar la tormenta. Tayler caminaba por el pasillo alfombrado, intentando que sus pasos no emitieran el más mínimo sonido. Su aroma, usualmente una mezcla brillante de amanecer y violetas, estaba ahora teñido por el rancio olor del miedo y la culpa.
Hacía apenas una hora, Christopher lo había llevado a un rincón apartado del jardín. La luz de la luna bañaba el rostro del alfa, haciéndolo parecer un espectro de hielo. Christopher no le había sonreído, en su lugar, había mantenido una expresión de derrota que el omega nunca le había visto.
-Tayler, me han acorralado- le había susurrado Christopher, dejando que sus feromonas de pino se sintieran débiles, casi agónicas -Tu padre está convencido de que alguien de mi guardia ayudó en el ataque al muelle. Como soy su capitán, la responsabilidad cae sobre mí. Me ha dado hasta el amanecer para entregar una cabeza… o será la mía la que ruede.-
Tayler sintió que el mundo se desmoronaba.
-¡Pero tú no hiciste nada!- había exclamado, aferrándose a la camisa de Christopher. -¡Él no puede hacerte eso! ¡Somos esposos!-
-Para un hombre como el Patriarca, un yerno es solo un peón prescindible.- Había respondido, tomando el rostro del omega entre sus manos con una ternura que quemaba -Hay un documento, Tayler. Una lista de pagos a la red de informantes en la oficina de tu padre. Si la consigo, puedo encontrar quién es el verdadero topo y limpiar mi nombre. Pero él ha prohibido mi entrada a la biblioteca. Eres el único que puede salvarme.-
Ahora, frente a la imponente puerta de caoba de la biblioteca, Tayler sentía que sus piernas flaqueaban. Traicionar a su padre era algo que nunca había cruzado su mente, a pesar de su crueldad, era su sangre. Pero perder a Christopher … perder el único rastro de bondad y respeto que había conocido, era un precio que no estaba dispuesto a pagar.
Empujó la puerta. La habitación olía a libros viejos y al eterno tabaco del Patriarca. Tayler se dirigió directamente al cuadro del abuelo. Con dedos temblorosos, accionó el resorte oculto. El cuadro se movió, revelando la pequeña caja fuerte digital.
-La fecha de mi nacimiento…- Susurró Tayler, recordando que su padre, en un extraño arrebato de sentimentalismo hace años, le había dicho que esa era su clave más segura porque "nadie esperaría que usara algo tan inútil como un omega para proteger sus secretos".
El pitido de la caja fuerte al abrirse sonó como un disparo en el silencio de la noche.
Tayler metió la mano y extrajo un sobre de color negro, sellado con cera roja. No se detuvo a leerlo. Su pecho subía y bajaba con violencia, y el aroma a violetas se volvió agrio, una señal clara de que su cuerpo sabía que estaba cometiendo un pecado.
Cerró la caja fuerte, colocó el cuadro en su sitio y salió de la habitación casi corriendo.
Christopher lo esperaba en el dormitorio, sentado en un sillón en las sombras. Cuando vio entrar a Tayler con el sobre en la mano, un destello de triunfo absoluto brilló en sus ojos oscuros, un destello que desapareció en cuanto el omega se arrojó a sus brazos, sollozando.
-Aquí está… lo tengo.- dijo Tayler, entregándole el sobre como quien entrega su propio corazón -Por favor, úsalo para salvarte. No dejes que mi padre te lastime.-
El alfa tomó el sobre con una lentitud casi cruel. Sintió el papel frío y supo que dentro estaba la lista de los jueces y políticos que el Patriarca tenía bajo su control. Con esto, no solo destruiría el negocio de los Michelle, sino que enviaría al padre de Tayler a una celda de la que nunca saldría o lo mataría.
-Eres mi ángel.- Dijo Christopher, atrayendo al omega hacia su pecho.
El alfa inhaló profundamente el aroma de Tayler. Las violetas estaban marchitas por la angustia, y por un microsegundo, el instinto alfa de Christopher se retorció. Había algo profundamente perturbador en ver a una criatura tan pura corromperse por su causa. Pero el odio, alimentado por años de soledad y sed de sangre, aplastó la compasión.
-¿Ahora estarás a salvo?- Preguntó Tayler, buscando la mirada de su esposo.
-Ahora- Respondió el alfa con una sonrisa enigmática -... el juego va a cambiar para todos. Nadie volverá a tocarte. Te lo prometo.-
Lo que el alfa no mencionó es que él sería el primero en "tocarlo", pero no con caricias, sino con la verdad devastadora que estaba construyendo pieza por pieza.
Esa noche, mientras Tayler dormía un sueño inquieto plagado de pesadillas sobre traiciones y fuego, Christopher se levantó de la cama. Fue al baño, encendió un cigarrillo y abrió el sobre. A medida que leía los nombres, una risa silenciosa y amarga escapó de sus labios.
Había convertido al hijo favorito en el arma que ejecutaría al padre. No solo le mentía a Tayler, sino que lo había convertido en un criminal ante los ojos de su propia familia.
El alfa miró a través del cristal hacia la habitación donde Tayler descansaba. El omega se veía tan frágil bajo las sábanas.
"Me amas tanto que me entregaste la cabeza de tu padre en una bandeja de plata", pensó Christopher, expulsando el humo del tabaco que ahora empañaba su aroma a nieve y pino. "Mañana, cuando el Patriarca descubra que su secreto ha desaparecido, su furia caerá sobre todos. Y tú, mi dulce e inocente Tayler, no tendrás a nadie más que a mí para protegerte de la tormenta que tú mismo ayudaste a desatar".
Christopher apagó el cigarrillo contra el lavabo, dejando una marca negra, tal como estaba dejando una marca imborrable en el alma de Tayler. La venganza no solo se trataba de sangre, se trataba de ver cómo lo más hermoso del enemigo se pudría por amor.
Regresó a la cama y, por primera vez, rodeó a Tayler con sus brazos con fuerza real, casi dolorosa. El omega, entre sueños, buscó el calor del alfa, pensando que era su refugio. No sabía que estaba abrazando el incendio que iba a consumir todo su mundo.