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La Rosa Y El Dragón Negro

La Rosa Y El Dragón Negro

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Mujer despreciada / Mujer poderosa
Popularitas:4.8k
Nilai: 5
nombre de autor: kingofcurses_rb.

Belleza fría y fuerza divina se entrelazan en una alianza que decidirá el equilibrio entre reinos que nunca dejaron de vigilarse.

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Capítulo 7: El Arte de No Reaccionar

El salón brillaba bajo las lámparas de cristal.

La música comenzó suave, elegante, marcando el inicio del primer baile formal de la noche.

Victoria observaba desde su lugar, copa en mano.

El príncipe de Astria reía con algunos nobles, exagerando gestos, buscando miradas.

Buscando atención.

Victoria miró de reojo a Rafael.

—Te dejaste humillar.

Rafael no apartó la vista del salón.

—No.

Ella arqueó una ceja.

—¿Ah, no?

—Él se humilló solo.

Victoria giró el cuerpo hacia él.

—Explícate.

Rafael habló con la misma calma de siempre.

—La forma más efectiva de humillar a alguien es permanecer tranquilo y respetuoso.

Ella lo observó con atención.

Él continuó:

—Cuando una persona intenta alimentar su orgullo provocando… y no recibe reacción, su arrogancia queda expuesta. Se vuelve evidente.

Victoria guardó silencio.

—Si hubiera respondido con ira —añadió Rafael—, habría validado su provocación.

Sus ojos se deslizaron brevemente hacia el príncipe.

—De esta manera, solo habló con el eco de su propio orgullo.

Victoria bajó la mirada un instante.

Luego sonrió, apenas.

—Eres más calculador de lo que aparentas.

—Solo soy paciente.

La música cambió a un ritmo más marcado.

Varias parejas comenzaron a moverse hacia el centro del salón.

Victoria dejó la copa en una bandeja cercana.

—Si eres un caballero… —dijo sin mirarlo directamente— ¿por qué no me sacas a bailar?

Rafael la miró.

Parpadeó una vez.

—¿Eso es necesario en serio?

Victoria lo fulminó con la mirada.

—¿Necesario? No. Pero estamos en una recepción diplomática. Y soy tu prometida, ¿recuerdas?

Silencio.

Rafael extendió la mano.

Formal.

Correcto.

—¿Me concede esta pieza… Victoria?

Ella sostuvo su mirada unos segundos.

Luego apoyó su mano en la de él.

—No me pises.

Caminaron hacia el centro del salón.

Las miradas comenzaron de inmediato.

El príncipe también observaba.

Rafael colocó una mano firme pero respetuosa en la cintura de Victoria.

Ella apoyó la suya en su hombro.

La música marcó el primer giro.

Rafael se movía con precisión impecable.

No era rígido.

No era torpe.

Era exacto.

Victoria lo miró sorprendida.

—Sabes bailar.

—Es parte de la formación de caballero.

—Pensé que solo sabías blandir una espada.

—El equilibrio es similar.

Ella rodó los ojos.

Pero no pudo evitar notar que él la guiaba con seguridad absoluta.

Ningún paso dudoso.

Ninguna vacilación.

El príncipe observaba desde el borde del salón.

Su sonrisa ya no era tan amplia.

Victoria bajó la voz.

—Te está mirando.

—Lo sé.

—¿Te molesta?

—No.

—¿Por qué?

Rafael giró suavemente, acercándola más en el movimiento.

—Porque ahora la atención no está en sus palabras.

Ella entendió.

Ahora todos miraban el centro del salón.

La princesa de Valdoria.

Y el Santo de la Espada vestido de blanco.

No como soldado.

No como sombra.

Como igual.

El murmullo cambió de tono.

—Hacen buena pareja…

—No sabía que el Santo podía verse así…

—El príncipe de Astria no parece tan impresionante ahora…

Victoria sintió el cambio en el ambiente.

Lo sintió en la tensión del aire.

—Esto también fue calculado, ¿verdad?

—Un poco.

Ella entrecerró los ojos.

—Eres peligroso.

—Solo cuando es necesario.

La música bajó de intensidad.

El baile se volvió más lento.

Más cercano.

Victoria sintió la firmeza de la mano en su cintura.

Estable.

Protectora.

Pero sin posesión.

—Rafael.

—Sí.

—Si él intenta algo esta noche…

Él sostuvo su mirada.

—No reaccionaré… a menos que usted esté en peligro.

—¿Y si solo hiere mi orgullo?

Rafael la miró diferente.

Más serio.

—Entonces será mi problema.

El corazón de Victoria dio un latido más fuerte.

La música terminó.

Rafael inclinó levemente la cabeza.

Ella hizo una reverencia elegante.

Los aplausos fueron inevitables.

No exagerados.

Pero claros.

El príncipe aplaudió también.

Lento.

Sonriendo.

Pero sus ojos eran fríos.

—Interesante —murmuró él desde la distancia—. Muy interesante.

Y esa sonrisa…

No prometía nada bueno.

Capítulo 7

Parte 2 — Bajo la Luna

La noche había avanzado.

La música quedó atrás.

Las risas se apagaron poco a poco dentro del salón.

En el patio exterior, la luna iluminaba las fuentes de mármol y los jardines cuidadosamente podados.

Victoria caminaba descalza sobre la piedra fría, con las zapatillas en la mano.

Rafael iba unos pasos detrás.

Como siempre.

—Un caballero que sabe bailar… —dijo ella con una media sonrisa— interesante.

—Es parte del entrenamiento básico.

—Claro que lo es.

Ella giró levemente el rostro hacia él.

