Alessio De Luca compró un esposo omega para que fuera un adorno en su vida de capo, pero esa noche Renato Vieri murió de miedo. En su cuerpo despertó Dante, un alfa estratega que perdió su vida en otro mundo.
Ahora, fingiendo sumisión, Renato usará a Alessio para escalar hasta la cima del hampa. Su plan: ser la mano en la sombra que guíe cada movimiento de su alfa. Pero su verdadera naturaleza empieza a filtrarse en su aroma, lo que debería oler solo a algodón y flor de cerezo comienza a liberar pimienta rosa, un picante que Alessio no puede ignorar.
Entre la atracción de sus feromonas y la admiración por esa mente criminal, el alfa se verá obligado a replantearse todo lo que creía sobre los omegas, el poder y la lealtad. Juntos formarán una alianza letal. Pero cuando la máscara caiga y Alessio descubra que su esposo no es quien dice ser, ¿serán dueños de la ciudad o enemigos mortales?
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Capítulo 13: Una pregunta inocente
El informe de Luca ocupaba apenas tres páginas. Alessio las leyó dos veces, luego una tercera.
Los Vieri eran exactamente lo que parecían: una familia en decadencia, con deudas hasta el cuello y un orgullo heredado que ya no podían pagar. El padre, jugador. El hermano, desaparecido. La madre, invisible. Negocios ruinosos, propiedades embargadas.
Nada fuera de lo normal.
Pero el expediente de Renato Vieri era inquietantemente vacío.
Nacido en el pueblo familiar. Educado en casa. Sin tutores registrados. Sin amistades conocidas. Sin visitas. Sin viajes. Apenas tres líneas sobre su infancia y un salto directo a la venta.
—¿Esto es todo? —preguntó Alessio, sin levantar la vista.
Luca, de pie junto a la puerta, asintió.
—Eso es todo, señor. El omega apenas salió de su casa hasta que usted lo compró.
Alessio dejó caer las páginas sobre la mesa.
Un omega que apenas había visto el mundo, que no había recibido educación formal más allá de lo elemental, wue6 no había tenido contacto con nadie fuera de su familia.
Ese mismo omega había evaluado un campo de batalla en segundos, identificado posiciones enemigas en la oscuridad, y dado órdenes a un guardia armado con la frialdad de un veterano.
—Tráemelo —dijo.
Luca parpadeó.
—¿Señor?
—A Renato. Que venga ahora.
———
El pasillo hasta el despacho de Alessio era más largo de lo que recordaba.
Renato caminaba con la cabeza baja, los hombros encogidos, las manos entrelazadas sobre el regazo. La imagen perfecta del omega sumiso, pero por dentro, su mente giraba a toda velocidad.
Luca me ha mirado raro cuando me ha llamado. Alessio nunca me manda llamar. Sabe algo, o cree que sabe algo.
¿El informe de los Vieri? ¿La emboscada? ¿Las carreras en el jardín?
No importa, sea lo que sea, no puedo mostrarme nervioso. Soy Renato, un adorno, alguien que no da problemas.
Llegó a la puerta, respiró hondo, llamó.
—Adelante.
El despacho olía a ébano y pimienta negra, el aroma de Alessio lo golpeó como una ola. Su cuerpo omega reaccionó al instante: pulso acelerado, nuca tensa, un temblor en las piernas que controló apretando los muslos.
Maldición. Otra vez.
Alessio estaba sentado detrás de su escritorio, no se levantó. Lo miró con esos ojos negros que no parpadeaban.
—Siéntate.
Renato obedeció. Se sentó en el borde de la silla, con la espalda recta y la mirada baja.
—¿He hecho algo malo? —preguntó, con la voz más suave de lo que quería. La voz de un omega asustado.
Alessio no respondió de inmediato. Tomó las tres páginas del informe y las dejó caer frente a Renato.
—He investigado a tu familia. A ti.
Renato levantó la vista, solo un instante. La bajó de nuevo.
—¿Y?
—Y no entiendo nada.
Alessio se reclinó en el sillón, sus dedos golpeaban el reposabrazos con un ritmo lento, impaciente.
—Tu familia te educó en casa, no tuviste tutores, no saliste del pueblo. No conociste a nadie, apenas lo elemental, según esto.
Renato sintió un nudo en el estómago. El informe, claro, la educación de Renato Vieri había sido un desastre. Su familia solo se preocupó de que fuera bonito y sumiso.
Mierda.
—Y sin embargo —continuó Alessio, inclinándose hacia delante—, en una emboscada, en plena oscuridad, identificas posiciones enemigas, das órdenes a un guardia, y sabes dónde guardo un rifle que ni siquiera Rocco recordaba.
Su voz era plana, pero sus ojos no. Ardían.
—¿Cómo se hace eso, Renato? ¿Cómo se hace eso sin haber recibido una educación que lo explique?
Renato sintió el peso de la pregunta como una losa. Su cuerpo omega quería encogerse, el aroma de Alessio se había intensificado, llenando la habitación con su feromona dominante.
No. No me someto.
Apretó los puños bajo la mesa, respiró hondo.
—Mi padre… —empezó, con la voz temblorosa.
—Tu padre es un jugador arruinado que no sabría distinguir un rifle de un bastón —cortó Alessio—. No me mientas.
