Un matrimonio por conveniencia une a Carolina y Benjamín, dos mundos opuestos marcados por el interés y el orgullo. Pronto descubrirán que el amor puede surgir incluso en los acuerdos más fríos.
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Capítulo 19
Carolina no tuvo que tocar la puerta.
Apenas giró la perilla, la puerta se abrió de golpe.
—¡Caro!
Emely prácticamente saltó sobre ella, envolviéndola en un abrazo fuerte, lleno de emoción contenida.
—Te extrañé tanto…
Carolina cerró los ojos un segundo, abrazándola de vuelta.
—Yo también, hermanita.
Ese abrazo… se sintió como casa.
Como paz.
Como todo lo que había estado necesitando.
—Déjame verte —dijo Emely, separándose apenas para mirarla—. Estás… —se detuvo—. Estás diferente.
Carolina sonrió levemente.
—¿Para bien o para mal?
—Para… —Emely dudó—. No sé, pero no igual.
Antes de que pudiera responder, una voz más grave se hizo presente.
—Hija…
Rodolfo apareció en la sala.
Y sin dudarlo, la rodeó con sus brazos.
Un abrazo firme.
Protector.
De esos que no necesitaban palabras.
Carolina se aferró a él un segundo más de lo necesario.
—Papá…
Pero al separarse…
La mirada de Rodolfo se detuvo en su rostro.
En su labio.
La pequeña cortadura.
Su expresión cambió al instante.
—¿Qué te sucedió? —preguntó, tenso—. No me digas que ese infeliz se atrevió…
Carolina negó de inmediato.
—No, papá —respondió rápido—. Solo fue un accidente. No fue nada… estoy bien.
Rodolfo la observó unos segundos más.
Como si intentara leer entre líneas.
Pero al final…
Asintió.
—Está bien… —murmuró, aunque no del todo convencido.
Emely tomó la mano de Carolina.
—Ven, siéntate… quiero saber todo.
Y por un momento…
Carolina dudó.
Porque no podía contar la verdad.
Pero tampoco quería mentir.
—Todo está bien —dijo finalmente, con una sonrisa suave—. De verdad.
Y aunque no era completamente cierto…
Quería creerlo.
......................
La tarde pasó entre risas, conversaciones y momentos que Carolina no sabía cuánto necesitaba.
Hablaron de la universidad, de la casa, de recuerdos.
De su madre.
De cómo antes… todo era distinto.
Más fácil.
Rodolfo incluso hizo bromas.
Torpes.
Pero sinceras.
Y por primera vez en mucho tiempo…
Se sintió presente.
Intentándolo.
De verdad.
Carolina lo notó.
Y eso le dolió un poco menos.
La noche llegó sin prisa.
Y con ella…
La cena.
Sirvieron puré de coliflor, pechuga de pollo a la plancha y ensalada.
—Como antes —murmuró Emely con una sonrisa.
Carolina la miró.
Y asintió.
—Como antes...solo los tres.
Rodolfo las observó en silencio un momento.
Y algo en su expresión se suavizó.
—Gracias por venir, hija.
Carolina le sostuvo la mirada.
—Siempre voy a estar cerca.
Y lo decía en serio.
Aunque su vida ahora estuviera en otro lugar.
Aunque su realidad fuera otra.
Ese…
Siempre sería su hogar.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Mientras tanto…
En otra casa …
El ambiente era completamente distinto.
Silencioso.
Frío.
Vacío.
Benjamín dejó las llaves sobre la mesa sin cuidado.
Aflojó el nudo de su corbata.
Y caminó directo a su despacho.
Tomó una botella de whisky.
Sirvió un vaso.
Y lo bebió de un solo trago.
El líquido ardió.
Pero no lo suficiente.
Sirvió otro.
Y otro.
Se dejó caer en el sofá, pasando una mano por su rostro.
El día había sido un caos.
Su nuevo rol en la empresa.
Kendra.
Carolina.
Carolina…
Cerró los ojos.
Y la imagen volvió.
Su mirada.
Su voz enfrentándolo.
Su cercanía.