—¿También te enseñaron a sonreír?

—No es necesario para proteger.

Victoria soltó una risa suave.

El ambiente era más ligero.

Más humano.

Hasta que una voz interrumpió la calma.

—Así que aquí estaban.

Ambos se detuvieron.

El príncipe de Astria apareció desde la sombra de los arcos del patio. Su expresión ya no era diplomática.

Era furia contenida.

Sus acompañantes no estaban.

Venía solo.

—Victoria —dijo con tono tenso—. Necesito hablar contigo.

Rafael dio un paso apenas perceptible hacia adelante.

El príncipe lo notó.

—No contigo —escupió.

Victoria levantó una ceja.

—Habla. Está conmigo.

El príncipe apretó la mandíbula.

—Ese hombre es una burla.

Silencio.

—Un soldado jugando a ser noble.

Rafael no reaccionó.

Victoria inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Terminaste?

—No —respondió él, dando un paso al frente—. Exijo un duelo.

El aire se volvió pesado.

—Un duelo formal —continuó el príncipe—. Aquí. Ahora. Para demostrar quién merece estar a tu lado.

Victoria lo observó unos segundos.

Luego miró a Rafael.

—Princesa —dijo él con calma— ¿qué debemos hacer?

Ella sostuvo su mirada.

Había algo brillante en sus ojos.

Algo travieso.

Algo peligroso.

—Por favor —respondió con una sonrisa leve— encárgate de él.

Pausa.

—Solo sé delicado.

El príncipe frunció el ceño.

Rafael inclinó la cabeza.

—Si es una orden… lo haré.

El príncipe desenvainó su espada con gesto dramático.

El acero brilló bajo la luna.

Rafael, en cambio, apoyó una mano sobre la empuñadura… pero no desenvainó.

—¿No vas a sacar tu espada? —se burló el príncipe.

—No será necesario.

Eso fue suficiente para romper el último hilo de paciencia del heredero de Astria.

Atacó.

Rápido.

Directo al hombro.

Rafael dio medio paso lateral.

El filo pasó a centímetros de su traje blanco.

Silencio.

Segundo ataque.

Vertical.

Rafael bloqueó con la vaina de su espada.

Ni siquiera había desenfundado.

El sonido seco del impacto resonó en el patio.

El príncipe retrocedió, sorprendido.

—¿Te burlas de mí?

Rafael habló con serenidad absoluta.

—No.

Tercer ataque.

Más rápido.

Más desesperado.

Rafael giró el cuerpo, desvió el golpe y con un movimiento mínimo colocó la punta de su vaina bajo el mentón del príncipe.

Lo obligó a quedarse inmóvil.

No hubo corte.

No hubo herida.

Solo precisión.

El mensaje era claro.

Podía haber terminado en el primer movimiento.

Pero no lo hizo.

Porque ella había dicho:

Sé delicado.

Victoria observaba con los brazos cruzados.

Descalza.

Tranquila.

El príncipe respiraba con dificultad.

Humillado.

Rafael retiró la vaina lentamente.

—El duelo ha terminado.

—¡No! —gruñó el príncipe, lanzándose otra vez.

Esta vez Rafael suspiró apenas.

En un movimiento limpio y casi invisible, giró sobre su eje, atrapó la muñeca del príncipe y lo desarmó.

La espada de Astria cayó al suelo con un sonido metálico.

Un segundo después, el príncipe estaba de rodillas.

Rafael sostenía su espada… todavía enfundada… apoyada levemente contra su hombro.

No presión.

Solo advertencia.

—Si continúo —dijo Rafael con voz baja— ya no será delicado.

El silencio fue absoluto.

La furia del príncipe se mezcló con algo más.

Miedo.

Victoria dio unos pasos hacia ellos.

—Creo que es suficiente.

Rafael soltó al príncipe inmediatamente y dio un paso atrás.

Como si nada hubiera ocurrido.

El heredero de Astria se puso de pie con dificultad.

Miró a Victoria.

Luego a Rafael.

Su orgullo estaba hecho pedazos.

—Esto no termina aquí —murmuró.

Victoria sonrió.

—Nunca empezó.

El príncipe se retiró sin despedirse.

El eco de sus pasos se perdió en el corredor.

El patio volvió a quedar en silencio.

Victoria miró a Rafael.

—Delicado… ¿eh?

—No sufrió heridas graves.

—Eso no era lo que quería decir.

Rafael inclinó levemente la cabeza.

—¿Fue demasiado?

Victoria se acercó.

Muy cerca.

—Fue perfecto.

La luna iluminaba el traje blanco intacto.

Ni una marca.

Ni una arruga fuera de lugar.

—Rafael.

—Sí.

—Si alguna vez te ordeno no contenerte…

Él sostuvo su mirada.

—Entonces no lo haré.

Silencio.

El aire cambió.

No era tensión.

Era algo más profundo.

Más peligroso.

Más personal.

Y por primera vez…

El caballero no parecía solo un guardián.

Parecía un hombre que había elegido quedarse.

1
btcclic cuenta3
Escritor... Historian, decisión, es que todos toman por su propio bienestar, mental izándose pensando en si mismo... /Scare/
Alberto Perez
Excelente, Pero Falto El Descenlace, Q Paso Con Rafael,Quedo Con La Princesa Y El Homicida,Recibio Su Castigo??
Alberto Perez
Excelente Relato, Pero Falto El Descenlace Final,Q Paso Con Rafael?
Juan Colmenares
está novela esta muy bonita y se puso muy interesante espero que no se termine aquí 😃😃😃😃
Nikol Espinosa
me encanta 🤗
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