Ella reencarna el personaje de una novela que leyó y decide cambiar su destino haciendo un pacto con él temible duque..
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
** Todas las novelas son independientes**
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Gemma 2
El duque observaba la escena… completamente sorprendido.
Gia.
Esa misma mujer que hacía apenas unas horas se veía dulce, suave, coqueta..
Ahora estaba furiosa.
Desatada.
—¡No vas a tocar a mi marido!
Su voz retumbó en el salón.
Fuerte.
Protectora.
Posesiva.
Gemma forcejeaba, intentando soltarse.
—¡Déjalo que elija!
Le gritó, tirando con fuerza de su cabello.
—¡Siempre me han preferido a mí antes que a ti, tonta!
Pero Gia no la soltaba.
Al contrario..
Apretaba más.
Se inclinaba hacia adelante.
Con una fuerza que nadie esperaba de ella.
—¡Es mi esposo, maldita ofrecida!
El duque parpadeó.
[…mi esposo…]
Nunca había visto algo así.
Nunca había presenciado una pelea entre mujeres.
Y mucho menos..
Una pelea… por él.
La mayoría de las personas corrian al oir su nombre y las mujeres.. generalmente temblaban
Se quedó quieto unos segundos más de lo debido.
Observando.
Procesando.
Pero la situación ya había pasado de lo controlable.
Hizo un gesto.
Los guardias reaccionaron de inmediato.
Uno de ellos se acercó a Gemma.
Intentando separarla.
El otro dio un paso hacia Gia..
Pero el duque frunció el ceño.
—No.
Seco.
Inmediato.
El guardia se detuvo.
Confundido.
[…no la toques…]
La idea le molestó más de lo esperado.
Que alguien más la sujetara.
Que alguien más pusiera las manos sobre ella.
Su mirada se endureció.
Así que fue él.
Se acercó.
Y la tomó de la cintura.
Con firmeza.
Pero sin brusquedad.
—Gia.
Pero para su sorpresa..
Ella seguía forcejeando.
Intentando soltarse.
—¡Suéltame! ¡Le voy a sacar los cabellos a esa ofrecida!
El duque apretó un poco más el agarre.
[…suficiente…]
Pero no levantó la voz.
No hizo falta.
Volvió a hacer un gesto.
Más claro esta vez.
El guardia sujetó a Gemma con firmeza.
Separándola definitivamente.
—¿A los calabozos? preguntó.
Gia, aún agitada, giró el rostro.
Sus ojos brillaban de rabia.
—¡SÍ!
No lo dudó.
No lo pensó.
—¡A los calabozos!
El duque la miró.
Aún contenida entre sus brazos.
Furiosa.
Respirando agitada.
Completamente distinta a la mujer que había visto antes.
Y aun así..
Asintió… aunque esos segundos de silencio fueron horas para la furia de Gia..
—Háganlo.
La orden fue firme.
Irrevocable.
Los guardias se llevaron a Gemma, que aún gritaba insultos mientras la arrastraban fuera del salón.
El silencio volvió poco a poco.
Pero la tensión…
Seguía ahí.
Y el duque..
Aún sosteniendo a Gia..
Empezaba a entender algo que ya no podía ignorar.
Esa mujer…
No solo había cambiado su vida.
También estaba marcando territorio.
La puerta se cerró con un golpe seco.
El eco quedó suspendido en el salón.
Y por un segundo..
Todo quedó en silencio.
Pero Gia…
No.
Se soltó del duque con fuerza.
Un movimiento brusco.
Decidido.
Se giró hacia él.
Y lo miró.
No había rastro de dulzura.
Ni de coqueteo.
Ni de esa suavidad que mostraba con él.
Solo…
Furia.. pura.
El duque se sorprendió.
De verdad.
[…esa mirada…]
Nadie lo miraba así.
Nadie.
Ni nobles.
Ni enemigos.
Ni siquiera aquellos que sabían lo que era capaz de hacer.. Él..
El hombre que debía ser encadenado en noches de luna llena para no perder el control de su propia magia.
El que podía destruir sin proponérselo.
Y aun así..
Ahí estaba.
Frente a él.
Gia.
Mirándolo como si no le temiera en absoluto.
Levantó el dedo.
Señalándolo.
—¿Por qué dudaste?
Su voz fue firme. Cortante.