Los besos compartidos…
Apretó la mandíbula.
Molesto.
Confundido.
Bebió otro trago.
—Maldición…
No entendía en qué momento…
Ella había empezado a afectarlo.
Y eso…
Era lo que más le irritaba.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Benjamín salió del despacho, aún con el peso del día sobre los hombros… y el efecto del whisky en la sangre.
Caminaba con pasos ligeramente inestables cuando escuchó la puerta principal abrirse.
Alzó la mirada.
Carolina.
Se quedó quieto unos segundos, observándola.
—Estas no son horas de llegar… —dijo con la voz cargada, arrastrando ligeramente las palabras—. ¿Con quién estabas…?
Carolina frunció el ceño al notar su estado.
—¿Acaso hay alguien en tu vida? —continuó él, acercándose—. Eres una mujer casada...
no puedes andar por allí a estás horas…
—Estás borracho —lo interrumpió ella—. Estás diciendo babosadas.
Se acercó, intentando sostenerlo.
—Vamos arriba… necesitas una ducha.
—No… —murmuró él, mirándola fijamente—. Respóndeme.
—No voy a discutir contigo así.
Como pudo, Carolina pasó su brazo por la cintura de él y lo ayudó a subir las escaleras. El peso de Benjamín caía parcialmente sobre ella, obligándola a esforzarse más de lo que esperaba.
Entraron a la habitación de él.
—Siéntate… —indicó, intentando llevarlo hacia la cama.
Pero al estar tan cerca…
Todo se descontroló.
Benjamín perdió el equilibrio.
Y en un segundo…
Cayó hacia atrás.
Arrastrándola con él.
Carolina terminó encima de su pecho, sorprendida, sin tiempo de reaccionar.
—Benjamín…
Pero él no respondió.
Solo la miró.
Con intensidad.
Bajó una mano a su espalda, acercándola más.
Y la besó.
Un beso inesperado.
Profundo.
Cálido.
Que la tomó completamente desprevenida.
Carolina se tensó al inicio…
Pero algo en ese contacto la desarmó.
El beso no era brusco.
Era… necesitado.
Confuso.
Sus labios se movieron con torpeza al principio, pero luego… respondieron.
Sin pensar.
Sin medir.
Sus manos se apoyaron en su pecho, sintiendo su respiración, el calor de su cuerpo, la cercanía que parecía borrar todo lo demás.
Por un instante…
El mundo desapareció.
No había negocios.
Ni discusiones.
Ni orgullo.
Solo ellos.
Pero entonces…
La realidad volvió de golpe.
Carolina reaccionó.
Se separó, respirando agitada.
—No… —murmuró—. Estás tomado…
Se levantó rápidamente, alejándose.
Benjamín quedó tendido en la cama, con los ojos medio cerrados.
Y entonces…
Murmuró.
—¿Por qué llegaste… a mi vida… Carolina Álvarez…?
Las palabras la golpearon.
Fuerte.
Directo.
Carolina se quedó quieta un segundo.
Quiso responder.
Quiso decir algo.
Pero al mirarlo…
Ya estaba dormido.
El silencio llenó la habitación.
Ella tragó saliva.
Y sin decir más…
Se giró y salió.
Cerró la puerta con suavidad.
Caminó hasta su habitación.
......................
Y al entrar…
Se detuvo.
Llevó sus dedos a sus labios.
Aún podía sentir el beso.
El calor.
La confusión.
—No… Carolina —susurró para sí misma—. Sácalo de tu cabeza… no le des más entrada…
Cerró los ojos.
Pero ya era tarde.
Porque en el fondo…
Lo sabía.
Lo que sentía…
Ya no era simple atracción.
—No me puedo enamorar de él… —murmuró—. Es un idiota… y piensa lo peor de mí…
Se dejó caer en la cama.
Mirando al techo.
Con el corazón latiendo más fuerte de lo que quería admitir.
Porque había batallas…
Que se pierden antes de empezar.
queremos leer un poco más...maravillosa como estas llevando el trama ..excelente novela 👌👌👏👏👏
ya empezó lo bueno excelente historia