Silencio.
Renato levantó la cabeza, sus ojos avellana se encontraron con los negros de Alessio. El miedo seguía ahí, latiendo en su pecho, pero debajo, algo más. La frialdad de Dante.
—No sé qué quiere que le diga —dijo. Su voz ya no temblaba—. Vi a los atacantes, sabía que iban a matarnos. Hice lo que pude.
—¿Y lo del rifle?
—Lo vi una vez, cuando Rocco cambió una rueda. Lo guardó ahí. No sé por qué lo recordé.
Alessio entrecerró los ojos.
—Mientes bien para ser un omega que apenas ha salido de casa.
Renato sintió que el suelo se abría bajo sus pies. Pero Dante no se rendía.
—¿Por qué me iba a mentir? —preguntó, con un hilo de voz—. ¿Qué ganaría?
Alessio no respondió, se quedó mirándolo, como si intentara leer algo bajo su piel. Su aroma seguía siendo intenso, pero ya no atacaba, solo estaba ahí. Esperando.
Renato decidió arriesgarse.
—¿Va a contratar a un mercenario? —preguntó, bajando la mirada. Su voz volvía a ser la de un omega sumiso, ingenuo.
Alessio se tensó.
—¿Cómo sabes eso?
—Lo oí, antes, en el pasillo, Rocco hablaba con usted. No quise escuchar, pero…
—No vuelvas a hacerlo.
—No volveré.
Silencio.
Renato se mordió el labio. Su cuerpo temblaba. Su mente calculaba.
Ahora, la semilla, suave, como si no supiera lo que digo.
—¿Y por qué Rinaldi no nos deja entrar en su territorio? —preguntó, con un tono infantil—. ¿No es nuestro amigo?
Alessio arqueó una ceja.
—Rinaldi no es amigo de nadie, solo le importa su equilibrio.
—Pero si escondiera algo… —Renato se encogió de hombros, como si la idea acabara de ocurrírsele—, algo que no quisiera que nadie supiera. Entonces tal vez haría lo que nosotros quisiéramos, ¿no? Para que no lo contáramos.
Alessio se quedó muy quieto.
Sus ojos negros se clavaron en Renato con una intensidad que helaba. Su aroma se volvió denso, cargado, como si estuviera procesando algo. Renato sintió que había ido demasiado lejos.
Idiota. Demasiado directo, se va a dar cuenta.
—¿Tú crees? —preguntó Alessio. Su voz era un susurro peligroso.
Renato bajó la cabeza.
—No sé. Solo… he leído historias, de gente que escondía cosas, y cuando las descubrían, hacían lo que les pedían. Pero no sé nada de Rinaldi, de verdad.
Alessio no respondió. Se levantó, caminó hacia la ventana. Se quedó allí, de espaldas, mirando el jardín.
Renato no se movió. Apenas respiraba.
—Vete —dijo Alessio al fin.
Renato se levantó despacio, las piernas le temblaban. Caminó hacia la puerta.
—Renato.
Se detuvo. No se volvió.
—Si descubro que me has mentido… —la voz de Alessio era fría como el mármol—. Te arrepentirás.
Renato asintió, salió, cerró la puerta.
Renato se apoyó contra la pared del pasillo, las piernas le fallaron. Tuvo que agarrarse al marco de una puerta para no caer. El corazón le golpeaba las costillas, las manos le temblaban. El aroma de Alessio aún lo envolvía, y su cuerpo omega seguía queriendo volver, arrodillarse, pedir perdón.
No. No.
Cerró los ojos, respiró hondo una y otra vez
He estado a punto de cagarla. Demasiado directo. Demasiado listo. Pero lo he visto en sus ojos, la duda, ha empezado a pensar en Rinaldi de otra forma. Ya no es solo un aliado incómodo, es alguien que podría tener algo que esconder.
Se enderezó, caminó hacia la biblioteca con la cabeza baja y los pasos silenciosos. Sumiso, inofensivo, invisible.
Pero por dentro, Dante sonreía.
———
Alessio se quedó mirando el jardín mucho rato después de que Renato se fuera.
"Algo que no quisiera que nadie supiera. Entonces tal vez haría lo que nosotros quisiéramos."
Las palabras resonaban en su cabeza. No eran las palabras de un omega, eran las palabras de un estratega.
¿Lo ha dicho sin pensar? ¿O lo ha pensado demasiado?
Recordó el informe, la educación básica, la reclusión. Recordó la emboscada, las órdenes, el rifle. Recordó al guardia Fabrizio, retrocediendo ante algo que no sabía nombrar.
¿Quién coño eres, Renato Vieri?
La pregunta ya no era una curiosidad, era una necesidad. Y por primera vez en años, Alessio De Luca sintió que había alguien en su casa que podía ser más peligroso que todos sus enemigos juntos.
O más valioso.
Gracias a los que ya están comentando. Me encanta leer sus reacciones. 🖤
¿Y el resto? ¿Qué les está pareciendo la historia? ¿Qué esperan de Renato y Alessio? Un comentario cortito me sirve para saber que están ahí. Los leo. 💬
Gracias por el cap🫶🫂
Ale cada día me gusta más, está aprendiendo a coexistir con todo lo que es y significa Ren. Todavía falta pero va por buen camino🤓🤓🤓