—¿Por qué dudaste al mandarla al calabozo?
Un paso más cerca.
—¿Con mi padre no dudaste cuando me golpeó?
El duque no respondió.
No de inmediato.
Porque no tenía una respuesta clara.
No una que pudiera decir en voz alta.
Asi que, Gia no esperó. Continuó.
—Podrías haberle dicho algo. Podrías haberla detenido antes. Podrías haberle advertido que tuviera cuidado.. si vuelves a dudar.. yo..
Su pecho subía y bajaba con fuerza.
Aún alterada.
El duque la observó.
Y por un segundo..
Quiso reír.
No lo hizo.
Pero la idea apareció.
[…es más pequeña, tan debil…]
Alta, sí.
Delgada.
Aparentemente frágil frente a él.
Y aun así..
Ahí estaba.
Enfrentándolo.
Sin retroceder.
Sin temblar.
—¿Me está amenazando?
Preguntó finalmente.
Con calma.
Con una leve dureza en la voz.
Gia no dudó.
—Sí.
Directo. Sin rodeos.
—Prefiero ser viuda antes que una mujer engañada.
El silencio cayó pesado.
Denso.
El duque se quedó sin palabras.
Había destruido hombres por menos.
Había hecho caer familias enteras por insultos más pequeños.
Y ahora..
Su propia esposa lo amenazaba.
De frente.
Sin miedo.
Sin medir consecuencias.
Pero lo más extraño..
No fue la amenaza.
Fue su reacción.
Porque una parte de él…
No se molestó.
No como debería.
No como siempre.
Al contrario..
Algo en su mirada cambió.
Más oscuro.
Más profundo.
Como si, en lugar de ofenderlo…
Lo hubiera marcado aún más.
Y por primera vez..
El silencio entre ellos no fue solo tensión.
Fue…
Algo mucho más peligroso.
Gia se pasó las manos por el cabello.
Se detuvo.
Un mechón desordenado.
Tirante.
Bajó la mirada.
Sus brazos.
Rasguños finos.
Rojos.
Recientes.
El silencio duró apenas un segundo.
—¡AHHHHHHH!
El grito salió lleno de rabia.
Pura.
Sin filtro.
El duque la observó.
En silencio.
Gia levantó la mirada.
Sus ojos brillaban.
No de lágrimas.
De enojo.
—Quiero que acabes con los Dacre.
Directo.
Sin rodeos.
El duque entreabrió los labios.
Iba a responder.
Pero ella no lo dejó.
Dio un paso más cerca.
—Van a intentar vengarse de mi por todo esto..
Su voz bajó.
Más grave.
Más firme.
—Ya me han atacado dos veces.
Señaló a su alrededor.
—Aquí.. En el lugar que debería ser seguro para mí.
Las palabras cayeron pesadas.
Muy pesadas.
El duque sintió el golpe.
No físico.
Pero sí..
Directo.
[…yo…]
Había prometido eso.
Protegerla.
Y sin embargo..
Había fallado.
Dos veces.
El silencio se alargó.
Gia lo sostuvo con la mirada.
Sin bajar la intensidad.
El duque finalmente asintió.
Lento.
Decidido.
—Te entregaré la casa Dacre.
Su voz fue firme.
Fría.
Irrevocable.
Pero añadió..
—No quiero que vuelvas a amenazarme.
Gia no retrocedió.
Ni un paso.
—¿Por qué?
Seguía furiosa.
—¿Debería preocuparme?
El duque negó.
—No.
Sus ojos se mantuvieron en los de ella.
—Dije que te respetaría.. no deberías pensar otras cosas..
Gia no se calmó.
Al contrario.
—También dijiste que me protegerías.
Se señaló.
—Y mírame.
El silencio volvió.
El duque bajó la mirada.
Apenas.
Un gesto pequeño.
Pero suficiente.
Gia lo vio.
Claro.
No era ira.
No era frialdad.
Era…
Algo más.
Cercano al arrepentimiento.
A la culpa.
Pero aun así..
Él no dijo nada.
No lo admitió.
No lo explicó.
Solo se quedó ahí.
En silencio.
Y eso..
De alguna forma..
Pesó más que cualquier respuesta.
Pobre Duque, un total caos, por lo menos cuenta con la.maga, sería bueno que fueran 3 mini Gias, para doblegar al temido y frio futuro padre😋