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Obsesión Sombría

Obsesión Sombría

Status: Terminada
Genre:Romance / Mafia / Romance oscuro / Completas
Popularitas:82
Nilai: 5
nombre de autor: Jessilane Santos

Otto Bonanno no conoce límites. Don de la Cosa Nostra, él es la ley y la sentencia, un hombre formado para mandar con la fuerza, el miedo y la sangre. Para él, nada es más importante que el poder… hasta ver a Aurora.

Ella no es más que una nueva bailarina contratada para el club. Un rostro delicado, un cuerpo que se mueve en perfecta sincronía con la música —y una luz que no debería desear. Pero Otto no es hombre de resistirse. Es hombre de tomar.

Aurora buscaba un nuevo comienzo, lejos de las marcas del pasado, pero acabó cayendo directamente en las garras del depredador más peligroso de la ciudad. Ahora, cada paso, cada suspiro y cada mirada suya le pertenecen.

Entre el placer prohibido y la prisión de un amor obsesivo, ella tendrá que elegir: rendirse al Don o luchar contra un enemigo imposible de derrotar.

Porque Otto Bonanno no se enamora.
Él domina.

NovelToon tiene autorización de Jessilane Santos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1

Fui criado para ser un arma letal, fui moldeado no solo para comandar la Cosa Nostra. Fui moldeado para diezmar a cada uno que cruce mi camino. Y con eso creé mi legado que va mucho más allá de ser solo el Don de la Cosa Nostra. Soy el monstruo que no perdona, soy el caos que lleva destrucción por donde pisa y que nunca tiene misericordia. Soy temido por mis enemigos, y adorado por los aliados. Convirtiéndome en el Don más joven que ya lideró la mafia. Y el más cruel.

Otto Bonanno, 32 años.

La sala de reunión está tomada por el silencio. Todos me miran con la reverencia obligatoria, pero también con el pavor que aprendí a cultivar. El miedo es lo que mantiene la lealtad, y yo siempre exigí lealtad absoluta.

Otto- Hoy

Mi voz resuena grave, llenando cada rincón del salón.

Otto- Mi consejero vino hasta mí avisando que anoche mis capos realizaron una reunión. Una reunión en la cual no fui informado.

Las palabras son escupidas como láminas afiladas. Veo las expresiones cambiar, ojos desorbitados, respiraciones contenidas. Luis, uno de los más antiguos, intenta tomar la palabra, su voz trémula como un cordero delante del matadero.

Luis- Nos perdone, Don… fue solo una reunión sin importancia. No queríamos incomodarlo.

Arqueo la ceja y muevo la cabeza lentamente, como un predador analizando su presa.

Otto- ¿Sin importancia?

Repito, el veneno escurriendo por la entonación.

Otto- ¿Cuándo osaron abrir la boca para considerar una alianza sin mi presencia y, principalmente, sin mi autorización?

Me inclino sobre la mesa, los puños cerrados, mi mirada fija quemando en su rostro.

Otto- Ya dejé claro: no voy a casarme para agradar a nadie en este consejo.

Escupo las palabras.

Otto- Y, aún peor, ¿pensar en unirme a la hija de Apolo? Una chica sin gracia… no me divertiría ni siquiera follándola, cuanto menos casándome.

Un murmullo incómodo recorre la mesa.

Ellos insisten en esa carga hace años. Quieren verme preso a un matrimonio que no deseo, y un heredero que no pedí. Como si yo hubiera nacido para servir a voluntades ajenas. Yo soy el Don. Yo decido.

David, el antiguo consejero de mi padre, se aclara la garganta, intentando reunir coraje. La edad le da osadía, pero aún así veo el miedo danzando en sus ojos.

David- Don, ya es hora de pensar en un matrimonio. Un heredero es esencial para la famiglia. La continuidad de su sangre garantiza poder y estabilidad…

Doy un paso adelante, mi sombra cubriéndolo como una advertencia silenciosa.

Otto- Ustedes solo están ahí sentados, y vivos, porque yo lo permití.

Mi voz es un trueno contenido.

Otto- No osen probar mi paciencia otra vez. La próxima, tal vez no salgan respirando de esta sala.

El silencio pesa como una tumba. Ninguno osa levantar los ojos.

Otto- No deseo a la hija de Apolo.

Declaro, cortante como acero.

