Me desperté aturdida en un lugar desconocído y después de una serie de acontecimientos me di cuenta que habia reencarnado en una novela, pero mi personaje no existia
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capitulo 7
Esa noche, el duque Aurelian Draconis no pudo dormir.
Intentó convencerse de que eran simples coincidencias. El parecido físico. La edad. La actitud desafiante del niño.
Pero había algo más.
Un detalle que su memoria se negaba a ignorar.
esa mañana en la tienda con la excusa de verificar el estado de Amara. El pequeño Mateo estaba despierto, sentado en el suelo, dibujando con carbón sobre un trozo de madera.
Aurelian se agachó frente a él.
—¿Qué dibujas?
—Un dragón —respondió Mateo sin mirarlo.
El duque alzó levemente una ceja.
—Los dragones son el emblema del ducado Draconis.
—Lo sé —respondió el niño con simpleza.
Cuando el pequeño se inclinó para recoger el carbón que había caído, la manga de su ropa se deslizó ligeramente.
Y Aurelian lo vio.
En la parte interna de su muñeca izquierda.
Una pequeña marca con forma de media luna atravesada por una línea fina.
El símbolo de sangre de la familia Draconis.
El mismo que él llevaba.
El mismo que su hermano tenía.
El aire abandonó sus pulmones.
Mateo levantó la mirada.
Por un segundo, sus ojos se encontraron.
Y el mundo pareció detenerse.
Aurelian se incorporó lentamente, conteniendo la tormenta que comenzaba a formarse en su interior.
No me fui en todo el día, me quedé con el pequeño, que al cabo de un rato se durmió aferrado a la mujer, cuando se despertó hable con Amara y verifique su Estado.
Pero en el momento en que sali de la tienda, mi voz volvió a ser fría y firme.
—Investíguenla —ordenó a uno de sus hombres de mayor confianza—. Quiero saber de dónde viene esa mujer. Cada lugar en el que estuvo. Cada persona que conoció. Discretamente.
—Sí, mi señor.
Mientras tanto, dentro de la tienda…
lo había visto.
Había visto el momento exacto en que notó la marca.
Maldición
Esa noche no dormí.
Bueno… intenté dormir.
Cerré los ojos. Respiré profundo. Conté ovejas.
Imaginé que no estaba dentro de una novela donde el hombre más peligroso del reino estaba empezando a sospechar que su hermano perdido dormía abrazado a mí.
No funcionó.
Giré sobre el catre.
¿Qué debería hacer?
—Tal vez debería escapar… —murmuré en voz baja.
Me quedé mirando el techo de la tienda.
No.
No, no, no.
Pésima idea.
Escapar sería lo más sospechoso del mundo. “Oh, qué casualidad, la mujer misteriosa sin pasado desaparece justo cuando el duque descubre que el niño que la acompaña tiene la marca de su familia”. Sí, claro. Súper discreto. Me perseguirían hasta el fin del continente.
Suspiré.
Entonces… ¿decirle la verdad?
Claro. Perfecto.
Me lo imaginé:
“Oye, duque, por cierto, el rey al que sirves y por quien arriesgas tu vida es el culpable del secuestro de tu hermano y probablemente de esta guerra.”
Sí. Seguro que su respuesta sería:
“Gracias por la información, señorita desconocida sin identidad oficial. Procederé inmediatamente a traicionar al trono.”
Ajá.
Más probable sería:
“Guardias, cortenle la cabeza por difamación.”
Y adiós, Amara.
Me cubrí la cara con las manos.
—Mierda… esto me va a matar antes de que el rey lo intente.
Tal vez una carta anónima.
Eso sonaba mejor.
Algo misterioso. Elegante. Estratégico.
Pero… ¿qué escribiría?
“Querido duque: su rey es un secuestrador profesional. Atentamente, alguien que definitivamente no es la mujer sospechosa que duerme a veinte metros de usted.”
No.
Necesitaba algo más inteligente.
Más ambiguo.
Más… manipulador.
—Dios… me duele la cabeza —susurré.
Tal vez debería dormir y pensar con claridad.
Sí.
Dormir.
Porque claramente pensar a las tres de la madrugada mientras estoy atrapada en una novela política llena de traiciones no está ayudando.
Me giré hacia Mateo.
Dormía profundamente, aferrado a mi ropa como si temiera que el mundo pudiera arrebatárme en cualquier momento.
Mi expresión se suavizó.
No puedo fallar.
No puedo cometer un error estúpido.
En el libro, Aurelian actuó solo. Sin aliados. Sin estrategia política real. Solo rabia y verdad.
Y perdió.
Si voy a cambiar esta historia… no puedo actuar como una loca impulsiva.
Tengo que pensar como una estratega.
Nada de acusaciones directas.
Nada de huidas dramáticas.
Primero: Ganar poder.
Segundo: Ganar influencia.
Tercero: Construir una red de nobles y comandantes descontentos.
Cuarto: Cuando el terreno esté listo… entonces sembrar la verdad.
No como una acusación.
Sino como una conclusión inevitable.
Sonreí levemente.
—Bien… si el duque está destinado a ser el villano…
Entonces que al menos tenga una buena asesora.
Mientras tanto, en otra tienda, Aurelian tampoco dormía.
Tenía en su mente la marca. El parecido. La inexistencia de registros sobre Amara antes de hace tres años.
Demasiadas coincidencias.
Demasiadas piezas sueltas.
Y por primera vez en años…
No sabía si lo que más lo inquietaba era la posibilidad de que el niño fuera su hermano…
O la mujer que aparecido justo cuando su destino empezaba a tambalearse.
pensó que podría pero ya demostró Aurelian su potencial y que Amara no es una muñeca de decoración allá gobernará como igual a Aurelian no será una muñeca de adorno