Otto- Y el día en que yo decida casarme, no será con ninguna de las hijas de ustedes.

Me enderezo el saco, como quien cierra el juicio. Mi mirada recorre cada uno de ellos, grabando en sus almas el recuerdo del miedo. En seguida, me giro y dejo la sala.

La noche cae pesada sobre Roma cuando entro en mi limusina. La ciudad pulsa debajo de mí, ruidosa, viva, pero dentro del coche reina solo el silencio. Pienso en las palabras dichas, en las miradas sumisas, y, no obstante, un recuerdo me incomoda y me corroe por dentro: Mi padre.

¿Él habría lidiado de otra forma?

Tal vez.

Mi padre fue el último Don antes de mí, un hombre tan implacable como respetado. Él me moldeó a su imagen, pero también dejó un peso que ni toda la sangre derramada consiguió aliviar.

Doy una orden corta al conductor.

Otto- Al cementerio.

La carretera se alarga delante de nosotros, y mi mente viaja junto. No acostumbro a visitar tumbas. Los muertos pertenecen al pasado, y el pasado es solo otra corriente intentando prender a los vivos. Pero hoy… hoy, algo me llama hasta él.

Cuando la limusina estaciona delante de los portones de hierro, desciendo solo. El viento frío corta mi piel, trayendo consigo el olor húmedo de la tierra. Camino en silencio por las alamedas de mármol, bordeado por ángeles rotos y epitafios apagados por el tiempo.

Hasta parar delante de él.

La tumba de Giuseppe Bonanno.

Mi padre.

Me quedo inmóvil por algunos instantes, observando la lápida simple demás para el hombre que fue. Un Don poderoso, temido en dos generaciones, pero que prefirió la discreción hasta en el descanso final.

Otto- Viejo testarudo…

Murmuro, casi una sonrisa surgiendo en los labios antes de desaparecer. Paso la mano por el mármol frío, como si esperase sentir el calor de su presencia. Pero solo hay silencio, y silencio es lo que más odio.

Otto- Hice lo que usted siempre quiso.

Mi voz es baja, rasposa.

Otto- Tomé el poder, mantuve la Cosa Nostra unida, expandí nuestro imperio. Soy más temido de lo que usted fue. Más cruel. Más letal.

Cierro los ojos por un instante.

Otto- Pero aún así ellos no paran de cobrarme… un matrimonio, un heredero, continuidad.

Respiro hondo.

Otto- No voy a venderme a ese juego, padre. No voy a ceder.

Mis dedos se cierran en puño contra la piedra.

Otto- No nací para amar. Usted lo sabía. Usted me creó para ser acero. Para ser el arma final. Entonces que se queden con sus exigencias. Que se queden con sus hijas inútiles. Yo no necesito de nadie.

El viento sopla más fuerte, como si se burlase de mis palabras.

Por un momento, una sombra de duda atraviesa mi mente. Tal vez sea eso lo que los consejeros temen: que yo sea fuerte demás solo, y débil demás sin un legado. Tal vez hasta mi padre hubiese pensado lo mismo, en sus últimos días.

Me arrodillo delante de la tumba, algo que no permito a nadie ver.

Otto- Si aún pudiese hablar conmigo, ¿qué diría?

Pregunto al silencio.

Otto- ¿Me llamaría de orgullo? ¿O de decepción?

La respuesta no viene, nunca vendrá. Me quedo allí por largos minutos, solo entre los muertos. El Don delante del Don que lo antecedió. Dos generaciones ligadas por la sangre, por el poder y por la maldición de cargar el peso de la corona.

Cuando me levanto nuevamente, el aire parece más pesado, pero mi decisión más clara. Endurezco el rostro, entierro cualquier resquicio de vulnerabilidad y doy la espalda.

El monstruo no puede darse el lujo de debilidades.

Mientras camino de vuelta al coche, pienso solo en una cosa: si es para tener un legado, él no vendrá de alianzas forzadas o de matrimonios arreglados. Vendrá de mí. De mi forma. Y quemarán todos los que intenten doblegarme.

Subo a la limusina, cierro la puerta, y ordeno:

Otto- A casa.

El conductor enciende el motor, y el rugido ahogado del coche me acompaña, mientras dejo a mi padre y a los muertos para atrás.

Pero, en el fondo, sé: fantasmas nunca quedan enterrados por mucho tiempo.

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